Es un sábado de mayo y el viento dulce del oeste arrastra un frío riguroso que hace sentir el otoño. Faltan apenas un par de horas para que Wos salga al escenario del Club Gimnasia y Esgrima de Ituzaingó, quinta escala de una gira bonaerense que empezó en Mar del Plata, pasó por Bahía Blanca, Tandil, Junín, Villa Ballester y que cerró el fin de semana pasado en Lanús. Afuera, mientras el sol se muere, late algo difícil de transferir. Ocurre con pocos artistas de su generación y lo podemos reducir, apenas, en un término: “mística”. Eso que está en el aire, se percibe a medida que el público, su público, se acerca. Es mística, sí. Pero no cualquier mística. Es una mística que conecta con el fenómeno musical, social y cultural más importante en la historia del rock argentino: la mística ricotera. “Qué bueno que se genere y se sienta esa sensación. Obviamente no es algo que uno pueda buscar, ¿no?”, dice Wos, con una mezcla de timidez, asombro y orgullo. “Pero lo que sí te puedo decir es que, en este camino, me fui encontrando con cosas que me van sorprendiendo a mí mismo”.
La decisión de hacer esta gira bonaerense, emulando una ruta que transitaron grupos como Sumo y Los Redondos en tiempos en los que la mayoría de los artistas de su generación está tocando en Europa o Estados Unidos, parece ir en esa dirección. Para un artista que se acostumbró a llenar estadios de fútbol, son conciertos casi íntimos. “Con todos los que son parte del proyecto, estamos buscando qué cosa realmente nos hace sentido y nos late en el momento para no entrar en el automático y, de verdad, hacer contacto con lo que estamos haciendo”, le explica en su camarín Valentín Oliva, el artista conocido como Wos, a Rolling Stone luego de la prueba de sonido. “Teníamos ganas de volver a conectar con esa energía. Un poco los Obras tenían esa misma línea, pero además queríamos hacerlo por [la provincia de] Buenos Aires y también porque ese público está en un montón de lugares, pero no necesariamente viaja a ver los shows. Nos dimos cuenta de eso: hay mucho público local en cada fecha que quizás no está acostumbrado a trasladarse, y otros que aprovechan para moverse, acompañar y caer desde otros lados. Pero creo que fue un poco eso: las ganas de ir a buscar a esa gente, ese contacto más cercano, y también el estilo de show, con menos capas”.

En septiembre del año pasado, Wos lanzó Ilusión supersport (Doguito Records), un EP de cuatro canciones, que iba acompañado por un mediometraje en blanco y negro, dirigido por Lucas Vignale, el director que fallecería trágicamente en el mismo accidente que el youtuber argentino Gaspi y el cantante estadounidense Oliver Tree.
Al mismo tiempo, protagonizará Magnetizado, el nuevo film de Luis Ortega, inspirado en la novela de Carlos Busqued. Uno de los atractivos de esta gira, para Wos, está en la escala, un vínculo mucho más cercano con la audiencia que permiten este tipo de venues. Microestadios que no superan los 5 mil espectadores. “Es un camino extraño el mío, porque empieza con mucha exposición”, argumenta Wos. “A veces, en algunas cosas, fue un camino inverso; en un sentido tuve algo que muchos tienen que construir por años hasta llegar a esa exposición y a ese nivel de escucha. Pero, por eso mismo, quizás te salteás o hacés otro tipo de camino donde te perdés cosas muy lindas también, como pueden ser este tipo de fechas y este contacto distinto con la gente. Aparte, me está pasando que son los shows que más disfruto arriba del escenario. Es muy loco ese ida y vuelta, y el disfrute que se está generando con la banda también me motiva mucho”. El feedback con sus seguidores gana en intensidad con la proximidad. “Siento que el público cumple una parte muy importante en nuestros shows y tenerlo cerca es clave. Desde que hacía rap y freestyle existió ese ida y vuelta energético, esa interacción. Después se fue transportando también a las canciones y agrandándose a un público totalmente nuevo que fue cambiando con el tiempo. Entonces, después de muchos años de tocar, es lindo encontrarme tan cerca con el público de ahora, que ya no es el mismo de hace cinco años, como nosotros tampoco somos los mismos. Es como actualizar algo, volver a estar cerca de esa gente, ver sus caras, su energía, y volver a sorprenderme. También hay algo de conectar con esta cosa más esencial, que es lo importante de salir a tocar, lo que nos gusta a nosotros. Es como un alivio, ¿no? Es decir: bueno, fuera de cosas exuberantes, en esto hay algo totalmente vivo y totalmente potente que existe, que es juntarnos para esto puntual que sucede. Entonces es muy lindo tener esa oportunidad, y te pasa a importar muy poco todo lo demás”.
La relación con el imaginario ricotero no es forzada, ni casual. En marzo de 2024, Wos presentó “Quemarás”, con la participación especial del Indio. Se trata de una balada mid tempo, una melodía circular que adopta aires marciales cuando Solari canta “podés resistirte a todo, menos a la tentación en tus modos, el amor es un sentir (y también una idea)”. El fuego, elemento fundamental de la naturaleza y también de la poesía ricotera, ocupa un papel preponderante en la canción. Pero hay otro fuego en ese asunto: el de la antorcha que entregó el Indio, que parecía señalar a Wos como uno de sus herederos. “Saber que el Indio me abrió ese lugar y que para él también fue algo estimulante es impagable. Ese vínculo de amistad que se generó con los años, y que además pudo continuar con ese tema y que quede plasmado en algo artístico, es impresionante. Esa energía de él también nos acompaña. Estar tocando y que aparezca su voz, y yo conectar con eso, es una energía que sí o sí te tira para arriba y te hace estar muy agradecido”, decía Wos. Nadie imaginaba la noticia de la muerte del excantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, apenas un par de semanas después de este encuentro. El 5 de junio, desde su cuenta de Instagram, lo despidió así: “Hoy que necesito palabras tengo pocas, esta tristeza y un profundo agradecimiento. Nos cambiaste la vida a muchos. Te vamos a extrañar de maneras que aún no imaginamos. Llevo tu música y tu amistad en el corazón. Hasta siempre…”.
Volvamos al camarín, en Ituzaingó. Sobre ese vínculo con el Indio, decía Wos: “Es algo muy especial, algo que ni siquiera sé si me animaba a soñar. ¿Sabés qué pasa? Por cómo soy, las cosas se van dando. A veces tengo cierta timidez con respecto a las cosas que admiro; no en todo lo que me gusta me quiero involucrar, a veces simplemente lo disfruto desde afuera. Pero esto se fue dando de una manera natural, con ciertos guiños que nos fueron conectando. Y es loco que se haya dado, obviamente con tantas diferencias en lo musical. Pero me parece que fue más allá de eso y que terminó mixeando y conectando muy bien”.
La tribu de mi plaza
Las bandas wosistas van cubriendo el microestadio. Nadie hubiera pensado, hace una década, que en las competencias de freestyle en las plazas se estaba gestando un movimiento que crecería (y mutaría) en multiplicidad de direcciones, y que llegaría a lugares tan inesperados y disímiles, como las playas de Miami, las salas de conciertos de Europa, el late night show más popular de Estados Unidos… o este reducto del conurbano bonaerense. Alguna vez, en los 90, Sandro recibía al periodista Mariano del Mazo en un pequeño camarín de un cine de San Miguel con esta frase: “Bienvenido al Madison Square Garden”. Estaba allí porque había ido a cubrir uno de los conciertos suburbanos con los que solía preparar su desembarco en la calle Corrientes. Wos se ríe cuando le cuento la anécdota: “De la plaza es de donde venimos, más allá del lugar puntual o del barrio. Justamente esto de lo que hablaba, de las plazas y el hip-hop: no hay nada más en contacto con eso que ese momento del hip-hop, de las competencias, y lo mismo pasa con el rock de otras formas. Por eso se vive lo que se vive y se siente esa energía, porque es parte de lo que soy y de lo que somos todos”.

De todos modos, para Wos esto no formaba parte de un plan. “No lo soñé”, podría decir para seguir con la dialéctica ricotera. Pero lo que dice es esto: “Alguno que otro decía ‘con esto va a pasar tal cosa’, pero a mí ni se me cruzaba. De pronto empezó a suceder y para los que estábamos ahí fue una sorpresa enorme. Pero, como te digo, sí había una energía muy fuerte y genuina que encontró un lugar en eso: gente con ganas de expresarse y de tirar una rima sin demasiadas capas, sin demasiado elemento, en un contacto muy directo con los otros artistas y con la gente. Justamente, las rondas de freestyle siempre se dieron así; es algo donde se comparte una energía que circula. Fue muy potente lo que pasó y, como toda cosa que se agranda así, al ser una energía tan grande va encauzando hacia distintos lados. Es como una fuente de agua que va a distintos ríos; cada uno arrastra cosas distintas y lleva después su propia corriente, pero de alguna manera muchas cosas salieron de esa explosión”.
La plaza funcionó mucho más que como un espacio de encuentro y exhibición. Fue una escuela. “Ahí es donde yo hice ese recorrido, que es más raro. Esos fueron mis comienzos, mis inicios, que no son los convencionales para después armar una banda. Pero sí, obviamente eso me forjó y esa energía sigue estando. La gente que me escucha lo sabe, lo vio, y se siente también cada vez que en el show aparece la parte de improvisación. Más allá de que yo tocaba la batería y siempre estuve cercano a la música, descubrir la improvisación hizo que construyera mi identidad con eso. De hecho, mi primer acercamiento a las canciones fue a partir del rapeo, de ese formato. Después esa semilla fue deformándose, creciendo y apareciendo cosas nuevas”.
La improvisación es clave a la hora de pensar el freestyle, pero también es clave en la música que hacían (y hacen) los padres de Wos. Alejandro Oliva es uno de los miembros fundadores de La Bomba de Tiempo, el grupo de tambores que improvisan dirigidos por señas que desde hace dos décadas reinventa las noches de los lunes en la Ciudad Cultural Konex. Maia Mónaco es una notable artista multidisciplinaria, cantante y actriz que actualmente se enfocó en una suerte de electrónica orgánica, como una Björk criolla. Juntos, compartieron el grupo El Diablo en la Boca, una propuesta libre de géneros lanzada a la aventura de la improvisación. [Ambos están esta noche acá, en Ituzaingó, y no pueden creer cómo al primer acorde, miles de voces acompañan las complejas letras que canta su hijo].

Wos tardó en trazar una bisectriz entre la música de su casa y la de la plaza. “Me fui dando cuenta después”, confiesa. “En un momento dije: ‘Ah, claro, había algo acá’. Eso viene de ahí, estuve rodeado de eso en mi casa. Y es un tremendo juego que abre una puerta a ese mundo misterioso; un poco me la dio la improvisación. Yo obviamente me doy cuenta de todo eso que absorbí, incluso en lo rítmico puesto en la improvisación. Yo hice percusión de chico y después como que se fueron uniendo las cosas, ¿no? En algún momento de pronto mirás para atrás y le encontrás sentido a todo”.

No es casual que esa sea la piedra angular de su método creativo. Él lo explica así: “Para mí la improvisación, incluso en la composición, es siempre la puerta para sentarme a escribir después. Hay mucho de eso que para mí es muy importante. Las nuevas cosas que estoy componiendo también, muchas salen de las zapadas, así que es como un instrumento que está muy presente para mí. Sé que es lo que más me conecta con esa cosa más inexplicable y de disfrute, a la que después le voy dando distintas formas y distintos canales para darles un orden y una forma en el afuera. Pero la energía primordial creo que es esa”.
¿Sentís que al momento de empezar a desarrollarte como artista ese background te daba herramientas distintas o tu escuela como freestyler estuvo únicamente centrada en escuchar rap?
No sé si fue distinta o no, porque la verdad es que hay demasiada gente, demasiados estilos y formas de hacer. Hay mucha originalidad, sobre todo acá, en Argentina, que es algo que también hizo que eso . afuera llame la atención. Yo creo que cada uno tuvo un enfoque distinto, por lo menos los que yo fui conociendo en ese momento. Había algo muy particular de cada uno que es algo con lo que no podés mentir: en algo tan visceral, todo lo que vos traés aparece ahí, es medio inevitable. Algunos están más relacionados con una cosa que con otra, de acuerdo con lo que pasó en su vida y con lo que absorbieron. Por eso siento que cada uno fue muy distinto y dejó ver su universo. Y por eso también ahora, de los que fueron a construir un camino en lo musical y en lo artístico, se ven cosas tan distintas.
Así como sentís que fuiste encontrando tu propia voz en el freestyle, ¿cómo armaste tu identidad al momento de posicionarte como solista por fuera del movimiento?
Y, fue haciéndolo. Fue todo muy en el presente y no hubo demasiado tiempo para planificar nada; todo fue en vivo, digamos. Fue un experimento que se fue construyendo en simultáneo con ese ida y vuelta, con la situación que venía pasando con la exposición y con las giras. Obviamente todo eso que va sucediendo empieza a entrar en tu música. Una cosa era al principio, pero después, cuando ya empecé a tocar en vivo, aparecen otros elementos que empiezan a incidir en el estudio. La vida misma y los años te van dando cosas que ni te imaginás, ni buscás o entendés. Después, en mi caso, creo que hubo siempre una curiosidad de qué más podía encontrar en esta energía, qué otros cauces tenía o qué formas de estímulo podía encontrar para sacar eso que tiene que salir. Bueno, ese es mi eje. Para mí, lo que yo siento es: tengo esta energía misteriosa, desordenada, caótica, y le voy encontrando maneras distintas de que salga y estímulos distintos para que eso aparezca. Se fueron encontrando así cosas incluso muy distintas en mis propios discos, uno de otro. Y también con mi propio productor, con Evlay, llevamos un camino de años donde desarrollamos un vínculo en conjunto que es importantísimo.
Hay una palabra clave en la industria de la música en esta época que es la “narrativa”. Muchos artistas están pensando en un disco y, más allá, en una narrativa que lo acompañe, y me da la sensación de que esa palabra no está en tu vocabulario, sino que vas hacia algo más genuino.
Sí, creo que nunca me salió armar demasiado la cuestión. A veces es más fácil cuando uno puede construirse esa coraza o esa “narrativa”, como se dice. Digo, capaz que sería más sencillo para encarar ciertas cosas, pero no es algo que haya pensado o tenido en cuenta. Creo que la propia vida te va dando su propia narrativa y que entregarse a ese lujo de la vida y de lo que va pasando es lo mejor que, por lo menos yo, siento que puedo hacer. Cada momento me va dando una materia prima distinta.
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