Muchas veces, un accidente puede cambiarte la vida. Donde antes veías el derrumbe del porvenir, quizá necesites cambiar de perspectiva y reconocer lo que ese incidente abrió en ti como posibilidad de transformación. En el caso de Yerai Cortés, una lesión en la mano —que para muchos habría significado un declive momentáneo en su carrera— se convirtió en un punto de inflexión. El músico logró salir de la incertidumbre y el temor ante lo que podría suceder, y se reinventó, descubriendo una nueva faceta personal y artística que le ha permitido ver y sentir mucho más allá de las cuerdas de su guitarra.
De ese momento surgió Popular, su nuevo álbum: una obra que no solo amplía, sino que también trasciende el universo musical y creativo de Cortés. Como un pregonero que alza la voz para contar su propia historia, el músico decide colocarse en segundo plano y asumir el papel de acompañante de las dulces voces del pueblo. Son esas voces las que, en conjunto, construyen una conexión profunda con la tradición, una que brota con orgullo desde la raíz de su identidad.
En esta entrevista íntima y exclusiva con ROLLING STONE en Español, Yerai Cortés habla sobre Popular, la reinvención de su persona después de su accidente en la mano y mucho más. Lee aquí la entrevista completa.
Háblame sobre la historia detrás de tu próximo álbum Popular.
Este disco lo empecé a componer involuntariamente, sin la guitarra en la mano. Tuve una lesión en el tendón de la mano izquierda, y me tuvo siete meses sin poder tocar, con una venda en la mano. Justo acababa de cerrar la edición de la película que hice con “Pucho” (C. Tangana). Es decir, cerré una herida y se me abrió otra. Yo venía de estar currando, de aquí para allá, y fue llegar a casa a tener mucho tiempo libre. La verdad es que me costó parar de crear y de hacer cosas. Decidí parar y componer música. Recuerdo que tarareaba frases y me decía con qué parte de la guitarra podría sonar bonito. Me las guardaba en el móvil, para cuando yo estuviera bien, poder hacerlas. Yo empecé a escribir estribillos y me los imaginaba con la guitarra, pero cuando me di cuenta, rellené esos huecos de la guitarra con más letras. Cuando me di cuenta, tenía canciones hechas de arriba abajo, y que no eran de guitarra. Ya tenía como seis canciones en un proyecto donde no había una guitarra, y lo principal era la letra y el canto.
La esencia del proyecto es el parón que di por mi mano. Me di cuenta que inicié desde otra perspectiva y lugar a crear música, ya no con la guitarra en la mano, pero sí en la cabeza. Lo hice desde el cancionero. La guitarra ya no era la protagonista, era la que acompañaba. He descubierto esa nueva rama en la que hay nuevas canciones.
Luego, cuando me recuperé, hice canciones con guitarra, pero estuve pensando muy bien la narrativa de las canciones porque me aproveché de que estaba escribiendo para poder hacer un orden en el que se pudiera entender un tipo de viaje o película, entonces me parece un trabajo súper chulo. Se trata de desaprender y aprender de nuevo. Es como arrancar la conexión que siempre he tenido con el arte, pero ahora unirme con otra herramienta.
¿Qué descubriste de ti en este proceso?
Cuando pienso las cosas que tengo que hacer con la guitarra para un disco, y cómo tiene que ser un proyecto como guitarrista, es que hay una figura y presión de lo que se tiene que demostrar para otros músicos. Me di cuenta que hay un Yerai detrás de ese guitarrista, y tiene que ver con la creatividad, que hasta entonces la mayoría de mis obras y creatividad estaban dentro de la guitarra, pero ahora, están mucho más en lo conceptual y todo lo que rodea la canción. Tiene que ver con la forma en la que se presentan las cosas y cómo me expongo yo como guitarrista. He descubierto que me gusta mucho la creatividad y la dirección de cómo contamos las historias, el por qué lo hacemos, para qué y la forma en la que lo hacemos. Creo que esto ha sido lo que he descubierto.
Al escuchar el disco siento que estamos en el presente, pero también hay un viaje al pasado. ¿Cómo lo sientes o intentaste representar?
Es un viaje al pasado. Es lo que sentía en el momento que lo escribí. Es otra película para mí. Creo que nos suele pasar a muchos, cuando estás haciendo un proyecto, lo armas, lo grabas y lo editas, entonces pasa mucho tiempo y ya no estás en ese lugar. Es muy bonito a nivel trabajo. Las cosas que nos han dolido en el pasado, pues intentamos olvidarlas, pero yo, en este caso, aprovechando el corte que me hice en la mano, he tenido que convivir con la curación de una herida. Me estaba abriendo para contarla. Eran dos heridas que estaban abriéndose en paralelo. Lo que me di cuenta cuando me recuperé, es que no puedo mirar a otro lado porque necesito seguir cuidando esa herida, y que en algún momento estuvo roto. Tengo que estar agradecido porque se ha curado y arreglado. Esto no se borra; aprendes a vivir con la cicatriz y la llevas con bandera, porque de ese error aprendiste a ser como eres. Los trabajos que hacemos los artistas son cicatrices bonitas que terminan siendo un proyecto creativo bonito. Son bonitas de recordar, y cuando tú las cuentas, aunque estés en otro lugar y la cicatriz esté cerrada desde hace tiempo, tienes una forma poética de recordar un error, un perdón o una cara. Somos privilegiados los artistas porque podemos recordar nuestras pequeñas figuritas.
Es como el kintsugi, el arte japonés de reparar cerámica rota utilizando polvo de oro.
Eso lo hace único. El mismo vaso que antes era uno entre mil iguales, ahora está rayado de oro. Esto es divino.
Me interesa mucho lo que mencionas sobre la lírica del disco, que representa el personaje protagónico de la historia. A ellas las llamas “las voces del pueblo”, ¿cómo las encontraste?
De las coplas populares y de lo que canta la gente, que no se sabe de dónde vienen. En el flamenco, las letras populares conviven hasta el día de hoy. Solo por pertenecer a la estética de las letras que se hacían antiguamente, pues siguen haciendo para decir que estamos aquí. Hay pocas composiciones nuevas. A mí siempre me ha inspirado esto, desde la cuna. Me molaba de lo popular, que el pueblo la canta. Y no se sabe el autor. Para mí, era hacer música y canciones que sean totalmente entendibles, que no tengan demasiada metáfora. No quería que solo la entendieran tan solo unos pocos para pertenecer al arte. He rebajado todo el arte elitista que podría haber, para así llevarlo a las letras tradicionales y normales, cómo se habla y cómo se canta. Me encantaría que esto lo pudiera escuchar en la boca de alguien. Ninguna de las ocho chicas que me acompañan en el disco son cantantes; son bailarinas que tienen un ritmo increíble. Sin embargo, cuando cantan todas unidas, es como si cantase todo el pueblo. Es como si cantaran un cumpleaños feliz en una fiesta, o cuando en un estadio cantan el himno; en todos estos sitios se entiende y van entonados. El pueblo unido tiene una fuerza y una unión que es bella. Para mí, lo popular es cuando todos se juntan para una: el pueblo entero llora, ríe, canta y baila.


¿Qué tipo de memoria colectiva te interesaba recuperar: la histórica, la familiar o la emocional?
Para mí, siempre ha sido el amor. Se trata del amor en los años post película, en los que la película es una catarsis y destrozar unos cimientos que estaban armados, y algunos hasta mentira. Es desarmar, para después armar de nuevo, pero ahora con lo que realmente es. Es tirar todas las columnas y hacer la casa desde abajo. En el amor, se pasan por muchas etapas distintas, en las que la conquista no es ponerte guapo, decir una palabra bonita y oler bien; conquistas desde demostrar en que las personas pueden cambiar. Ha sido un proceso muy chulo, en el que he podido entender cosas que me pasaban en ese lugar y en ese momento, pero sobre todo, como cualquier artista, deseando que la emoción llegue, no sé si al pueblo, pero sí a quien le tenga que llegar. Muchas veces, por más historias que tengas que contar, si no hay música detrás, la emoción no es igual.
Tras el lanzamiento de La guitarra flamenca de Yerai Cortés, ¿sientes alguna presión por presentar nuevos materiales?
No es presión, pero sí que es tomar temperatura. Es revisar dónde estaba, qué proyecto he hecho y verlo como artista, porque al momento de sacar nuevas cosas, pues tiene que estar a la altura de lo anterior que hice. Te pones una especie de presión, un tipo de marca que establece un límite. Piensas si puedes estar mejor, si puede haber un cambio a la hora de escribir o tocar, pero no por demostrar el cambio, sino por ser fiel al cambio personal que he tenido, y que se nota en mi música. Esto altera todo lo que he vivido y el momento en el que estoy, y veo si realmente se está entendiendo. El trabajo ha sido quitar el maquillaje y dejarlo lo más cercano posible a cómo yo me encontraba a nivel personal, con todo lo que he aprendido: ser permisivo con los errores, con lo orgánico, lo ruidístico, lo natural y la vida.
¿Cuál es el concepto visual para Popular?
Va dentro de un concepto que me gusta mucho. Yo siempre dije que era el pregonero, y me iba a convertir en el cancionero que pregona al pueblo las historias que me están pasando. El pregonero era el que se ponía al centro del pueblo y se ponía a leer las noticias, contaba quién se había muerto, el bar que se había abierto, el río que se había colapsado, etcétera. El pregonero, en la actualidad, es una persona que está rodeada de medios para que ahora te lleguen las noticias directamente las noticias al móvil. Nos fuimos a una rueda de prensa, y es ahí donde yo puedo contar mi historia, porque lo que yo quiero, es que llegue al pueblo. Todo lo visual va por ahí: yo llegando, me persiguen por la calle, la gente sabe lo que quiere, tengo que decir algo y aún así no quiero, pero tengo que hacerlo en la rueda de prensa, y ahí, es cuando inicia el disco. Es muy guay.
¿En qué etapa artística crees que llega Popular?
En la que estoy descubriendo facetas nuevas. Ahora tengo que tocar esto en directo, pero estoy acostumbrado a sentarme y tener que contarlo todo con los dedos, pero ahora no solo tengo esas seis cuerdas, sino tengo otras seis que son ellas contando y cantando la historia. Tengo que hacer menos para que llegue mucho más. Tengo que acompañarlas a ellas. Estar en esta posición es nueva, y me alegra un montón haberla descubierto porque es muy bonito. Es lindo estar en segundo plano, y aunque no es algo que esté haciendo, sí es algo que he provocado. Creo que es algo muy flamenco, del pueblo. Es la memoria colectiva de la que hemos hablado antes, y eso lo afianza mucho.
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