“Anulo mufa”, dice Trueno. Como buen futbolero sabe que corre un riesgo a la hora de aceptar la propuesta de ser la cara del Mundial 2026 de Rolling Stone Argentina. Así que, antes que nada, toma sus precauciones. La elección no es casual: a sus 24 años, es uno de los artistas argentinos de mayor proyección global. Representante del flow vernáculo en el flamante álbum de Gorillaz, capaz de llevar el espíritu del barrio al prime time global (en el emblemático programa de Jimmy Fallon arrancó su set sampleando a los Wachiturros) y acaba de lanzar Turr4zo, su cuarto álbum. Oriundo de la Comuna 4 (¡cuatro!), del barrio porteño de La Boca, dice que numerológicamente daría todo perfecto para que la Argentina consiga su cuarta Copa del Mundo. La cuarta.
“El cuatro es un número que me persigue desde que soy chiquito. Justamente en esta etapa me tocó encontrarme con el cuatro por todos lados: sacamos el disco y debutó cuatro en el mundo, así que vendría perfecto que se venga la cuarta. Pero como decimos todos los argentinos, anulo mufa y dejo que las cosas pasen, se lo dejamos el destino”, dice ahora Mateo Palacio Corazzina en la intimidad que ofrece el estudio ubicado en la frontera entre el arrabal de La Boca, la bohemia de San Telmo y el glamour de Puerto Madero.
Para esta producción, elegimos una casaca con historia. Es una obra del diseñador Oscar Tubio de mediados de los 80, que utilizaron Charly García (cuando cantó su versión del Himno Nacional Argentino en la presentación de Filosofía barata y zapatos de goma, en noviembre de 1990) y Diego Armando Maradona. Era la prensa diseñada por este pionero del márketing deportivo, responsable de la camiseta de Boca con las cuatro estrellitas que Diego había lucido en 1981 y que haría colaboraciones históricas con arqueros como José Luis Chilavert, Hugo Gatti y Carlos Fernando Navarro Montoya (el “Mono”), entre otros.

Trueno recoge la antorcha y se emociona. “Es un orgullo y un placer. Al enterarme de la historia que tiene esta camiseta y los ídolos que la usaron, me toca representarla bien porque el peso es demasiado grande”, expresa. Y sabe que es una ocasión especial. “Todos los mundiales nos generan expectativas a todos los argentinos, es un momento donde sabemos que un poco se para el mundo para nosotros. Y se juega el orgullo, también: las ganas de verlo, de poner todas tus emociones en ese momento, de juntarse con los demás argentinos. Siempre digo que nosotros nos estamos peleando todo el tiempo, pero cuando toca defender la bandera somos uno solo. Y eso es lindo. Este mundial también me llega muy cercano porque ya me llega con una madurez. Todos los otros mundiales los vi de muy chiquitito. Entonces, me dan ganas de ir a verlo, de vivirlo ahí, en persona. Tengo muchas ganas”.
Puede establecerse una analogía entre los jugadores de fútbol y los artistas a la hora de representar a la Argentina en el exterior. En el caso de Trueno, siempre se encargó de llevar el barrio y la argentinidad a cada escenario. Lo vive con orgullo, y también con responsabilidad. “Hay que tomar la mejor parte de las dos cosas”, dice. “Por un lado, que la gente te dé ese lugar de internacionalizarte, de empezar a plantar bandera. Al mismo tiempo, sentís el peso de decir: ‘Bueno, este no soy solamente yo, no es algo individual; estoy representando a un grupo de gente, a un país’. Esa es la nafta que me hace demostrar en cada show afuera que no puedo dejar a la Argentina mal. Me lo tomo como una responsabilidad linda. Cada vez viajo al exterior me siento como un prócer que va con el caballo a clavar la bandera donde sea. Eso me llena de energía y es lo que más ganas me da de salir a tocar”.
En la vigilia del lanzamiento de Turr4zo, Trueno publicó una charla con el futbolista Leandro Paredes, mediocampista y capitán de Boca Juniors [equipo del que el rapero es fanático] y pieza clave en la selección nacional, en la que intercambiaban experiencias sobre sus respectivas profesiones. En un pasaje de la charla, se refieren a lo que sienten cuando se suben a un avión para representar al país: uno en una cancha de fútbol, el otro en el escenario de un festival. “Al principio era una locura dimensionarlo tanto en mi vida personal y con lo que me estaba pasando en lo profesional, con la carrera, el freestyle y mis primeros shows. Tomar un avión a España, volver, bajar en Ezeiza y después subirte al Uber para meterte en el Bajo de La Boca era un golpe de realidad”; explica Trueno. “Al principio me sirvió mucho, porque por más que pudiera estar en Madrid o en Barcelona, no me ponía tan bien como cuando volvía en el taxi y entraba a mi barrio. Me parecía muy loco tener la posibilidad de viajar, pero lo que más me gustaba era volver, estar tranquilo y reconectar”.
Trueno lanzó Atrevido, su disco debut, en 2020: plena pandemia. Fue un año después, cuando se empezó a abrir el confinamiento por el Covid-19, que empezó a viajar. “A viajar fuerte”, dice. Y dice, también: “Me volví bastante adicto. Me encanta conocer y aprender, me considero un alumno de todo. Me empezó a gustar conocer países y culturas nuevas. Yo ya era muy apegado al freestyle y a viajar. Cuando vi que había un público que me esperaba, que los conciertos se llenaban, dije: ‘Ya está, esto es lo que quiero para mi vida’. Estoy segurísimo de que el esquema de mi vida va a ser sacar un disco y salir a girarlo”.
¿Te acordás cuál fue tu primer viaje gracias a la música?
Mi primer viaje en avión fue en 2016, a Perú, para a competir. Tenía 14 años, era muy chiquitito. Lo máximo que había hecho antes era viajar a Uruguay con mi familia en Buquebus o Colonia Express. Subirme al avión en 2016 para ir a Perú me encantó. Compartir con los otros competidores, conocer otro país, su cultura, su gastronomía, su gente… Inconscientemente empecé a compararlo con Argentina: mira qué diferente es esto, qué igual es lo otro. A partir de ahí se empezaron a dar viajes para una cosa o la otra. Nunca me voy a olvidar de Perú; le tengo un amor especial porque fue el primer país que me recibió.
El uruguayo Jaime Roos hizo muchas de sus canciones fundamentales, muy concentradas en la idiosincrasia uruguaya, transitando una especie de exilio en Europa. Y son muchísimos los artistas que se conectan con sus raíces desde afuera. ¿A vos te pasó eso de conectarte más con la argentinidad estando lejos?
Súper, súper. Eso me llevó mucho a hacer este disco, Turr4zo. Es una buena pregunta porque da el puntapié al porqué, al hecho de agradecer mucho. Con el último aire de Bien o mal —que coincidió con la anterior entrevista de tapa que hicimos para Rolling Stone— tuve una explosión tan grande y mundial que fue el disco que más países me hizo conocer. Nos dio mucha exigencia en cuanto a girar: tocar un día, seguir viajando al otro, no parar un segundo y conocer Europa. Hicimos una gira sold-out. Conocer países nuevos y encontrarte con los argentinos y latinos que viven allá te hace ver el orgullo y la nacionalidad desde otro lado. Yo la tenía muy internalizada desde el lugar del residente: “Sí, soy argentino, viajo, pero vuelvo y nunca me voy a mudar de acá”. Empezar a encontrarme argentinos afuera, hablar con ellos y que te agradezcan por llevar un poquito de Argentina a esos países me conectó mucho con este disco. Después de esa gira escribí “Pumas”, que para mí es el tema más argentino del álbum. Habla de volver a tu tierra como un prócer que va a la batalla y la defiende, pero sabiendo que lo más lindo es traer el premio a casa. Me ayudó mucho a ver otro lado mío y de la identidad en general: cómo la gente se sigue sintiendo argentina viva en el continente que viva.
Ya nos vamos a meter a fondo en Turr4zo, pero antes quiero preguntarte por el Mundial. Sos muy futbolero y es difícil encontrar un barrio más futbolero que La Boca. ¿Qué representa el fútbol en tu vida?
Puf, un montón de cosas. Siendo un pibe de acá, tan influenciado por el club y por figuras como Román [Riquelme], [Diego Armando] Maradona o Carlitos Tévez, es imposible no soñar con ser alguno de ellos tres. De chiquito mi cabeza estuvo en paralelo: era el fútbol o el rap. Eran mis dos hobbies, las cosas que me hacían feliz, por las que me desvivía, no dormía y buscaba cómo ser mejor. Como todo pibe de acá, intenté jugar a la pelota, pero no le dediqué el mismo tiempo ni me generaba la misma pasión que rapear y hacer freestyle. Para mí el fútbol está muy ligado a lo que moviliza a la gente. Quizás no se lo considera un arte, pero termina siéndolo, y los jugadores que nos representan son más que deportistas. Román en mi barrio, Maradona o Messi para la Argentina son imágenes trascendentes, muy grosas. Lo que genera en la gente —la pasión, el amor, el ir a presenciarlo en vivo— tiene mucho que ver con la música. Por suerte, con el hip-hop ya llegamos a hacer dos estadios de fútbol, así que estamos conectados con el deporte a pleno.
Pensando en tu historia con los mundiales, este te agarra más maduro. ¿Cuál es el primer mundial que recordás bien?
El primero que vi fue Alemania 2006, pero lo único que tengo son flashes porque tenía cuatro años; me acuerdo de pocas cosas, como levantarme muy temprano para ver los partidos. El que sí recuerdo como el primer mundial vivido con plena conciencia, con preocupación por si ganábamos o perdíamos, fue el de Sudáfrica 2010. Con el Diego de DT, Palermo, Carlitos Tévez, Messi, Palacio, Cambiasso… Me lo acuerdo como mi primer gran mundial, esa experiencia de que el mundo se paralice.

También fue un gran mundial para Uruguay, el mejor de su historia contemporánea con ese equipazo.
Como comparto eso con mi viejo, que es uruguayísimo, y con mi familia paterna, nunca queremos que se crucen. Somos mitad y mitad; si uno pierde, hinchás por el otro. Me representa mucho el estilo uruguayo de juego, eso de ponerle el pecho a todo. Siempre pasa algo lindo: cuando a nosotros nos gana alguien, Uruguay se venga más adelante en el mismo mundial, y al revés también. Somos hermanos.
¿Y este Mundial en particular qué te genera? Mencionaste la posibilidad de hacerte una escapada para ver algún partido en vivo.
Me encantaría. Nunca fui a un mundial. El de Brasil me agarró con 12 años, lo viví muy fuerte porque estaba acá al lado y tenía ganas de ir, pero estaba en la primaria. Fue el que más cerca tuve. En los de Rusia y Qatar yo estaba acá y eran superlejos. Durante el de Qatar estábamos de gira en Estados Unidos. Ir a un Mundial es una hazaña que uno no se puede perder; es como ir a ver un partido de Libertadores en vivo, hay que vivir esa experiencia. Además se suman muchas cosas: seguramente sea el último de Messi y de varios más. Va a tener una connotación especial, y al mismo tiempo un renacer de la Selección con nuevos jugadores que van a ser leyenda. Siento que estamos hasta mejor que en el mundial que ganamos.
Aparte tenés línea directa con Paredes y otros jugadores de la Selección. Me imagino que eso le suma un plus extra. ¿De qué son esas charlas? ¿Ellos te hablan de música y vos de fútbol, o fluye por otro lado?
He recibido el respeto de muchos de los pibes. Rodri me invitó cuando estaba por Miami; hablé con Mac Allister, con Lisandro, con Enzo, a quien invité a un show en Londres. Tenemos gente muy cercana. Lea es el que más cerca está. Ahora también están yendo otros chicos de Boca… Cuando uno genera esa cercanía, en vez de calmarse el fanatismo, me vuelvo más fan si los conozco en persona. Las charlas van variando. Inevitablemente se habla de eso, pero creo que salimos un poco de los casilleros y hablamos de la vida, de cómo está uno, de la familia. Siempre empieza por el respeto: yo apoyándolos a ellos, ellos apoyándome con alguna canción. Los jugadores deben estar cansados de hablar de fútbol y yo de música, así que encontramos un espacio para hablar más amistosamente.
A partir de tu charla con Lea trascendió esa similitud entre las carreras de los músicos y los futbolistas. Sobre todo ahora, que tu generación tiene acceso a un éxito muy grande y muy tempranamente, igual que los futbolistas.
100%. Me pasó viendo series, documentales o videos de detrás de escena de ellos. Te ponés a pensar y se van de gira igual que nosotros: viajan veinticinco personas, están en el micro, en el avión, en el hotel… Cambia solamente el momento de estar en acción: ellos en una cancha y nosotros en un escenario. Tampoco es tan diferente, porque cada uno está demostrando lo que es ante una multitud. Nosotros en el aeropuerto estamos jugando al truco, tomando mate, haciendo chistes, jodiendo en el hotel; termina siendo lo mismo. De ahí surge la necesidad de generar un vínculo con tus pares y compañeros para que después en el escenario salga todo mejor; me pasa lo mismo con mi banda, con mis técnicos y con mi equipo. También la necesidad de estar tranquilo antes, para poder sacar tu versión “de la cancha”. Los jugadores se vuelven locos en la cancha y nosotros en el escenario. Es muy necesario ese contraste y ese balance entre la vida cotidiana y la vida profesional.
Disciplina. Ese concepto, clave en el universo de Trueno, aparece en esa charla con Leandro Paredes. Y en muchas de sus entrevistas, un rasgo fundamental de su modus vivendi. Es una palabra que uno asocia inmediatamente con los deportistas profesionales de alto rendimiento, acaso con ciertas prácticas espirituales, pero no necesariamente con los artistas. Para Trueno, la disciplina es indispensable. “Para la vida en general”, argumenta. “Para todo lo que uno haga. Seas artista, deportista o el trabajo que elijas, es clave. Con el talento se nace, pero después el talento se perfecciona; se perfeccionan las costumbres, los modos. Todo tiene que ver con la constancia, con el trabajo y con la recompensa de pasar por un proceso; las cosas no se dan porque sí”.
Dice Trueno: “Gente talentosa hay un millón; talento le sobra a los pibes del barrio para cantar, pisar una pelota o mostrar ese ángel que uno tiene. Pero realmente los que trascienden y llegan son los que se desviven por lo que hacen. Si sos músico, implica tener conocimiento musical, nutrirte, aprender, buscar formarte más y tener más experiencia. Con el deporte es el entrenamiento y el físico. Cambian los métodos, pero es una moraleja de la vida: por más que te sientas bueno en algo, no te podés descansar, porque si no te quedás en el mismo casillero para siempre y no avanzás”.
A pesar de ser un solista, el pensamiento de Trueno es colectivo. En lugar de posicionarse como una estrella, se muestra como la cabeza de un proyecto, el líder de un equipo en el que se sostiene y que tiene, también, el deber de mantener. “Me encanta codearme con gente que sabe otras cosas. Obviamente Trueno soy yo, pero el proyecto tiene muchas ramas. En la producción, Tatool y El Guincho tienen el mismo mérito que yo en este disco. En el vivo, mis músicos y los técnicos tienen el mismo mérito que yo. Es una cadena: si una cosa falla, se cae todo. Por eso, me encanta sentir que somos un equipo. Haciendo un paralelismo con el fútbol, que nos entendemos, que tenemos nuestra manera de hacer las cosas y que la defendemos. Tenemos una identidad basada en los valores: por qué se hace una cosa, por qué no, quién forma parte del equipo según cómo es como persona. Me gusta generar una tripulación, un equipo que siente que está con la misma camiseta. Eso hace que, en la cancha o en el escenario, salga todo mejor”.
Leé más sobre Turr4zo, la colaboración con Gorillaz y el vínculo con Damon Albarn, su participación en el show de Jimmy Fallon y mucho más en la próxima edición de Rolling Stone.
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