“Hoy Takashi es el fokin chef”: Álvaro Díaz presenta Omakase

“Yo creo que lo más cool es que empiezo una historia desde cero, y eso es lo que más me emocionó de este proyecto”, comenta Álvaro Díaz a ROLLING STONE en Español sobre Omakase, su lanzamiento más reciente, durante su paso por Bogotá.

En medio de su visita al país, el puertorriqueño aprovechó la ocasión para compartir un momento especial con sus fanáticos desde una terraza en la conocida Zona T de la capital, donde —frente a una gran multitud de seguidores con pancartas, gorras y camisetas referentes a su trayectoria— presentó algunos adelantos del disco, el primero en dos años, rodeado de incógnitas, pistas, grandes sencillos y, sobre todo, un concepto simple pero poderoso: hacer lo que le dé la gana.

Como explica el mismo Álvaro, este nuevo trabajo llega después de dos arcos fundamentales dentro de su carrera: Felicilandia y SAYONARA —reconocido por ROLLING STONE en Español como el mejor lanzamiento hispano de 2024—, proyectos con los que alcanzó reconocimiento internacional gracias a una propuesta disruptiva que nunca se limitó a un solo género, abarcando desde reggaetón y sonidos más cercanos a lo urbano, hasta el R&B y corrientes alternativas, a la par que consolidaba un universo narrativo propio. “Siento que Felicilandia tenía una idea clara desde el principio, SAYONARA también, y estaban conectados de cierta manera. La misma historia de amor en la vida real es la que inspira ambos álbumes”, comparte Díaz.

De esa manera, mientras el primero exploraba un imaginario fantasioso, melancólico y emocional bajo la idea de un parque de diversiones donde “los niños tristes buscan ser felices”, el segundo funcionó como el cierre definitivo de esa historia: un adiós marcado por la despedida, el duelo y la necesidad de cerrar puertas. Es precisamente desde ese final donde nace Omakase, un disco construido desde la libertad absoluta.

Proveniente de la gastronomía japonesa, el concepto de omakase (おまかせ) consiste en dejar la experiencia culinaria en manos del chef, confiando plenamente en su criterio y visión. Díaz adapta esa idea en este nuevo proyecto, donde el oyente simplemente debe dejarse llevar por lo que el artista quiera servir.

“No solamente quería crear un álbum; quería crear una experiencia para todos ustedes”, reveló el cantante mediante un audio publicado en SoundCloud. “Me enamoré de poder contar una historia sobre el proceso de cómo cocinamos y compararlo con cómo cocinamos en el estudio”. De esa manera, Álvaro señala que “quería esa libertad de poder empezar de cero, de poder enamorarme de sonidos nuevos, enamorarme de todo de nuevo, y creo que eso me ayudó a no sentir que estaba limitado por algo”.

La relación de Álvaro con la cultura japonesa no es reciente. A lo largo de su carrera, el puertorriqueño ha dejado ver una fascinación constante por el cine, el anime, la moda y la estética nipona, referencias que atraviesan desde lo visual hasta lo conceptual dentro de su música. “Desde pequeño, viendo películas de Studio Ghibli, siempre me llamaba la atención la cultura japonesa”, explica el cantante. “Cuando vi Akira por primera vez me acuerdo que me voló la cabeza. Yo creo que por ahí empieza el amor”.

Más allá del entretenimiento, Díaz recuerda sentirse atraído desde niño por el estilo visual del país del sol naciente, incluso sin entender completamente su significado. Posters de películas con tipografías en japonés, portadas inspiradas en publicaciones japonesas y, eventualmente, un viaje a Tokio —ciudad que describe como “una de las que más te explota la cabeza”— terminaron consolidando una influencia que hoy atraviesa gran parte de su universo creativo.

Más allá de la estética y las referencias culturales, Omakase adopta incluso la lógica de la cocina dentro de su estructura. El álbum está dividido en cuatro fases —cada una compuesta por cuatro temas— inspiradas en la preparación de un plato.

La primera, conformada por ‘SICHEF.’, ‘MDF.’, ‘SELEDA.’ y ‘BIMEL.’, representa la etapa cruda de la preparación: el momento en que todos los ingredientes están sobre la mesa, algunos incluso aún descongelándose y sin nada listo todavía. La segunda, integrada por ‘PIENSO EN TI.’, ‘PERDISTE EL EMMY. (ft. Tainy)’, ‘TREINEL. (ft. Rubí)’ y ‘EN LA MISMA CIUDAD. (ft. Jesse Baez)’, simboliza el instante en que el chef comienza a sazonar y condimentar cada elemento.

La tercera fase —compuesta por ‘KILO. (ft. Akriila)’, ‘BABYRECORDS.’, ‘SPACEXXX.’ y ‘MALASNOTICIAS. (ft. Latin Mafia)’— representa el momento en que la preparación finalmente pasa por el fuego y termina de cocinarse. Por último, la cuarta parte, constituida por ‘INAROW62.’, ‘NO PODEMOS SER AMIGOS.’, ‘OVELNAIT.’ y ‘LAULTIMACENA.’, refleja el momento del emplatado: “lo que queda cuando ya está todo cocinado”, llevando el recorrido desde lo más visceral hasta el instante final de servir la experiencia completa al oyente.

A partir de ese concepto, Díaz se permite explorar sonidos y emociones que, según él mismo afirma, difícilmente habrían tenido espacio dentro del universo de sus trabajos anteriores. “Hay canciones en este proyecto que quizás no se hubiesen sentido en SAYONARA o en Felicilandia. Temas como ‘SICHEF.’, ‘MDF.’, ‘OVELNAIT.’ o ‘LAULTIMACENA.’ tal vez no harían sentido ahí, pero aquí caen perfecto, y más porque todo está en las manos del chef”, comenta.

Esa libertad también se traduce en la manera en que el disco atraviesa distintos estados emocionales a lo largo de sus cuatro etapas, pasando de canciones más agresivas a otras marcadas por el agradecimiento, el deseo o una visión más pura del amor. Díaz compara ese recorrido con el mismo proceso de cocinar: “Puedes escuchar una canción súper ruda, una canción súper agradecida, una canción de amor un poco sexual y de momento una canción de amor más pura”, detalla el artista, quien además señala que el oyente puede incluso identificar momentos donde “se nota que aquí estaba crudo todavía”.

WAIV

Esa misma intención de construir una experiencia cuidadosamente diseñada también se refleja en las colaboraciones del álbum. Más allá de reunir nombres por impacto o popularidad, Álvaro Díaz asegura que cada artista invitado fue pensado para ocupar un lugar específico dentro del proyecto. “A mí me gusta crear un momento para los artistas invitados”, cuenta el cantante, recordando colaboraciones pasadas como la de Nsqk en ‘MAMI 100PRE SABE (INTERLUDE)’. “Yo no tengo cien canciones y digo: ‘móntate en cualquiera’. No. Yo pienso ‘esto es lo que quiero hacer con este artista’”.

Uno de los featurings que mejor representa esa idea es ‘KILO.’ junto a Akriila, una de las artistas más relevantes de la escena alternativa hispana y con quien Díaz mantiene una relación cercana desde hace varios años. El puertorriqueño explica que descubrió su música gracias a Pablito —manager de Tainy—, quien le recomendó escuchar ‘MONA XINA.’. “Escuché esa canción y me explotó la cabeza”, cuenta. “Y de casualidad iba para Chile la otra semana y ahí la conocí”. También revela que originalmente estaba previsto que participara en Epistolares, el debut de la chilena, aunque finalmente no logró concretarlo debido a su agenda de conciertos.

Desde entonces, la relación entre ambos artistas fue creciendo hasta desembocar finalmente en este disco. Según comparte Díaz, mientras trabajaba en ‘KILO.’ entendió rápidamente que Akrii era la única artista capaz de llevar la canción al nivel que estaba buscando. “Teníamos unas voces de FKA twigs que íbamos a usar, pero al final terminamos usando un terminadito de ella y yo dije ‘la única artista que puede hacer algo aquí a este nivel es Akrii’”.

El resultado terminó convirtiéndose no solo en una de las colaboraciones más llamativas, sino también en un momento importante para la artista chilena, marcando su primera vez trabajando junto a nombres como Tainy o El Guincho. “Ellos estaban súper pompeados con ella y ella súper pompeada por eso”, añade Díaz. “Fue bien cool”.

Dentro del universo conceptual del proyecto, uno de los elementos más llamativos para el público fue el símbolo que representa el álbum (>|falleció en febrero de este año.

La idea surgió durante las primeras conversaciones alrededor de Omakase, cuando Milkman —a quien describe como “un fucking genio creativo”— insistió en que la cara del trabajo debía centrarse visualmente en la letra K y no en la O del título. “Cuando él vio el nombre me dijo ‘cabrón, no puedes usar la O, tienes que usar la K’”, recuerda Díaz. “Vino, escribió omakase, circuló la K y me dijo ‘tienes que hacer algo con esto’”.

A partir de ahí, el cantante comenzó a buscar un significado alrededor de la letra hasta encontrar inspiración en el símbolo utilizado para cerrar las puertas de los ascensores, una imagen que terminó conectando directamente con el concepto detrás del disco y el cierre emocional de SAYONARA. “Cuando decimos adiós, ¿qué hacemos? Cerramos puertas”, explica el puertorriqueño. “Y cuando tienes la oportunidad en tu vida de sentirte atado a algo y de momento ser libre, te das cuenta que puedes hacer lo que tú quieras”.

Esa idea de cerrar ciclos y encontrar libertad se convirtió rápidamente en una de las bases conceptuales del álbum. Para Díaz, el símbolo no solo representa las dos Ks escondidas dentro del nombre, sino también la posibilidad de abrir una nueva etapa creativa donde pudiera experimentar sin restricciones. “Con este proyecto siento que puedo hacer lo que me da la gana, que prácticamente es lo que es un omakase: lo que al chef le da la gana”.

Con el paso de los meses, el logo terminó convirtiéndose en uno de los elementos más reconocibles de esta nueva era. Gorras, esmaltes, anillos y distintas piezas de merch —muchas de ellas incluso no oficiales— comenzaron a circular entre sus seguidores, marcando distancia con la iconografía de Felicilandia y SAYONARA, representada anteriormente por personajes como Coco y Coca. “Vi como un reto cambiar eso y creo que lo logré con el logo”, asegura Díaz. “Todo el mundo empezó a hacer su propia versión, y eso vale también”.

La influencia de Milkman dentro de Omakase no se limitó únicamente al logo del proyecto. Según cuenta Álvaro, el artista también tenía una faceta como productor y acumulaba cientos de demos inéditos que despertaban la curiosidad de todo su círculo cercano, incluyendo nombres como C. Tangana o JHAYCO.

“El cabrón, cuando le pedíamos demos y le decíamos como ‘chico, dame esta pista, acho’, nos decía ‘este demo va para mi segundo álbum, este va para el cuarto’”, recuerda Díaz entre risas. “Casi nunca nos daba sus creaciones”. Sin embargo, y de manera completamente inesperada, Milkman terminó enviándole una de esas maquetas a Álvaro. “Un día, de la nada, me manda un mensaje con un demo y me dice ‘haz lo que quieras con esa’”, cuenta el cantante. A partir de esa idea nació ‘PIENSO EN TI.’, una de las canciones más personales dentro del trabajo.

Debido a ese momento —y especialmente tras la muerte de su amigo—, Díaz señala que el tema terminó adquiriendo un valor sentimental enorme dentro del proyecto, funcionando también como una especie de homenaje involuntario a una de las mentes creativas más importantes detrás de esta nueva etapa.

“Lo que quisiera es que se lo disfruten, que no le pongan caja”, comenta Alvarito sobre lo que espera que el público se lleve después de escuchar el disco. Para este punto de su carrera, el puertorriqueño asegura que su principal interés está en seguir sorprendiéndose a sí mismo, incluso si eso significa alejarse de fórmulas seguras o sonidos cómodos. “Creo que este álbum, si vienes de escuchar SAYONARA o Felicilandia, lo vas a sentir medio unexpected, como que ‘párate, Alvarito se fue pa’l carajo’”, comenta entre risas. “Y yo creo que ese es el tipo de artista que quiero ser”.

Esa necesidad de mantenerse en constante movimiento es precisamente lo que lo llevó a experimentar con sonidos poco habituales dentro de su catálogo, como la cumbia presente en ‘PIENSO EN TI.’, además de explorar estructuras y dinámicas que, según él mismo reconoce, difícilmente encajan con lo que actualmente domina la escena puertorriqueña. “Nadie de Puerto Rico está haciendo este tipo de música, y eso me emociona porque es un súper reto”, explica Díaz. “Este disco puede irle cabroncísimo y puede irle fatal, pero mientras yo sienta que estoy tomando riesgos, siento que estoy ganando”.

Más allá del sonido, el artista también asegura que gran parte de Omakase nació de querer construir experiencias memorables alrededor de la música: listening parties en restaurantes, adelantos exclusivos para fanáticos e incluso sesiones creativas realizadas en espacios gastronómicos junto a otros colaboradores. “Siempre pienso en Alvarito de 16 o 17 años”, comenta. “Pienso qué me hubiese gustado que mi artista favorito hiciera por nosotros y trato de convertirme en ese artista”.

Bajo esa filosofía, Díaz asegura sentirse cómodo ocupando un lugar difícil de clasificar dentro de la música latina actual. “La gente que me ama no me ve como oveja negra, pero la gente de otros lados sí”, afirma. “El corillo del reggaetón no me ve como reggaetón, el corillo de la música alternativa no me ve como música alternativa, el corillo del hip-hop no me ve como hip-hop. Es como su propio universo y eso me emociona mucho”.

Al final, quizás ahí está precisamente la esencia de Omakase: un proyecto que, como el concepto japonés del que toma su nombre, funciona mejor cuando simplemente se confía en la visión del chef; uno experimental, profundamente melancólico y dueño de una de las propuestas más singulares dentro del panorama latino actual. 

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