Los 20 personajes más aterradores de la historia del cine

El cine ha encontrado innumerables maneras de provocar miedo. Algunas criaturas necesitan colmillos, máscaras, motosierras o poderes sobrenaturales para atormentar a sus víctimas. Otras apenas requieren una sonrisa, una conversación aparentemente inofensiva o la oportunidad de encontrarse a solas con alguien. Entre ambos extremos se extiende una extraordinaria galería de monstruos que han acompañado la historia del séptimo arte, desde los horrores expresionistas del cine mudo hasta las representaciones contemporáneas de la psicopatía y la violencia.

Los personajes más aterradores suelen tener algo en común. Su presencia altera las reglas del mundo que habitan y convierte cualquier situación cotidiana en una amenaza. Algunos representan la muerte inevitable, otros encarnan la crueldad humana, el sadismo, la obsesión sexual o la absoluta ausencia de empatía. También están aquellos cuya monstruosidad procede de una sociedad que los rechaza, los deforma o los convierte en espectáculos para satisfacer su propia curiosidad.

La historia del cine está poblada de villanos memorables, pero unos cuantos han conseguido trascender sus respectivas películas para instalarse en el imaginario colectivo. Hannibal Lecter transformó la inteligencia en un instrumento de intimidación; Norman Bates hizo del hogar un territorio de pesadilla; Anton Chigurh convirtió el azar en una sentencia de muerte; Freddy Krueger consiguió que hasta dormir pareciera una actividad peligrosa.

Esta selección reúne veinte personajes procedentes del terror, el thriller psicológico, el cine criminal y algunas de las manifestaciones más extremas del cine de explotación. Son figuras muy diferentes, pero todas han dejado una huella particular en nuestra manera de entender el miedo. Después de todo, el monstruo cinematográfico más eficaz es aquel que consigue acompañarnos mucho después de que se enciendan las luces de la sala.

Cortesía de Severin

20. Romeo Dolorosa (Javier Bardem) – Perdita Durango (1997)

Dir. Álex de la Iglesia

Perdita (Rosie Pérez) es una delincuente que encuentra en Romeo Dolorosa un compañero ideal para sus fantasías violentas. Secuestros, rituales sangrientos y una sexualidad transgresora alimentan una historia de amor criminal conjurada por Barry Gifford y llevada hasta el delirio. Su peligrosidad reside en la naturalidad con la que convierte la crueldad en una aventura compartida. 

Cortesía de Kino

19. Gwynplaine (Conrad Veidt) – The Man Who Laughs (1928)

Dir. Paul Leni

Condenado a exhibir una sonrisa monstruosa debido a una mutilación sufrida durante su infancia, Gwynplaine es una de las figuras visualmente más inquietantes del cine mudo. Sin embargo, su historia es profundamente trágica y el personaje carece de maldad. Su apariencia, que inspiró la iconografía del Joker, permite explorar el horror de una sociedad que confunde la deformidad con la monstruosidad.

Cortesía de Lionsgate

18. John Kramer (Tobin Bell) – Saw (2004)

Dir. James Wan

Convencido de que el sufrimiento puede enseñar a valorar la vida, Kramer somete a sus víctimas a pruebas mecánicas de una crueldad extraordinaria. Su filosofía moral, construida sobre la hipocresía y el castigo, convierte cada trampa en una ceremonia de tortura. Bell aporta una autoridad sádica y retorcida a un personaje que se considera juez de la existencia ajena.

Cortesía de RTVE

17. César (Luis Tosar) – Mientras duermes (2011)

Dir. Jaume Balagueró

El portero de un edificio barcelonés encuentra satisfacción destruyendo la felicidad de sus residentes. Su obsesión con una joven inquilina deriva en una escalada de invasiones domésticas y abusos psicológicos. Tosar construye un personaje particularmente repulsivo porque aprovecha la confianza que depositamos en quienes tienen acceso a nuestros espacios privados.

Cortesía de MUBI

16. Kakihara (Tadanobu Asano) – Ichi the Killer (2001)

Dir. Takashi Miike

Con sus mejillas abiertas y sujetas mediante piercings, Kakihara parece haber salido de una pesadilla infernal. Este yakuza sadomasoquista encuentra placer tanto en infligir dolor como en recibirlo. Miike transforma su búsqueda de sensaciones extremas en un carnaval grotesco de mutilaciones, humor negrísimo y violencia desmesurada.

Cortesía de Lionsgate

15. Patrick Bateman (Christian Bale) – American Psycho (2000)

Dir. Mary Harron

Un ejecutivo obsesionado con las tarjetas de presentación, los productos cosméticos, los restaurantes exclusivos y el asesinato. Bateman representa el narcisismo llevado a sus consecuencias más grotescas. Bale consigue que su vanidad resulte simultáneamente ridícula y espeluznante, mientras la película, basada en el libro homónimo de Bret Easton Ellis convierte el consumismo de los años ochenta en una sátira sanguinaria.

Cortesía de Icon

14. Lou Ford (Casey Affleck) – The Killer Inside Me (2010)

Dir. Michael Winterbottom

El ayudante del sheriff de un pequeño pueblo texano esconde una personalidad sádica detrás de sus modales amables. Adaptado de la novela de Jim Thompson, Ford encarna una masculinidad profundamente enferma, marcada por la violencia sexual y la manipulación. Affleck hace de su voz pausada y su cortesía instrumentos de una crueldad insoportable. 

Cortesía

13. Jack (Matt Dillon) – The House That Jack Built (2018)

Dir. Lars von Trier

Jack pretende justificar sus asesinatos mediante una retorcida concepción del arte y la arquitectura. Su narcisismo intelectual, sus compulsiones y su desprecio por las víctimas componen el retrato de un asesino que necesita atribuir grandeza a sus atrocidades. Von Trier convierte sus crímenes en un descenso al infierno, literalmente.

Cortesía de Warner

12. John Doe (Kevin Spacey) – Se7en (1995)

Dir. David Fincher

Un asesino que organiza sus crímenes alrededor de los siete pecados capitales y transforma cada cadáver en una acusación contra la sociedad. Su fanatismo moral, su paciencia y su extraordinaria capacidad de planificación desembocan en uno de los finales más crueles del thriller contemporáneo. John Doe demuestra que una idea puede ser más peligrosa que cualquier arma.

Cortesía de Paramount

11. Jason Voorhees (varios actores) – Friday The 13th 

Saga iniciada por Sean S. Cunningham

El asesino de Crystal Lake evolucionó hasta convertirse en una presencia prácticamente indestructible. Su máscara de hockey, incorporada a partir de la tercera película, terminó siendo uno de los símbolos universales del slasher. Jason representa la amenaza física absoluta, una figura silenciosa que avanza con la certeza de que sus víctimas terminarán agotándose antes que él.

Cortesía de Warner

10. Freddy Krueger (Robert Englund) – The Nightmare On Elm Street 

Saga iniciada por Wes Craven

Un asesino de niños que regresa desde la muerte para atacar a sus víctimas mientras duermen. Su rostro quemado, su guante de cuchillas y su sentido del humor perverso hicieron de Freddy un fenómeno cultural. Craven encontró una idea extraordinaria para el terror moderno al convertir los sueños, ese último refugio de la intimidad, en un territorio mortal.

Cortesía de MUBI

9. Henry (Michael Rooker) – Henry: Portrait of a Serial Killer (1986)

Dir. John McNaughton

Henry mata sin necesidad de grandes justificaciones, rituales elaborados o discursos grandilocuentes. Su comportamiento errático y su absoluta indiferencia hacia el sufrimiento ajeno hacen de él uno de los asesinos más verosímiles del cine. La interpretación de Rooker transmite una aterradora banalidad que permanece mucho después de los créditos.

Cortesía de Wega

8. Paul y Peter (Arno Frisch y Frank Giering) – Funny Games (1997)

Dir. Michael Haneke

Dos jóvenes educados, vestidos de blanco y aparentemente encantadores someten a una familia a un juego de tortura psicológica. Haneke utiliza su crueldad para cuestionar la fascinación del espectador por la violencia. Paul, especialmente, resulta aterrador porque parece conocer las reglas de la película y disfruta manipulándolas. Michael Pitt y Brady Corbett fueron igual de aterradores en la adaptación estadounidense de 2007, también dirigida por Haneke.

Cotesía de Kino

7. Conde Orlok (Max Schreck) – Nosferatu (1922)

Dir. F. W. Murnau

Con su cráneo calvo, sus orejas puntiagudas, sus uñas interminables y su cuerpo cadavérico, Orlok representa una de las imágenes fundacionales del horror cinematográfico. Su figura evoca la peste, la muerte y la corrupción física. Más de un siglo después, la sombra de sus manos extendiéndose sobre una pared conserva una potencia visual que innumerables efectos digitales jamás han conseguido superar.

Cortesía de Universal

6. Norman Bates (Anthony Perkins) – Psycho (1960)

Dir. Alfred Hitchcock

El tímido propietario del motel Bates es uno de los grandes triunfos de la caracterización psicológica en el cine. Su relación patológica con la figura materna, su personalidad fragmentada y la extraordinaria interpretación de Perkins convirtieron a un muchacho aparentemente inofensivo en una pesadilla que cambió para siempre las reglas del thriller.

Cortesía de Universal

5. Max Cady (Robert De Niro) – Cape Fear (1991)

Dir. Martin Scorsese

Tatuado, musculoso, sexualmente amenazante y poseído por una sed de venganza casi religiosa, Cady transforma la existencia de una familia en un infierno. De Niro compone un depredador que utiliza el conocimiento de la ley y las debilidades morales de sus enemigos para perseguirlos con una paciencia verdaderamente diabólica. Robert Mitchum lo encarnó en la cinta original y Javier Bardem en la serie reciente, pero el Cady definitivo es este.

Cortesía de MUBI

4. Leatherface (Gunner Hansen) – The Texas Chain Saw Massacre (1974)

Dir. Tobe Hooper

Una máscara confeccionada con piel humana, una motosierra y una familia entregada al canibalismo bastaron para crear una de las figuras más reconocibles del terror. Leatherface combina una fuerza brutal con una dependencia casi infantil de su familia. Su primera aparición, acompañada por el estruendo de una puerta metálica, continúa siendo devastadora.

Cortesía de Amazon MGM

3. Frank Booth (Dennis Hopper) – Blue Velvet (1986)

Dir. David Lynch

Volátil, obsceno, sexualmente violento y atrapado en una regresión infantil, Frank Booth es una de las creaciones más perturbadoras del universo de Lynch (no olvidemos a Bobby Perú de Wild At Heart o a Leland Palmer en Twin Peaks). Hopper interpreta a un hombre cuyos cambios repentinos de humor hacen imposible anticipar su siguiente atrocidad. Su presencia revela la podredumbre escondida bajo la aparente tranquilidad suburbana.

Cortesía de Amazon MGM

2. Hannibal Lecter (Anthony Hopkins) – The Silence of the Lambs (1991)

Dir. Jonathan Demme

Culto, refinado, extraordinariamente inteligente y aficionado a la carne humana. Hopkins convirtió a Lecter en uno de los grandes monstruos cinematográficos con apenas unos minutos de aparición. Su capacidad para descubrir las debilidades ajenas resulta tan amenazante como sus impulsos caníbales. Pocas veces una conversación detrás de un cristal ha provocado semejante terror. Hay que reconocer que Brian Cox (Manhunter) y Mads Mikkelsen (Hannibal) lograron unos Lecter muy efectivos.

Cortesía de Miramax

1. Anton Chigurh (Javier Bardem) – No Country For Old Men (2007)

Dir. Joel y Ethan Coen

El actor español abre y cierra este listado. Con su peculiar corte de cabello, su pistola de perno cautivo y una moneda que decide el destino de sus víctimas, Chigurh parece una fuerza de la naturaleza. Su espantosa serenidad procede de una convicción absoluta en sus propias reglas. Bardem construyó un asesino cuya lógica resulta tan impenetrable como aterradora. El retrato más cercano de un psicópata.

Mención especial: 

La historia del cine aterrador también merece recordar a Michael Myers (Nick Castle) en Halloween (1978), cuya máscara inexpresiva convirtió el asesinato en una presencia implacable; Annie Wilkes (Kathy Bates) en Misery (1990), la admiradora literaria capaz de transformar la devoción en tortura; Pennywise (Bill Skarsgård) en It (2017), el payaso demoníaco que se alimenta de los temores infantiles (y de Tim Curry) y que adopta las formas de sus peores pesadillas, convirtiendo la infancia en un territorio de horror donde ninguna fantasía resulta demasiado espantosa para hacerse realidad; Jack Torrance (Jack Nicholson) en The Shining (1980), cuya progresiva demencia amenaza con destruir a su propia familia; Asami Yamazaki (Eihi Shiina) en Audition (1999), una joven cuya aparente fragilidad esconde un sadismo estremecedor; Sadako Yamamura (Rie Unou) en El aro (2000), la espectral niña que convirtió los televisores en instrumentos de muerte; Pinhead (Doug Bradley) en Hellraiser (1987), el cenobita que encuentra en el sufrimiento una forma de placer; Damien Thorn (Harvey Stephens) en The Omen (1976), el Anticristo oculto bajo la apariencia de un niño inocente; Art the Clown (David Howard Thornton) en la trilogía de Terrifier, un mimo sanguinario que ha llevado la brutalidad del slasher a extremos grotescos; Harry Powell (Robert Mitchum) en The Night Of The Hunter (1955), el predicador homicida que utiliza la religión para justificar su codicia y sus impulsos criminales; Ray Marcus (Aaron Taylor-Johnson) en Nocturnal Animals (2016), un delincuente cuya crueldad convierte una carretera desierta en el escenario de una pesadilla; Albert Johnson (Danny Glover) en The Color Purple (1985), un marido autoritario y abusivo que somete a Celie a años de violencia y humillaciones; Scorpio (Andrew Robinson) en Dirty Harry (1971), un asesino serial que disfruta aterrorizando a San Francisco y burlándose de las autoridades; Martin Lomax (Laurence R. Harvey) en The Human Centipede 2 (Full Sequence) (2011), un vigilante de estacionamiento obsesionado con reproducir las atrocidades de la primera película; y el Carnicero (Philippe Nahon) en Solo contra todos, un hombre consumido por el resentimiento, la misoginia y la violencia, protagonista de uno de los retratos más despiadados de la degradación moral en el cine contemporáneo.

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