Nightborn: “La maternidad también es aprender a convivir con el caos”

Pocas experiencias transforman tanto a una persona como convertirse en padre o madre. El cuerpo cambia, la identidad se reorganiza y el amor convive constantemente con el miedo, el agotamiento y la incertidumbre. Nightborn, la nueva película de Hanna Bergholm, parte de esa realidad para construir un relato de horror corporal donde el monstruo nunca es únicamente una criatura sobrenatural, sino también la materialización de las inseguridades, la culpa y el desgaste que acompañan la crianza. Tras la extraordinaria Hatching, la directora finlandesa vuelve a convertir un conflicto profundamente humano en una pesadilla física donde el verdadero terror nace de aquello que muchas veces resulta imposible decir en voz alta.

Seidi Haarla (Rompehielos) y Rupert Grint (Harry Potter) nos hablaron sobre la maternidad como una experiencia caótica, la dificultad de aceptar emociones consideradas “prohibidas”, el papel de la negación dentro del amor y por qué Nightborn nunca intenta ofrecer respuestas sencillas sobre aquello que significa formar una familia.

Cortesía de Shudder

Seidi, Saga no teme realmente a lo desconocido. Lo que más la aterra es descubrir que sus propios instintos podrían estar diciéndole la verdad. ¿Qué fue lo que más te perturbó de esa idea?

SEIDI HAARLA: Creo que todos podemos identificarnos con esa sensación. Como seres humanos necesitamos creer que tenemos el control de nuestras vidas. Queremos saber qué está ocurriendo, distinguir claramente qué es real y qué no lo es.

Pero tener un hijo destruye esa ilusión. La maternidad es un portal hacia el caos. Te obliga a renunciar al control y a abrirte a un desorden que también existe dentro de ti. Y aceptar ese caos, más que combatirlo, termina siendo parte del proceso de convertirse en madre.

Cortesía de Shudder

Rupert, Jon quiere proteger a su familia, pero al mismo tiempo necesita convencerse de que todo tiene una explicación racional. ¿Crees que la negación también puede ser una forma de amor?

RUPERT GRINT: Sí, creo que esa es una lectura muy interesante. Jon vive una situación muy complicada. Ha abandonado completamente su vida para instalarse en un país cuya lengua ni siquiera domina. Se siente aislado y prácticamente toda su estabilidad emocional depende de Saga. Por eso hace todo lo posible por mantener esa relación funcionando.

El problema es que simplemente no tiene las herramientas para comprender lo que ella está viviendo. Está construyendo la casa, trabaja constantemente, siempre parece estar ocupado con otra cosa y termina sin ver realmente a su esposa. Creo que su corazón está en el lugar correcto. Quiere hacer lo correcto todo el tiempo, pero no encuentra la manera de acercarse a ella.

Además, la película nunca termina de decirnos si todo lo que ocurre pertenece realmente al terreno de lo sobrenatural o si estamos viendo otra cosa completamente distinta. Esa ambigüedad hace muy interesante la relación porque permite que cada espectador complete la historia desde su propia experiencia.

Cortesía de Shudder

Seidi, la película nunca separa la maternidad del horror. ¿Por qué seguimos sintiéndonos incómodos frente a esa asociación?

SEIDI HAARLA: Porque durante siglos nos han contado una única versión de la maternidad. La madre debía ser siempre buena, amorosa, paciente, protectora. Como si únicamente pudiera experimentar sentimientos puros. Pero esa expectativa resulta profundamente injusta.

Es una carga muy pesada para cualquier mujer. Creo que apenas ahora estamos empezando a cuestionar esa imagen perfecta de la madre… (ríe) Perdón… había encontrado una idea y se me acaba de escapar.

(Minutos después, la actriz retomó espontáneamente la respuesta.)

Ahora la recordé. Muchas veces creemos que convertirnos en madres automáticamente nos convierte también en mejores personas. Es una fantasía muy peligrosa. Vivimos pensando que una madre no puede sentir rabia, miedo, frustración o incluso desear ponerse a sí misma por delante de su hijo en determinados momentos. Y eso es profundamente inhumano. 

No podemos amputar una parte de nuestras emociones simplemente porque hemos tenido un hijo. La ira, el miedo, el cansancio… todas esas emociones siguen existiendo y necesitan ser reconocidas. Ser madre también significa reconciliarte con la niña que todavía vive dentro de ti. Paradójicamente, la maternidad me ha enseñado mucho más sobre mí misma que sobre mi propia hija. Ese ha sido el aprendizaje más valioso. Y también el más aterrador.

Cortesía de Shudder

Rupert, Nightborn parece sugerir que, en ocasiones, el amor por sí solo no basta para sostener una relación. ¿Crees que esa es la idea más oscura de la película?

RUPERT GRINT: Sí… creo que podría decirse que sí. Hay muchísimo amor entre Jon y Saga. Nunca dudé de eso. Pero durante los ensayos hicimos un ejercicio muy curioso que terminó ayudándome a entender mejor la relación entre ambos.

Ensayamos durante varias semanas una coreografía de baile y una pelea física al mismo tiempo. Al principio me parecía una idea extraña, incluso me generaba cierta resistencia, pero terminó siendo una experiencia muy útil. Ambas secuencias hablaban exactamente de lo mismo. Nos permitían explorar la intimidad, la cercanía, el conflicto y la reconciliación sin necesidad de utilizar palabras. Todo ocurría a través del cuerpo.

Cuando vi la película terminada comprendí que ese trabajo estaba presente en toda la relación entre Jon y Saga. Hay muchas cosas que ellos nunca consiguen decirse, pero que aparecen constantemente en la manera en que se acercan, se alejan, se tocan o se enfrentan. Fue una preparación muy especial y creo que terminó definiendo buena parte de la película.

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