Fernando Bonilla: “Los personajes más interesantes son los que viven entre contradicciones”

Hay actores que construyen su carrera a partir del protagonismo. Fernando Bonilla ha seguido un camino diferente. Durante más de una década se ha convertido en uno de esos intérpretes capaces de aparecer en los lugares más inesperados del cine y la televisión mexicana contemporánea, aportando siempre una energía particular a personajes que suelen escapar de las categorías simples. Lo mismo puede encarnar a un hombre ridículamente fuera de lugar en El norte sobre el vacío, a un artista atrapado entre privilegio y culpa en Perdidos en la noche, a una figura del narcotráfico en Narcos: México, a un operador político en Un extraño enemigo o a uno de los personajes más entrañables y desconcertantes de Las muertas.

Hijo del escritor y periodista Fernando Bonilla y de la actriz Héctorina Gómez, formado en el teatro antes de consolidarse en cine y televisión, Bonilla ha desarrollado una carrera marcada por una característica poco común: la capacidad de encontrar humanidad en personajes llenos de contradicciones. Sus interpretaciones rara vez buscan el heroísmo. Prefiere habitar las zonas grises, los espacios donde conviven el humor, la fragilidad, la torpeza, la violencia o la culpa.

A propósito de algunos de sus trabajos más recientes, conversamos con él sobre la construcción de personajes, la representación de la violencia en la ficción mexicana, los desafíos de la comedia y los proyectos que prepara para los próximos meses.

Cortesía de FICM

En El norte sobre el vacío, tu personaje se mueve en un entorno donde la violencia es estructural. ¿Cómo trabajaste para que su identidad no quedara reducida al contexto de la violencia y fuera un personaje más complejo que eso?

Creo que justamente Raúl no es un personaje determinado por la violencia. Es un citadino que va de visita al rancho de su suegro y que está completamente fuera de lugar. Entendía al personaje como un vehículo para aportar otro matiz dentro de la película. Es un tipo bastante patético, ridículo y desubicado, que incluso coquetea con la comedia.

Cuando empiezan a aparecer tensiones familiares o relacionadas con la inseguridad, él parece estar en otra frecuencia. Creo que funciona como una especie de respiro para el espectador, alguien a quien vemos patinar constantemente. Pero también habla de la diversidad de realidades que existen en un país como el nuestro. Hay personas atravesando situaciones terribles y otras, muy cerca de ellas, que apenas alcanzan a comprender lo que ocurre.

Cortesía de FICM

En Perdidos en la noche, Amat Escalante construye un universo donde domina la ambigüedad. ¿Cómo te posicionas como actor dentro de una narrativa que evita explicarse?

Rigoberto Duplas es un personaje profundamente contradictorio. Yo lo veo como una caricatura de nuestro papel como artistas dentro de una sociedad atravesada por la desigualdad y la violencia.

La película plantea una pregunta muy incómoda: ¿qué tan cómplices podemos llegar a ser de una tragedia o de una atrocidad? Muchas veces los peores actos no son responsabilidad de una sola persona, sino de una cadena de responsabilidades compartidas. Mi personaje participa de eso tanto por acción como por omisión.

Fue un personaje muy complejo porque vive en una tensión permanente. Es provocador, desafiante y constantemente está empujando los límites de quienes lo rodean. Pero al mismo tiempo la culpa termina alcanzándolo. Esas contradicciones son un combustible extraordinario para un actor.

Cortesía de Netflix

Has participado en series como Narcos: México y Un extraño enemigo, producciones construidas sobre hechos históricos recientes. ¿Cómo encuentras espacio para proponer dentro de estructuras tan definidas?

Creo que el trabajo del actor siempre consiste en llegar con propuestas. Luego hay que entender qué busca la dirección y encontrar un punto de encuentro.

En Narcos trabajé con varios directores distintos y cada uno tenía su propia manera de abordar las escenas. A mí me interesó mucho trabajar el lenguaje y el acento de Vicente Carrillo Fuentes. El guion en español era bastante neutro y conversé mucho con ellos sobre las palabras que usaría alguien con la trayectoria geográfica y cultural del personaje.

En Un extraño enemigo el trabajo era diferente. La violencia estaba más depositada en la palabra y en los juegos de poder. Ahí la construcción pasó más por la psicología del personaje y por esa atmósfera de thriller político que proponía la serie.

Cortesía de Prime Video

Tanto en Harina como en La oficina trabajas desde registros cómicos muy distintos. ¿Cómo construyes el tono de una comedia?

Creo que lo primero es entender cuál es la función del personaje dentro del mecanismo cómico. Joe Sheffer, en Harina, es completamente farsesco. Es de esos personajes que parecen sobreactuados incluso dentro de la realidad. En cambio, Gerónimo, en La oficina, aunque es exagerado, existe dentro de un universo mucho más reconocible. Es torpe, invasivo, inconsciente de los demás y profundamente desubicado.

La comedia depende mucho del contraste. Siempre necesitas personajes que estén pisando tierra firme para que los más excéntricos funcionen. Sin ese contraste, el humor pierde fuerza.

Cortesía de Netflix

Quisiera preguntarte por Las muertas. Es una historia atravesada por la violencia, pero tu personaje aporta algo distinto. ¿Cómo fue tu aproximación a Ticho?

Mi brújula siempre fue la inocencia. Quería construir un personaje tierno y profundamente leal. Ticho participa en actos criminales, pero nunca tuve la sensación de que comprendiera realmente la magnitud de lo que estaba haciendo. Para mí era como un perro: absolutamente leal, agradecido e incapaz de traicionar a quienes considera su familia.

En la novela de Jorge Ibargüengoitia hay información adicional sobre su pasado. Es un hombre abandonado, sin vínculos, que encuentra en esas mujeres un lugar en el mundo. Por eso desarrolla una lealtad inquebrantable hacia ellas. Esa fue siempre mi referencia emocional.

Para terminar, ¿qué viene ahora para Fernando Bonilla?

Actualmente estoy recorriendo México con Corte de caja, que es mi primer espectáculo de stand-up sin personajes. Es una comedia mucho más personal e íntima. También estoy dirigiendo la obra Piedras en sus bolsillos, de Marie Jones, y más adelante estrenaré otro proyecto teatral.

Además, esperamos comenzar próximamente el rodaje de la segunda temporada de La oficina y vienen dos series más que todavía no puedo anunciar, pero que deberían estrenarse próximamente en distintas plataformas.

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