“Animáquina”, así se llama el alucinante artefacto que Martín Schachner construyó para realizar las visuales de Mundo Chango, el espectáculo retrospectivo que el notable acordeonista misionero Chango Spasiuk presenta en el teatro Coliseo de Buenos Aires, Marcelo T. de Alvear 1125, el próximo viernes 6 de noviembre a las 21 (entradas acá).
“Soy fanático del Chango de siempre; encontrarme con él fue increíble, la vida te trae cosas maravillosas. Su música me ha acompañado en procesos creativos; es una música muy sensible y cinematográfica que se puede acompañar con imágenes de todo tipo”, le cuenta Schachner, artesano, artista visual, diseñador e inventor argentino, a Rolling Stone.
Cuando conoció sus creaciones, Spasiuk le propuso acompañarlo en escena, como una especie de VJ analógico. “Fue así que me puse a desarrollar todo lo que hago a partir de esa posibilidad, pero enseguida me di cuenta de que con lo que tenía hasta ese momento no podía cubrir dos horas de concierto. Porque todos los dispositivos, máquinas y obras tenían un lapso de imagen muy corto”.
Así que, ni lerdo ni perezoso, Schachner se propuso armar una máquina que le permitiera cubrir esas dos horas de visuales continuas, con cambios de película y de objetos. “En ese diseño también importaba el tamaño, porque los objetos generalmente son más pequeños. Tuve que meter todo lo que hago en un tablero, con dispositivos precinematográficos. Lo que quedó fue una mesa más o menos como de DJ, pero para manejar animaciones. Se la presenté a la producción y al Chango, y se quedaron helados. Les gustó y acá estamos”.
El nombre técnico es kinógrafo, porque funciona como una máquina de generar cine, “de dibujar cine”, especifica su creador. Y agrega: “Pero el nombre más artístico es Animáquina, así le llamamos en el mundo del Chango. Pero a mí el que más me gusta es el poético, porque el Chango la bautizó como ‘la máquina de hacer pájaros’”.

Kinógrafo no es un término excéntrico para Schachner, acostumbrado a producir artefactos que son parte de la prehistoria del cine: taumatropos, fenaquistiscopios, anamorfosis, praxinoscopios, zootropos y máquinas folioscópicas, entre otros dispositivos.
¿Y qué es lo que proyecta? “Trabajo mucho con el simbolismo del movimiento”, explica. “Cuando veo un caballo galopando, me parece una imagen muy fuerte por la potencia del animal y su estética, pero lo más lindo es cuando corre; eso genera un placer visual. Hago que el movimiento sea lo más expresivo, evitando imágenes de impacto o planos muy complejos”.
Dice Schachner que usa imágenes simples y argumenta: “Porque lo simple es lo que nuestro cerebro asume más rápido. Pongo cintas de cine con un caballo corriendo, una bailarina representando cajitas musicales… Y en temas específicos, como cuando el Chango interpreta a Astor Piazzolla, ponemos imágenes de Piazzolla en cinta de cine”.
Su función es como si fuera un VJ, pero analógico: “Todo sale del papel. Lo más complejo de este dispositivo fue lograr que todo salga en directo a proyección mediante cámaras que van filmando el proceso. Tiene distintas cámaras con salidas directas a la consola de mezcla para mandar la imagen cruda al proyector. Además, trabajo con discos estroboscópicos (muy usados en el mundo del vinilo, como hicieron Oasis o Fito Páez). Al girar y mirarlos con una luz parpadeante o con una cámara, se ven animaciones detalladas y sutiles. Tengo un montón de discos armados de plástico y cartón que voy cambiando según la canción que toca el Chango; por ejemplo, para ‘Viejo caballo alazán’, pongo el disco con el caballito corriendo y el título de la canción”.

¿Cómo es compartir escenario con el Chango?
Es algo increíble para mí, porque no soy de ese palo, nunca me había subido a un escenario. Encontré una nueva faceta de mi ser, no solo en la relación con la máquina y saber moverla en cada momento, sino porque tengo al público al lado mirando todo el tiempo lo que hago. Soy como la orquesta.
¿Cuándo arrancaron con este proyecto?
Este año. Me sumé a la banda del Chango en Mundo Chango, que incluye este costado cinematográfico y analógico. Como él viene de una familia de artistas y carpinteros, le gustó mucho mi trabajo manual y analógico para ponerlo en el escenario. Además, como tenemos cámaras y fotos proyectadas en una pantalla gigante, la gente del público ve mis manos interactuando directamente sobre la máquina en tiempo real.
Sos una mezcla de artesano, artista e inventor…
Tengo una mezcla de oficios y de arte. Vengo del mundo del cine: estudié cine y me dediqué a la parte de contenido visual. En un momento descubrí lo que sucedía previamente al cine, todos los objetos precinematográficos. Ya teniendo experiencia en artes, carpintería, efectos especiales y un montón de oficios mezclados, me puse a recrear esos dispositivos activos, pensándolos como un nicho para cineastas y fotógrafos, algo muy poco conocido o explorado en ese momento. A partir de ahí me puse el traje de artesano, haciendo casi réplicas de lo que sucedía hace 200 años.

¿De dónde viene esa fascinación por estas máquinas tan anacrónicas, primitivas y a la vez absolutamente mágicas y flacheras?
Siempre, de niño, me gustaron los aparatos de reproducción, sobre todo de sonido (casetes, discos) y la televisión; nunca le presté atención al contenido, sino a lo que genera la imagen. Hice fotografía de muy chico, revelado analógico, y siempre me gustó la trastienda: cómo aparece la imagen, el proceso de lograr que esa imagen aparezca en el papel. Soy un fanático de desarmar cosas para descubrir cómo se mueven y cómo se logran. Eso me llevó a desarrollar este tipo de efectos mecánicos y a investigar la persistencia retiniana (la memoria visual de una fracción de segundo que nos permite ver cine al pasar cuadro por cuadro). Hay mucho desarrollo en lograr que ese movimiento sea suave, estético y bonito.
¿Este objeto que creaste es totalmente original?
No me puse a investigar muy a fondo, pero, la verdad, no he encontrado nada parecido en un escenario.
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