Antes de que Los otros convirtiera una mansión en Jersey en uno de los escenarios más recordados del cine de terror contemporáneo, Alejandro Amenábar ya había explorado los límites de la percepción y los relatos de género en las sorprendentes Tesis y Abre los ojos. Pero el origen de sus películas no siempre estuvo en un plan meticuloso. A veces, como ocurrió con su primer largometraje, empezó con el placer compulsivo de inventar una historia y descubrir hacia dónde podía llevarlo.
En esta conversación, Amenábar recuerda el aprendizaje técnico de sus primeras películas, las obras que revisó al preparar Los otros (entre ellas Otra vuelta de tuerca, de Henry James, y su adaptación cinematográfica The Innocents) y el papel del suspenso y la atmósfera en una historia de fantasmas. También habla de la casa de Grace como refugio y prisión, de la luz como amenaza y de una pregunta que permanece en el corazón de la película: ¿quién puede protegernos de aquello que no queremos ver?

Tesis fue tu primer largometraje y el proyecto que te presentó ante el público como cineasta. ¿Cómo nació la película y qué decisiones tomaste para convertir aquella primera idea en una obra con identidad propia que sigue impactando a nuevas generaciones?
Nació del puro afán lúdico por construir una historia. Me pasaba de niño, cuando escribía historias de misterio. Recuerdo que aquel verano me puse a escribir por el simple placer de hacerlo. Fue un proceso compulsivo y muy rápido. Escribí prácticamente sin escaleta, desde la primera secuencia hasta el final. Lo único que tenía claro era el giro final. Nació del puro placer de contar una historia de suspenso.
Abre los ojos amplió la escala de tu cine y consolidó tu interés por los relatos de género. ¿Qué buscabas explorar con ese segundo largometraje y cómo cambió tu manera de trabajar de una película a otra?
Abre los ojos se hizo muy deprisa después de estrenar mi primera película, que fue un éxito un poco inesperado. Seguía siendo una continuación de mi manera de entender el cine. En ese momento yo era realmente un principiante: no sabía nada de lentes el primer día de rodaje. Sabía lo que había visto, todo el cine que había visto, pero nunca me había enfrentado a un rodaje.
Abre los ojos también fue un proceso de aprendizaje. Nos enfrentamos al maquillaje y a los efectos especiales, tuvimos muchísimos problemas y tuve que ir aprendiendo sobre la marcha. Pongo Tesis y Abre los ojos a un nivel parecido porque formaban parte de la misma etapa y tenían presupuestos similares, aunque Abre los ojos era más cara. El salto cualitativo llegó cuando pasé a rodar una película en inglés con una estrella de Hollywood.

Pasemos a Los otros. Estamos ante una historia que fue encontrando su lugar entre el terror gótico anglosajón y tus propias referencias. ¿Cómo se fue definiendo ese proyecto?
Cuando escribí esa historia, sentía que no encajaba bien en el mundo mediterráneo; me encajaba más en el latinoamericano y, muy concretamente, en el chileno, que había conocido cuando visité de niño el sur de Chile. Una vez escrito el guion, mis productores españoles me convencieron de que conectaba más con el terror gótico anglosajón que con el realismo mágico latinoamericano. Entonces empezó el proceso de lograr que la película conservara algo de lo que yo había imaginado, pero que fuera orgánica en ese universo.
Tuvimos que reescribirla en inglés. Ese pequeño barco que para mí era Los otros, una historia construida en un solo escenario y con muy pocos personajes, se fue convirtiendo en un barco algo más grande. Aun así, fue una película de presupuesto bastante ajustado. A veces los productores me dicen que debería escribir algo como Los otros: era el proyecto ideal, con una producción muy contenida y un alcance mundial.

La película dialoga con Otra vuelta de tuerca, de Henry James, y con la adaptación de Jack Clayton. ¿Qué encontraste en esas obras que quisiste transformar para darle a Los otros una identidad propia?
No solo bebe de ellas, sino también de The Changeling, de Peter Medak. Bebe de todo el cine que ya había visto y del que revisé cuando buscaba inspiración: The Haunting, de Robert Wise, y The Spiral Staircase, entre otras.
Quizá lo interesante de Los otros es que mira literalmente hacia ese cine. Incluso estuvimos tentados de rodarla en blanco y negro. Mi director de fotografía, Javier Aguirresarobe, y yo queríamos hacerlo, pero mis productores no nos dejaron.
Es una película que mira hacia atrás, pero tiene una proyección que para mí era novedosa dentro del cine de fantasmas: hay un conflicto existencial. La resolución, que coincide con el giro final, la coloca en un lugar que me apetecía explorar desde mi condición de agnóstico. En ese momento era agnóstico; ahora soy completamente ateo. La película me dio la oportunidad de hacer una historia de fantasmas desde una profundidad que me interesaba.
Los otros administra la información y convierte cada ruido y cada sombra en una fuente de inquietud. ¿Cómo decides qué debe saber el público para que el suspenso nazca de la percepción y no solo de la sorpresa o el sobresalto?
No sé nada de magia, pero creo que hay algo de prestidigitación al elaborar un guion y, luego, dirigir una película: qué información das y cuál escondes. Los otros fue la primera película que probé con público real, en una sala llena de gente. Cada persona rellenaba formularios y respondía preguntas sobre el ritmo y sobre si veía venir el final. A partir de eso haces ajustes y recortas información.
Pero, sobre todo, Los otros es una película de atmósfera. Siempre me ha gustado trabajar con ella. El susto casi te diría que es fácil de conseguir; lo difícil es encontrar uno realmente novedoso. Recurres al sonido, apagas la luz y ya lo tienes. Los otros no es una película de sustos. Tiene un par que me parecen muy buenos, pero lo que más nos interesaba era crear la atmósfera con la niebla que rodea la casa y con la penumbra que debe inundarla para que los niños no se vean afectados por la luz.
La casa funciona como refugio y, a la vez, como prisión, regida por normas estrictas. ¿Cómo pensaste ese espacio para que expresara el duelo de Grace antes de que ella pudiera reconocerlo?
Por un lado están las referencias de las películas que revisé. También pensamos mucho en los colores. Sabíamos que la película iba a jugar con los grises, con tonos pálidos y empastados. Y, en cuanto a la atmósfera, teníamos la excusa perfecta: la fotosensibilidad de los niños.
Hay una metáfora muy clara. Tú lo has dicho: la casa actúa como refugio. Grace tiene que proteger a sus hijos, pero ¿quién protege a los hijos de Grace? ¿Quién protege a Grace de sí misma? Ese juego me parecía muy interesante. La luz actúa como un elemento perturbador, incluso peligroso, y al final resulta ser nada menos que la salvación y la clarividencia.
Muchas gracias, Alejandro. El tiempo es muy corto. También quería preguntarte por Mar adentro y por Ágora, que adoro. Los otros seguirá siendo uno de los grandes clásicos del cine de horror contemporáneo. Es una maravilla.
Muchas gracias.
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