Low Clika llega a su primer álbum con una idea clara: no encasillarse. Después de conocerse en un reality y comenzar a trabajar como grupo, sus integrantes han pasado más de un año construyendo un proyecto que busca combinar el regional mexicano, la raíz desde la que parten, con otros sonidos y géneros que hacen parte de sus referencias.
El resultado es un álbum de 12 canciones en el que conviven el R&B, la cumbia, el trap, el reguetón y diferentes vertientes del regional mexicano. Más que seguir una fórmula, Low Clika quiso utilizar el proceso para descubrir qué podía sonar propio. Para hacerlo, trabajaron junto a productores como Wiker All Side, Julia Lewis, Tuncourt y Ribs, entre otros.
“Empezamos justo recién salimos del reality donde nos conocimos y empezamos a trabajar poco a poco en el álbum, en encontrar un sonido para Low Clika”, cuentan. Para ellos, trabajar desde el comienzo con productores de distintos perfiles fue también una manera de crecer como artistas y entender mejor qué querían hacer.
El trabajo en estudio tuvo una dinámica poco convencional. En lugar de llegar con todas las canciones terminadas, el grupo construyó buena parte del material durante un camp de composición y producción en el que varias ideas avanzaban al mismo tiempo. Mientras algunos integrantes componían, otros trabajaban en beats y otros grababan instrumentación.
“Realmente teníamos como que varios booths de trabajo. Estábamos de una estación a la otra y luego a la otra. Todos estábamos chambeando cosas diferentes, pero de las mismas rolas que se estaban haciendo ahí mismo”, explican.
El proceso se convirtió, de alguna manera, en una pequeña fábrica creativa. Una canción podía comenzar con un beat, pasar a la composición, regresar a la producción y terminar tomando forma con la grabación de los instrumentos. Al final de cada semana, el grupo se reunía para escuchar lo que había surgido.
La experiencia también les permitió descubrir que el detalle puede cambiar por completo la intención de una canción. Uno de sus integrantes, por ejemplo, habla de lo que aprendió trabajando el bajo quinto: un mismo adorno puede interpretarse de distintas maneras y producir sensaciones completamente diferentes.
“Importa mucho un adorno que hagas de una manera. Puedes hacer el mismo adorno de otra manera y te da completamente otra intención, y la gente sí lo percibe a la hora de que queda la canción”, explican.
Esa búsqueda también atraviesa las temáticas del álbum. Aunque las 12 canciones son diferentes entre sí, la intención era que todas conservaran una misma esencia. Antes de decidir el concepto definitivo, incluso contemplaron llamar al proyecto Disociado y Agüitado, una idea que resumía la convivencia entre dos estados y dos universos sonoros: una parte más ligada al beat y otra al regional mexicano y a la emoción.
Uno de los momentos más especiales del proceso fue ‘Julieta’. La canción nació en Guadalajara, fuera del camp de composición, durante una sesión mucho más espontánea con el equipo de Golden Ink. El grupo terminó reunido en una terraza, guitarreando y aportando ideas hasta que apareció la historia de ‘Julieta’ y ‘Romeo’.

“No pensamos cómo iba a acabar”, recuerdan. “Cada quien empezó a aportar y ahí fue saliendo la rolita”.
La canción terminó convirtiéndose en una pieza especialmente significativa para el grupo. No solo alcanzó el número 25 en Billboard, sino que tiene la particularidad de haber sido escrita por todos los integrantes de Low Clika, algo que no ocurre con el resto del álbum.
La distribución de tareas dentro del grupo también responde a esa búsqueda de identidad. Low Clika funciona como un equipo en el que cada integrante tiene diferentes responsabilidades: composición, producción, arreglos, ingeniería, contenido y el trabajo relacionado con los shows en vivo. Esa división les ha permitido ser cada vez más autosuficientes.
“Cada quien tiene como que sus roles internos”, explican. “Hay muchos expertos en producción, otros son más buenos en composición, otros son más buenos editando videos y así. Creo que es un equipo completo”.
La misma lógica se traslada a los escenarios. Uno de los integrantes se encarga principalmente de los shows en vivo y de elementos como las secuencias, mientras otros trabajan en la ingeniería y los arreglos. La idea es que las habilidades individuales terminen fortaleciendo el proyecto colectivo.
Para su primer álbum, además, quisieron mantener las colaboraciones en un mínimo. El disco cuenta con una sola invitada: Nani, una amiga del grupo de Monterrey. Su participación surgió casi de manera accidental. La canción había sido pensada inicialmente para Low Clika, pero sentían que algo faltaba.
Después de considerar diferentes voces femeninas, llegaron a Nani. Su participación terminó transformando la canción: incorporó diferentes voces de fondo y le dio una nueva dimensión al tema.
“Le dio una vibra totalmente diferente. Metió muchas voces de fondos; con su voz llenó la rola de una manera que no esperábamos”, dicen.
Aunque el álbum apenas está por salir, Low Clika ya piensa en lo que viene después. Entre los artistas con los que les gustaría colaborar mencionan a Fuerza Regida y a George de Street Mob, mientras que también cuentan que están cerca de cerrar una colaboración con Frontera.
El siguiente paso será llevar el material a los escenarios. El grupo tiene varios shows programados, entre ellos una presentación en el Flow Fest de Ciudad de México. Allí planean combinar canciones del álbum con algunos covers reinterpretados desde su propio estilo y, posiblemente, presentar canciones que todavía no hayan sido lanzadas.
“Para esa fecha tal vez todavía no están fuera, pero va a ser un poco de lo que se viene después del disco, de nuestro concepto, nuestro sonido y todo eso”, adelantan.
Más allá de las canciones, el último año también ha servido para que Low Clika entienda mejor qué significa funcionar como grupo. La experiencia del estudio se ha complementado con actuaciones, grabación de contenido y diferentes experimentos audiovisuales. Incluso han salido a las calles a promocionar sus canciones y han aprendido a enfrentarse a una cámara desde un lugar distinto al que conocían por el reality.
“Actuar o estar en un set con tanta gente viéndote y todos en silencio es diferente”, cuentan. Esa experiencia, dicen, les ha ayudado a perder la vergüenza y ganar herramientas que ahora pueden trasladar a distintas áreas de su trabajo.
El aprendizaje, sin embargo, no ha venido únicamente de los aciertos. Para ellos, reconocer los errores ha sido igual de importante para entender hacia dónde quieren ir.
“Hay deficiencias y cosas malas que justamente se tienen que tener. Esa conciencia de lo que estás haciendo mal para en un futuro corregirlo. Ya eres mejor y dices: ya no soy la misma persona que antes, ya tengo un poco más de experiencia”.
Esa evolución es, quizá, una de las claves para entender el momento actual de Low Clika. El grupo todavía está construyendo su identidad, pero lo hace desde una dinámica colectiva en la que cada integrante aporta desde un lugar distinto. Después de más de un año de trabajo, el primer álbum representa tanto un punto de llegada como el comienzo de una etapa nueva.
Y mientras esperan que el disco finalmente vea la luz, también miran hacia los escenarios, las próximas colaboraciones y las canciones que ya están preparando. El objetivo parece ser el mismo que tenían cuando entraron por primera vez al estudio: seguir descubriendo qué puede ser Low Clika.
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