Fue en 2025 cuando hablé por primera vez con Barry B. En aquel entonces, el músico español atravesaba una etapa de exploración creativa y sonora, marcada por algunas de las experiencias más caóticas, divertidas y reveladoras de su vida. Varias de aquellas decisiones le cobraron un precio alto, pero también terminaron por moldear al artista que es hoy: un músico inquieto, versátil y dispuesto a desafiar sus propios límites. Aquel accidente que cambió el rumbo de su vida lo condujo hasta el presente que alguna vez pareció lejano: llenar arenas, salas y festivales con una propuesta alternativa y arriesgada, sin perder de vista quién es realmente detrás de ese alter ego desenfrenado que irrumpe en el escenario. Desde aquella primera conversación, tuve la certeza de que la historia de Barry todavía tenía mucho por contar y sorprender.
Hoy, Barry B regresa con Fortuna Kid, su nuevo álbum de estudio: un trabajo que convierte la vida en un viaje de caminos inesperados, decisiones que nos transforman y la necesidad de encontrar un lugar al cual pertenecer después de tanto tiempo en movimiento. A lo largo de sus 14 canciones, el músico construye una reflexión sobre la existencia como una sucesión de apuestas cuyo resultado nunca podemos anticipar. Porque, al final, no somos solamente aquello que hemos elegido ser durante años, sino también lo que descubrimos de nosotros mismos cuando la vida nos obliga a tomar un rumbo distinto.
En Fortuna Kid, la fortuna no es una recompensa ni un golpe de suerte que llega para poner las cosas en su lugar. Es, más bien, todo aquello que ocurre mientras intentamos encontrarle sentido a nuestra propia historia. Barry parece entender que vivir también implica reconciliarse con lo que no pudimos controlar; aceptar que no todas las decisiones nos pertenecen, que algunos caminos se abren sin que los hayamos buscado y que, aunque no siempre podemos elegir lo que nos sucede, sí está en nuestras manos decidir qué hacer con ello.
En esta entrevista exclusiva con ROLLING STONE en Español, Barry B nos lleva detrás de la historia de Fortuna Kid, habla sobre las experiencias que dieron forma al disco, reflexiona sobre el paso del tiempo y sobre esa fortuna —a veces inesperada— de poder vivir de aquello que alguna vez fue solamente un sueño. Lee aquí la conversación completa:
Acabas de presentar tu nuevo álbum, Fortuna Kid. ¿Cuál crees que ha sido la fortuna que te ha tocado en la vida? ¿Estás a gusto con ella? ¿Algunas quejas?
Estoy bastante agusto, la verdad. Por primera vez en mi vida estoy bastante contento. Me dedico a lo que me gusta y me llena de verdad. Y es que también he estado en el otro lado, de levantarme, irme a trabajar y estar ocho horas en la oficina aguantando en un proyecto que ni me gustaba ni era mi vocación. Ahora que tengo esto, es demasiado bueno. Tan bueno que espero no se rompa. A veces tiendo a buscar al impostor: ¿esto realmente me lo merezco? Y no es cuestión de merecerlo o no, simplemente pasa. Tengo que disfrutarlo. Lo bueno es que no tengo que madrugar [Risas]. Estoy bastante guay.
¿Crees que es una fortuna que tienes que cuidar con pinzas o está destinada para ti?
Ostia, qué buena pregunta. Ostia. Realmente siento que la tengo que cuidar con pinzas, pero, en el fondo, creo que si esto está saliendo guay es porque se me da bien. Quizás esto es para mí. Y es que como hablábamos sobre el impostor, también me siento con la obligación de cuidarlo todo el rato. Es cosa de cuidar el karma, hacer las cosas bien y con cariño, generar amor, de alguna manera, para yo tenerlo de vuelta; es cuidar de la balanza para que no se jodan las cosas. En el fondo sé que si me va así de bien con esto es que habrá algo de destino. Quizás todas esas cosas malas que me han pasado, aparte de las buenas, sirvan para hacer mi camino.
Quizá es una recompensa que te da la vida por todo lo que habías pasado antes.
Puede ser. Me gusta verlo así.
El disco también nos narra un regreso y reflexión a tus raíces después del éxito que has acumulado. ¿Por qué regresar a casa? ¿Cuál fue la necesidad o sentimiento de regresar y reflexionar a un lugar conocido cuando falta mucho por recorrer?
Es como la parábola del hijo pródigo, que el hijo siempre tiende a volver a donde el padre porque de vez en cuando me falta el cariño de la gente con la que he crecido. Sobre todo es eso: el cariño, los consejos y verlo todo desde otra perspectiva. Es ver cómo las cosas no cambian ahí, y, a pesar de que no cambien, el tiempo pasa y para todas las personas. El tiempo pasa y de repente tus primos son mayores, tus padres tienen más canas, tu padre tiene artritis y cosas así; ves que esas cosas no las has vivido. Simplemente eres un observador en el regreso. Tengo la suerte de que mi familia me ha querido mucho. Ya era hora de rendir un tipo de homenaje a mi familia, a mi pueblo. Mi familia es de un pueblo del norte de España, que es muy honrado y trabajador. Creo que ya hablamos de esto en nuestra pasada plática, pero ellos nunca concebían que me fuera a ir bien en este camino, porque, al final, es muy difícil. Ahora, me doy cuenta que cuento con todo su apoyo. Considero que fue necesario este homenaje.
Me hablas de que las cosas han cambiado, tu familia ha cambiado y el pueblo también. ¿Qué hay de ti? ¿Qué Barry encontraste en este momento de reflexión sobre todo lo que ha pasado?
Joder. Ostia. Ya tengo un psicólogo, eh [Risas].
Ahora yo soy tu psicóloga [Risas].
Y justo también es mi primer día en el psicólogo [Risas]. Noto que hay un orgullo en mí. Hay una valoración sobre las cosas que hago. De repente noto que se valora lo que he trabajado y mi familia lo nota. Es una movida que siempre tienes que satisfacer para que tus padres estén bien, sobre todo porque son mi máxima referencia. Es como cuando antes no siempre estabas bien con tus padres y cuando lo estás dices: ‘Anda, va. Sí se puede’. Es una alegría. Note que hay orgullo porque el trabajo está hecho. Y es que hay una vara en mi familia de que cuanto más trabajes, más orgullo. Como han visto los frutos, pues se creen este trabajo.
Es como una forma de demostrar que sí pudiste, sobre todo porque antes había escepticismo.
Claro. Y es que ya no queda más que creer porque está ahí, ante sus ojos. Quizás hay un poco de raya porque ha pasado tarde, pero es mejor tarde que nunca. Tampoco le doy tantas vueltas cuando pasan estas cosas, porque simplemente pasan y hay sensaciones. Ahora que me lo preguntas, pues lo veo en retrospectiva y sé que están orgullosos. Además, nunca había tenido las cosas tan claras hasta que hablé contigo por primera vez, cuando hablamos sobre hacer el primer disco y tal. Todo ha pasado muy rápido desde esa plática. De repente ya lleno arenas, salas y festivales; la gente ya viene a vernos. Parece que ha pasado una década o una eternidad, pero solo ha pasado año y medio.
Mucha reflexión en nuestras pláticas.
La verdad que sí.

Ahora con una perspectiva diferente, para ti, ¿qué pesa más? ¿El destino o el trayecto?
El trayecto, siempre. Creo que siempre estamos en el trayecto, porque aunque llegamos al destino, siempre vamos a tener otro destino hasta la muerte. Hay que disfrutar del camino, las personas que llegan, las que se van, las cosas buenas que pasan, las malas, los golpes, las alegrías, los aprendizajes, de todo. ¿Por qué? Porque simplemente es lo que tenemos; aprendemos involuntariamente al vivir. Nunca me marqué ningún destino fijo, simplemente camino y disfruto al hacerlo.
En este viaje a tu destino encuentras la forma de pedirte perdón. ¿Cargabas culpas que te hicieron perdonarte?
Buaaaaf. Pues sí, creo que sí. De chaval era un trasto, un terremoto, la verdad. Quizás, siendo un terremoto, no me había portado tan bien con la gente, como ellos conmigo. Cuando lo escribes en una canción, pues es una manera de confesarse, y sobre todo en un disco que lo escuchará todo el mundo. Es una especie de desahogo conmigo mismo. Realmente pienso que ahora voy por el buen camino al tratar de hacer las cosas bien.
De redimirte, de alguna forma.
Y sí. Es que siempre he creído en la redención. No sé, como que todo mundo puede tener la oportunidad de empezar de cero.
Ahora que ya está en música, ¿realmente te sientes libre?
Sí. Yo creo que sí. Sí, sí. Yo creo. Incluso sin estar en el disco era bastante libre, lo que pasaba era que necesitaba rescatar esos sentimientos. Sí que es verdad que cuando vuelves al pueblo te reencuentras con todas esas cosas: los recuerdos, las caras, las vivencias y tal, y hace que te lo replantees un poco más. Pero sí, considero que tengo bastante libertad. Tengo un equipo y gente que me quiere y que quiero.
En el disco también nos presentas personajes como nómadas, fugitivos, jugadores, aventureros y gente que toma decisiones y luego que tiene que vivir con ellas. ¿Qué papel toman estos personajes en Fortuna Kid?
Son como pequeñas partes de mí. Son pequeñas historietas que componen de manera fantástica mi vida, el camino. Siempre he sido muy fan de las pelis, las historias, los libros y demás. También me gustan las historias de guerreros, Naruto y pelear en el intento siendo un incomprendido. Son como mil historias que se reúnen en un libro, que es Fortuna Kid.

Me parece interesante que una de tus inspiraciones fue el eastern crepuscular, y desde esta perspectiva que se maneja en el séptimo arte, el héroe pierde mucho, pero también gana. ¿Qué has ganado y perdido a lo largo de tu trayecto? ¿Ha valido la pena?
Sí, total. He perdido algo muy importante que es el ego innecesario. Perdí el culparme a mí mismo y todas esas cosas de analizarme. También he perdido a mucha gente, que supongo no era tan necesaria, porque si lo fueran, estarían aquí. Además de que estoy bien con eso. Tienes que perder gente en el camino para crecer. Es una sensación rara en la que crees que tendrás a esa gente toda la vida porque has compartido mucho tiempo con ellas, pero de repente ya no están y no hacen falta. Esta es una sensación que he tenido en todo el año. Luego, también he ganado más gente en el camino, que están en mi misma sintonía. He aprendido a querer, amar y escuchar un poco más. Parece todo muy fantástico, pero es verdad. Es algo que he sentido. También he aprendido a componer mejor, arriesgarme y crear con la banda con la que giro. Son nuevos métodos con los que he avanzado mucho.
Es parte del crecimiento. Si no te mueves, no creces.
En Skins [Risas].
¡Claro! Estarías atrapado en Skins (2009) y serías Sid.
Mejor no [Risas].
Y justo hablando de Skins, sabemos que las influencias musicales británicas son lo tuyo, pero en este disco mezclas baladas folk y guitarras de inspiración country, como un guiño a tu gusto musical estadounidense. ¿Cómo fue la exploración musical que tuviste al mezclar estas inspiraciones?
Como es con lo que he crecido toda la vida, se dio de forma natural, pero era algo que me faltaba por ver. Siempre me había adentrado en canciones rollito británico, y realmente me gusta muchísimo, pero, ahora, me apetecía probar con los slides y con canciones más folk. Fuimos a buscar inspiración en Nashville el año pasado, también fuimos a Nueva Orleans. Hicimos la Ruta 61 y visitamos los bares de Post Malone, el museo de Johnny Cash y todo eso. Quería ver ese mundo y me inspiró un montón.
¿Estás contento con las decisiones que has tomado, y que, por consecuencia, te han dado este camino?
Sí. Incluso las malas decisiones me han llevado aquí. Me imagino que forma parte del mismo mundo. No podría y no quisiera cambiar nada porque ahora estoy así. Tal vez hace cinco años te hubiera dicho que ojalá no hubiera bebido tanto, a los 25, porque ahora tengo algo en el hígado. Pero de momento estoy bien.
¿Cómo se siente El Chato actualmente con esta nueva era musical y personal?
El Chato a veces tiene miedo porque no sé si esto es muy grande o me queda pequeño. Sigo teniendo los mismos nervios al subir al escenario, pero me acompaña Barry. La verdad es que me siento lleno conmigo y lo que pasa. Tengo muchas ganas de aprender, pelear y hacer más conceptos musicales.
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