Tatool: el productor detrás de la nueva identidad de la música argentina

Tatool comenzó haciendo música en la computadora de su madre, aprendiendo a producir con tutoriales de YouTube mientras estudiaba Economía en la Universidad Torcuato Di Tella. Años después, su nombre aparece en los créditos de algunos de los discos más importantes de la nueva generación argentina. Su carrera ha estado estrechamente relacionada con el crecimiento de artistas como Trueno, Nicki Nicole y Milo J, con quienes ha desarrollado una manera de entender la producción que va mucho más allá de construir beats.

Su historia comenzó a cambiar cuando conoció a Trueno en un estudio de grabación. El rapero atravesaba la transición de las batallas de freestyle hacia una carrera discográfica y Tatool todavía buscaba a un artista con quien trabajar. Juntos hicieron Atrevido, el primer álbum de ambos, y comenzaron una relación creativa que los ha acompañado durante distintas etapas de sus carreras.

Hoy, esa colaboración continúa en TURR4ZO, el cuarto álbum de Trueno, producido junto a El Guincho. El proyecto recupera referencias fundamentales de la música popular argentina y las incorpora a un lenguaje contemporáneo que incluye hip-hop, cumbia y otros géneros. Una exploración que también encuentra puntos en común con La Vida Era Más Corta, el ambicioso trabajo de Milo J en el que Tatool participó estableciendo conexiones entre el folclore, la música urbana y distintas generaciones de intérpretes.

Para Tatool, ambos proyectos representan una inquietud que se ha vuelto central en su trabajo, encontrar sonidos que todavía no existen, pero que el público podría estar esperando. También implican una responsabilidad al momento de intervenir obras de artistas como Mercedes Sosa o recuperar elementos musicales que forman parte de la identidad cultural de Argentina.

En conversación con ROLLING STONE en Español, el productor reflexiona sobre la transformación de la escena argentina, su experiencia trabajando con Trueno, Milo J y El Guincho, la importancia de la admiración dentro del estudio y su definición de lo que significa producir música. También adelanta sus próximos proyectos con Nicki Nicole y Trueno, además de un álbum propio con el que busca explorar su interés por la música electrónica.

Empezaste haciendo beats en la computadora de tu mamá. Ahora estás nominado a Productor del Año y has recibido numerosos premios Gardel. ¿Cómo fue tu acercamiento inicial a la producción y cuándo entendiste que podía convertirse en tu forma de vida?

El primer disco que hice también es el primer disco de Trueno. Compartimos nuestro primer disco. Yo arranqué con él. Hasta ese momento había mucha incertidumbre. Decía: “Bueno, esto me gusta, le mando, pero no sé cómo hacer para que funcione y poder vivir de esto”. Cuando empezás a vivir de la música, cambia todo.

Yo estudié Economía en una universidad que se llama Di Tella. Me encantaban los números, la economía, trabajar en una empresa, todo. Pero decía: «Yo quiero hacer música, quiero hacer música». Entonces me puse a aprender por YouTube cómo producir. Lo fui armando hasta que un día nos conocimos con Trueno en un estudio, de casualidad, y empezamos a hacer música juntos. Se dio como se dio y acá estamos. Un flash.

Cortesía.

¿Cómo se conocieron? Fue justo cuando él estaba dando el paso del freestyle a la música.

En ese momento, Trueno venía del freestyle, pero justo estaba atravesando un año bastante complicado. Después le dio la vuelta y terminó ganando Red Bull y la FMS. Yo lo conocí ahí. Él quería cambiar su música y no tenía productor. Y yo no tenía a quién producir. Coincidimos en un estudio donde los productores estaban haciendo otros proyectos y no tenían tiempo para trabajar con él, o no querían, no sé. Yo estaba ahí, listo, y se dio.

Éramos los dos que no teníamos pareja. Conectamos al toque, y eso está bueno porque conectás desde un lugar donde los dos están solos. No era que teníamos un montón de opciones para elegir. Era todo mucho más simple, una cuestión de amistad. No existía la escena de música urbana que hay hoy en Argentina. Era todo mucho más directo.

Has trabajado con artistas como Trueno, Nicki Nicole y Tiago PZK. ¿Cómo has vivido desde dentro el crecimiento de sus carreras y de toda la escena argentina?

Al principio estaba buenísimo. Después siento que pasó por una etapa donde se hizo mierda todo. Todo creció muy de golpe y había mucha gente intentando descifrar un montón de cosas que nadie sabía cómo hacer. Todos tuvieron sus problemas.

Hoy siento que hay bastante puterío. Se armaron distintos grupos y creo que ya no es lo que era al principio. Antes era algo mucho más hermanado y ahora cada uno está más en la suya. Yo me llevo rebién con todos, pero cada uno tuvo que armar sus equipos de trabajo, atravesar problemas y resolver un montón de cosas.

A nivel industria es muy lindo verlo crecer, pero también hay cosas que ya no son como antes. Siento que estamos en otra etapa. La explosión de la música urbana argentina ya pasó. Fue lindo vivirla, pero ahora estamos en el después.

Cortesía.

Y en esta nueva etapa aparecen proyectos como La Vida Era Más Corta, de Milo J.

Siento que La Vida Era Más Corta es el engendro de todo eso. Milo es un poco de todo. Tiene un superpoder de cada uno de los superhéroes de la música urbana argentina. Él fue el último que terminó de cerrar ese círculo.

Una de las cosas que has mencionado sobre ese disco es que comenzó como una idea arriesgada y, después de dos años de trabajo, terminó convirtiéndose en algo muy importante. Has utilizado el término «futurología» para hablar de ese proceso. ¿Cómo se hace música pensando en el futuro?

Primero tenés que tener ganas de hacer algo distinto. Decir: «Che, quiero hacer algo único, que no exista». Después te hacés la segunda pregunta: «¿Cómo lo tengo que hacer para que se entienda?».

Creo que la gente también tenía ganas de escuchar algo distinto. Y haber vivido el desarrollo de la música urbana desde adentro te permite entender ciertas cosas. Por ejemplo, darte cuenta de que hay sonidos que están supersaturados, formas de escribir que ya se usaron un montón. Entonces, la futurología es preguntarte qué podés hacer que hoy no exista, que la gente todavía no conozca, pero que quiera escuchar.

¿Viste cuando alguien comenta en YouTube: «La canción que no sabías que querías escuchar»? Es un poco eso. Encontrar esa música que la gente no conoce, pero que le gustaría escuchar. Eso tiene que ver con el cómo, pero también tiene que haber un qué muy genuino.

Hay productores que creen que el público no sabe lo que quiere escuchar hasta que alguien se lo presenta. ¿Estás de acuerdo?

Exacto. Para mí, la gente tiene un criterio increíble. Nunca tenés que subestimar a la gente, jamás. Creo que eso es un error. Hay quienes dicen: «Ahora la gente escucha cualquier cosa». No. La gente escucha lo que tiene ganas de escuchar. No está pensando en escuchar algo para enriquecer su cultura. Algunos sí, pero la mayoría no.

Cuando algo se vuelve muy grande, es una expresión social. La gente no está yendo en contra tuyo. Nunca tenés que subestimar el criterio de las personas. Es el criterio que, encima, te da de comer, entonces hay que respetarlo.

Creo que la gente no sabe exactamente lo que quiere escuchar, pero vos tenés que tratar de darles algo que sentís que van a entender y que les va a gustar. No es lo mismo el contenido que la manera en la que lo presentás.

Hay muchas visiones sobre lo que significa ser productor. Algunos participan en la composición, otros funcionan como directores creativos y otros, como Rick Rubin, se concentran en guiar al artista a partir de su propio criterio, aunque no sepa realmente tocar instrumentos. ¿Cuál es tu filosofía de producción?

Es un gran debate. Yo creo que el productor es el encargado de hacer que las cosas sucedan.

Vos tenés un conjunto de materias primas y el productor es quien las une para llegar a producir algo. Podés tener una letra, una música, un cantante, un contexto social, un montón de cosas. El productor agarra todo eso, lo convierte en algo y lo materializa en una canción, un álbum, un concepto o lo que sea.

A veces te toca decir: “A esta materia prima le falta música”, y le metés música. “Le falta composición”, y le metés composición. “Le falta concepto”, y le metés concepto. Rick Rubin, en el caso que mencionás, hace un poco eso. Dice: “Esto que tenés está buenísimo, pero le falta esto, esto y esto. Vamos a completarlo”. Te empuja a que lo termines y se convierta en un producto. Por eso es productor. Esa es mi visión.

Obviamente, hay beatmakers, productores que se meten más en los arreglos y un montón de perfiles distintos. Pero los mejores productores, los que yo admiro, saben hacer un poco de todo y lograr esa transición entre tener un conjunto de materias primas y convertirlas en una canción.

En discos como La Vida Era Más Corta y TURR4ZO recuperan música que ha sido fundamental en la historia argentina. Desde la producción, ¿cuál es el mayor desafío para actualizar esos sonidos sin perder su esencia?

Siento que las armonías que se utilizan hoy son distintas a las que se usaban antes o a las que se usan en el folclore. Es algo medio nerd, pero entender cómo podés ir transformándolas para que se actualicen es un gran desafío. Más allá de eso, creo que lo más importante es hacerlo con respeto. Y el respeto viene de estudiar lo que estás haciendo, entenderlo y ser consciente de lo que representa. Tenés que entender que ese género significa algo específico para un montón de personas. Para mí, esos son los dos desafíos más grandes: poder actualizarlo y entender realmente qué estás trayendo al presente.

¿Sientes una responsabilidad especial cuando trabajas con grabaciones o samples de figuras como Mercedes Sosa, Gustavo Cerati o Luis Alberto Spinetta?

Muchísima, amigo, muchísima. Antes de publicar todo eso, se habla con las familias. Se les pide su opinión y autorización. Se les pregunta si les gusta, si creen que es una buena idea o no. Entonces, cuando estás preparando algo para enviar a la familia, ya sabés que lo va a escuchar alguien cercano a esa persona. Tratás de hacerlo de la manera más respetuosa posible, de conservar su esencia y lograr que, cuando la familia lo escuche, se sienta representada. Que puedan decir: “Acá está representada la obra de mi familiar en esta nueva realización”. En ese momento te olvidás del público y de todo lo demás. Estás pensando en hacer algo que a vos te guste, pero que también represente a los familiares de la persona que estás sampleando. Es heavy.

Cortesía.

Algo interesante de La Vida Era Más Corta es que conecta tanto con un público joven como con generaciones mayores. ¿Qué crees que permite esa convivencia?

Siento que la voz de Milo tiene mucho que ver. Cuando escuchás a una persona grande hablar del disco, destaca mucho su voz. Te dicen: “Che, qué bien canta este pibe. Mirá la voz que tiene”. Milo canta muy bien, y no solamente porque sea lindo escucharlo. Técnicamente canta muy bien. Creo que eso le gusta mucho a la gente grande, que está más acostumbrada a escuchar voces sin autotune. Pero al mismo tiempo Milo es productor. Entonces te empuja a hacer un montón de cosas, a incorporar trucos de producción que a las nuevas generaciones les llaman la atención. Ahí se arma una mezcla muy buena. Para mí, eso es lo que tiene la gente que realmente canta: una trascendencia generacional. El canto lo entiende cualquiera, un nene o una persona mayor. Y después tenés a Silvio Rodríguez cantando una letra de Milo. Ahí te das cuenta de que hay una forma de escritura y un talento en el canto que trascienden las generaciones.

En TURR4ZO trabajaste también con El Guincho. ¿Cómo funciona una producción cuando participan varias personas con visiones creativas tan fuertes?

Cuando se plantea desde la admiración mutua, es muy fácil. Vos admirás lo que hace la otra persona y la otra persona admira lo que hacés vos. Entonces se respetan las visiones y termina siendo un ida y vuelta. Yo siempre fui fanático de El Guincho como productor y como artista. Estar en el estudio con él y hacer un disco juntos fue una experiencia increíble.

Desde el principio entré con la mentalidad de aprovecharlo, aprender, disfrutar y ver cómo trabaja. Se te abre la cabeza un montón. Yo vengo de Argentina y me he juntado con muchos productores a hacer música, pero el proceso de hacer un disco es distinto. Te permite ver realmente la esencia de la otra persona y todos los superpoderes que tiene. Cuando hay admiración mutua, colaborar es fácil.

En tu mensaje sobre las nominaciones mencionaste que lo importante no es llegar a algún lugar, sino tener la oportunidad de seguir haciendo lo que te gusta. Después de todo lo que has conseguido, ¿qué ha cambiado en tu manera de entender el éxito?

Al principio sí pensaba más en esas cosas. Decía: «Quiero que me nominen, quiero tener un disco con un montón de reproducciones». Está buenísimo, pero hoy me doy cuenta de que la música, como cualquier oficio, es un camino que no termina nunca.

Podés ponerte metas y objetivos, obviamente, y eso es sano. Pero la razón final por la que hacés las cosas no puede ser un objetivo concreto. Para mí es disfrutar lo que estoy haciendo y tratar de hacerlo lo mejor posible para poder seguir haciéndolo todos los días. Disfrutar de crear música nueva, experimentar con géneros y conocer personas. Eso es lo más lindo que tiene la música. Si dependés del reconocimiento, cuando te dicen algo bueno estás contento y cuando te dicen algo malo estás triste. Y vas a tener que lidiar con las dos cosas. Creo que lo más sano es concentrarte en tu trabajo, más allá del éxito. Eso te permite disfrutar tu oficio y tener una vida más plena y tranquila. No sé si tiene tanto que ver con la música o con ser carpintero. Es cómo lidiás con las cosas para mantener la mayor paz posible.

También estás trabajando en un proyecto propio relacionado con la música electrónica. ¿De dónde surge ese interés por desarrollar un sonido fuera de tus colaboraciones habituales?

Nace de las ganas de explorar ese sonido. El house y la música electrónica en general son cosas que siempre escuché. Toda la vida fui a ver DJs, pero nunca me había planteado entrar al estudio a hacer esa música. Hace un tiempo empecé a tener cada vez más ganas. Y como sentía que ese sonido no iba necesariamente con los artistas con los que trabajo, dije: “Bueno, hago mi propio disco, hago ese sonido e invito a mis amigos a que vengan a hacer algo distinto”. Así se formó el proyecto.

Estuve buscándole la vuelta durante mucho tiempo y no terminaba de encontrarlo. Pero hace poco siento que lo empecé a desbloquear. Ahora estoy muy entusiasmado, quiero terminar de pulirlo y sacarlo porque siento que finalmente estoy encontrando el sonido que quería.

Además de ese disco, ¿qué otros proyectos te emocionan actualmente?

Estoy terminando un álbum de Nicki que siento que va a ser increíble. Ya estamos trabajando en cosas nuevas con Trueno y pensando en un sonido que me encanta. También estoy haciendo mi disco y mandando ideas a distintos productores. La verdad, la vida nos sonríe. Estamos haciendo mucha música y estoy contento. Si la música está bien, yo ya tengo gran parte de mi vida resuelta.

Para terminar, ¿hay artistas o productores emergentes que hayas estado escuchando y que te parezca importante tener en el radar?

Hay una chica que se llama Qendresa, con Q, que es buenísima. Después hay un rapero argentino que se llama Doly Flackko, que también es muy bueno. Y hay un productor de Reino Unido que se llama MPH, que es buenísimo. Estoy escuchando mucho a esos tres: MPH, Doly Flackko y Qendresa. Son cosas muy distintas, pero si querés escuchar buena música, te los recomiendo. Escuchalos y después me contás.

Empezar

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