El primer día de Lollapalooza 2026 tuvo una tarde copada por la música más joven, tan joven que buena parte del público necesitó compañía adulta. A la espera de headliners como Turnstile y Tyler The Creator (ver notas aparte), el pop, en múltiples variantes, embanderó los cinco escenarios desplegados, una vez más, por el Hipódromo de San Isidro. De Jero Jones y Mora Fisz a Victoria Whynot, Guitarricadelafuente y Tiger Mood. Incluido el escenario Kidzapalloza, con el paso de Piñón Fijo, que no paró de firmar autógrafos mientras se trasladaba en un carrito por el predio.
Antes de que aflojara un poco el calor, hubo varios highlighte. Como, Judeline, en el Flow stage, por segunda vez en el Lolla. “Es impresionante cómo cambió el panorama, la vez anterior no había ni cinco personas”, dijo feliz. La cantante de Jerez de la Frontera tiene un único LP, Bodhiria (2024), que sonó bastante en el circuito porteño, y ahora está presentando su EP Verano Saudade.
Visual y cosmopolita, la joven de 23 años se llama así por la canción de The Beatles “Hey Jude”, favorita de su padre. Su estilo contiene varias intenciones que van del flamenco, trap, R&B, reggaetón y también ciertos sonidos árabes. Para este set en trío, la mayoría de esos colores se disparó en pistas. Hasta hizo un cover “La tortura”, de Shakira, movimiento de caderas incluido.
A la misma hora, pero en el escenario Alternative, los Militantes del Climax desarrollaron su pontente y virtuosa black music hecha en Buenos Aires, no sin un momento confuso, en el que colocaron un objeto en el centro del escenario, inmediatamente lo retiraron e invitaron al público a “imaginarse a Conan” (¿una referencia al célebre perro presidencial?), para despedirse con la frase “son tiempos raros” y un gesto ligeramente frustrado.

La caída del sol todavía veraniego fue con DJO, la banda de Joe Keery, el adolescente que pasó a la masividad por su participación actoral en la serie Stranger Things. De inicio algo postpunk, y con un sonido contundente, la banda después se paseó por varios géneros, con prestancia, sin hacer pie definitivo en ninguno. Keery parecía a gusto arriba del escenario y llevó adelante un set más bien largo, donde dejó la sensación de que podría seguir tocando toda la tarde.

Las adolescentes, igual, migraron hacia el pop bailable y muy bailado de las inquietas Katseye, grupo californiano de ostensible inspiración K-Pop. Después, como la noche, los escenarios se oscurecerían con el hardcore de Turnstile y el drama de Lorde. La tarde para los chicos y la noche para los padres, de un viernes familiar.
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