En diciembre de 2024, Trueno llegó a Ferro envalentonado por ser el primer artista de rap local en hacer un show de estadios, y encima por hacerlo de la mano de El último baile, el disco con el que decidió honrar a su manera las primeras cinco décadas de vida de la cultura hip hop. Un año después, el artista de La Boca regresó a Caballito para dar por cerrado el ciclo del álbum en un show que fue a la vez epílogo de una etapa, repaso de méritos recolectados en el camino y un adelanto de lo que tiene planeado para el futuro en su patria chica, pero también en la otra punta del mundo.
La excusa que tuvo a Trueno de nuevo en el estadio Arquitecto Ricardo Etcheverri fue la edición deluxe de El último baile, con siete canciones más que expanden su universo y su búsqueda de influencias en las raíces de la cultura urbana nacida en el Bronx. De ahí que, tras un video narrado en off con un discurso globalizador, el músico nacido como Mateo Palacios Corazzina salió a la cancha elevado desde una tarima con “Grandmaster”, que toma su nombre del DJ Grandmaster Flash y su andamiaje sonoro del clásico “The Message”, en una suerte de tensión entre presente y pasado, que incluyó su Freestyle Sessions, Vol. 6, grabada junto a Bizarrap, y la furibunda “Fuck el Police”, que para su versión remix contó con la bendición de Cypress Hill.
Pasado el furor inicial, el segundo bloque tuvo al presente más cercano como protagonista, con la inclusión de “Cruz” (grabada junto a Feid en su versión de estudio); “Fresh”, en la que acomodó barras sobre una progresión de acordes de jazz rock; “En la city” y “Lauryn”, un tema en el que anhela conseguirse a una chica tan maleducada como la vocalista de Fugees. En el medio, temas que ya son hits por derecho propio como “Real Gangsta Love”, “Bien o mal” y “Rain III”.
Después de haber mostrado los matices a los que podía aspirar su música, en el tercer segmento Trueno prefirió ir por los purismos: “The roof is on fire” trajo de nuevo al rap vieja escuela al show, con su padre, MC Peligro, como socio necesario para la arenga, justo antes de que el resoplido opaco de una tuba le abriera el paso a “Tranky funky”. Ya habiendo plantado bandera, la aparición en pantallas de una bola de espejos gigantesca fue el key visual para abrir la puerta a su repertorio más a tono con la pista de baile, con “Ohh baby” y“Los aparatos” como credenciales válidas.

Parado en el medio del escenario con una MPC, Trueno empezó a reproducir “Hablando a tu corazón”, de Charly García y Pedro Aznar, para de a poco empezar a manipular el tema hasta transformarlo en el beat sobre el que su banda se acopló para una sesión de freestyle que tuvo bastante de frenteo (“Hago mi trabajo, soy un renacuajo, ahora saco cuatro discos y se van todos al carajo”), denuncia (“El pueblo grita en contra del presidente”) y plantada de bandera (“Desde el año 2000 éramos los bichos raros, ahora nos escucha el mundo entero”).
Con ese espíritu en mente, el cuarto bloque del show tuvo a su crecimiento artístico y popular como ejes centrales. Primero fue “Tierra Zanta”, el hit con aires de regionalismo crítico que fue el pilar de su Tiny Desk Concert registrado en las calles de La Boca; después, Trueno invitó a Milo J a interpretar a dúo“Gil”, el tema que ambos grabaron para La vida era más corta, y luego llegó el turno de “The Manifesto”, su tema junto a Gorillaz y el recordatorio de que el año próximo será el encargado de abrir los shows de la banda animada en el Reino Unido, con un cierre en el estadio del Tottenham.

La reivindicación del lugar de origen es una constante en la obra de Trueno, y por eso tuvo sentido narrativo que, luego de su versión de “Argentina”, invitara al escenario a David Lebón y Pedro Aznar para una versión encendida (y por demás respetuosa) de “No llores por mí, Argentina”. Crecimiento, proyección internacional y respeto de los pioneros, todo en un mismo recorrido.

Ya habiendo jugado todas sus cartas, Trueno dedicó el último tramo del show a un repertorio que no le tuvo miedo a los purismos, ya fueran “No cap”, “Sangría” o “Cuando el bajo suena”. Antes del cierre, una crew enmascarada con aires de milicia rebelde y remeras con la frase “anti ruchi”, intentó ordenar el pogo para que Trueno pudiera terminar de interpretar “Violento” desde el medio del campo. La cosa se puso brava y el protagonista debió regresar al tablado, para cerrar el show con una versión incendiaria de “Dance Crip”, no sin antes de despedirse con la promesa de un reencuentro el año próximo en La Bombonera, porque para Trueno por más kilómetros que recorra, todos los caminos conducen a la comuna 4.
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