“Empecé a escribir un álbum para ellas, para mis hijas, y mientras lo hacía descubrí que quien más lo necesita soy yo”, comenta Camilo sobre Para cuando sean mayores, su último trabajo discográfico y uno de los proyectos más íntimos, vulnerables y personales de su carrera.
Partiendo de su experiencia como padre y del deseo de dejarles a sus hijas algo que pudiera acompañarlas a lo largo de sus vidas, el colombiano dio forma a un disco que escapa de lo convencional. Cada canción fue concebida como una enseñanza para Índigo y Amaranto, pero también como un registro al que pudieran volver cuando fueran mayores y leer desde otro lugar: un mapa emocional construido por su padre que, en el proceso, también le permitió a Camilo revisitar su propia historia.
A pocas semanas del lanzamiento y en medio de la planeación de una gira que lo llevará por varios países de América, Camilo se reunió con ROLLING STONE en Español para hablar de su evolución artística, los detalles de la realización de este trabajo, el papel de Evaluna —su esposa— en todo el proceso, y mucho más.
“He tratado de ser siempre muy fiel a lo que soy y a lo que se me va presentando. Cada vez trato de ser más transparente con lo que está sucediendo en mi interior y con cómo traducirlo después a una idea creativa”, comparte el cantante, quien reconoce que, a tras casi 20 años de carrera, hay cada vez menos cálculo. “Cuando creo que no se puede calcular menos, calculo un poco menos aún el paso que estoy por dar”.
“Cuando uno es honesto consigo mismo, ahí es cuando ocurren las cuotas más lindas de evolución personal: cuando uno no se disfraza, sino que simplemente permite que la identidad salga a flote”, afirma. Ese ejercicio de mostrarse completamente transparente se refleja a la perfección en su último trabajo.
“Tenía muy claro que era un álbum para mis hijas”, dice el cantante. “Energéticamente, sabía que era un disco para ellas, porque era lo más urgente en mi vida en este momento”. Según explica, trató de centrarse en lo que está sucediendo hoy en su vida, algo que está directamente entrelazado con su identidad y su rol como padre. Y aunque ese fue el punto de partida, no se trata de un proyecto infantil. Es, más bien, una invitación para que los adultos reconecten con su esencia y con el niño interior que permanece dentro de cada uno. El resultado es “el álbum que más he escrito para mí mismo de todo lo que he escrito hasta ahora”.
“Terminé diciendo cosas que en realidad necesitaba decírmelas a mí mismo hace un montón de tiempo, y creo que eso es producto de que intenté sintetizar en semillas ciertas sensibilidades que me resultaban complejas para que pudieran ser sembradas en el corazón de mis hijas. Pero en ese esfuerzo de sintetizar, terminé encontrándome con unas cosas que eran tesoros que yo necesito más que mis hijas”, revela.

La reconexión con su niño interior también modificó la manera en que se acercó a la composición. Para el LP, el colombiano asumió una suerte de papel de cuentacuentos: cada canción parte de una historia infantil diferente y funciona como un escenario independiente, con sus propias reflexiones y enseñanzas. Pero antes de sentarse a escribir, hubo un largo proceso de investigación que terminó siendo tan importante como las canciones mismas.
“En este álbum me aproximé a la composición de una manera diferente a como lo he hecho antes. Hice muchísimo trabajo de investigación y precomposición, incluso antes de arrancar a componer”, explica. Camilo se dedicó a recopilar distintas versiones de los cuentos que quería llevar a las canciones, explorándolos en diferentes idiomas y tratando de entender qué emociones y reflexiones despertaban en él. “Me tardé más recopilando todo eso que escribiendo las canciones”, reconoce.
Ese proceso le permitió llegar a la escritura con una idea mucho más definida de lo que quería contar. Según explica, para cuando comenzó a componer, ya tenía tan claros los elementos de cada canción que el trabajo consistía, en buena medida, en encontrar la manera de hilarlos. El resultado es un disco construido desde la narración, pero también desde una lectura personal de esas historias: más que trasladar cuentos infantiles a canciones, los utiliza como punto de partida para hablar de sensibilidades, emociones y aprendizajes que siguen teniendo sentido en la adultez.
Aunque Rafael Pombo fue una de las figuras literarias que más lo marcaron durante su infancia, este reencuentro con los cuentos ocurrió, en buena medida, desde su nueva perspectiva como padre. En ese recorrido, Hans Christian Andersen —escritor reconocido por sus cuentos para niños, entre ellos El patito feo, La sirenita, La reina de las nieves, entre otros—, terminó convirtiéndose en la figura central del álbum. “Ahora de grande y en este rol de papá, Andersen me ha generado unos vínculos tremendos con unas sensibilidades muy poderosas”, explica. Todas las canciones de Para cuando sean mayores están basadas en historias del autor danés, y cada una establece un vínculo con un cuento diferente.
Ese carácter narrativo se hace evidente desde el comienzo. El álbum abre con ‘Los cuentos’, una pieza compuesta por un par de décimas que funciona como la puerta de entrada al universo narrativo del proyecto.
La elección del formato también conecta con una fascinación que Camilo arrastra desde su infancia en Montería, cuando veía a los decimeros improvisar y se sentía atraído por la cadencia y la sonoridad de una tradición presente en distintos lugares de Iberoamérica. Escribir sus propias décimas fue, por tanto, una forma de recuperar ese interés desde su propia sensibilidad.
Pero la función del track va más allá de la elección de un formato que le resulta atractivo. El cantante necesitaba establecer desde el comienzo las reglas del universo que estaba construyendo, de carácter narrativo, acompañado además por una producción visual y teatral que traslada esos cuentos a distintos formatos. La introducción funciona así como una explicación para sus hijas sobre aquello que están a punto de escuchar: historias que quizá todavía no puedan comprender del todo, pero que permanecerán allí, esperando a que ellas crezcan para adquirir nuevos significados.
También hay en la pieza una especie de advertencia. Camilo reconoce que está contando esas historias desde una experiencia personal marcada por la sensación de haber perdido parte de su infancia y quiso dejar claro a sus hijas que esa mirada pertenece a su propia historia. Por eso, ‘Los cuentos’ funciona también como una forma de separar su experiencia de la de ellas e invitarlas a escuchar lo que tiene para decirles sin permitir que sus traumas condicionen la manera en que ellas viven su propia infancia.
Ese ejercicio de mirar de frente su historia termina siendo uno de los procesos más importantes que le dejó el álbum. Camilo no considera que la música haya cerrado ese capítulo; por el contrario, reconoce que todavía está trabajando en él. “Ser capaz de nombrar el problema es casi que la mitad del proceso para resolverlo. Ser capaz de identificarlo”, explica. Para él, reconocer aquello que necesita sanar fue el primer paso para poder enfrentarlo, una idea que relaciona incluso con esa imagen mitológica de tener que conocer el nombre de un demonio antes de poder conjurarlo.
La paternidad fue determinante para llegar a ese reconocimiento. Al observar a sus hijas y los valores que identifica en ellas, comenzó a reconocer también aquellos que recuerda haber tenido durante su propia infancia y a entender, desde otra perspectiva, lo que sintió que había perdido. Ese proceso lo llevó a una conclusión más compleja sobre su propia historia: no se ve únicamente como víctima de ese “robo” de la infancia, sino también como alguien que, de alguna manera, participó en él.
“Al final yo fui víctima y también fui victimario al mismo tiempo en ese robo de mi infancia, entonces, yo no puedo culpar a nadie tampoco”, afirma. Más que buscar responsables, el proceso ha consistido en resignificar lo ocurrido y continuar descubriendo aquello que quedó pendiente. “Sigo descubriéndolo, pero estoy en el proceso de sanarlo”, concluye.
Aunque Para cuando sean mayores cuenta con un único featuring, el de Evaluna en ‘La medalla’, su presencia atraviesa el proyecto mucho más allá de esa colaboración. Para Camilo, hablar de su paternidad implica necesariamente hablar de ella, no solo porque es la madre de sus hijas, sino porque considera que su compañía ha sido fundamental para construir la manera en que vive y disfruta ese rol.
“Es imposible tomarme una foto como padre sin tener al lado a mi socia, que es la mamá de mis hijas y la que hace que yo pueda tener un vínculo sabroso y disfrutable con la paternidad”, explica. Desde esa perspectiva, incluso llega a considerar que su experiencia como padre es, en buena medida, un logro compartido con ella.
Pero su vínculo también se extiende a lo artístico. Camilo asegura que Evaluna sigue siendo su artista favorita y que contar con su voz en un álbum tan personal representa un privilegio. ‘La medalla’ se convirtió en una forma de “fotografiar” su relación: “Eva Luna es mi socia creativa”, afirma.
Esa sociedad también se proyecta hacia el futuro del álbum. Mientras prepara el nuevo tour, Evaluna tiene un papel central en la traducción de las sensibilidades del disco y en la adaptación de distintas etapas de la vida y la carrera de Camilo a este nuevo formato. Ella es, además, la directora de lo que ocurrirá sobre el escenario. “Somos socios en una cantidad de cosas y algunas por descubrir todavía”.
La participación de sus hijas en el álbum ocurrió, en buena medida, de manera espontánea. Uno de los momentos que terminó incorporándose al disco sucedió mientras Camilo y Evaluna grababan ‘La medalla’. Mientras Evaluna registraba sus voces, Índigo estaba a su lado y, cuando terminó la grabación, se quedó cantando. Su voz quedó registrada casi por accidente.
“Cuando ella se escuchó, le dijimos: ‘Mi amor, mira lo que se escuchó’. No lo podía creer”, recuerda Camilo. A partir de ese momento, cada vez que le mostraban la canción a alguien, Índigo quería participar: “Espera, espera, espera, ya voy a cantar yo”. Para ella, aquella grabación se convirtió en una forma de sentirse parte del proyecto, algo que, según Camilo, terminó ocurriendo también con su hermana.
La presencia de las niñas, sin embargo, no se limitó a aquellas participaciones conscientes. Durante el largo proceso de creación, el álbum se convirtió en parte de la vida cotidiana de su familia, al punto de que Camilo fue acumulando fragmentos de ese día a día sin saber necesariamente que algún día terminarían dentro del disco. La conversación que aparece en ‘El Ruiseñor’ es uno de esos momentos. Además, es una de sus canciones favoritas de todo el trabajo.
“Ellas no sabían que estábamos grabando cosas que yo después quería meter. Ni yo”, cuenta. El colombiano explica que tiene su teléfono lleno de audios que guarda como una forma de conservar pequeños momentos familiares para el futuro y que, durante la producción del álbum, revisó ese archivo para encontrar aquellos que podían formar parte de la historia que estaba construyendo.
Por eso, más que haber sido invitadas a participar en un proyecto musical, sus hijas terminaron convirtiéndose en parte del documento familiar que es Para cuando sean mayores. “Me encanta que hagan parte de eso y creo que eso va a envejecer precioso. Siento que ya van a crecer y van a escucharse ahí y no lo van a poder creer. Va a ser un documento muy lindo de una etapa de nuestra vida”.
Aun así, Camilo identifica algunas canciones que le permiten explicar distintas dimensiones del disco. ‘El titiritero’, por ejemplo, resume para él parte de la energía del álbum y de una de sus preocupaciones centrales: crecer y descubrir las trampas que puede esconder ese proceso.
También menciona ‘For Eva’, cuyo arreglo disfruta especialmente y que, según cuenta, podría escuchar una y otra vez. Pero es ‘La medalla’, la canción que comparte con Evaluna, la que despierta en él una reacción más visceral: “Mi canción con Evaluna me destruye. Yo no puedo escuchar esa canción porque caigo a llorar”. Más allá de las canciones que destaca individualmente, Camilo considera que el álbum adquiere su verdadero sentido en el conjunto de sus piezas, con todas las particularidades que lo componen.
El universo de Para cuando sean mayores también tendrá una traducción sobre el escenario. La gira, que comenzará el 9 de octubre de 2026 en Estados Unidos y continuará por distintos países de América durante 2026 y 2027, llevará consigo el carácter narrativo, emocional y visual que atraviesa el álbum. Para Camilo, la dimensión teatral del proyecto abrió un espacio creativo especialmente amplio a la hora de pensar los nuevos conciertos.
“Ese elemento teatral es la tentación más grande en la que estamos cayendo a la hora de planear este nuevo tour”, reconoce. Aunque el repertorio también incluirá buena parte de sus canciones anteriores, el universo que construyó para este álbum le permitió explorar nuevas posibilidades para la experiencia en vivo. “La puerta creativa que se abre con este álbum es una puerta en la que nos metimos a nadar profundo y a propósito para este tour, entonces va a estar bien bonito”, adelanta.
Más que llegar con una expectativa concreta sobre la respuesta del público, Camilo dice estar atravesando el proceso desde la curiosidad. Hasta ahora, el contacto con sus seguidores le ha mostrado que el álbum está teniendo un significado profundo en sus vidas, pero quiere descubrir cómo esa conexión se transforma cuando las canciones dejan de escucharse individualmente y pasan a formar parte de un encuentro en vivo.
“Mi expectativa es profunda curiosidad en este momento. Yo estoy con mucha curiosidad de ver qué está significando para ellos este álbum”, explica. También espera descubrir cómo reaccionará el público ante la puesta en escena y ante la posibilidad de cantar juntos las nuevas canciones. “Tengo mucha expectativa de ver cuál va a ser la cara de la gente cuando vean lo que montamos y cómo van a gritar las canciones nuevas en esos encuentros que vamos a tener”.
A una semana del lanzamiento, Camilo asegura que la recepción ha superado incluso lo que imaginaba. Más que una escucha superficial, percibe en el público una conexión profunda con las canciones y con las sensibilidades que atraviesan el álbum. “Ha sido la experiencia más bonita e intensa de recepción de un álbum mío hasta ahora. La gente ha estado recibiendo el álbum de la manera como yo me lo soñaba: profunda”, cuenta.
Ese vínculo con quienes lo escuchan también parece confirmar una de las intenciones que atravesó todo el proceso creativo. Camilo no quiere imponer una lectura única sobre lo que las canciones deberían significar, pero sí reconoce que el álbum puede funcionar como un espacio para que cada persona vuelva sobre su propia historia.
“Lo que está pasando en este momento con el álbum estaba fuera de mis expectativas ya, pero supera todas las posibles expectativas que yo pudiera tener para él, que es vínculos significativos”, afirma. Para él, eso se refleja en quienes están utilizando las canciones como bandas sonoras de sus propias vidas y, especialmente, en quienes encuentran en ellas una oportunidad para resignificar la relación con sus versiones de la infancia, con el hecho de crecer y con la necesidad de regresar a aquellos lugares en los que alguna vez se sintieron más ligeros.
Camilo entiende esa posibilidad como una de las invitaciones que propone el álbum: que cada persona pueda resignificar su relación con la infancia, con crecer y consigo misma. Aunque reconoce que ya está ocurriendo, prefiere no anticipar hasta dónde puede llegar ese vínculo y simplemente confiar en que las canciones pueden servir como una herramienta para propiciarlo.
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