Teresita Sánchez: “La posibilidad de cambiar la tenemos todas y todos”

Fernando Eimbcke ha construido una de las filmografías más singulares del cine mexicano contemporáneo. Desde Temporada de patos y Lake Tahoe, su mirada ha encontrado belleza en la rutina, humor en los silencios y humanidad en personajes que parecen vivir al margen del ruido del mundo. Con Moscas lleva esa sensibilidad hacia un territorio más doloroso, donde el duelo, la enfermedad y la soledad ocupan el centro del relato sin perder nunca la ternura que caracteriza su cine.

En el corazón de esa historia aparece Olga, interpretada por una extraordinaria Teresita Sánchez, la actriz de Tótem y La cazadora. Lejos de construir un personaje apoyado en grandes estallidos emocionales, la actriz apuesta por una interpretación donde cada pausa, cada mirada y cada pequeño movimiento revelan un universo interior marcado por las pérdidas. 

Conversamos con Teresita Sánchez sobre el proceso de construir a Olga, el método de trabajo de Fernando Eimbcke, la relación con Bastián Escobar y aquello que Moscas termina diciendo sobre la posibilidad de volver a abrirse al mundo después del dolor.

Tu personaje está marcado por la soledad y por una pérdida muy profunda. ¿Cómo construiste emocionalmente a una mujer que parece haber levantado unos muros tan altos alrededor de sí misma?

Fue un proceso muy de la mano de Fernando Eimbcke y también de mis propias referencias personales, que nunca dejan de existir. Todos conocemos personas que, después de pérdidas enormes o duelos que nunca terminan de resolverse, levantan ese tipo de murallas alrededor de sí mismas.

Pero también es un trabajo profundamente colectivo. El equipo te viste, te maquilla, prepara el espacio donde vive el personaje. El departamento, los objetos, el arte, todo empieza a construir quién es esa mujer. Muy poco se hace realmente en solitario. Lo que sí corresponde únicamente al actor es ese ejercicio de introspección, preguntarse constantemente cómo reaccionaría uno frente a una experiencia semejante.

En Moscas, gran parte de la transformación de Olga ocurre a través de gestos mínimos, miradas y silencios. ¿Qué tan desafiante fue transmitir tanto diciendo tan poco?

Muchísimo. Y creo que ese reto existe porque Fernando es un director que cuida absolutamente cada detalle. Es una persona que observa el mínimo movimiento. Entonces había que lograr que, con un gesto muy pequeño, existiera todo un universo emocional detrás. Eso exigía una concentración enorme. Había que contener muchísimo sin dejar de comunicar todo lo que estaba ocurriendo dentro del personaje.

Fernando suele encontrar poesía en la vida cotidiana. ¿Cómo influyó su manera de dirigir en la construcción de Olga?

Influyó completamente. Yo iba de la mano de Fernando, de su mirada y de su concepción de la historia. Además, él también escribió el guion, así que conocía perfectamente a Olga desde hacía mucho tiempo. Sabía cada gesto, cada decisión, cada emoción. En ese sentido fue mi maestro, mi guía para darle forma y vida al personaje.

Cortesía Cineplex

La relación entre Olga y Cristian evita el sentimentalismo fácil. Poco a poco construyen un vínculo que termina siendo profundamente conmovedor. ¿Qué fue lo más importante para ti al desarrollar esa relación?

Lo más importante era que el espectador creyera absolutamente en esa relación. Esa era mi gran meta. Para lograrlo había que construir el vínculo también fuera del rodaje. Bastián es un niño lleno de energía, de vitalidad, de una fuerza impresionante. Era importante acompañarlo, estar pendiente de él, generar confianza, jugar, compartir. Todo eso termina apareciendo frente a la cámara. El vínculo tenía que existir dentro y fuera de la película.

¿Crees que Moscas, en el fondo, habla del miedo a volver a vivir después del dolor?

Sí. Estoy completamente de acuerdo. Después de pérdidas tan profundas no aparece el odio ni la maldad. Lo que aparece es el miedo. El miedo a volver a sentir, a volver a querer, porque eso implica también la posibilidad de volver a sufrir de una manera devastadora. Creo que Olga vive exactamente desde ese lugar.

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La película observa con mucha delicadeza tanto la infancia como la vejez. ¿Qué descubriste sobre esas dos etapas durante el rodaje?

Descubrí algo muy bonito. Para mí la palabra “envejecer” pierde fuerza mientras uno conserve la capacidad de jugar. Tengo 62 años y sigo siendo una persona profundamente lúdica. Me encantaba jugar con Bastián, entrar en dinámicas que, según muchos, no corresponderían a mi edad.

Eso me hizo pensar que quizá estoy envejeciendo en sentido contrario al que normalmente nos impone la sociedad. Quiero seguir siendo una persona curiosa, vital y abierta al juego.

Fernando seguramente me respondería que debo encontrar mi propia interpretación, pero quiero hacerte la misma pregunta. ¿Qué representan para ti las moscas?

Creo que las metáforas funcionan precisamente porque cada espectador puede apropiarse de ellas. Para mí las moscas representan el microcosmos donde vive Olga. Esa pequeña realidad que ella ha construido para sí misma. También representan aquello que la incomoda constantemente, ese mundo exterior que insiste en entrar en su vida.

Pero al mismo tiempo una mosca también pertenece a un universo fascinante. Es un insecto que muchas veces rechazamos por desagradable, pero que también forma parte de un ecosistema enorme. Me gusta pensar que la película deja abiertas todas esas posibilidades.

Después de interpretar a Olga, ¿qué crees que esta mujer puede enseñarnos sobre la compañía, la vulnerabilidad y la posibilidad de cambiar cuando creemos que ya es demasiado tarde?

Justamente eso: que siempre existe la posibilidad de cambiar. La posibilidad de cambiar la tenemos todas y todos. Ejercitar la flexibilidad, permitir que nuestro cerebro siga transformándose, es una manera de renacer. Es recuperar cosas que creíamos definitivamente perdidas.

Creo que Olga termina enseñándonos precisamente eso.

¿Qué viene para ti después de Moscas?

Afortunadamente viene mucho trabajo. Hay proyectos muy hermosos tanto en México como en otros países de América Latina. Sigo haciendo el tipo de cine que amo hacer y con personas con las que disfruto profundamente trabajar. No puedo pedir mucho más.

Crítica: Moscas – Rolling Stone en Español

Me alegra muchísimo escuchar eso, porque lo mereces. Quiero decirte que Moscas me llegó profundamente al corazón. Tal vez porque crecí con los videojuegos, tal vez porque encontré algo de mí en Cristian, pero sobre todo porque es una película llena de humanidad. Gracias por un trabajo tan hermoso.

André, muchísimas gracias por tus palabras tan generosas. De verdad, gracias por ver la película y por este espacio. Significan mucho para mí.

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