La gente de Vøvk no puede comprometerse a hacer una entrevista a través de Zoom. Les resulta imposible planear cualquier cosa con certeza, y el mejor camino es sostener un intercambio de mails. El trío de origen ucraniano está en medio de la guerra que a comienzos de 2022, hace ya cuatro años, comenzó con los ataques rusos ordenados por Vladimir Putin.
“Formamos Vøvk en 2016; desde entonces, hemos pasado por innumerables aventuras, retos y cambios en la alineación”, responden en un correo electrónico. “La alineación actual comenzó a ensayar literalmente un mes antes de la invasión a gran escala de Rusia. Tuvimos que parar durante un tiempo, pero nunca se planteó la posibilidad de no volver a la música. Desde el 24 de febrero de 2022, hemos estado dando conciertos cuyas ganancias, a veces en parte y a veces en su totalidad, se destinan a apoyar a las Fuerzas Armadas de Ucrania”.
El sonido de Vøvk podría catalogarse en medio del post hardcore, el emo y el metal progresivo, siendo descrito por la banda como una mezcla de “caos ordenado, emocionalidad y experimentación”, añadiendo que sus letras reflejan “la intersección de lo simbólico y lo personal, creando narrativas fantasmagóricas”. Por momentos puede recordarnos el trabajo de Deftones, Porcupine Tree, Karnivool, Leprous o A Perfect Circle, entre otros.
En octubre de 2025, la banda lanzó su más reciente disco conceptual, Litera, que está compuesto por siete canciones que “exploran el panorama emocional de Ucrania en tiempos de guerra”. Desde el primer minuto de ‘Sil’, la canción que abre el álbum, sorprende que alguien logre producir un sonido así en medio de las explosiones y el asedio.
La palabra ‘guerra’ nunca aparece en las letras -escritas en ucraniano- de Litera, el conflicto se manifiesta a través de metáforas con animales, paisajes y ciclos de la naturaleza, “desde la sequía hasta el fuego, desde las inundaciones hasta la aridez”.
El título del disco establece un juego con las palabras latinas ‘terra (tierra)’ e ‘itera (iteración, parte de un ciclo)’. Para la banda, eso describe en gran medida la forma en que se siente su pueblo durante la guerra: “Agotamiento, ataques de ira, tensa calma, nuevas esperanzas y ecos de viejos temores”.
Además, aseguran que para muchos ucranianos, “el tiempo parece haberse detenido en el invierno de 2022: la nieve nunca se derritió, aunque la Tierra sigue girando y las estaciones siguen cambiando. Queríamos explorar ese sentimiento, y una canción ya no era suficiente”.
La música de Vøvk transmite una inquietante mezcla de esperanza y dolor que se enmarca en el evidente compromiso por mantenerse con vida, apoyándose en su música y en su gente. Dicen que en Ucrania ya no existe una escena musical en el sentido ‘occidental’ de la expresión, pero aseguran que “se han creado redes de músicos con ideas afines que llevan una vida normal, pero siguen tocando gracias a los soldados que defienden el frente”. En la actualidad, los pocos conciertos que logran organizarse son mucho más que eventos culturales o de entretenimiento, son “iniciativas voluntarias para recaudar fondos para el Ejército”.
Ellos entienden perfectamente que “un soldado puede parecer el estereotipo —uniforme, armas, disciplina—, pero para nosotros, ese soldado podría ser el guitarrista de la banda de un amigo que necesita un casco o un chaleco antibalas, o el baterista de tres proyectos locales que pide ayuda para equipar los botiquines de su unidad”.
Como resulta apenas lógico, la guerra altera la cotidianidad y la vida cultural: “La gente se despierta por la noche con las sirenas antiaéreas, va a trabajar por la mañana, consulta las noticias del frente durante su descanso, se preocupa por sus seres queridos que están en peligro y, por la noche, asiste a un concierto o a una obra de teatro para recaudar fondos para el Ejército. Es posible que un show sea interrumpido por otra sirena y que la gente simplemente se vaya a casa. Esta paradoja, el miedo entrelazado con la rutina, se ha convertido en parte de la vida cotidiana”.
La banda asegura que para ellos Putin es “un tirano totalitario, al mismo nivel que Hitler o Stalin, la encarnación de la mentira y el mal envuelta en los adornos de la modernidad”. Lo ven como un hombre que -por su ambición- ha destruido millones de vidas. Pero también lo ven como un líder creado por “la misma sociedad rusa, con su indiferencia, su ceguera y su resentimiento”.
La guerra ha dejado en la banda rastros evidentes (lógicos y comprensibles) de dolor y rabia, que ahora se proyectan al pueblo ruso, más allá de su líder: “No es Putin quien aprieta el gatillo, lanza los misiles o tortura a la gente en los sótanos de los territorios ocupados; son los rusos quienes hacen estas cosas, personas que están perfectamente satisfechas con su líder y con el mal que cometen”.
Desde la experiencia de estos últimos años, estos músicos entienden que la guerra moderna no tiene un frente fijo: “Los misiles balísticos y ultrasónicos alcanzan cualquier parte del país en cuestión de minutos. La sensación de seguridad es totalmente relativa”. El mismo día en que lanzaron Litera, uno de ellos estaba en Leópolis, una de las ciudades principales al occidente de Ucrania, cuando la población recibió uno de los más intensos ataques, con decenas de misiles y cientos de drones que cubrieron el cielo de la ciudad.
La esperanza que tienen es que la guerra termine con justicia, y para ellos significa que “la maldad siempre debe ser castigada y los criminales deben rendir cuentas; todas las mentiras de la propaganda rusa deben ser desenmascaradas”. Confían en que el mundo se ponga del lado ucraniano de este conflicto, porque al dolor de la soledad y el aislamiento se ha sumado al legado de las bombas, las balas y los misiles.
En medio de todo esto, y con una dignidad ejemplar, la gente de Vøvk ha querido compartir con nosotros una reflexión para cada una de las canciones que componen su más reciente disco, y confiamos en que no será el último.
‘Sil’ (Sal)
“El sudor, la sangre y las lágrimas, todos los fluidos de nuestros cuerpos, contienen sal. El agotamiento emocional se siente como un sol abrasador que absorbe toda la humedad y deja atrás frágiles cristales. La canción captura el torbellino de emociones desde el comienzo de la invasión: el dolor y el sufrimiento, pero también la comprensión de que no te puedes quedar quieto. También evoca las salinas resecas de la región del mar de Azov, ahora bajo ocupación rusa”.
‘Iskra’ (Chispa)
“Si ‘Sil’ habla de la sequía, ‘Iskra’ es su consecuencia inevitable: el fuego. Imaginemos una familia ucraniana que vive la guerra junta, pero cada uno a su manera: uno se preocupa por los familiares en el frente, otro por los seres queridos en los territorios ocupados a los que no pueden llegar. Con las constantes explosiones, la incertidumbre, y las noticias trágicas… el estrés se acumula. El silencio crea tensión. Cuando las personas cargan con emociones intensas pero no las comparten, el aire se llena de una estática seca de palabras no dichas. Entonces, una sola chispa, una sola palabra, es suficiente para encenderlo todo, como un incendio en la estepa que arrasa las llanuras del Dnipró”.
‘Leleka’ (Cigüeña)
“Las grandes inundaciones pueden destruir ciudades y remodelar el terreno, pero no pueden borrar la memoria ni tocar el cielo; solo las aves permanecen libres.
La cigüeña, símbolo de la familia y el hogar en la cultura ucraniana, se convierte en la imagen central de la canción. Habla de personas a quienes los ocupantes les arrebataron sus tierras, pero ellos las mantienen vivas en sus recuerdos: tan hermosas, inocentes e intocables como fueron.
El narrador es Maksym Chukhlib, un periodista, músico y soldado ucraniano. Su voz cálida y aterciopelada evoca el optimismo y la fe en un “futuro brillante” que ahora contrasta radicalmente con la cruda realidad actual. Habla de la fundación de Nueva Kajovka y de la construcción de la presa de Kajovka, destruida por las fuerzas rusas, lo que provocó un enorme desastre ecológico”.
‘Mur’ (Muralla de fortaleza)
“En los primeros días de la invasión a gran escala, nuestro mundo se redujo a los pasillos de nuestros apartamentos, donde construimos pequeñas fortalezas entre dos paredes. Arrastramos colchones, libros, computadoras portátiles, platos, tratando de llenar ese espacio con una sensación de vida. Cada noche, mientras veíamos las noticias, creíamos que la mañana borraría el horror, que el amanecer traería una nueva realidad, como despertar de una pesadilla. Esa sensación se convirtió en ‘Mur’, nuestra creencia ingenua, casi infantil, de que un mañana pacífico estaba a solo un sueño de distancia”.
‘Tyhr’ (Tigre)
“El tigre: un rey en un reino de tristeza, reducido y sofocante. Las derrotas del pasado lo mantienen encadenado a un trono fantasma. Levantarse y salir de esa jaula requiere un esfuerzo inmenso. Es un viaje desde la autolimitación hasta la autoaceptación, desde el miedo hasta el valor de actuar según tu propio llamado.
La canción refleja ese estado paralizante en el que sientes que estás haciendo muy poco o que estás perdiendo la fe en tus propias acciones. Durante la guerra, muchos se sienten culpables por ‘no ayudar lo suficiente’, como si su contribución no importara, pero sí lo hace. Cada pequeño acto nos acerca a la victoria”.
‘Promin’ [con Johannes Persson de Cult of Luna] (Rayo)
“Un campo de trigo dorado bajo un cielo azul claro es el paisaje que conocemos desde la infancia y el origen de la bandera de Ucrania. Hoy en día, esos campos están quemados y marcados con esquirlas. En la región de Jersón, los agricultores siguen conduciendo sus cosechadoras en campos que no han sido completamente desminados. La canción trata sobre el amor por la tierra, herida pero viva. Un rayo de sol es suficiente para sanar y dar esperanza.
Esta canción cuenta con la participación de Johannes Persson, vocalista de la banda sueca de postmetal Cult of Luna. Para él, la colaboración fue más que una decisión creativa: fue un acto de solidaridad. Al cantar en ucraniano por primera vez en su carrera, la actuación de Persson se convirtió en un sincero gesto de apoyo a Ucrania”.
‘Okean’ [con Anton Slepakov] (Océano)
“‘Okean’ habla del vacío interior, como el cauce seco del embalse de Kajovka. El océano se convierte en una metáfora del mundo interior de cada uno, y su evaporación simboliza el agotamiento emocional. El barco ballenero oxidado y los huesos de ballena en la orilla representan las esperanzas rotas, el espíritu aventurero perdido y la indiferencia del mundo ante la destrucción de la presa de Kajovka.
La canción cuenta con la participación de Anton Slepakov, una figura clave de la escena underground de Ucrania desde la independencia. Su voz rasga el telón, revelando el núcleo temático del álbum. Esta fue su última grabación antes de alistarse en las Fuerzas Armadas de Ucrania.
‘Okean’ cierra el círculo conceptual del álbum. Comienza con el mismo riff y tempo que ‘Sil’, devolviendo al oyente al principio del viaje. El ciclo termina y la sequía comienza de nuevo”.
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