“Anulo mufa”, dice Trueno. Como buen futbolero sabe que corre un riesgo a la hora de aceptar la propuesta de ser la cara del Mundial 2026 de Rolling Stone Argentina. Así que, antes que nada, toma sus precauciones. La elección no es casual: a sus 24 años, es uno de los artistas argentinos de mayor proyección global. Representante del flow vernáculo en el reciente álbum de Gorillaz, capaz de llevar el espíritu del barrio al prime time global (en el emblemático programa de Jimmy Fallon arrancó su set sampleando a los Wachiturros) y acaba de lanzar Turr4zo, su cuarto álbum. Oriundo de la Comuna 4 (¡cuatro!), del barrio porteño de La Boca, dice que numerológicamente daría todo perfecto para que la Argentina consiga su cuarta Copa del Mundo. La cuarta.
“El cuatro es un número que me persigue desde chiquito. Justamente en esta etapa me tocó encontrarme con el cuatro por todos lados: sacamos el disco y debutó cuatro en el mundo, así que vendría perfecto que se venga la cuarta. Pero como decimos todos los argentinos, anulo mufa y dejo que las cosas pasen, se lo dejamos al destino”, dice ahora Mateo Palacios Corazzina en la intimidad que ofrece el estudio ubicado en la frontera entre el arrabal de La Boca, la bohemia de San Telmo y el glamour de Puerto Madero.
Para esta producción, elegimos una casaca con historia. Es una obra del diseñador Oscar Tubío de mediados de los 80, que utilizaron Charly García (cuando cantó su versión del Himno Nacional Argentino en la presentación de Filosofía barata y zapatos de goma, en noviembre de 1990) y Diego Armando Maradona. Se trata de la prenda diseñada por este pionero del marketing deportivo, responsable de la camiseta de Boca con las cuatro estrellitas que Diego había lucido en 1981 y que haría colaboraciones históricas con arqueros como José Luis Chilavert, Hugo Gatti y Carlos Fernando Navarro Montoya, entre otros.
Trueno recoge la antorcha y se emociona. “Es un orgullo y un placer. Al enterarme de la historia que tiene esta camiseta y los ídolos que la usaron, me toca representarla bien porque el peso es demasiado grande”, expresa.
Puede establecerse una analogía entre los jugadores de fútbol y los artistas a la hora de representar a la Argentina en el exterior. En el caso de Trueno, siempre se encargó de llevar el barrio y la argentinidad a cada escenario. Lo vive con orgullo, y también con responsabilidad. “Hay que tomar la mejor parte de las dos cosas”, dice. “Por un lado, que la gente te dé ese lugar de internacionalizarte, de empezar a plantar bandera. Al mismo tiempo, sentís el peso de decir: ‘Bueno, este no soy solamente yo, no es algo individual; estoy representando a un grupo de gente, a un país’. Esa es la nafta que me hace demostrar en cada show afuera que no puedo dejar a la Argentina mal. Me lo tomo como una responsabilidad linda. Cada vez que viajo al exterior me siento como un prócer que va con el caballo a clavar la bandera donde sea. Eso me llena de energía y es lo que más ganas me da de salir a tocar”.
En la vigilia del lanzamiento de Turr4zo, Trueno publicó una charla con el futbolista Leandro Paredes, mediocampista y capitán de Boca Juniors y pieza clave en la selección nacional, en la que intercambiaban experiencias sobre sus respectivas profesiones. En un pasaje de la charla, se refieren a lo que sienten cuando se suben a un avión para representar al país: uno en una cancha de fútbol, el otro en el escenario de un festival. “Al principio era una locura dimensionarlo tanto en mi vida personal y con lo que me estaba pasando en lo profesional, con la carrera, el freestyle y mis primeros shows. Tomar un avión a España, volver, bajar en Ezeiza y después subirte al Uber para meterte en el Bajo de La Boca era un golpe de realidad”, explica Trueno. “Al principio me sirvió mucho, porque por más que pudiera estar en Madrid o en Barcelona, no me ponía tan bien como cuando volvía en el taxi y entraba a mi barrio. Me parecía muy loco tener la posibilidad de viajar, pero lo que más me gustaba era volver, estar tranquilo y reconectar”.
Trueno lanzó Atrevido, su disco debut, en 2020: plena pandemia. Fue un año después, cuando se empezó a abrir el confinamiento por el Covid-19, que empezó a viajar. “A viajar fuerte”, dice. Y dice, también: “Me volví bastante adicto. Me encanta conocer y aprender, me considero un alumno de todo. Me empezó a gustar conocer países y culturas nuevas. Yo ya era muy apegado al freestyle y a viajar. Cuando vi que había un público que me esperaba, que los conciertos se llenaban, dije: ‘Ya está, esto es lo que quiero para mi vida’. Estoy segurísimo de que el esquema de mi vida va a ser sacar un disco y salir a girarlo”.
¿Te acordás de cuál fue tu primer viaje gracias a la música?
Mi primer viaje en avión fue en 2016, a Perú, para competir. Tenía 14 años, era muy chiquitito. Lo máximo que había hecho antes era viajar a Uruguay con mi familia en Buquebus o Colonia Express. Subirme al avión en 2016 para ir a Perú me encantó. Compartir con los otros competidores, conocer otro país, su cultura, su gastronomía, su gente… Nunca me voy a olvidar de Perú; le tengo un amor especial porque fue el primer país que me recibió.
Son muchísimos los artistas que se conectan con sus raíces viviendo fuera de su país natal. ¿Vos te conectaste más con la argentinidad estando lejos?
Sí, y eso me llevó a hacer este disco, Turr4zo. Con el último aire de Bien o mal –que coincidió con la anterior entrevista de tapa que hicimos para Rolling Stone– tuve una explosión tan grande y mundial que fue el disco que más países me hizo conocer. Hicimos una gira sold-out. Eso me permitió conocer países nuevos y encontrarme con los argentinos y latinos que viven allá. Eso te hace ver el orgullo y la nacionalidad desde otro lado. Después de esa gira escribí “Pumas”, que para mí es el tema más argentino del álbum. Habla de volver a tu tierra como un prócer que va a la batalla y la defiende, pero sabiendo que lo más lindo es traer el premio a casa.

Sos muy futbolero y es difícil encontrar un barrio más futbolero que La Boca. ¿Qué representa el fútbol en tu vida?
Puf, un montón de cosas. Siendo un pibe de acá, tan influenciado por el club y por figuras como Román [Riquelme], [Diego Armando] Maradona o Carlitos Tévez, es imposible no soñar con ser alguno de ellos tres. De chiquito mi cabeza estuvo en paralelo: era el fútbol o el rap. Eran mis dos hobbies, las cosas que me hacían feliz, por las que me desvivía, no dormía y buscaba cómo ser mejor.
¿Y este Mundial en particular qué te genera? ¿Vas a viajar?
Me encantaría. Nunca fui a un mundial. Ir a un Mundial es una hazaña que uno no se puede perder; es como ir a ver un partido de Libertadores en vivo, hay que vivir esa experiencia. Además se suman muchas cosas: seguramente sea el último de Messi y de varios más. Va a tener una connotación especial, y al mismo tiempo un renacer de la Selección con nuevos jugadores que van a ser leyenda. Siento que estamos hasta mejor que en el Mundial que ganamos.
Aparte tenés línea directa con Paredes y otros jugadores de la Selección. Me imagino que eso le suma un extra. ¿De qué son esas charlas? ¿Ellos te hablan de música y vos de fútbol, o fluye por otro lado?
He recibido el respeto de muchos de los pibes. Rodri me invitó cuando estaba por Miami; hablé con Mac Allister, con Lisandro, con Enzo, a quien invité a un show en Londres. Tenemos gente muy cercana. Lea es el que más cerca está. Ahora también están yendo otros chicos de Boca… Cuando uno genera esa cercanía, en vez de calmar el fanatismo, me vuelvo más fan cuando los conozco en persona. Las charlas van variando. Inevitablemente se habla de eso, pero creo que salimos un poco de los casilleros y hablamos de la vida, de cómo está uno, de la familia. Siempre empieza por el respeto: yo apoyándolos a ellos, ellos apoyándome con alguna canción. Los jugadores deben estar cansados de hablar de fútbol y yo de música, así que encontramos un espacio para hablar más amistosamente.
A partir de tu charla con Lea trascendió esa similitud entre las carreras de los músicos y los futbolistas.
100%. Me pasó viendo series, documentales o videos de detrás de escena de ellos. Te ponés a pensar y se van de gira igual que nosotros: viajan veinticinco personas, están en el micro, en el avión, en el hotel… Cambia solamente el momento de estar en acción: ellos en una cancha y nosotros en un escenario. Tampoco es tan diferente, porque cada uno está demostrando lo que es ante una multitud. Nosotros en el aeropuerto estamos jugando al truco, tomando mate, haciendo chistes, jodiendo en el hotel; termina siendo lo mismo. De ahí surge la necesidad de generar un vínculo con tus pares y compañeros para que después en el escenario salga todo mejor; me pasa lo mismo con mi banda, con mis técnicos y con mi equipo. También la necesidad de estar tranquilo antes, para poder sacar tu versión “de la cancha”. Los jugadores se vuelven locos en la cancha y nosotros en el escenario. Es muy necesario ese contraste y ese balance entre la vida cotidiana y la vida profesional.

Disciplina. Ese concepto, clave en el universo de Trueno, aparece en esa charla con Leandro Paredes. Y en muchas de sus entrevistas, un rasgo fundamental de su modus vivendi. Es una palabra que uno asocia inmediatamente con los deportistas profesionales de alto rendimiento, acaso con ciertas prácticas espirituales, pero no necesariamente con los artistas. Para Trueno, la disciplina es indispensable. “Para la vida en general”, argumenta. “Para todo lo que uno haga. Seas artista, deportista o el trabajo que elijas, es clave. Con el talento se nace, pero después el talento se perfecciona; se perfeccionan las costumbres, los modos. Todo tiene que ver con la constancia, con el trabajo y con la recompensa de pasar por un proceso; las cosas no se dan porque sí”.
Dice Trueno: “Gente talentosa hay un millón; talento le sobra a los pibes del barrio para cantar, pisar una pelota o mostrar ese ángel que uno tiene. Pero realmente los que trascienden y llegan son los que se desviven por lo que hacen. Si sos músico, implica tener conocimiento musical, nutrirte, aprender, buscar formarte más y tener más experiencia. Con el deporte es el entrenamiento y el físico. Cambian los métodos, pero es una moraleja de la vida: por más que te sientas bueno en algo, no podés descansar en eso, porque si no te quedás en el mismo casillero para siempre y no avanzás”.
A pesar de ser un solista, el pensamiento de Trueno es colectivo. En lugar de posicionarse como una estrella, se muestra como la cabeza de un proyecto, el líder de un equipo en el que se sostiene y que tiene, también, el deber de mantener. “Me encanta codearme con gente que sabe otras cosas. Obviamente Trueno soy yo, pero el proyecto tiene muchas ramas. En la producción, Tatool y El Guincho tienen el mismo mérito que yo. En el vivo, mis músicos y los técnicos tienen el mismo mérito que yo. Es una cadena: si una cosa falla, se cae todo. Por eso, me encanta sentir que somos un equipo. Haciendo un paralelismo con el fútbol, que nos entendemos, que tenemos nuestra manera de hacer las cosas y que la defendemos. Tenemos una identidad basada en los valores. Me gusta generar una tripulación, un equipo que siente que está con la misma camiseta”.
El análisis es, para Trueno, tan importante como la disciplina. En tiempos donde la salud mental dejó de ser un tabú y cada vez son más las voces que desde el arte y el entretenimiento destacan su importancia, el rapero suele nombrar a su piscóloga como una pieza fundamental en su engranaje. “A mí la terapia me ayudó mucho a saber encarar las cosas. La palabra para la terapia en mi vida significa ‘orden’. Me ayuda a ordenar, a canalizar, a entender por qué esto sí y esto no, y a comprender que no toda la gente funciona ni piensa como yo, ni tiene mi mismo método”, argumenta. “Más allá de las relaciones humanas –que son parte del trabajo–, está lo individual: la autopresión, las frustraciones, las ganas y las no ganas. También el organizar una vida que se vuelve muy exigente. Uno disfruta mucho, pero también pierde un montón de cosas cuando elige un camino tan serio y de lleno. Me encanta viajar, pero me pierdo muchas cosas en Argentina y no veo a mucha gente que quiero. Consiste en organizar esas emociones y canalizarlas mejor, porque si no te podés perder fácil, más cuando te toca a una edad tan temprana. Estoy orgulloso de hacer terapia; empecé a los 18 años”.
Dice que la primera que le sugirió hacer terapia fue su mamá, la actriz y compositora Juliana Corazzina. Pero él no lo sentía. El momento propicio llegó en pandemia, cuando estaba por lanzar Atrevido, su primer disco. “Me estaba yendo de mi casa en mi barrio, estaba cambiando mi vida y siguiendo el camino de la música. Ahí mi cabeza me dijo: ‘Probá, porque estás gestionando un montón de cosas’. No es que necesitara ayuda, pero tenía algunas preguntas para hacerme. Yo me tomo la terapia como un espejo neutro. Es la respuesta de alguien que no te quiere ni te odia, que no tiene una connotación positiva o negativa con vos; es simplemente objetiva y neutra. Te sirve para escucharte a vos mismo diciendo tus cosas, y te da una respuesta fría y objetiva que no te va a dar ni tu mamá, ni tu amigo, ni tu pareja. Eso me sirve y me organiza mucho”.
La suntuosa intro orquestal que Jorge López Ruiz arregló en 1969 para “Fácil de olvidar”, de Sandro, es lo primero que se escucha al darle play a Turr4zo. Lejos de ser un guiño aislado, este rescate es la llave de acceso a un ejercicio de genealogía musical argentina, donde Trueno revisita distintas décadas y estéticas de cultura pop(ular). En una misma matriz rítmica, traza un mapa sonoro con escalas en la orquesta de Osvaldo Pugliese que dialoga con el flow de Los Wachiturros; la herencia de Spinetta, Cerati y Los Abuelos de la Nada se cruza con el pulso cumbiero de Los Pibes Chorros; mientras que la elegancia pop de Miranda! y Los Encargados convive con el bandoneón de Astor Piazzolla, el violín del Chaqueño Palavecino y la savia folclórica de Cuti y Roberto Carabajal. Más que una simple acumulación de citas, puede entenderse este collage como un manifiesto de regionalismo crítico: una declaración de principios que utiliza las herramientas del hip-hop para proyectar la historia, el sonido y la idiosincrasia de nuestra tierra hacia el plano global.
También es, según Trueno, el disco más personal que grabó en su vida: “Es el primero que pensé para mí desde el arranque. Los anteriores, desde el núcleo, estaban dirigidos a otra cosa: un homenaje o una manera de agradecer a las cosas que me criaron, como mi barrio, mi país o mi cultura. Siento que este, al hacer un enfoque más interno, termina englobando todo lo anterior”. La decisión no fue espontánea, y la explicación la da el propio artista: “Ya son seis años de carrera musical sacando discos y girándolos. Numéricamente es el cuarto disco y me parecía un buen momento. Quería marcar un antes y un después, cerrar esta etapa haciendo este álbum para mí. Que esta sea mi carta de presentación al mundo para poder buscar nuevos horizontes después”.

Mientras la mayoría de los artistas nacidos en el nuevo milenio suelen componer y editar singles de modo expeditivo, Trueno buscó desde sus inicios el concepto para cada uno de sus álbumes. “Soy muy empecinado con el concepto y con el porqué de cada cosa”, ratifica. “Es como filmar una película: entrás en el personaje, en el contexto y en el concepto. Ese disco es mi vida en esos dos años. Me gusta que quede bien marcado desde la música, las letras, el show en vivo, hasta mi imagen, mi corte de pelo y el color de la ropa que uso”. Es lo que busca él como oyente: “Me gusta cuando un artista me sorprende, lleva sus técnicas a otro lado y no se repite con el disco anterior. Mi carrera fue drástica en ese sentido, muy dinámica y cambiante. El desafío más grande que me propongo de disco a disco es hacer algo diferente. Hay algo que se va a quedar siempre, que es el hip-hop y la base, pero el mayor desafío al empezar un álbum es encontrar su identidad en general”.
Pablo Díaz-Reixa, conocido popularmente como El Guincho, es un músico, compositor y productor español clave en la música global contemporánea. Tras irrumpir en la escena indie con el celebrado Alegranza (2007), ganó reconocimiento mundial como el coarquitecto sonoro de El mal querer (2018) de Rosalía. ¿Cómo se sumó al equipo de Trueno? El Guincho había entrado en contacto con Tatool, el histórico productor del boquense, y también con el propio rapero. Así, naturalmente, se incorporó al equipo para este disco. “Se volvió una especie de gurú para nosotros”, dice Trueno. “La voz de la experiencia. Nosotros lo necesitábamos por cómo veníamos trabajando desde Atrevido, siempre Tatool y yo solos con nuestra ambición. Si bien colaboramos con otros productores, esta vez fue como llamar a un director técnico: un chabón con otra visión, que sabía cómo impulsarnos, dónde ajustar cosas y dónde exigirnos un poco más. El sonido del disco creció mucho gracias a la presencia de El Guincho, que es una máquina”.
El vínculo con Tatool, a quien Trueno define como “un hermanito de mi alma”, comenzó en 2019, cuando el rapero estaba craneando su primer disco. Tatool empezaba a producir música electrónica y organizaba fiestas. “Tenía ese sonido más electrónico que en su momento estaba en auge con el trap”, recuerda Trueno. “Empezamos a probar sesiones de estudio, a ir aprendiendo. De sesión en sesión fue saliendo canción tras canción hasta que empezamos a armar Atrevido. Tatool se cargó ese disco al hombro; hizo todas las producciones. Me di cuenta de la fuerza que tenía en la posproducción cuando hicimos ‘Mamichula’. Grabamos una maqueta con él y Bizarrap, y después él le sumó violinistas, coros y todo. Ahí dije: ‘Uh, está bueno este nuevo paso de la música’, porque yo estaba muy acostumbrado a lo digital. Después, para Bien o mal (2022), él propuso trabajar con Brian Taylor, que nos enseñó un montón sobre grabar instrumentos. Aprendimos mucho de eso. Taylor es un chabón con mucha ambición musical respecto al sonido y a ir sumando cosas a la producción. Así como líricamente fui aprendiendo y mejorando, Tatool lo hizo musicalmente. Nos acompañamos desde el momento cero”.
Tatool también ejerce como ingeniero de grabación: “En la cabina, me ayuda a definir el sonido de mi voz. Su mayor fuerte es que tiene mucho oído. Las sesiones con El Guincho quizás consistían en que él empezaba un beat y después grabábamos con Tatool. Tatool trabaja mucho en la posproducción de las canciones y en sumarles cosas. Son dos puestos muy diferentes los de Tatool y El Guincho, pero funcionan muy bien juntos. Mientras yo grababa una canción con Tati como ingeniero, El Guincho estaba armando otro beat. Entonces, yo terminaba de grabar y El Guincho ya me mostraba algo fresco. Fue un tridente muy dinámico donde cada uno aportó algo diferente”.
Los samples, dijimos, son la columna vertebral del álbum. Trueno lo explica así: “En las primeras charlas sobre cuál iba a ser el color, la búsqueda y los matices de este disco. Estaba en una sesión con los chicos y les dije: ‘Probemos sampleando alguna cosa latina, quiero probar en otros géneros’. Hicimos ‘X unas llantas’, que fue el primer tema donde mezclamos muchas cosas: Piazzolla con merengue, Gardel y el Chaqueño Palavecino. Ahí empezamos a encontrar el concepto. Hicimos miles de samples de todos lados de Latinoamérica, concentrándonos lo más posible en el Río de la Plata. Ahí Tatool y El Guincho dijeron: ‘Bueno, ya está, este disco va a ser de samples y vamos a matarnos por encontrar los más raros, los más puntuales y los más rebusbados para cada canción’. Así como en otros discos la consigna fue referenciar el hip-hop clásico o grabar a muchos músicos, en este el eje fue el sample. Me gusta porque reúne la argentinidad con el concepto de mi cultura, ya que los samples son el origen del hip-hop”.

Otro eje son los feats. El de Milo J es muy especial por el vínculo que tienen. Cuando hiciste “Pumas”, ¿la pensaste para que la cantara él?
No, en realidad “Pumas” fue una de las canciones que hice después de la gira por Europa. Armé el beat en mi casa con un sample del Chaqueño Palavecino. Hice una maquetita y me salió toda la letra. Me faltaba el estribillo; había hecho los dos versos. Estaba por grabarlo y en un momento, estando en el campamento con Tatool y El Guincho, nos pasó lo mismo que con todos los temas del disco: faltaba un estribillo o partes cantadas y se escuchaba a una sola persona. Dijimos: “¿Y si lo llamamos a Milo?”. Así pasó con Calamaro, con Rubén Rada, con el Pity Álvarez y con Neo Pistea. No pensábamos en tres opciones a ver cuál podía ser; en cada tema decíamos: “Para este va tal persona, y si no, lo terminamos nosotros”. Justo habíamos hecho “Dispara” hacía poco y sentíamos que ese tema era muy de su mundo. Ahora la idea era traerlo un poco más a mi sonido con “Pumas”, pero sin perder la esencia. Combinamos muy bien: él tiene un estilo más melódico y yo soy más punzante, más rapero, más del verso. Él se encarga más del estribillo, del pre y de la intro. Nos desenvolvemos muy bien juntos.
Parece que hubieran elegido a los colaboradores con precisión quirúrgica. ¿Cómo se armó esa lista?
Cuando era más chiquito y estaba empezando un disco, capaz decía: “Uh, en este álbum quiero que estén este, este y este”. En este proceso fue todo lo contrario, y por eso se dieron las mejores colaboraciones que tengo; es 100% genuino. No hacés una canción pensando en quién se va a subir, sino que después le decís: “Che, mirá, hice esta canción y siento que sos vos, es un lugar que te va a quedar supercómodo y a la medida”. La única regla que tuvimos, lo único premeditado, fue que fueran todos rioplatenses. Quisimos abarcar diversidad en cuanto a géneros, generaciones y décadas de la música, igual que hicimos con los samples y las producciones. Queríamos que todos se sintieran representados, que cada esquina tuviera su parte. Terminamos tocando mi generación, la generación anterior, lo urbano, el trap, el rap, el rock and roll y lo afrodescendiente con Rubén Rada. Todo se termina englobando en la música argentina y rioplatense, que es lo que yo quería demostrar. En un disco de hip-hop lo que más predomina es la unión: tener gente del candombe, del rock & roll, del rock alternativo, del trap, de lo urbano y del folclore, y que todo termine siendo hip-hop. Eso está muy bueno.
Hablando de Andrés Calamaro, él estuvo muy interesado en el hip-hop desde los 80. De hecho, los Illya Kuryaki lo fueron a buscar para que les produjera el primer disco cuando él se estaba yendo a España, y los primeros discos de hip-hop que tuvo Dante se los regaló Andrés. Hay un legado ahí. Me imagino que habrán hablado bastante de hip-hop más allá de la colaboración.
Sí, me lo dijo Dante. Siempre que me preguntan, digo que me encanta tener el WhatsApp de Andrés y de ese tipo de próceres argentinos, porque cada mensaje es una moraleja, una enseñanza. Te dicen dónde están, qué música hay ahí… Son muy acogedores, son maestros. Andrés está supermetido. Se sabe que es un chabón supermelómano con muchísimo conocimiento musical, pero hablando con él, lo primero que me dijo fue que conocía las batallas de freestyle, los nombres y las competencias. Nosotros ni teníamos en mente que Andrés pudiera mirar una batalla de freestyle. Hoy en día está muy actualizado, me nombra bandas de la actualidad. Se compra y usa gorras de New Era, está nuevo. Es una locura y le tiene mucho respeto al hip-hop. Es un gran conocedor y para mí es un maestro. Siempre que hablo con él me llevo una enseñanza.
Pensando en la importancia que le das a la disciplina, el encuentro con el Pity no podría ser más antangónico. Sin embargo, en el estudio se produjo una especie de magia.
Puf, bueno. Es otro chabón que le aportó toneladas al hip-hop argentino. Tanto con Intoxicados como con Viejas Locas tiene algo muy cercano al género. He hablado mucho de rap con él; escuchaba mucho a Cypress Hill, a Control Machete… El rap latino en ese momento era más mexicano y fue lo que llegó a Argentina. Cuando me junté con él en el estudio, él decía que lo que quería era rapear, que no quería entonar mucho, que quería hacer su estilo. Yo le dije: “Vos hacé lo que quieras”. Para mí terminó haciendo algo mejor que una canción: hizo el manifiesto del disco, lo que yo quiero transmitir en este álbum. Habla de pasar por los momentos malos, resurgir, volver al escenario y tocar el cielo. Terminó haciendo una catarsis personal externa, con consejos para él y para los jóvenes de afuera.
Rosalía, C. Tangana, Bad Bunny, Cazzu, Milo J, Wos… Muchos artistas están trabajando a partir del mismo concepto: uniendo lo global y lo local, creando desde la identidad. Es un fenómeno que antes era más alternativo y hoy lo hacen artistas del mainstream. ¿Qué pensás de este movimiento?
Me encanta. Que el auge tenga que ver con la identidad de cada uno es lo mejor que puede pasar. Siento que es algo muy lindo que nos diferencia de manera positiva. Eso hace que la música española sea única y pura, que la música mexicana sea pura y que la argentina también lo sea, porque tenemos culturas diferentes. Si intentamos hacer todos lo mismo nos vamos a ver iguales, pero si cada uno defiende su cultura, sus valores y sus sonidos con respeto, nos terminamos encontrando en ese sentimiento de identidad, representando a nuestra tierra a más no poder. Está bueno que se esté poniendo de moda ser consciente de las raíces de cada uno; es positivo y hace que la gente se meta a fondo en la cultura de cada país. Está muy bueno que pase.
El 30 de abril de 2022, Trueno se llevó todos los flashes cuando subió a rapear con Gorillaz invitado por Damon Albarn en “Clint Eastwood”, el hit publicado en marzo de 2001, un año antes de su nacimiento. Desde aquella noche épica, el vínculo con el cantante y compositor británico, líder de Blur, creció. “Lo considero un amigo a Damon, es un capo”, dice Trueno. “Es una persona muy humilde y cercana. Todo lo que se dio lo propuso él desde la bondad y la buena onda, y yo estoy agradecidísimo; le dije que sí a todo. Descubrí que no es así solo conmigo, sino que es como un scouter de músicos y artistas. El último disco de Gorillaz lo hicieron en India, otro lo hicieron en China. No se cansa de aprender, de buscar y de ver qué pasa acá y allá. Se corre de la posición de ‘soy un grande y ya está’; siempre está buscando aprender y nutrirse de otras cosas”.
El rapero argumenta una explicación para la génesis de su vínculo: “Esa curiosidad es la que lo habrá llevado a escuchar de alguna manera lo que yo hacía acá en Argentina. Para mí es un montón que me invite a abrirle una gira en su territorio, en el Reino Unido, siendo que yo hablo otro idioma y él podía invitar a cualquier artista de allá. Darme ese espacio profesional y cultural, con lo que significa llevar a la Argentina ahí, es superlindo”.
¿Y cómo fue la experiencia en el estudio?
Increíble. Te das cuenta de que no pierden el disfrute, de cómo siguen aprendiendo todo el tiempo y probando cosas. Hicimos doce horas de estudio. Todo el tiempo fue hablar de música, del disco y del concepto mientras yo escribía la letra. Siempre agradezco la humildad de los grandes; me impresioné para bien con su personalidad.
En ese disco de Gorillaz hay artistas muy prestigiosos como Tony Allen (baterista de Fela Kuti), Anoushka Shankar o Omar Souleyman, y también está Bizarrap. Me imagino que esa situación te va abriendo la cabeza y te ceba a nivel estético.
Sí, recontra. Siempre hablamos con el Biza; nos toca compartir en una entrega de premios, en la vida cotidiana o en un disco. Es linda la historia que tenemos con él. Con respecto a los otros artistas, la comunidad de Gorillaz en general —la gente que Damon invita, sus técnicos, sus músicos, su equipo de trabajo— tiene esa humildad y el concepto de ser buenas personas. Me tocó encontrarme desde Thundercat hasta Yasiin Bey (que antes era Mos Def), Bootie Brown o De La Soul. Son ídolos para mí, y charlamos como pares. Que me feliciten, felicitarlos yo a ellos, compartir el respeto… Todo fue muy cómodo gracias a su humildad.
¿Y cómo te llevás con el inglés?
Hablo mejor que ayer, pero tengo que seguir aprendiendo. Entiendo mucho más de lo que puedo hablar; cuando tengo que explayarme hay algunas palabras que me cuestan, pero ya estoy empezando a dar alguna que otra entrevista corta en inglés. Si me hablan, entiendo todo, pero tengo que encontrar más palabras. Antes estaba más resignado y orgulloso, con la postura de “que aprendan ellos”, pero me di cuenta de que la vida me fue poniendo en situaciones donde el idioma es importante. Estoy poniéndole énfasis a aprender.
¿Y qué pasó en esas doce horas de estudio en Londres? ¿Llegaste con algo pensado o cómo fluyó el trabajo?
Sí, fue en 2025, durante el tour por Europa. Damon se enteró de que yo iba a estar allá y me dijo: “Che, vamos al estudio”. Obviamente, fuimos con algo superpreparado, pero el chabón nos hizo ver que quería una sesión de creación pura conmigo. Después me dijo: “Che, quiero que este tema sea para el disco”, y dije: “Buenísimo”. Al principio hablamos mucho del concepto: me contó cómo era el disco, el porqué y hacia dónde querían ir, para que yo empezara a escribir la letra. Me dio mi espacio, escribí la letra y se la tradujimos para que entendiera lo que decía; le encantó. Después me mostró la parte de la producción que venía después de mi intervención –que no me la había mostrado antes– y me llenó de energía. Quedaba una parte de beat al final que era como un breakbeat, y le pregunté si podía escribir ahí. Me dijo: “Sí, escribí tranquilo, toda la base es tuya”. Terminé rapeando un montonazo. Él nunca se fue de la sesión; estuvimos tomando unas birras con su equipo, tranquilísimos, grabando. Llegamos a las doce del mediodía y nos fuimos como a las doce de la noche, cansadísimos y con el tema súper saturado en la cabeza, pero en el buen sentido; yo estaba como para seguir grabando.
¿Y cómo fue la respuesta del público allá?
Me sorprendió. Me di cuenta de que el mensaje, el ritmo y el hip-hop transmiten cosas más allá del idioma. Nos tocó ir a finales de marzo, coincidió con el 24 de marzo, y tratamos de representarlo allá; la gente lo superentendió y avaló un montón. Nos quieren un montón. A veces uno tiene prejuicios históricos por diferencias, pero hoy en día en el contexto de la música eso no existe; hay respeto y aman a Argentina. La música habla por sí sola. Por más que no entendieran todas las letras, saltaban cuando tenían que saltar y al final del show estaban supereufóricos. Se quedaron sorprendidos por algunos de los flows que tirábamos. Estuvo muy bueno.

Ahora tenés que abrir el show de ellos en Londres, que va a ser durante el Mundial. Me imagino que es otra adrenalina.
Es un estadio de unas 60.000 personas; es su show más importante del año. Voy a compartir con otras bandas, va a haber un show especial e invitados de lujo. Para mí es eso: ir a plantar bandera, estar en un estadio de Inglaterra representando lo que yo represento, ya con el show de Turr4zo y las canciones nuevas. Es una oportunidad muy linda. Y como todo parte de Damon, es hermoso.
Lo que ocurrió el miércoles 6 de mayo pudo haber sido un sueño, una alucinación cannábica, o una película diseñada con inteligencia artificial. Ahí está Trueno en The Tonight Show, el icónico late night show que se transmite desde el célebre Estudio B6 que la cadena NBC tiene en el Rockefeller Center. Esa noche, para el programa que miran en directo un millón y medio de personas por la TV abierta (y que tiene 34 millones de suscriptores en YouTube), el rapero de La Boca hizo sonar la base de “Tirate un paso”, el hit de Los Wachiturros, y bailó el pasito que aprendió de guachín en el barrio. Leo Genovese, el jazzero todoterreno de Venado Tuerto, que se ganó un Grammy por su disco con la leyenda jazzera Wayne Shorter, el que colabora con The Mars Volta, Residente y Julieta Rada, tocó los teclados sobre la base sampleada de Los Wachiturros, junto al bajista uruguayo Nacho Matheu, el baterista Nikko Taranto y el guitar-hero Pedrito Pasquale. Mientras cantaba “Turrazo”, Trueno lució una remera negra que, en su espalda, tenía una frase inscripta en letras blancas, que decía “En industria de ricachones, sin arma ni rencores, es solo plata y no amores”. No sólo remixó a los Wachiturros, también remixó la frase que es el sello poético y la declaración de principios de la banda que asaltó la sucursal del Banco Río en Acassuso el 13 de enero de 2006, en el atraco conocido como “El robo del siglo”, y que quedó a modo de nota en las bóvedas vacías.
Trueno todavía no cae: “Sí, fue una locura”, ratifica. “Me invitaron al programa con una semana y media de anticipación porque se había liberado un espacio. Era imposible decir que no, así que aceptamos automáticamente. Por el tiempo que dura el bloque del show nos daba para hacer un solo tema, y no dudé: tenía que ser ‘Turrazo’, porque da nombre al disco y representa a qué clase de pibes me refiero –que son como yo—, qué música escuchamos y de qué nos influenciamos. Tenía toda la argentinidad bien puesta”.
El tema encierra una reivindicación de “Tirate un paso” y un grupo ignorado o, más bien, bastardeado por la intelligentizia. “Fuera de los gustos musicales de cada uno, el método sigue siendo el mismo: reivindicar la música haciéndole un remix y apropiándosela. Es uno de los primeros mixes de cumbia raros que funcionaron tan bien; el sonido de los Wachiturros no lo encontrás en ninguna otra banda que no sea posterior a ellos. Son los pioneros en ese sentido. Así como se mezcló el rock and roll y se volvió argentino, o el hip-hop y se volvió argentino, con la cumbia pasó lo mismo a través de los Wachi. Representó durante mucho tiempo a la música de un sector social donde el hip-hop también predomina, que es de donde yo salí y con el que somos muy cercanos. Siempre estoy a favor de la cercanía entre el reggaetón, la cumbia, el rap y el rock. Es música barrial que habla de la realidad de los pibes que vienen de ahí, así que me gusta que no quede afuera, más habiéndola tenido superpresente en mi vida”.
Además de la música, el remix estuvo en tu ropa. ¿Qué representa esa frase para vos?
Siempre que puedo meter un mensaje en la remera o en la ropa lo voy a hacer; donde pueda tirar barras, las voy a tirar. Teníamos en cuenta la ventana que significa Jimmy Fallon para el mundo. Eso representa cómo me siento en mi posición: el hecho de que la gente me haya elegido y poder estar en estos lugares sin haberme vendido a la industria, sin haberme dejado domar por los estándares de la música urbana, del sueño americano y de todo lo que pasa. Eso me hace sentir orgulloso. Llevar esa frase es una reivindicación de un robo artístico que fue sin lastimar a nadie y sin malas intenciones, como una obra de arte. Me gustó para decir: “Yo vengo acá a mostrar lo que quiero, sin hacerle caso a nadie y sin lastimar a nadie, pero aprovechando las oportunidades que tengo”.
La anterior nota de tapa para Rolling Stone terminaba con una frase tuya: “No te voy a mentir, muchas noches me duermo soñando con la Bombonera llena y la gente cantando mis canciones. Ese sería mi máximo sueño”. ¿Sentís que estás más cerca de cumplirlo?
Sí, siento que ya va llegando el momento de hacerlo. Me encantaría que fuera con este show y con este disco; el show en la Comuna 4 con el cuarto disco, un disco de consagración. Lo que me toca es intentarlo, acercarme lo más posible e intencionarlo al 100%. Hice lo que quería hacer, que fue hacer los primeros estadios fuera de la Bombonera para prepararme, para que no fuera mi primera vez en un estadio ahí, sino ir ya con sabiduría. Siento que ya estoy listo.
¿Qué falta?
Hablar con los dirigentes y armar todo, porque es un estadio donde no se hacen shows desde hace 15 años. Pero si hay algo que sé, es que represento al barrio y al club por todo el mundo, y que soy el artista más bostero que parió la Argentina, así que lo tenemos merecido y lo vamos a lograr, seguro.
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