La noticia corría como un rumor desde hacía meses, pero se confirmó la semana pasada cuando, a través de una publicación en sus redes sociales, la disquería y librería Zivals anunció que su icónico e histórico local de la porteñísima esquina de Corrientes y Callao corre riesgo de ser expropiado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
El motivo es la construcción de una estación de la futura Línea F del subte. Sin embargo, desde la disquería sostienen que existen soluciones alternativas que no implicarían ni expropiar ni demoler el edificio que ocupan desde marzo de 1971. Punto de encuentro cultural y de intercambio melómano, Zivals forma parte de la educación sentimental de varias generaciones de porteños. El reciente mural de Charly García firmado por Martín Ron en su terraza es una referencia y un homenaje al compositor, pero también a la ciudad. Zivals fue una de las primeras disquerías en vender los discos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota a mediados de los 80, y uno de los puntos de expendio de entradas para conciertos históricos, como la llegada del grupo al estadio de River Plate en abril de 2000.
Este lunes, Fernando Láviz, referente de Zivals —que cuenta con un staff de 30 personas—, publicó una carta abierta dirigida al Gobierno de la Ciudad. “En estos días, la ciudad respondió como pocas veces la vimos responder. Miles de personas se hicieron eco de lo que está en juego en Callao y Corrientes, y una parte importante de la prensa lo tomó y lo puso en discusión. Gracias. La conversación pública que se abrió es exactamente la que este proyecto necesitaba y que hasta ahora no había tenido”, sostiene al inicio.
“En medio de esa repercusión, el Ministerio de Movilidad e Infraestructura salió a decir que está en conversaciones con Zivals para buscar una ‘salida de convivencia’, un eufemismo que sugiere que se puede construir la estación y, al mismo tiempo, mantener el local. Queremos ser claros con ustedes, y con la ciudad, sobre por qué eso no es una salida. No lo es, y no puede serlo”, asegura.
Aparece, entonces, la primera consigna: “No estamos defendiendo un negocio”.
Zivals fue declarado sitio de Interés Cultural por la Legislatura Porteña, y eso es lo que el texto intenta resaltar: “Si esto fuera un negocio, ya lo habríamos negociado. Un negocio se mide en metros cuadrados, en indemnización, en cash flow proyectado. Un negocio se relocaliza. Zivals no. Lo que estamos defendiendo es otra cosa, y no es fácil de nombrar. Durante 55 años elegimos hacer una sola cosa: vender discos y libros. Nunca abrimos un café. Nunca diversificamos para asegurar más caja. Nunca apostamos a otro rubro que amortiguara el riesgo. Esa pureza es, también, nuestra identidad. Lo que Zivals es, es tanto lo que hacemos como lo que decidimos nunca ser. Y tal vez por eso las autoridades no lo contemplan”.

Láviz sostiene que un local nuevo (“más chico, ‘convivido’ con una estación, o vestido con los mismos carteles en otra dirección”) le haría perder la esencia de la marca. “Es otra cosa con el mismo nombre. Y lo intangible —lo que Dalí llamaría el aire— se pierde de manera irreversible en el momento en que se corta la continuidad del lugar”, afirma. “Y hay además un dato de la vida comercial de esta ciudad que no se puede ignorar: todos sabemos que un comercio en primer o segundo piso —que es lo que se ofrece como convivencia— cierra a los pocos meses de abrir. La planta baja, la vereda, la vidriera a la calle son las que sostienen la viabilidad de un negocio como el nuestro. La ‘convivencia’ que se propone no es un salvavidas: es una condena diferida”.
En la argumentación hay algo más que la fórmula de convivencia no dice: el tiempo. Cualquier esquema de cierre y reapertura implica una interrupción de al menos tres años de obra. “Y una comunidad de 55 años no espera tres años suspendida en el aire: se disgrega, migra, se acostumbra a otra cosa. El hábito de la esquina, en tres años, deja de ser hábito. La continuidad rota no vuelve”, advierte. Y agrega que existen alternativas técnicamente superiores y económicamente mejores: “La Ciudad tiene en su propio archivo un proyecto anterior —la Estación Tucumán 2×1— que resuelve el trasbordo entre las Líneas B y D en una única estación, con accesos en dominio público, sin expropiar ningún inmueble. Además, en el propio Pasaje Discépolo —a metros de acá, también dominio público— se pueden emplazar los accesos a la Estación Corrientes sin demoler nada. Ambas alternativas fueron formalmente presentadas al Ministerio. Ninguna de las dos fue respondida en términos técnicos”, asegura. “Ese es el fondo real de la cuestión: no estamos frente a una obra pública que necesita a Zivals para poder hacerse. Estamos frente a una obra pública que eligió hacerse sobre Zivals, teniendo alternativas más económicas, más funcionales y sin costos culturales”.
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