El cine deportivo suele avanzar hacia una victoria anunciada. Aparece un personaje al que nadie concede demasiadas posibilidades, llega una oportunidad casi milagrosa, comienza el entrenamiento y, después de varios tropiezos, el marcador termina confirmando que la perseverancia puede torcerle el brazo al destino. Es una fórmula antigua, pero difícil de abandonar: pocas imágenes resultan tan eficaces como la de un atleta levantándose del suelo cuando todos lo daban por derrotado.
Un portero muy improbable conoce esas reglas, aunque decide jugar el partido desde una posición diferente. Martín, su protagonista, es un joven autista con una extraordinaria capacidad para calcular la trayectoria del balón. Su talento, sin embargo, no basta. Mientras muchos héroes deportivos deben descubrir aquello que llevan dentro, Martín sabe perfectamente lo que puede hacer. El verdadero conflicto se encuentra afuera, en un mundo acostumbrado a confundir diferencia con incapacidad y a exigirle que demuestre, una y otra vez, que merece una oportunidad.
La elección del guardameta resulta fundamental. El portero viste distinto, obedece otras reglas y experimenta el fútbol desde una extraña soledad. Puede permanecer casi invisible durante buena parte del encuentro, pero un solo error basta para convertirlo en culpable. En Martín, esa posición adquiere una dimensión humana: también él es observado con mayor severidad porque no responde a aquello que su entorno considera normal.
Escrita y dirigida por Mike R. Ortiz (Águila y Jaguar: Los guerreros legendarios) y protagonizada por Danilo Guardiola, la producción mexicana combina humor, emoción y espectáculo futbolístico, además de contar con la participación de figuras como Jorge Campos y Raúl Jiménez. La película llega en paralelo con una Copa Mundial que convirtió el fútbol en conversación familiar, rito colectivo y pequeña religión nacional. Sin embargo, su pregunta más importante no depende de un marcador: ¿Qué sucede cuando el principal adversario de una persona no está en la cancha, sino en los prejuicios de quienes deciden quién puede entrar en ella?
Ortiz y Guardiola hablaron sobre la identidad detrás del relato, las fórmulas del cine deportivo, el lugar cultural del fútbol y el trabajo físico y emocional necesario para darle vida a un guardameta que se niega a aceptar el destino que otros eligieron para él.
La película parece hablar tanto de fútbol como de identidad. Tengo la impresión de que, en el fondo, no trata únicamente de atajar balones, sino de enfrentarse a las expectativas que los demás depositan sobre nosotros. ¿Qué piensan de esa lectura?
MIKE R. ORTIZ: Diste en el clavo. Ese es el punto fundamental de la película. Si te gusta el fútbol, seguramente vas a disfrutarla porque contiene sus elementos épicos y cuenta con futbolistas famosos como Raúl Jiménez y Jorge Campos. En ese sentido, quisimos que los momentos deportivos pudieran emocionar a quienes sienten verdadera pasión por el juego.
Al mismo tiempo, buscamos promover la empatía hacia las personas que son consideradas diferentes y que no reciben las mismas oportunidades, sin importar cuánto talento posean. Eso es lo que le sucede a Martín. En realidad, la historia podría haberse desarrollado alrededor de la música, la medicina o el deseo de convertirse en cantante. El protagonista podría haber tenido una condición distinta del autismo y haberse encontrado de todas formas con un entorno que no creyera en él.
Los obstáculos que enfrenta —el acoso, las puertas que se cierran por un prejuicio y la gente que no intenta comprenderlo— son experiencias con las cuales muchas personas pueden relacionarse. Quizás alguien no haya sufrido una agresión física, pero sí pudo encontrarse durante su infancia con una persona que lo juzgara, lo apartara o lo hiciera sentir inferior.
Existen películas deportivas como Karate Kid o Rocky que van mucho más allá del deporte. Detrás del entrenamiento y la competencia hay una historia profundamente humana. Esperamos que el público encuentre también esa dimensión en nuestra película.
Precisamente, en muchas películas deportivas, el héroe posee un talento oculto que los demás terminan descubriendo. Martín, en cambio, parece vivir permanentemente al borde del fracaso, aunque conoce perfectamente sus capacidades. ¿Te interesaba romper con la fantasía clásica del elegido?
MIKE R. ORTIZ: Sí. Diste en el clavo de nuevo. Las películas deportivas tienen una fórmula y no hay nada malo en ella. A todos nos gustan esas historias porque logran motivarnos e inspirarnos. El reto está en encontrar una forma de apartarse de algunos de sus lugares habituales sin renunciar por completo a los elementos que hacen funcionar el género.
En esta ocasión tenemos un protagonista con un talento extraordinario, relacionado con su capacidad matemática y con una manera particular de percibir el mundo. El problema no está en él, sino en el entorno que le impide cumplir su sueño. Eso puede ser mucho más frustrante que no poseer una habilidad, porque una habilidad puede entrenarse o desarrollarse.
Cuando el éxito ya no depende de ti, sino de personas que constantemente colocan obstáculos en el camino, aparece una frustración distinta. También procuramos que el conflicto no estuviera dividido entre buenos y malos. Martín cuenta con una familia y unos amigos que lo respaldan, pero igualmente debe enfrentarse a quienes no creen en él. La vida suele funcionar de esa manera: el apoyo y el rechazo pueden convivir alrededor de una misma persona.
Los porteros viven el fútbol desde la soledad. Pueden pasar inadvertidos durante noventa minutos y quedar marcados por un solo error. ¿Cómo utilizaste esa posición como una metáfora de Martín?
MIKE R. ORTIZ: Precisamente queríamos alejarnos de lo habitual. En muchas películas de fútbol, el delantero que marca los goles recibe las medallas, los aplausos y el reconocimiento. El portero ocupa una posición completamente distinta. Viste un uniforme diferente y está sometido a reglas que no se aplican de la misma manera a sus compañeros.
Ahí encontramos muchas correspondencias con Martín. Alguien que ocupa una posición distinta puede ser juzgado con mayor dureza, del mismo modo que un guardameta suele quedar señalado después de cometer un error. Esa diferencia era importante para construir al personaje.
Al mismo tiempo, la capacidad de Martín para observar el tiro parabólico, calcular la trayectoria del balón y anticipar el ángulo desde el cual llegará le proporciona algo parecido a un superpoder futbolístico. Esa habilidad también nos permitió introducir una dimensión divertida y espectacular dentro de la historia.

Además de Rocky y Karate Kid, ¿Qué películas o series influyeron en el tono de Un portero muy improbable?
MIKE R. ORTIZ: Soy fanático de casi todas las buenas películas deportivas. No necesariamente tienen que hablar de fútbol. Cuando una historia está bien contada, puede involucrarte incluso si desconoces por completo las reglas del deporte. Me gusta mucho Un domingo cualquiera y, entre las producciones recientes, Hustle, con Adam Sandler, me pareció fantástica.
Observamos distintos elementos de esas películas porque queríamos ser honestos y realistas en la ejecución. Esta es una producción mexicana independiente y, a pesar de nuestras limitaciones, estamos muy orgullosos de las escenas de fútbol. Consideramos que algunas funcionan mejor que las de muchas producciones de Hollywood. Para conseguirlo tuvimos que estudiar cómo otras películas habían construido el movimiento, el ritmo y la intensidad de sus secuencias deportivas.
También buscábamos una película emotiva que no cayera en el melodrama. En ese aspecto me interesó mucho lo que hizo Hustle, porque combina comedia y emoción, además de incorporar jugadores y contextos reales del baloncesto. Aparecen los Philadelphia 76ers y diferentes figuras de la NBA.
Nosotros contamos con el apoyo de la Kings League y de Rayados, y tuvimos la participación de Raúl Jiménez y Jorge Campos. A eso se suma la emoción de películas como Karate Kid. Tratamos de aprender de los mejores referentes, mezclar esas influencias y encontrar nuestra propia voz.
La película tiene mucho humor, pero debajo de él también existe una melancolía profunda. ¿Cómo trabajaste ese equilibrio?
MIKE R. ORTIZ: Martín tiene un entorno familiar muy hermoso y un grupo de amigos que logra comprenderlo. Sus amigos son muy diferentes entre sí, resultan pintorescos y pueden ser bastante albureros, mientras que él no posee esa misma manera de comunicarse. Aun así, lo integran con afecto y naturalidad.
La forma en que Martín percibe el mundo es personal e irrepetible. Resulta conmovedor observar cómo su entorno intenta incluirlo y aprender a relacionarse con él. Sin embargo, también existe una lucha interior que solamente Martín podrá comprender plenamente durante su vida.
Por eso aparece esa melancolía. Quisimos combinarla con una narración relajada y con humor, porque a veces la risa nos permite aproximarnos mejor a una situación que, presentada desde la solemnidad, podría levantar una barrera entre la película y el público.

Danilo, en Latinoamérica el fútbol se ha utilizado durante décadas como una medida de masculinidad: si a un hombre le gusta, parece cumplir con lo esperado; si no le interesa, su identidad comienza a ser cuestionada. ¿Crees que la película dialoga con esa presión cultural sobre cómo debe comportarse un hombre?
DANILO GUARDIOLA: Durante mucho tiempo se ha pensado que el fútbol está relacionado exclusivamente con los hombres y con una determinada idea de lo masculino, pero creo que esa perspectiva ha comenzado a cambiar. Tengo una prima a quien le encanta jugar y que incluso ha formado parte de un equipo. Me parece estupendo que cada vez existan más espacios para que cualquier persona pueda disfrutarlo.
Cuando era pequeño tampoco me interesaba demasiado el fútbol. A medida que fui creciendo comenzó a gustarme cada vez más, hasta el punto de salir a jugar con mis amigos. Actualmente todavía disfruto hacerlo de vez en cuando.
Creo que la visión de muchas personas se ha ampliado. El fútbol se ha convertido también en una experiencia más familiar. Ahora con la Copa Mundial, muchas familias pueden compartirlo, reunirse y divertirse. Eso puede ayudar a que deje de verse como una prueba de masculinidad y se entienda como una actividad en la que todos tienen derecho a participar.

En el cine deportivo, el cuerpo resulta decisivo: las caídas, el sudor, el cansancio y la frustración cuentan una parte de la historia. ¿Cómo encontraste las herramientas físicas y emocionales necesarias para interpretar a Martín?
DANILO GUARDIOLA: Me basé principalmente en la manera en que yo mismo me sentía cuando jugaba con mis amigos. Traté de llevar a Martín una parte de esa emoción. Nosotros no teníamos una cancha espectacular. Muchas veces llegábamos a la calle, colocábamos dos botellas para marcar la portería y comenzábamos a jugar. Quise recuperar esa alegría sencilla y convertirla en parte del personaje.
También tuve que prepararme físicamente. Yo no era capaz de realizar esas atajadas que parecen de El Hombre Araña. Entrené durante varias semanas, aprendí a caer y recibí bastantes balonazos. Todo ese trabajo sirvió para que Martín pudiera cobrar vida en la pantalla y para que sus movimientos como portero resultaran creíbles.
Una película deportiva puede perder credibilidad cuando exagera demasiado, pero si se apega por completo al realismo corre el riesgo de sacrificar la energía del espectáculo. ¿Cómo encontraste el punto intermedio entre ambas cosas?
DANILO GUARDIOLA: La dirección de Mike fue muy importante para encontrar el tono. Aunque la película contiene mucho humor, también tiene una carga emocional considerable. Las escenas poseen energía, pero no se dejan arrastrar completamente por ella.
Eso permite que existan momentos capaces de tocar el corazón sin abandonar la diversión ni convertir cada situación en algo excesivamente solemne. Creo que el equilibrio se encuentra justamente ahí: en dejar que la emoción aparezca, pero sin obligar al espectador a sentirla.
Finalmente, ¿qué descubriste sobre Martín durante el proceso de interpretarlo?
DANILO GUARDIOLA: Descubrí que es muy necio, pero en el mejor sentido de la palabra. Es persistente y no se rinde, aunque constantemente encuentre trabas y obstáculos.
Gracias al respaldo de su familia y de sus amigos, consigue seguir adelante y luchar por aquello que verdaderamente le apasiona, que es el fútbol. Esa tenacidad me parece admirable. Fue una de las características que más disfruté del personaje, porque Martín puede caer muchas veces, pero nunca acepta que otra persona decida hasta dónde puede llegar.
Esa terquedad y esa tenacidad fueron precisamente las características que más me gustaron del personaje. Mike, Danilo, muchas gracias por esta conversación. Creo que Un portero muy improbable encaja perfectamente con el espíritu de la Copa Mundial.
MIKE R. ORTIZ: Gracias a ti, André. Fue una entrevista muy bonita. Agradecemos mucho el análisis que hiciste de la película.
DANILO GUARDIOLA: Muchas gracias a ti.
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