La-33: entre mambo y boogaloo, 25 años después

“Liderado por los hermanos Sergio y Santiago Mejía, el querido debut del grupo brilla por su respeto a los principios del swing”, dice Ernesto Lechner al posicionar el álbum debut de la orquesta como el número 50 entre los mejores discos de la historia de la salsa para ROLLING STONE.

Ese álbum homónimo demostró que, en la alta y fría Bogotá, también podían brillar aquellos géneros tropicales nacidos en el Caribe y germinados en Nueva York, entrelazándose con distintas sonoridades como el jazz y, por supuesto, el rock, género del que provenían gran parte de los músicos que formarían La-33.

“La mayoría de los que iniciamos la banda veníamos del rock. Cada día, el rock iba siendo más latino. En los años 90 teníamos un grupo de ska llamado La Sonora Cien Fuegos, algo ya similar a Los Fabulosos Cadillacs, con congas… Ahí surgió la primera idea de hacer una versión mambo de la Pantera Rosa, cosa que no se hizo; fue más adelante que la grabamos. Todo eso, más mis estudios, inicialmente en música clásica y después en jazz, sumado a que me fui a vivir a Canadá y con ese frío tocaba calentarse al estilo latino, dieron como resultado que me regresara a Bogotá y se creara la orquesta. Nos enamoramos de la salsa”, explica Sergio Mejía, uno de los hermanos fundadores de La-33.

Cortesía. 

Eddie Palmieri, la Fania All-Stars, Héctor Lavoe junto a Willie Colón, Los Van Van de Cuba, Los Hermanos Lebrón y Rubén Blades fueron algunos de los artistas y agrupaciones que sirvieron como referentes para la orquesta bogotana.

“No esperábamos ese impacto”, responde Sergio al preguntarle por ese disco debut llamado La-33. “Fue un disco muy espontáneo. Eso sí, antes de lanzarlo duramos mucho tiempo ya tocándolo en vivo en una discoteca en Bogotá llamada Quiebracanto, que era como nuestra oficina. Nosotros cocinamos mucho la música y grabamos con muchas ganas, pero jamás esperábamos lo que terminó causando”. Y es que canciones como ‘La Pantera Mambo’ empezaron a viajar por el mundo, incluso cuando La-33 no salía de Bogotá.

“No era una cosa masiva, pero los apasionados por la salsa ya la ponían en Italia, Japón… ‘La Pantera Mambo’ ayudó como carta de presentación para que conocieran todo el disco y otras canciones como ‘Soledad’, ‘La-33’ y ‘Qué rico boogaloo’, que también empezaron a contar con reconocimiento. Nosotros no salíamos de Chapinero y el centro de Bogotá, y empezamos a tocar tanto en el norte como en el sur de la ciudad y en otros lugares como Cali o Medellín”, recuerda sobre esos primeros momentos en los que el éxito dentro de la industria comenzaba a tocar las puertas de la orquesta.

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“Es un género resistente al tiempo y a las tendencias. No es el género más masivo pero es uno vivo que no entiende de estratos ni de edades”.

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Dentro de ese primer disco y a lo largo de la carrera de la agrupación, el boogaloo y el mambo han sido fundamentales para la orquesta. “Con el boogaloo nos identificamos un montón porque viene de lo anglo y, como te había dicho, varios de nosotros venimos del rock”, explica Sergio. A esto se suma el deseo de recrear el sonido de la salsa clásica neoyorquina, pues durante los años 80 la salsa se inclinó más hacia el lado romántico y de la balada, mientras que La-33 quería evocar la salsa dura de los 70. “Recreando ese sonido de la salsa vieja fue que encontramos el nuestro”.

“‘Watermelon Man’ era la canción número once de ese disco debut, pero, al ser un cover o una adaptación, a la hora de prensar el disco no contamos con el aval para hacerlo. Olvidamos la canción, se quedó en el baúl de los recuerdos”, recuerda Sergio. Fue justamente con la celebración de los 25 años de trayectoria de la orquesta que esa canción decidió volver: “La volvimos a escuchar y, conmemorando este cuarto de siglo, era necesario que esta canción viera la luz”.

Sergio tiene ya 50 años, lo que significa que La-33 ha sido parte de su vida durante la mitad de ella. “Ha sido una trayectoria muy chévere, ha sido consagrarse al poder vivir de la música, recorrer el planeta… Han pasado mil cosas, pero, en resumen, nuestra trayectoria es una frescura que estalló y que hoy nos permite seguir haciendo buenas canciones y seguir madurando, viendo la madurez como eso que nos permite volver a ser niños. Esa ingenuidad, esa frescura y ese no miedo a la crítica que uno tiene cuando es niño es lo más importante de tener”, reflexiona. Y añade: “Lo que más lo llena de orgullo a uno es la alegría de la gente, que lo ven a uno como un símbolo en otros países. Es muy bonito porque uno entra a hacer parte de momentos importantes para el público”.

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“Esa ingenuidad, esa frescura y ese no miedo a la crítica que uno tiene cuando es niño es lo más importante”.

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“La salsa es inmortal” son las primeras palabras que pronuncia al referirse al futuro del género. “Es un género resistente al tiempo y a las tendencias. No es el género más masivo, pero es uno vivo que no entiende de estratos ni de edades. Como profesor, me he dado cuenta de que los jóvenes están muy interesados por la salsa. La salsa es una música muy visceral que le llega a todos”.

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