Cuando la joven Merlina Addams cruza una vez más las puertas de la academia Nevermore, no sólo lleva su inseparable humor negro y su ironía, sino un universo sonoro que ya se ha convertido en parte esencial de la narrativa. En su tercera temporada, la serie producida por Tim Burton abraza una estética aún más ecléctica, uniendo rock de estadio, clásico académico y una orquestación original que articula sus giros góticos y su comedia macabra. Para descifrar esos laberintos de sonido hemos conversado con quienes orquestan la música tras la pantalla: Jen Malone y Nicole Weisberg, supervisoras musicales, y Chris Bacon, compositor. Ellos nos revelan cómo construyen un lenguaje musical que no sólo acompaña, sino que explica a Merlina, su mundo y sus conflictos.
Cortesía de Netflix
La música de la primera temporada se volvió casi un personaje en sí mismo, moldeando la identidad de Merlina. ¿Cómo abordaron la evolución de ese mundo sonoro sin perder su esencia?
CHRIS BACON: Gracias por decirlo, porque ese siempre es el objetivo: que la partitura se sienta como una huella digital musical, inseparable del universo que habita. La idea para la segunda y ahora tercera temporada fue continuar esa línea: si algo funciona, no lo destruyas. Claro que hay evolución, porque los personajes cambian, surgen nuevos temas, emociones y tramas. Pero el tono general no se altera drásticamente. Se trata de mantener lo que ya respira en la serie y dejar que la música crezca al ritmo que crecen los personajes.

Cortesía de Netflix
Merlina existe en la encrucijada entre el drama adolescente, el gótico clásico y la fantasía moderna. ¿Cómo equilibran esos registros tonales?
NICOLE WEISBERG: Curiosamente, esos mundos musicales se tocan en la armonía. El gótico y la fantasía oscura pueden coexistir sin fricción. Lo esencial es seguir a los personajes y sus emociones. Tim Burton lo hace de manera natural: mezcla lo siniestro con lo lúdico, lo elegante con lo absurdo. Nosotros reforzamos esa mezcla con canciones góticas o piezas más emocionales, dependiendo de la escena.
JEN MALONE: Esta temporada, por ejemplo, Morticia tiene un rol muy fuerte, y pudimos hacer que interpretara “Bad Moon Rising”. Ese tipo de momentos nos permite jugar con la ironía y el melodrama. La música se convierte en un espejo del tono narrativo de Burton: oscuro, sí, pero siempre divertido.

Cortesía de Netflix
La familia Addams tiene un legado musical inmenso: del tema televisivo de los sesenta a la influencia de Danny Elfman en el cine gótico. ¿Cómo dialogaron con esa tradición y dónde decidieron romper con ella?
JEN MALONE: Queríamos contemporizar ese legado. Traerlo a nuestro presente sin perder su espíritu. Por eso exploramos qué escucharían estos personajes si existieran hoy: Enid con su K-Pop, Merlina con su cello y sus piezas oscuras. También aprovechamos los talentos vocales de Catherine Zeta-Jones y Billie Piper, que cantan en esta temporada. Fue emocionante integrar eso a un universo que sigue siendo mordaz, gótico y sofisticado.

La televisión y el cine usan leitmotivs y motivos recurrentes para construir identidad sonora. ¿Cómo trabajaron esos temas musicales en esta temporada?
CHRIS BACON: Hay que empezar mencionando a Danny Elfman, que compuso el tema principal de Merlina. Su melodía es el corazón de la serie y la mantenemos como hilo conductor entre temporadas. Sam y Alfred Gough querían precisamente eso: un tema que permanezca en la mente del espectador.
A partir de ahí, cada personaje tiene su voz. Es tentador escribir un tema para todos, pero hay que saber elegir; si hay demasiados, ninguno se reconoce. Enid, por ejemplo, tiene un tema muy distinto al de Merlina, pero ambos dialogan entre sí. Pienso en la música como una manera de traducir su “aura”: cómo suenan cuando no hablan.
Esta temporada aparecen nuevos personajes —Isaac y Agnes, por ejemplo— que exigen tonos propios: Isaac tiene un color trágico y melancólico; Agnes, algo extraño pero dulce. El desafío es tomar esos motivos y adaptarlos a cada emoción: miedo, humor, ternura o pérdida. El tema debe moverse con la historia sin perder su identidad.
¿Y cómo se reflejó esa evolución emocional en el trabajo conjunto entre supervisión y composición?
NICOLE WEISBERG: Todo está en la conversación. Cada tema licenciado debía encajar emocionalmente con la partitura de Chris. Cuando una canción entra, la música original se transforma; cuando la música orquestal crece, la canción se retira. Es una danza de tonos.
JEN MALONE: Y sobre todo, nunca olvidamos que Merlina es irónica. Puede tocar una pieza solemne y al minuto siguiente burlarse de ella. Esa ambigüedad es lo que más disfrutamos: que la música sea tan inteligente y contradictoria como la propia protagonista.
CHRIS BACON: La música, al final, debe hacer lo mismo que hace Merlina: mirar al mundo con distancia, pero sentirlo profundamente. Si el espectador puede oír eso, entonces el trabajo está hecho.
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