En Autos, mota y rocanrol, El Negro (Alejandro Speitzer, nominado a Actuación del año los ZYN Premios Rolling Stone en Español 2026) y Justino (Emiliano Zurita), dos jóvenes organizadores se proponen hacer carreras de autos y terminan envueltos en la organización del Festival de Avándaro, uno de los episodios decisivos de la contracultura mexicana. José Manuel Cravioto, nominado a Dirección del año en los ZYN Premios Rolling Stone en ESpañol 2026, lo revisita con humor y una perspectiva que hace reír ante el caos de los preparativos, mientras deja asomar las tensiones sociales y políticas que siguen resonando décadas después.
El Festival de Avándaro se ha narrado desde la música y el contexto sociopolítico. En tu película lo abordas desde la comedia y el falso documental. ¿Por qué elegiste esa vía para revisitar un episodio tan cargado de memoria y contradicciones?
La comedia es un vehículo muy interesante para hablar del tema profundo que uno quiera abordar. El guion original estaba más volcado al thriller y al drama, con una comedia negra, más irónica. Cuando se volvió un falso documental, la comedia pidió su lugar y encontró un desarrollo natural en las cosas que empiezan a salir mal para los organizadores.
La génesis está en el testimonio de Justino, quien me contaba sus aventuras con el Negro. Hablaba de ellas con la distancia de alguien que ya había vivido toda una vida desde entonces. Habían pasado cincuenta años y podía reírse de situaciones que en su momento fueron muy complicadas, con estrés y problemas familiares, personales y profesionales. Esa comedia involuntaria se puso en relieve cuando decidimos hacer el falso documental.
La película evoca a This Is Spinal Tap, Taking Woodstock y The Office. ¿Cómo construiste esa mezcla de estilos y qué otros referentes tuviste presentes?
This Is Spinal Tap es una referencia obligada. The Office no la vi, aunque entiendo su tono. Taking Woodstock sí la revisité mucho cuando la película todavía era un drama y un thriller; su estructura me ayudó a entender hacia dónde quería llevar la historia desde la perspectiva de los organizadores.
Sumaría 24 Hour Party People, por su mezcla de comedia y herramientas documentales, y What We Do in the Shadows. En esta última, los personajes están convencidos de que lo que hacen es lo correcto. Los vampiros no son chistosos para sí mismos; la risa nace de ver sus acciones desde afuera. Justino y el Negro son caricaturescos ante nuestra mirada, pero ellos creen en lo que hacen.

Estos dos personajes parecen atrapados entre la rebeldía juvenil y las estructuras económicas, políticas y familiares. ¿Sentías que también estabas hablando del México actual?
Me interesa que la comedia permita hablar de temas profundos. Muchas cosas socioculturales y políticas no han cambiado en México en 54 años, y nos reímos porque siguen ahí. La película toca la familia, la amistad, el emprendimiento y las clases sociales. También podemos preguntarnos por qué nos causa gracia que uno de los personajes tenga que pedirle permiso a su esposa para organizar un evento. En México hay un matriarcado muy marcado, y eso forma parte del contexto de los personajes.
Avándaro me interesó porque el evento contracultural más importante de la historia de México, quizá de Latinoamérica por su dimensión, fue organizado por dos jóvenes muy fresas. Querían hacer carreras de autos, algo burgués, y eso terminó convertido en el festival más hippie que ha existido en México. Ahí encontré un contraste social y político.
¿Qué significa recuperar Avándaro para una juventud cuyas formas de rebelión parecen más virtuales o íntimas? ¿Puede la película tender un puente entre generaciones?
La brecha ya existe. Hay dos o tres generaciones con intereses distintos, aunque también veo puntos en común. Lo interesante para los jóvenes que encuentren la película es darse cuenta de que muchas cosas siguen iguales. Los problemas que tenían dos jóvenes de treinta años hace 54 años pueden ser los mismos que tienen hoy.
Ser joven implica querer emprender, triunfar, divertirse, dar a conocer lo que uno hace y trascender. Cambian los años, pero esos retos permanecen. Desde mi punto de vista, ser joven conserva algo de aventura en cualquier momento de la historia.

El corazón de la película parece ser una celebración del caos y de la amistad que surge en medio de él. ¿Lo ves así?
Sí. A mí lo que más me gusta de la película es ese tributo al caos; yo lo llamo el desmadre. Es algo que me gusta de los mexicanos y que también encuentro en Latinoamérica, aunque puedo hablar con más certeza de México: esa manera improvisada, atrabancada y desmadrosa de ser.
Está en todas las capas de la película, desde tomar una decisión hasta improvisar cuando ya se está en medio del caos y conservar el optimismo de que todo va a salir bien. También es una película sobre la amistad. Al final, lo importante es la aventura que viven los personajes. Esa es la parte más valiosa de su viaje.
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