¿YOSHI desapareció? No del todo, pero, sin duda, se perdió en el camino.
Después del estreno de 1UNAMORSUPREMO, su primer material discográfico, el artista mexicano cayó en una espiral que parecía no tener fin, donde lo que importaba era lo que dictaba la industria y no lo que a él le hacía feliz. Ahora, YOSHI está de regreso con un nuevo EP que forma parte de un proceso de introspección que lo ha llevado a reconectar consigo mismo y consolidar su amor por hacer música.
A lo largo de seis canciones, en Selva Oscura —cuyo título hace referencia al primer canto de la Divina Comedia— YOSHI expone cómo ha vuelto a encontrarse a través de notas y versos. Aunque, cómo él mismo cuenta, este proyecto no retrata el resultado final, sino que es solo el primer capítulo de una historia mucho más grande.
En una conversación exclusiva con ROLLING STONE en Español, el artista mexicano desentraña el proceso creativo de Selva Oscura e indaga en sí mismo para revelar qué ha cambiado en él tanto musical como personalmente.
Este proyecto, Selva Oscura, marca el comienzo de una nueva etapa en tu carrera, que implica cambios en el sonido de tu música. Y creo que un cambio creativo como ese también debe tener sus raíces en un cambio personal. ¿Qué cambió en ti como para buscar estos nuevos horizontes?
La verdad es que valoro mucho mi punto de vista sobre la música. Cuando uno empieza, a veces es difícil defenderlo, y siempre es difícil, incluso cuando ya llevas mucho tiempo. Pero creo que al principio uno es más influenciable: estás un poquito a merced de que otra gente te diga que sabe más que tú. A mí me pasó mucho eso.
En los primeros años de mi carrera tuve a mucha gente alrededor que influyó en quién era como artista. No quiero decir que fuera para bien o para mal; simplemente fue una influencia. También pasé por cosas difíciles dentro de mi carrera, como estar con un equipo que quizá no entendía del todo mi visión o colaborar con amigos que tampoco me entendían o que no tenían la ambición que yo tenía. Fueron muchas cosas difíciles, aunque parte del principio de una carrera es equivocarse.
Creo que el cambio que surgió en mí fue, en gran parte, a raíz de todas esas equivocaciones y del proceso de prueba y error que me han dado estos años. Tuve que ajustarme y tomar distancia: tomé mucha distancia de mis amigos, de la industria, de todo en general. Me aislé un poquito porque realmente quería entender quién soy. Si no tengo esta influencia, si no estoy viendo qué hace esta gente ni estoy con mis mismos amigos todo el tiempo, si no estoy en lo mismo en lo que llevo tanto tiempo, ¿qué voy a descubrir de mí mismo? Eso fue lo que pasó: llevo un año muy aislado, tratando de descubrir qué es eso que soy yo.
Pero este EP no es tanto la representación de lo que cambió, sino la representación de esa transición. No es un EP al que llego ya cambiado, sino un EP con el que fui cambiando. Representa ese proceso de transformarse.
¿Qué fue lo más impresionante que descubriste de ti mismo durante este proceso?
En todos los proyectos uno se sorprende, pero lo que más me impresionó fue descubrir que sigo igual de enamorado de la música que siempre.
Cuando empecé, a los 19 años, tenía mucha más inocencia sobre cómo era la industria musical y un amor un poco ciego por todo esto. Luego ocurren las malas experiencias: es una industria pesada y difícil — no solo la industria, la vida misma es difícil; en la vida te hacen daño o pasas por cosas duras. De repente salí de muchos procesos complicados estando menos enamorado de la música, viéndola de una manera muy cínica, muy fría. Ya no tenía el romance que tenía cuando empecé.
Justo cuando estaba terminando el disco me di cuenta de que otra vez había hecho un proyecto que me emocionaba, que me hacía bailar, que me gustaba y cuyas letras me hacían sentir algo. De repente dije: “Güey, creo que me volví a enamorar de esto”. Pensé que eso nunca iba a volver a pasar, así que me impresionó bastante.
Y justo creo que todo esto que dices se ejemplifica mucho en ‘Arder’, la rola que abre el proyecto. ¿Cómo fue componerla? ¿Fue la primera canción?
Sí, ‘Arder’ es la primera rola que escribí de este EP. Antes yo tenía la idea de que mi siguiente proyecto iba a ser un álbum súper ambicioso. Estuve tratando de buscar financiamiento y una infraestructura muy grande para hacerlo. Al final me di cuenta de que no era lo correcto: tenía que llegar a eso de una manera más gradual, no podía dar ese salto porque ni siquiera sabía qué quería hacer. Este EP nace mucho de darme cuenta de eso.
Me dije: “No pienses que tienes que hacer algo súper formal, ni ambicioso, ni con mucho dinero. Ponte a hacer algo como siempre lo has hecho. Regresa a hacer canciones en tu estudio, que realmente hablen de ti”. Así que empecé a escribir canciones todos los días. Escribí varias antes de ‘Arder’, pero la primera de la que dije “esta es para el disco” fue esa.
Vino de ese proceso de darme cuenta de que solo tenía que volver a mi esencia, a lo que siempre he hecho, y no sentir que necesitaba dar un paso en otra dirección ni conseguir infraestructura. Son cosas que a veces el artista piensa que necesita, pero me di cuenta de que no: al final solo necesitaba escribir canciones.
Este proceso de introspección implica un reto importante no solo al momento de escribir, sino también al de publicar: darte cuenta de que tus pensamientos, tus emociones y esa identidad que plasmaste en esas notas y en esos versos van a terminar siendo escuchados por miles de personas. ¿Tú cómo te relacionas con esa idea?
Me emociona mucho. Siento que, al final del día, la gente lo va a disfrutar más que yo. También lo hago para ellos. Antes pensaba que tenía que hacer música para mí, pero la realidad es que nunca la voy a disfrutar tanto como los demás. Siempre le voy a ver lo que le falta, lo que no es, lo que pude haber cambiado. La gente no; la gente la escucha por lo que realmente es. Ellos no escuchan lo que le falta, sino lo que es. Yo escucho lo que no es; eso es lo que está en mi cabeza. Pero lo que sí es, eso lo escucha la gente, y a mí eso es lo que me emociona.
Ayer lo estaba escuchando con mi hermana y sentí que lo escuchaba como si fuera ella. Claro que es totalmente distinto cómo lo va a escuchar la gente, y creo que de buena manera. Así yo ya puedo dejar de sufrir, dejar de pensar en todo lo que le falta, dejarlo ser y que la gente lo interprete como realmente es.
Como ellos no lo hicieron, no saben todo lo que hay detrás, y eso crea una distancia muy sana en la que pueden disfrutarlo mucho más. Cuando les llega, lo disfrutan, lo interpretan y veo cómo sucede esa conversación. Ahí lo disfruto mucho más. Ya dejo de pensar en lo que le falta porque ya está fuera y no le puedo cambiar nada. Empiezo a disfrutarlo con la gente porque digo: “Ah, esto realmente está conectando”. Me gusta oír qué piensan, qué escucharon, qué sienten. Es un proceso que vuelve todo muchísimo más legítimo, porque una obra, por buena que sea, no está completa hasta que la recibe alguien más, hasta que se comparte. Y lo vuelve todo más ligero, porque ya hay que dejarlo ir y disfrutar.

¿Sientes que cuando publicas una canción o un disco te quitas un peso de encima?
En general, sí. De hecho, siento que mi salud mental depende de eso, de dejar ir cosas. Si empiezo a acumular y no estoy sacando ni haciendo cosas, de repente es mucho. Es mucho para traerlo guardado.
Oye, te quiero preguntar también por ‘La gravedad y el tiempo’, la rola que sacaste con Jesse Baez. ¿Cómo surge esta colaboración?
Siempre ha sido igual. Los últimos dos años nuestra convivencia ha sido así: como Jesse se mudó aquí a la Ciudad de México, de repente voy a verlo a su depa y normalmente son visitas muy chidas y amenas. No son tanto de trabajo. A veces escribimos una canción, a veces no.
Una vez que fui y justamente le estaba enseñando el EP; le enseñé ‘La gravedad y el tiempo’ y reaccionó muy bien, le encantó. Desde que le piqué play ya sabía que le iba a gustar, porque es muy su estilo, pero no esperaba que le gustara tanto. Acabó y me dijo: “Güey, no, esto está cabrón”. Y estando ahí en su estudio, jangueando, dije:”«Güey, ¿y si la hacemos juntos?”. Él me dijo: “Sí, mándamela”. Se la mandé, me regresó sus partes y listo. Fue todo jangueando. Yo ni pensaba que iba a estar en este proyecto.
Es el único featuring; para mí este proyecto no iba a tener ninguno, pero me pareció lindo. Dije: “Güey, hace mucho que no hacemos algo”. Al final es una colaboración continua entre Jesse y yo, de toda la vida, y estaba lindo actualizarla, darle algo nuevo, porque nuestras canciones de 2020 tienen seis años y la otra fue en un proyecto colaborativo. Había mucho tiempo que no hacíamos suceder algo entre los dos, y creo que fue muy buen timing hacerlo ahora.
Claro. Este proyecto también tiene una fuerte relación con la Divina Comedia, específicamente con el primer canto, y esto se aprecia desde su título. ¿Por qué existe esta conexión?
Leí la Divina Comedia, nada más la parte del Infierno, cuando tenía como 13 años, en la secundaria. Desde entonces siempre me han llamado la atención las cosas góticas, sobre la muerte, los símbolos góticos y, después, también lo barroco y lo romántico. Desde morro he estado muy atraído por todo lo gótico y lo barroco, y Dante siempre fue una figura que me encantaba: este poeta renacentista con una obra muy gótica sobre el infierno y los demonios me fascinaba.
Siento que parte de este álbum fue retomar muchas cosas que había dejado en el primer disco, que siempre he tenido pero de las que, de alguna manera, me desvié. Al retomarlas, me di cuenta de que toda esta literatura también me servía como referencia para hacer arte. El canto en específico del que nace el concepto de Selva Oscura, que literalmente es el primer verso de la Divina Comedia, me parece muy lindo porque habla de que ya no puedes volver por donde viniste. Siento que la vida siempre te empuja a ese momento: te das cuenta de que lo que pasó, pasó, que nunca va a volver a ser igual y que, al revés, te tienes que enfrentar a algo nuevo, a retos muy cabrones de la vida, porque creo que la vida es difícil.
Es un libro sobre un artista que sentía una ruina espiritual y una confusión muy cabrona, y que decide crear esta obra sobre el infierno y sobre todos estos personajes históricos para comprender mejor su rol como artista y también para comprender mejor el mundo. Empieza a escribir en una etapa inestable del mundo, donde había guerras; Italia era un territorio súper inestable, siempre había movimiento, se derrocaban los principados y llegaba otro. Dante ni siquiera escribió la obra en un solo lugar: se tardó unos 40 años o algo así escribiéndola, en distintas ciudades. Y creo que ahora el mundo atraviesa una etapa muy similar: sentimos que no hay nada seguro, no entendemos el mundo ni nos entendemos a nosotros mismos, y eso ya ha pasado antes en la historia.

Al igual que el primer canto de la Divina Comedia, este EP se siente también como la primera parte de una historia mucho más grande. Con esto en mente ¿qué es lo que sigue en esta historia?
Creo que eso de que se siente como el principio de algo es cierto; yo lo comparto, porque sí es el principio de algo nuevo. Es algo que me costó mucho encontrar porque realmente no sabía qué hacer. Si te fijas, el año pasado no saqué mucha música, y el año antepasado, en 2024, saqué un proyecto colaborativo que a lo mejor no representaba al cien porciento quién era yo. Han sido dos años de buscar con qué voy a salir ahora. Como te digo, pensaba que iba a hacer un álbum, pensaba que iba a hacer otro concierto, mil cosas.
Este proyecto llega justo para empezar una etapa muy importante de mi vida, y también da entrada a una nueva manera de que la gente me perciba. Si bien se siente y se nota que lo hice yo, también da otra cara y otro gusto sobre quién puedo ser. Abre posibilidades que hasta ahorita no siento haberle dado a la gente. Lo que viene va a ser tratar de refinar y perfeccionar este universo. Sigo siendo yo, sigue siendo mi esencia, pero estoy integrando muchas más cosas nuevas.
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