Alfonso Herrera llega a La casa de los espíritus en un momento donde su carrera ha encontrado personajes cada vez más densos y contradictorios. La serie retoma la novela de Isabel Allende, un clásico de 1982 que cruza historia política, relaciones familiares y tensiones sociales en América Latina. Antes, el relato tuvo una adaptación cinematográfica dirigida por Bille August, con un elenco de lujo que incluye a Meryl Streep, Jeremy Irons, Glenn Close, Antonio Banderas y Winona Ryder, pero el resultado fue decepcionante. Esta nueva versión trabaja desde otro lugar y se permite más tiempo, detalle y una exploración más profunda de sus personajes. En ese contexto, Herrera asume el reto de interpretar a Esteban Trueba, una figura marcada por la violencia, el poder, el amor y la contradicción.
Esteban Trueba es un personaje violento, amoroso, autoritario y trágico. ¿Cómo encontraste el equilibrio sin justificarlo ni volverlo un simple villano?
No juzgándolo. Cuando juzgas al personaje pierdes la brújula y dejas de entender su humanidad. Para mí era importante entender sus miedos: el miedo a la pobreza, a perder el control y su incapacidad para ser emocionalmente vulnerable. También hay una carencia paterna muy fuerte y una madre que lo aplasta constantemente. Todo eso lo empuja a depositar su esperanza en algo idealizado, que es Rosa. Y no hay nada más poderoso que la añoranza, que desear algo que no está.
Cuando Rosa muere, todo se le viene abajo. Se vuelve más duro. Y ahí aparece una contradicción central: ama, pero necesita poseer eso que ama, necesita controlarlo. Eso lo hace sufrir, porque no hay forma de tener control absoluto sobre nada. Al mismo tiempo, es alguien que construye desde la nada, que trabaja, que forma una familia y que, a su manera, cuida. Eso no justifica sus actos, pero sí muestra su complejidad.
Tanto el libro como la serie poseen un contexto político fuerte. ¿Cómo abordaste ese trasfondo?
Es una gran responsabilidad. Es un libro muy importante para mucha gente en América Latina. Lo que intentamos fue abordarlo con respeto, honrando esa carga emocional e histórica, pero también construyendo una experiencia que pudiera conectar con una audiencia más amplia.
Trueba representa una masculinidad que hoy está siendo cuestionada. ¿Cómo trabajaste eso sin romper el contexto de la historia?
Tratando de ser directo. Trueba es un personaje que va al grano, no se detiene, no se cuestiona. Tiene una energía muy visceral. Era importante sostener esa fuerza porque funciona como contrapunto frente a los personajes femeninos, que aportan sensibilidad, templanza y cuidado. Él es el elemento que rompe ese equilibrio.
¿Tomaste como referencia la película de Bille August?
No. La respeto mucho, pero no fue referencia. Te cuento algo: una vez en terapia, mi terapeuta me pidió que repitiera algo que estaba contando, pero en mi lengua materna. Me explicó que decirlo en tu idioma genera un eco distinto en el consciente y en el inconsciente. Creo que eso pasa aquí. Esta historia fue concebida en español y ahora puede contarse en su lengua original. Eso le da una fuerza distinta.
Muchos lectores ven la novela como una metáfora sobre el poder y la violencia en América Latina. ¿Te acercaste desde esa lectura?
Creo que sí. Compartimos una historia común en la región, desde la conquista hasta la forma en que se estructura el poder y la influencia de la religión. Eso define cómo nos relacionamos. Y La casa de los espíritus habla de eso a una escala amplia, desde el norte hasta el sur del continente. También llega en un momento donde todo está muy polarizado. Volver a estas historias ayuda a entender de dónde venimos. Es casi un ejercicio histórico y terapéutico: mirar el pasado para entender el presente.

La historia mezcla lo real con lo espiritual. ¿Cómo te posicionaste en ese universo?
Esteban está completamente desconectado de ese mundo. Para él solo existe lo tangible: el poder, lo material, su lugar en la sociedad. Su recorrido es más cercano a una tragedia. Hay un momento muy fuerte cuando entiende qué era lo importante en su vida… pero ya es tarde. No hay forma de cambiar nada. Eso es lo más trágico del personaje.
Si tuvieras que definirlo al final de su vida, lejos del poder, ¿quién es Esteban Trueba?
Un hombre apasionado, muy complejo, lleno de contradicciones. Representa el poder, el amor, la ambición… y también el dolor. Es un ser humano profundamente herido. Y desde ahí actúa.
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