Para Julio Reyes Copello, la música no empieza cuando se oprime el botón de grabar. Empieza mucho antes: en la memoria, en la emoción y en la capacidad de un artista para conectarse con aquello que quiere dejar en el mundo. Después de trabajar con algunas de las voces más importantes de la música latina, el productor colombiano sigue defendiendo una idea casi espiritual del oficio: una canción no es simplemente una pieza de entretenimiento, sino una prueba de vida.
Desde Art House Academy, en Miami, Reyes ha creado un ecosistema para formar a una nueva generación de músicos, productores y creadores bajo una filosofía que parece ir en contravía de la velocidad actual de la industria: menos números, menos algoritmos y más búsqueda interior.
En conversación con Rolling Stone en Español, el productor habla sobre los rituales detrás de una gran interpretación, la inteligencia artificial, la importancia del dolor dentro del proceso creativo y la responsabilidad de los artistas en una época donde la música se ha convertido en refugio para millones.
Has trabajado con artistas muy distintos. Desde tu experiencia, ¿cómo entiendes ese momento vulnerable en el que un cantante entra al estudio y entrega una interpretación?
Ese es un momento de mayor sensibilidad, de mayor celebración de la vida. Lo que uno intenta capturar ahí es ese instante súper vulnerable en el que el artista está celebrando profundamente estar vivo.
Un personaje que me enseñó muchísimo es Marc Anthony. Su ritual es muy interesante. Él siempre llega e invita a la gente que quiere, a su gente cercana. Empieza hablando, echando chistes —es un tipo simpatiquísimo— y únicamente cuando siente el amor y la gratificación de quienes estamos alrededor decide pasar al estudio.
Es casi como si estuviera poniendo a prueba su gran responsabilidad de ser un entertainer. Por eso le gusta tener público, aunque sean sus amigos. Quiere replicar lo que después va a sentir la gente en su casa cuando escuche esa música.
La emoción queda capturada en el ADN de la canción. De alguna manera tiene un efecto distinto cuando alguien la oye. Él mismo accede a otros lugares desde la voz. Cuando alguien está triste, la voz cambia; cuando alguien está feliz también. Él se prepara emocionalmente antes de entrar y cuando entra hace dos o tres tomas máximo, porque ya quedó lo que tenía que quedar.
Para mí el papel del productor y esa posición de liderazgo consiste en crear un ambiente absolutamente cómplice donde pueda sacar la mejor versión del artista.
Has trabajado todos los géneros posibles y con artistas de generaciones diferentes. ¿Qué permanece intacto en una gran canción sin importar la época? ¿Qué hace que una canción sea realmente grande?
Buenísima pregunta, Martín. Creo que las grandes canciones están respaldadas por historias que resuenan con la colección de memorias personales que cada uno tiene. Ahí hay magia.
Los compositores que más respeto y los intérpretes que más me conmueven son quienes tienen la capacidad de conectar cada cosa que están diciendo con una memoria personal.
Si estás cantando algo profundamente triste y mentalmente lo asocias con tu propia versión de esa emoción, con todas esas memorias que llevas acumuladas, la interpretación cambia. No sé explicar exactamente por qué, pero ocurre.
Eso pasa independientemente del género. Incluso lo he sentido tocando Chopin. Yo tuve mi intención de ser pianista y de ahí viene mucho de lo que hago: primero intento capturar esa audición interna, eso que estoy oyendo en mi imaginación, porque ahí habita la mejor versión de todo.
Luego conecto eso con mi colección de memorias y hago que mi versión de esa emoción pueda conmover a alguien. Lo más importante detrás de una canción y detrás de un compositor es tener vida, tener experiencias, porque eso queda plasmado en la creación musical.
Hoy muchos artistas pueden producir desde su casa y construir su propio universo sonoro. ¿Cómo defines el papel de un productor en una industria donde tantos artistas se autoproducen?
Creo que uno tiene que ser muy camaleónico y adaptarse al mindset de los artistas. Mi constante sigue siendo encontrar el camino para sacar lo mejor de ellos, incluso entendiendo cuándo uno tiene que quedarse a un lado.
Siempre me ha apasionado la educación musical. Toda esta iniciativa que empecé con Abbey Road y Art House Academy nació porque siempre he pensado que la diferencia entre el negocio de la educación y la educación real es la mentoría.
Me hace un poco de ruido que algunas universidades gradúen 150 o 200 productores. Me parece casi irresponsable porque no es una industria que dé para tanto. Esto debería parecerse más al deporte.
A nadie se le puede negar la educación musical, pero esa educación masiva debería suceder desde la infancia y la adolescencia. Cuando alguien decide dedicarse profesionalmente a esto, debería existir un acompañamiento mucho más personalizado para quienes tienen un talento excepcional.
Yo siempre he querido reducir esa brecha enorme entre la academia tradicional y la realidad. Por mi estudio pasaban artistas muy distintos y pensaba: “Qué increíble sería que un estudiante pudiera ver esto y aprender no con la cabeza, sino con el espíritu”.
Cuando compartes un espacio con un Marc Anthony, un Will Smith o una Laura Pausini, basta un minuto. Esa persona te activa el conocimiento.
Sigo con el siguiente bloque, Martín:
Hablabas de que un estudiante puede aprender más compartiendo un espacio con un artista que solamente acumulando información. ¿Qué buscas transmitir desde Art House Academy?
La información ya está afuera. Hoy puedes aprender prácticamente cualquier cosa en YouTube o en internet. Pero lo que no te enseñan es un mindset: cómo ver las cosas, qué buscar.
Eso es lo que he intentado compartir con la gente que pasa por acá. He sido mentor informal durante mucho tiempo de productores y cantantes, pero lo que realmente quiero transmitir es mi visión de la música para que no entren solamente por el lado del negocio, que es el lado más oscuro.
Yo siempre he visto la música como algo sagrado. En serio. Para mí todos los artistas somos predicadores de nuestra versión de la belleza.
Mi versión de la belleza es rarísima. Está hecha de Bach, Ravel, Queen, Peter Gabriel, Nine Inch Nails… Todas esas cosas hermosas que consumí se quedaron en mi imaginación y formaron mi propia versión de la belleza.
Como creativo, lo único que tengo que hacer todos los días es capturar esa versión de la belleza y traerla a esta realidad en su estado más puro, libre de las expectativas de la industria, de la familia o de los amigos.
Cuando uno logra hacer eso, es feliz. Y eso también te lleva a redefinir el concepto de felicidad, porque claramente no está asociado únicamente con el dinero. He conocido billonarios absolutamente infelices y vacíos.
Obviamente tenemos que sobrevivir y encontrar nuestra manera de vivir de esto, pero no podemos depositar toda nuestra felicidad en esas expectativas.
No sé cómo he hecho, Martín, pero he logrado mantener el negocio afuera. A mi estudio solamente entra la parte creativa. Siguen estando las mismas cosquillas y las mismas mariposas en el estómago que sentía a los cinco años cuando veía un piano. He protegido eso de la industria.
En una época donde muchos entran a la música buscando números o resultados inmediatos, ¿cómo se protege esa relación con el arte?
Es celebrar la vida todos los días. ¿Qué es si no capturar tu versión de la belleza y traerla?
¿Para qué se educa uno? Para entrenarse y poder capturar esas visiones que son fugitivas. Llegan a tu cabeza y si no tienes las herramientas se van.
Puedes pensar: “Esto que estoy escuchando es un re menor, pero el ritmo es este, ¿cómo lo puedo orquestar?”. Uno estudia para traer esa visión a la realidad de la manera más pura posible.
Cuando estoy en crisis pienso: “Yo vine a este mundo para esto”. Eso me ha mantenido feliz. Además, nadie sabe cuándo se va a morir. Uno puede salir del estudio y nada está garantizado.
Si uno vive entendiendo que la muerte es una constante, también tiene que vivir en un estado de agradecimiento.
Para mí esa es la definición de inspiración: un acto de agradecimiento profundo por estar vivo.
El esfuerzo que hacen los compositores por capturar un momento y volverlo eterno es una forma de demostrar que sí valió la pena vivir.
La música es una fotografía emocional de ese estado de agradecimiento. Incluso cuando estás atravesando un despecho terrible, la música acelera el duelo. Te acompaña. Te ayuda a sanar.
Por eso estos conceptos son atemporales. Es lo que intento regalarles a los chicos que pasan por acá: una manera de entender lo que hacen cuando la presión de la industria aparece.
Después de trabajar con tantos artistas, ¿has encontrado algún patrón entre quienes logran trascender? ¿Qué necesita tener el artista del futuro?
Sí hay patrones. Uno como productor y mentor tiene que aprender a convivir con procesos que a veces incluso son dolorosos.
Muchas veces uno tiene que retirarse de la carrera de ciertos artistas porque eso también hace parte de su búsqueda.
El artista está intentando seducir al mundo, y eso requiere un acto enorme de amor propio.
Cuando entran al booth les digo: “Aquí tienes que conectarte con tu mejor versión. Tienes que amarte, porque eso mismo va a recibir la gente”.
Los artistas están en el negocio de la seducción masiva. Hoy, además, vivimos en una sociedad tan disfuncional que los proyectos que realmente conectan no dependen solamente del talento.
Mira el fenómeno de Karol G. Ella se convirtió en una voz para muchas mujeres dentro de una sociedad machista. Lo logró con su espontaneidad y sinceridad. Las canciones fueron el vehículo, pero lo más poderoso es lo que ella representa.
Bad Bunny representa el orgullo latinoamericano frente a mucha discriminación que hemos vivido. Construyó un lugar donde la gente puede decir: “Me siento orgulloso de ser latino, con todas mis imperfecciones”.
Por eso cuando trabajo con artistas jóvenes les pregunto: “¿De qué está hecho tu templo? ¿Dónde tienes autoridad emocional para hablar?”. En el programa de artistas puedo pasar un año entero trabajando esa parte y a veces no alcanza.
Entradas Recientes
- Zara Larsson firma con RCA Records
- Julio Reyes Copello: “Los artistas somos predicadores de nuestra propia versión de la belleza”
- Las canciones más importantes de Lauren Bennett, 'Party Rock Anthem' para GRL
- Madonna comparte la película de BTS 'Confessions II' con Benedict Cumberbatch y más
- Concierto de Gustavo Dudamel y LA Phil para la ayuda tras el terremoto de Venezuela
- Trump elogia a la 'caliente' Nicki Minaj en el almuerzo presidencial
- El cantante de 'DWTS' audiciona para 'AGT' y canta 'Dream On' de Aerosmith: vídeo
- 'Llegaré al fondo del asunto'
- 20 preguntas sobre la escena rave de los 90, DJ Dan y más
- Star gana demanda por derechos de autor sobre letras
- Canciones que México hizo virales durante el Mundial 2026
- Muere el cantante de 'Party Rock Anthem' y miembro de GRL
- Jamie Bell: “Mientras más tiempo vivimos escondidos, más destruimos nuestra propia vida y la de quienes amamos”
- DistroKid adquirido por CVC Capital Partners
- Bunnie Xo fue aceptada en la universidad en medio del divorcio de Jelly Roll


