Algo muy bonito que tiene la música de cantautor es que conserva esa cualidad de unir mediante melodías y de asentarse en el imaginario popular con la que surgieron las primeras canciones de la historia. Esta cualidad se mantiene vigente gracias al trabajo de artistas como Silvana Estrada y El David Aguilar, quienes ven su oficio como una oportunidad para tejer redes, aprender constantemente y verbalizar con canción y poesía aquello que no se ve.
Más allá de sus composiciones que conmueven y abrazan, entre ellos existe un tipo de complicidad que solo es posible alcanzar tras años de amistad, y esta conversación permite entrever un poco de esta. La veracruzana y el sinaloense se maravillan al escuchar lo distintos que fueron sus acercamientos al arte pese a que ambos provienen de familias de músicos, así como hablan sobre apreciar la humanidad que hay en el error y las cualidades que el uno admira del otro. También hay espacio para revelar un par de canciones inéditas que, con suerte, verán la luz algún día.
Al final, esta es una charla entre dos cantautores cuyos caminos se cruzaron gracias a las cuerdas y las letras, y que siguen andando juntos porque los lazos que crea la música son inquebrantables.
Silvana: ¿Cuál es tu relación con el escenario?
El David: Pues mira, yo lo he dicho otras veces y no sé si sea lo más común: no me siento el más apto del mundo para el escenario. Lo disfruto, pero no siento que sea mi hábitat natural o ni siquiera tan predilecto para mí. Como que me gusta más el lado de la grabación. Siempre me vi como un artista de grabaciones.
Silvana: De sesión.
El David: De sesión, de grabar. Publicar obra grabada porque mi enganche con la música fue a partir de escuchar discos y pensaba que eso era.
Silvana: Sí. La gira fue una cosa que te diste cuenta después. Yo eso lo admiro mucho de ti, que haces lo que te gusta. Tu disfrute por genera cómo construyes tu vida. A mí me gusta mucho el escenario. Ahora que dijiste lo del hábitat natural, pensé que a mí me pasa lo contrario, yo me siento mucho más yo y muchas veces me siento mucho más serena en el escenario que abajo. Por ejemplo, cosas de ansiedad social se me quitan. A mí la neurosis me baja en el escenario. [Risas]
El David: Wow. Yo estoy en el escenario y mi cabeza es un carrusel de pensamientos negativos.
Silvana: Claro. Yo me acuerdo de ti diciéndome, “Es que estaba pensando en esto “. Yo no pienso en nada, es maravilloso.
El David: Todavía tengo esperanza de curarme.
Silvana: Sí. Yo te he visto y es hermoso.
El David: Tengo momentos.
Silvana: Yo creo que tú eres un performer hermoso porque eres super transparente. No hay una pizca de ti que se constituya de una manera diferente para pertenecer al escenario. Eres tú y eso me parece hermoso, se me hace super punk.
El David: Tiene algo, ¿no? Nunca logré construirme una idea de mí mismo que me permitiera sentirme más salvado en el escenario o algo así, entonces siento que soy igualito, pero también eso es lo que me genera el ruido.
Estaba pensando ahorita que, curiosamente, creo que nunca te he preguntado, ¿cómo empezaste a cantar en tu casa o qué canciones? Sobre todo, lo digo porque he estado muy en contacto con mis primeras grabaciones y quiero que me hables de eso.
Silvana: Como mis papás son músicos…
El David: Que compartimos nosotros eso, ¿no?
Silvana: Sí, justo eso te iba a preguntar también. Con la canción que acabas de sacar [‘Corrido de los cantantes’], que es con tus papás, me sentí muy identificada en esto de cantar con la familia.
El David: Yo también he visto que cantas con tus papás.
Silvana: Yo soy muy de cantar con mis papás. Entonces crecí un poco así, cantando con mis papás y luego desarrollé una cosa con el canto medio de regulación nerviosa. Fui una niña siempre muy ansiosa y un poco triste también, no sé. Yo creo me empecé a tomar en serio como cantante muy chica. Crazy.

El David: De que ni te preguntabas.
Silvana: Sí, ni siquiera estaba segura de qué quería hacer, porque, de hecho, no quería estudiar música en un momento, pero era como, “Yo soy cantante”. Loca. Como 12 años y así que, “Silvana Estrada, cantante”. Pero me empecé a tomar en serio porque me di cuenta de lo bien que me hacía. Siempre canté y siempre canté en la casa y estuve en coros. Estudié música, violín, piano, pero yo creo que me acerqué a la idea de cantar como un oficio cuando, en la secundaria me la pasaba super mal en la escuela. En mi pueblo no sé si no había más gente con el pelo rizado o qué, pero las maestras me odiaban por tener el pelo rizado. Siempre estaban diciendo cosas feas, entonces yo me iba al baño entre clase y clase, aprovechando que no había nadie, y escuchaba el eco de mi propia voz y cantaba. Me acuerdo cantar todo el disco de Cantos de Venezuela de Soledad Bravo. Entonces, me iba a cantar todo mi repertorio de Soledad Bravo y te juro que no solo me calmaba, me daba una felicidad trascendental, un bienestar trascendental.
El David: Te hacía sentir segura.
Silvana: Me hacía sentir segura, por eso te digo lo del entorno natural. A mí cantar me devuelve al espacio, me devuelve una especie de seguridad para habitar que creo que no nací con eso yo naturalmente.
El David: Está muy cabrón que pase eso. Me siento muy identificado con eso desde que estaba en la secundaria también, que era adolescente. Es como si cuando me sintiera mal o dudara un poco, y eso me pasó después ya siendo cantautor. Un día, en Mazatlán, escuché un disco que había hecho de una sola toma, Grabadora portátil,en un momento en que me sentía muy triste y muy mal, con el autoestima medio comprometido, y me acuerdo mucho de haberlo escuchado y después haberme sentido bien pensando que tenía un lugar seguro. No sé si describirlo como una virtud, una habilidad, pero sí una cosa que te hace sentir que tienes algo qué ofrecer y desde ahí consigues una seguridad.
Silvana: Sí. Es casi como un, “Tengo algo para justificar mi existencia. Tengo algo para pararme en la mañana y emocionarme de estar viva un día más”. Super dramático, pero a mí el canto y la música me ha dado eso. Es como esta sensación de que algo te ama de vuelta. Es como, “Yo amo la música, pero ella me ama de vuelta. Tengo todo lo que necesito”, yo así lo veo.
Te quería preguntar, porque tú eres el primer cantautor que yo conocí.
El David: ¿Soy el primer cantautor que conociste?
Silvana: Sí, porque yo estudiaba jazz y yo te conocí calva, pelona, y tú fuiste el primer cantautor y me acuerdo que yo te enseñé en una fiesta…
El David: En la casa de Víctor Díaz.
Silvana: Bueno, puede ser que Víctor sea más bien el primer cantautor que conocí y luego él me presentó contigo.
El David: Que, por cierto, increíble. Nunca se me va a olvidar esa tarde. Traías tu cuatro, estábamos varios amigos, éramos como ocho personas en Xalapa y Víctor me había dicho que quería que nos conociéramos y antes, Jorge [Tirado], me había me había escrito que nos teníamos que conocer nosotros. Y esa tarde, después de platicar un poco y nos presentaron, creo que muy inmediatamente Víctor te pidió que sacaras el cuatro y cantaras.
Silvana: Sí, yo me sentí bastante nerviosa.
El David: Cantaste una canción y todos entendimos lo que iba a ocurrir con el paso de los años.
Silvana: ¡Ay, qué bonito!
El David: Te lo juro, fue así. Perdón que tengas que soportar esta información. Me acuerdo mucho de salir a fumar con Jair Kai y le dije, “¿Viste lo que acaba de pasar?”. Eras una estrella.
Silvana: Qué fuerte. Yo me acuerdo de eso porque estaba muy nerviosa y acababa de agarrar el cuatro, empezaba a hacer canciones. Nos conocimos y luego tomé un taller contigo. ¡Hace 11 años o más!
El David: Claro, un taller de composición.
Silvana: Hermoso. Que vimos un montón de canciones de Chico Buarque y tal. Claro, yo no sabía nada, yo me sabía mis canciones, pero yo estudiaba jazz. Yo transcribía solos, ese era mi estudio, entonces para mí fue como “wow” ese universo. A mí ese taller me cambió la vida y por eso siempre digo, “Yo me dedico a hacer canciones por David Aguilar”. Ahora tengo que sumar a Víctor porque me acabas de desbloquear ese recuerdo. Él tremendo, alucinante.
Pero bueno, más bien mi pregunta es, ¿cómo es que tú empezaste a hacer canciones? Porque yo tengo muy claro ese momento bisagra de mi vida de que iba para allá y de repente se abrió una puerta.
El David: Pero tú ya tenías canciones. Por lo menos, cinco o seis, porque habías grabado algo en vivo con Jorge, ¿no?
Silvana: Creo que cuando yo te conocí tenía cuatro o cinco canciones, pero no tenía muy claro… O sea, yo me iba a ir a Estados Unidos a vivir y a estudiar jazz.

El David: ¿A seguir estudiando a Boston?
Silvana: No lo tenía ni claro. Me iba a ir con Charlie Hunter a Nueva York a vivir la vida de jazzista. Qué bueno que me quedé porque estoy muy feliz, pero yo no me fui porque no me dejaron entrar a EE.UU.
El David: Y por eso acabaste en la Ciudad de México.
Silvana: Exacto. Y ahí fue donde dije, “Ya me voy a tomar esto en serio”. Empecé a trabajar con Natalia [Lafourcade]. Pero más bien tú, ¿cómo empezaste a hacer [música]?
El David: Yo empecé a hacer canciones porque empecé a sacar canciones de los Beatles en la guitarra. Empecé sacando ‘Love Me Do’ y de pronto dije, “Lo que toca es hacer una banda”. Hice una banda en la secundaria con amigos, tocábamos covers de Maná, Caifanes, Green Day y Nirvana. Era como de lo que conocíamos.
Yo empecé por eso, para hacer canciones que pudiéramos tocar y sentir que teníamos un proyecto original. Entonces, eran canciones que provenían de las canciones de rock en español y rock pop.
Silvana: A parte de Maná, ¿te llegó algo en ese momento de Charlie?
El David: Nada.
Silvana: Era mexa. Rock en tu idioma mexa.
El David: Mexa y cosas gringas de que Aerosmith, Green Day, y así, pero mainstream. Eso es cuando tenía como 13 y como a los 15, escuché un disco de Silvio Rodríguez en un discman. Escuché ‘Te doy una canción’ y dije, “¡Ah! Ahí está lo que yo quiero”, porque ya me gustaba un poco escribir poesía.
Silvana: Qué bonitos esos momentos de corazonada vital, de, “¡Ah! ¡Es eso!”.
El David: Y yo recuerdo haber escuchado a Silvio cantar solo a guitarra y voz, con esas palabras, hablando de patria, con palabras de “mi derecho a hablar”. Yo tenía 15 años, pero todo el campo semántico en una canción fue una novedad completa para mí porque no sabía que las canciones podían tener ese grado de profundidad o de solemnidad.
Silvana: De compromiso social, también.
El David: Una cosa seria. Yo pensaba que las letras tenían que ser simplemente ligeras. Que lo sigo pensando, las canciones son oportunidades para sentir cosas diferentes.
Silvana: Sí, totalmente. También lo creo.
El David: Y me gustan las canciones ligeras mucho, pero me gustan las canciones pesadas o clavadas, también. Y ese es mi inicio con la composición, en cuanto me di cuenta que podía hacer canciones y jugar con la palabra, con el instrumento y el canto dije, “Aquí está todo lo que me gusta”.
Silvana: Para mí fue absolutamente distinto. Yo empecé escuchando Silvio, Mercedes [Sosa], Violeta [Parra] de niña.
El David: Porque tus papás escuchaban eso.
Silvana: Claro, y para mí escuchar a Julieta [Venegas] o incluso cumbia, Los Ángeles Azules, fue como, “Ah, también se puede este otro universo de decir con poco y no todo tienen que ser palabras grandes”. No lo había pensado.

El David: Una cosa es que el campo semántico ese tenía la impresión que ya lo conocía. Cuando yo escuché cantar a Silvio, sentí que ya conocía esto porque en la tradición mexicana de las canciones de la Revolución existió ese campo semántico. Tú escuchas las canciones de Silvio, ‘Fusil contra fusil’…
Silvana: Podría ser un corrido.
El David: En los corridos era ‘Carabina 30-30’.
Silvana: Y tú eso lo tenías ya por tus papás.
El David: Sí, lo había escuchado, entonces me pareció familiar. De hecho, yo pensé que era mexicano. Dije, “Debe ser como un José Alfredo [Jiménez]”. Estaba muy chico y no tenía idea. Ya después me super enamoré y estudié todo lo de él y lo de muchos autores y autoras.
Silvana: De niña me volaba la cabeza la de ‘Oh melancolía’.
El David: Esa debe ser de mis canciones favoritas de la vida.
Silvana: Esa y ‘Rabo de nube’. Por ejemplo, a mí esas canciones me daban como una cosa casi religiosa. Yo sí entiendo a la gente que dice que habla con Dios y que escucha cosas. Te lo juro, yo escucho ‘Rabo de nube’ u ‘Oh melancolía’ y en mi ser se instala un profundo silencio religioso, se me pone la piel china, no puedo ni hacer nada. Siento una especie de devoción instantánea por la humanidad.
El David: Yo también. Eso es absolutamente espiritual.
Silvana: Es totalmente espiritual. ¿Cómo puede ser que una persona igual que yo, que nació igual que yo, latinoamericana, de carne hueso como yo, escribió algo así? Ese sentimiento lo he tenido desde muy chica, de escuchar ciertas canciones y decir, “¿Cómo alguien que también respira, come, toma y caga, igual que yo, puede hacer algo así?”.
El David: Y qué fascinante es que algo que consideras hasta cierto punto extraño, especial, lo que sea que sientas por ese tipo de canciones, de pronto haya otras personas que también conviven con ello. Porque tampoco estamos hablando de que sea, quizás, la mayoría de la gente ni nada, es una super especificación, ni siquiera son músicos, ni escritores tal cuales.
Silvana: Eso me interesa muchísimo. Qué raro es hacer canciones porque puedes saber mucho de música, puedes no saber nada; puedes saber mucho de poesía y de literatura, puedes no saber nada… ¿Qué crees que es eso que hace que una canción sea buena?
El David: Yo creo que se las tiene que ingeniar para, por una u otra razón, terminar emocionando, seduciendo, haciendo recordar algo o confrontando de alguna manera. Yo creo que las canciones más emblemáticas deben de tener 50% familiaridad y 50% novedad. En la canción popular me parece que, si casi no hay cuota de novedad, es un poco como un refrito; si casi no hay cuota de familiaridad, puede que no conecte porque no establece ni un puente ni un código de ninguna manera. Como que cuando escuchamos canciones que nos gustan mucho, creo que al menos una dosis importante de familiaridad tiene que conectar con algo de tu memoria musical. Entonces, creo que ese equilibrio es el que intento conseguir a veces como compositor.
Silvana: Tú lo logras muy bien. Pienso ahora en tus canciones y todas suenan a que han estado ahí siempre y a la vez siempre tienen algo extraño, en el mejor de los sentidos. Tienen algo lo suficientemente familiar para que te sientas bienvenida y lo suficientemente novedoso para que quieras escuchar hasta entender.
El David: O que te quedes pensando intentando entender. Eso es lo que me gusta descubrir en las canciones de los demás. Yo siento que tú lo tienes también, lo escucho en ti. De pronto una progresión, un giro armónico que no es lo más habitual o que tiene algo hasta raro, pero luego el siguiente pasaje puede ser algo que tenga más código común.
Silvana: Sí. Es loco porque nunca aprendí bien a tocar ni el cuatro ni la guitarra.
El David: Tú ya estás tocando la guitarra muy bien. La última vez que te escuché pensé eso. Pareciera como si ese hubiese sido tu instrumento desde siempre.

Silvana: ¡Wow! Que tú me lo digas, top.
El David: Es que también con el cuatro traías la mano derecha…
Silvana: No tengo mucha mano derecha de rasgueo. Fingerpicking, todo.
El David: ¿Tú eres más fingerpicking?
Silvana: Sí, porque nunca aprendí a rasguear. No tengo flow en la mano derecha [risas]. Perdón a nuestros compañeros venezolanos, pero nunca pude hacer nada.
El David: Yo tampoco, mi mano derecha es de la calle. Es de ver amigos tocar y robar info.
Silvana: Yo tengo que robarte info y al [Álex] Ferreira también.
A ver, más preguntas.
El David: Pero yo te quiero preguntar a ti. ¿Qué es lo que más te atrapa de la labor de construir canciones como compositora? Cuando compones, cuando estás cazando una canción o empezándola a imaginar, ¿cuál es the whole thing a nivel emocional, mental? Cuéntame un poco de eso, ¿qué te guía?
Silvana: Ay, qué nervios que me lo preguntes tú, porque siento que tú ya sabes siempre qué quieres cuando haces una canción, haces como una especie de premeditación.
El David: Lo que yo te pregunto sí va por ahí, pero también pensándolo en que la vas a mostrar, en que la vas a compartir, que va a haber gente que la va a escuchar, tanto colegas como el público. Entonces, ¿cuál es la imagen que tienes de esa repercusión?
Silvana: Para mí es super loco porque, del mundo de los cantautores y las cantautoras, tengo que ser la que menos me considero cantautora. Me cuesta mucho decir, “Sí, yo escribo”.
El David: Eso nos pasa a todos. Es como los poetas, que nadie quiere reconocer que es poeta; que lo digan los demás.
Silvana: Sí, exacto. Me pasa que, en mis primeras canciones, por ejemplo, el disco de Marchita, las estructuras son rarísimas. Hay muchas cosas raras que a mí me gustan y ahora las escucho y pienso, “Qué lindo no saber porque haces estas cosas rarísimas que están chidas”. Pero bueno, también eso siempre me ha dado como pena. Rara vez he hecho un puente hacia el coro, luego verso y luego coro, no sé, esas cosas nunca se me ocurren.
El David: Vas sintiendo.
Silvana: Soy bastante desorganizada. Pero cuando estoy componiendo, yo creo que lo que me hace decir, “Esto vale la pena”, primero es si me emociona. Yo nunca pienso más allá, si esto va a funcionar o no, nunca pienso en la producción; ese sentido bastante cantautoril de mi parte. Nunca pienso en arreglos. Para mí es hacer una canción que se sostenga y luego veo si puede existir de otra manera. Nunca pienso en el público, ni si va a funcionar en vivo. Si es una canción que estoy haciendo para mí, hay una parte que es…
El David: ¿Cómo es eso de una canción para ti?
Silvana: Porque a veces hago cosas pensando en otras personas, como, “Voy a escribir esto para fulanita o para este otro proyecto”. Pero si es una cosa mía, entro en un estado de…
El David: No piensas, “Va a emocionar a alguien”.
Silvana: No. Nunca.
El David: Qué loco, yo sí. No siempre.
Silvana: A mí me pasa que me tiene que emocionar a mí. Yo lloro componiendo, ¿tú?
El David: Sí. En algunas.
Silvana: Yo lloro muchísimo, qué vergüenza [risas]. Yo lloro y de verdad soy muy feliz. El otro día lo pensé: yo nunca soy más feliz que componiendo. Y cuando hago algo que a mí me gusta, no conozco una felicidad más plena.
El David: Porque sientes que estás creando un lugar al que vas a poder estar regresando.
Silvana: Exacto, porque es como hacerme una casita. Como que paso un nuevo nivel de algún videojuego. Y me pasa mucho que tengo que tener mucho cuidado de no repetir campo semántico, no repetir acordes. O sea, yo sí puedo ser mega repetitiva y lo tengo que tener muy claro a la hora de componer, porque como hay cosas que me gustan tanto… Yo podría vivir en un Fmaj7 con la oncena, yo no necesito otro acorde, por ejemplo. Pero entonces me pasa que es como, “Bueno, le voy a dar un tiempo a esto”. Y entonces es más una búsqueda de la novedad y, por lo general, lo que sea que esté incorporando que sea novedad, me saca palabras nuevas. Me desacomoda y ya me lleva por otro rumbo y no pienso en nadie, me pasa que pienso en mí, pienso en que quiero hacer algo que me emocione y cuando logro emocionarme de verdad, siento como que ya. Y yo no soy muy de editar mis canciones o de volver a ellas.

El David: ¿Y no te pasa que después las escuchas y dices, “Esto hubiera podido quedar diferente”? ¿O no te pasa tanto eso?
Silvana: Estoy pensando que soy bastante de no pensar [risas].
El David: ¿Sabes qué me pasó hace poco? Vi una canción mía que se llama ‘El año que viene’ y tiene un error. Bueno, yo lo considero un error que, si me hubiera dado cuenta, por supuesto que lo hubiera quitado; no me di cuenta.
Silvana: Eso sí me pasa.
El David: Es una canción que habla de la pandemia y del confinamiento, y dice —hablando de las predicciones—, “No atinó ninguna una bola de cristal/Es tu casa toda la ciudad“, y muy poquitos versos después de haber dicho “bola de cristal” dice, “Países que parecen de cristal“. No sabes el TOC que me da ahora que la escucho y digo, “Cómo quisiera poder meter la mano a la digitalidad y a todo el historial y arreglarlo”. Errores.
Silvana: Yo esos momentos claro que tengo. En Marchita hay una canción que se llama ‘Ser de ti’ que hay una cosa que no está bien. El otro día lo escuché y dije, “Esto tiene 5 años afuera, ya no hay nada que yo pueda hacer”. Me doy cuenta hoy. Pero yo no lo sufro tanto.
El David: No, yo tampoco. De hecho, cuando la canto en vivo, alguien podría pensar que lo arreglo; no, me afronto y respeto mi error.
Silvana: ¿Sabes qué me pasa? Tengo mucha pasión por los errores. Mis grabaciones favoritas tienen mugre.
El David: Además más hoy. La “IAfiquización”…
Silvana: Sí, exacto, que ya la IA puede hacer las mismas canciones pero las mías tienen errores.
El David: Yo siento que los próximos discos que hagamos es una buena oportunidad. Hay que desafinar un poco la guitarra. Cagarla. Pero así de que regalar errores. El error es nuestro nuevo estilo.
Silvana: Hay que ser más punks. Yo de verdad tengo un amor muy fuerte por ver que alguien se equivoca. ¿Te acuerdas cuando le dieron el Nobel a [Bob] Dylan y él no fue a recibirlo porque estaba grabando el Triplicate? Él dijo, “Mi gente, yo estoy grabando. No puedo ir a recibir mi Nobel”. Entonces creo que fue Patty Smith, y cuando se subió a recibir el premio cantó, no me acuerdo qué canción, y se equivocó en la letra. Dijo, “Perdón, se me olvidó”. Eso me pareció perfecto, qué belleza. La cúspide de la canción no se acuerda de sus letras mientras recibe un premio Nobel.
El David: Sí, y mientras estás diciendo esto, estoy sintiendo mucho relax con la idea de cantar en vivo. Esta cosa del ruido del escenario se me relaja pensando en eso. ¿Cuál es la onda si uno se equivoca y, de pronto, hasta tú misma te ves de cierta manera que no es la mejor? Pues hay que regalar eso.
Silvana: Sí, yo creo que es lindo y yo creo que es un espejo sanador también para esta época de la hiperfuncionalidad y estar todo el tiempo mejorándonos a nosotros mismos. Siento que todo tiene que ver. Yo quiero equivocarme porque yo defiendo eso, yo defiendo poder subirme y ser persona y ser gente. Yo no quiero dejar de ser gente cantando.
El David: Y de sentir que te separas demasiado.
Silvana: A mí eso me molesta muchísimo esa separación, que es muy cultural. Me parece desolador. No me gusta nada.
El David: Me siento muy identificado con eso que dices. Lo más que se pueda fusionar, está lindo. A mí no me gusta esa separación tan agresiva.
Silvana: Por eso te digo que a mí me gusta mucho tú ser performático, porque es ultra transparente.
El David: Ya no voy a pensar que es aburrido.
Silvana: ¡Ya no lo pienses, a mí me encanta! Yo soy fan.
El David: Gracias por darme ese shot de confianza. Sí me sirve que me lo digas.
Silvana: Te amo.

El David: Yo a ti te amo mucho. ¿Y sabes qué? Te quiero preguntar una cosa también que creo que está buena preguntar, porque además siento que es algo que te puedo robar. ¿Hacia dónde va tu composición a grandes rasgos? En un futuro, en los próximos años, ¿crees que va a modificarse de manera medio clara algo en tu composición? ¿Has pensado en que, a lo mejor, vas a hacer canciones más largas, más cortas, con una velocidad diferente? ¿Hay algo de eso o no te lo preguntas tanto y vas más sobre la marcha?
Silvana: Sí me lo pienso, luego noto que a la hora de hacer no tengo compromiso conmigo misma. Como que digo, “Voy a hacer esto”, y empiezo a escribir y digo, “Ay, no, salió esto. Bueno, es para allá”. Cero compromiso. Pero claro, me encantaría poder hacerme más afín a un género, poder hacer una salsa o canción política. Retomar esos géneros de los que hablábamos y hacer algo que valga la pena. Y es un reto poder hacer algo político que no sea panfleto, pero que sea conmovedor, y que sea bonito y que la armonía sea hermosa. Son como un montón de cosas que uno quiere, pero creo que esas son a grandes rasgos. Por un lado, me gustaría hacer canciones que no tengan que ver directamente con mis experiencias personales, o bueno, sí, pero que no sean de amor.
El David: Más multitemático. ¿Pero lo ves canción popular?
Silvana: Sí.
El David: Me encanta.
Silvana: Sí, porque, ¿qué sería una canción no popular? Mis canciones son bastante raras. Yo muy agradecida estoy con que les vaya bien y yo creo que son populares, pero hay gente que podría decir, “Ponme otra cosa”.
El David: Y yo ni te cuento de las mías también.
Silvana: Pero las tuyas tienen una cosa profundamente popular mexicana.
El David: Pero, la neta, recientemente. Mis primeras canciones, siento cariño por muchas de ellas y todo, pero creo que son justo no con un espíritu de la búsqueda de lo popular. Y en los últimos años sí he comulgado más con esa intención porque me parece poética la canción popular.
Silvana: Sí, ya te entendí. Mi búsqueda, en unos años, va más hacia allá.
El David: Desde la intención lo pregunto.
Silvana: Tengo una intención profunda de poder hablar de más cosas y de poder entregarme, quizá, a géneros más populares, aunque yo sé que tengo una incapacidad de casarme con un género y al final siempre acabo explorando. Tengo una necedad de experimentar, que ya hice la paz con que yo soy así y ahora que produje el disco también me di cuenta de otras neurosis y dije, “Ya está, no lo voy a cambiar, ya casi tengo 30, no pasa nada”. Pero sí tengo esta intención de hacer algo popular y de comprometerme, aunque sea un poco más con ciertos sonidos populares, o incluso con ciertos sonidos o recursos específicos de géneros musicales. O sea, poder hacer una canción y tener bien estudiado y bien entendido los tambores del bullerengue o de la cumbia colombiana, y poder jugar con eso. O tener bien presente, a la mano, el recurso de un buen arreglo o de una buena melodía como las de Juan Luis Guerra.
El David: Él es un maestro de lo popular. Lo controla.
Silvana: Sí, él una estrella del cielo popular, es increíble. No hay ni una sola melodía de Juan Luis que no se te clave en el cerebro por días.
El David: Además, siempre digo que Juan Luis tiene monopolizada la fiesta de Latinoamérica.
Silvana: Total, las bodas y los 15 años. Para mí, Juan Luis es como mi puerta a la alegría. Es lo que tengo yo más cercano de la alegría. Es como, “¿Quiero sentirme alegre? Bachata rosa“.
***
El David: ¿Qué onda con ‘El alma mía’? Esta canción que, así lo veo yo, nos ha unido mucho a ti y a mí. Para mí es de lo más bonito que me ha pasado en la trayectoria musical. De veras te lo digo que el haber compartido contigo eso y que me hayas invitado a cantarla contigo me ha dado un montón de cosas muy bonitas. A la gente le encanta esa canción y todo el mundo llora y se descarga.
Silvana: Esa canción es muy mágica. Es muy fuerte que tú me digas eso porque esa canción salió y existe por ti. Yo escribí esa canción hace mucho tiempo y no iba a salir. Intenté muchos arreglos y había un arreglo coral; intenté muchas cosas con esa canción. Y, de hecho, cuando estaba haciendo el Vendrán suaves lluvias, te hablé en calidad de crisis con dos canciones.
El David: Sí. Me acuerdo que fui a tu casa.
Silvana: Sí porque —esto no sé si se sabe— la guitarra de ‘Cada día te extraño menos’ eres tú. Y claro, yo no sabía qué hacer ni con ‘Cada día te extraño menos’ ni con ‘El alma mía’. Yo estaba perdida. Y me acuerdo dos momentos épicos de yo estar en la crisis más absoluta y decir, “En una de esas no saco este disco, no sé qué hacer con estas canciones, estoy perdida”. Me acuerdo de ir a tu casa y que sacaras tu guitarra hermosa, gravecita, y que cantáramos juntos ‘El alma mía’ y que te sacaras la mejor segunda voz del mundo en un segundo.
El David: Es que un conecté inmediatamente cuando la escuché. Cuando me la mostraste, me acuerdo que pensé, “Wow, Silvana consiguió una canción mexicana”. Como yo venía apasionado con el country lento, cuando la escuché dije, “Consiguió lo que yo estoy buscando”. Te lo juro, un tipo de canción mexicana pero que beba un poquito de la tradición de la música country lenta del sur de EE.UU. Gillian Welch.
Silvana: Nuestra ídola.
El David: Entonces me recordó a eso y dije, “Qué maravilla”. No habíamos hablado de esto.

Silvana: No habíamos hablado de esto. Pero claro, también es fuerte porque yo entendí lo que tú estás entendiendo. Yo tenía una visión de esa canción un poco enceguecida por haberla escrito yo, por el momento en el que estaba. Yo le echaba muy poco maicito, muy pocas monedas, a esa canción y me acuerdo que en cuanto sacaste la guitarra y me hiciste esa segunda [voz], yo también entendí. Como que la propia canción dijo, “Esto soy”, es como si se hubiera materializado por fin en algo muy franco, como que no había ninguna otra lectura. Es, “Esto es mexicano, pero es Nashville”.
El David: Es ranchero, silvestre. Es hermoso. Si en este momento pienso en las grabaciones —porque están las dos, la del Tiny Desk y la del [disco]—, si pienso en la cuerda esa, es un mundo.
Silvana: ¡Sí! Es un mundito. Lo que decíamos de estos munditos dónde sentirse bienvenido. Ya que la cantamos juntos, fue como, “Por fin”.
El David: Siento que deberíamos hacer otras ocho así de esa naturaleza.
Silvana: Tenemos incursiones buenas, varias.
El David: Unas más experimentales que otras.
Silvana: Tenemos una muy buena ranchera, en mi humilde opinión. Luego hablaremos de eso. Pero también lo que te iba a decir es que siento que las dos tienen una cosa muy mexicana y lo que decías, las dos comparten una cosa…
[Ambos tararean y cantan al unísono]
“Este día no es día de fiesta/Pero brindo pues ya me di cuenta que se va a acabar la primavera/Y tu amor no tendrá para cuando llegar“
El David: Wow. Primicia. Pero esa búsqueda. Siento que hay mucho de dónde tirar.
Silvana: Y tiene una cosa bolerosa también. Sí hay un perfil “arrancherado”, pero también hay algo que toca un poquito Álvaro Carrillo, quizá.
El David: Sí. Esa, particularmente, que es una canción inédita, siento que toca a Álvaro Carrillo, toca a la canción mexicana más como Las Jilguerillas o como mexicana antigua, y al folk. Tiene algo del folk. Es una sopa de eso ahí.

Silvana: Sí. Yo me acuerdo mucho enseñarte ‘Flores’, del nuevo disco, y que dijeras, “Ah, folk mexicano, no canción mexicana”, y también agarrarme mucho de ahí.
El David: Eso sentí con ‘El alma mía’, que era folk mexicano.
Silvana: Es una línea loca porque de repente es folk. Es como una sencillez, como una ausencia de garigoleo tradicional, pero con una armonía arraigada a la tradición.
El David: Un poco más plano. Eso viene del folk. Y los intervalos melódicos sí vienen de lo mexicano.
Silvana: Es lo que decíamos el otro día, que es muy mexicano que la melodía marque la armonía todo el tiempo.
El David: Que se puede cantar a capela y entonces puedes transmitir cuál es la armonía. Un amigo le dice a eso “melodía denotativa”. Es un reto increíble que puedas estar sin instrumentos, sin armonía, y que cantando hasta podría ser un concepto total.
Silvana: Podría ser también un ejercicio de componer sin armonía. ¡Tú y yo te hicimos una canción!
El David: La que tiene acordes más raros.
Silvana: La “Broadwayana”.
El David: Así le decimos. La tengo guardada en mis notas de voz, “La Broadwayana”. No sé por qué me recuerda a Broadway.
Silvana: Por el [canta y tararea], “Pero si supiera…“
[Armonizan juntos]
“Fuiste la más bella aparición“
Silvana: Pero luego, otra vez, mexicana.
El David: Qué linda.
Silvana: ¡Ay, ya hay que componer! Fin de la entrevista, vamos a ponernos a trabajar. Adiós.
Historia: Melisa Parada / @melisaparb.
Dirección de foto y video: Jesús Soto Fuentes / @jsotofuentes.
Productor ejecutivo: Alejandro Ortiz / @xalejandro.ortiz. Postproducción y color: Manuel Gómez / @malegogo. Dirección de arte: Luis Rojas / @luino_luino.
Estilismo: Zyanya Galván / @void_4.
Asistente de estilismo:
Kiara Arraiz / @kiara.arz.
Maquillaje: Efrén Espinoza / @efrenmuack.
Peinado: Mariana Palacios / @interdimensionalife.
Gaffer: Óscar Santa Fe / @oscar_santafe.
Operador: Irving Martell / @irvingr.martell.
Sonido: Aldo Medina.
Locación: Laguna / @lagunamx.
Vestuario Faldas / @majijimenez.
Top de flores / @hazyel.studio. Zapatos / @prada. Saco de David / @theblues___.
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