Desde hace años, Gabriela Lena Frank se ha consolidado como una de las voces más importantes de la música clásica contemporánea en Estados Unidos. Hija de madre peruana y padre estadounidense, la compositora ha construido una trayectoria marcada por el diálogo entre la tradición académica occidental y las culturas latinoamericanas, una búsqueda que atraviesa gran parte de su obra sin caer nunca en el folclorismo superficial.
Esa sensibilidad encuentra uno de sus proyectos más ambiciosos en El último sueño de Frida y Diego, una ópera con libreto del dramaturgo ganador del Premio Pulitzer Nilo Cruz que imagina un encuentro imposible entre Frida Kahlo y Diego Rivera después de la muerte. Lejos de una biografía convencional, la obra utiliza elementos del Día de Muertos, la fantasía y la mitología clásica para explorar una relación marcada por el amor, las traiciones, la admiración mutua y el perdón.
Durante esta conversación, Frank habla sobre las decisiones creativas detrás de la ópera, la influencia del mito de Orfeo, la complejidad emocional de la relación entre Frida y Diego y la manera en que la música dialoga con las tradiciones culturales latinoamericanas.
La relación entre Frida Kahlo y Diego Rivera estuvo marcada por el amor, el dolor y la contradicción. ¿Cómo decidieron abordar esa historia?
Es una gran pregunta. Desde el principio teníamos muchísimo material disponible. En las primeras versiones del libreto aparecían personajes como León Trotsky y Cristina Kahlo. Pero rápidamente nos dimos cuenta de que esto no era Wagner; no teníamos varias noches para contar toda la historia. Había que tomar decisiones.
Nilo Cruz tenía muy claro que no quería hacer una biografía tradicional. Tampoco quería realizar una película biográfica trasladada a la ópera. Quería algo más arriesgado y más sorprendente. Buscaba revelar algo nuevo sobre ellos.
Por eso la obra no se concentra demasiado en la política. Ya existen innumerables libros, documentales y estudios sobre esa faceta de sus vidas. Lo que le interesaba era explorar la fantasía, el “qué pasaría si…”.
Frida murió tres años antes que Diego. Entonces nos preguntamos: ¿qué ocurriría si siguiera enfadada? ¿Qué pasaría si se negara a regresar durante el Día de Muertos para reencontrarse con él? Esa posibilidad nos pareció mucho más interesante.
La fantasía puede parecer libertad absoluta, pero en realidad exige una enorme honestidad emocional. Aunque la historia sea imaginaria, el público tiene que creerla. Tiene que sentirse real.

La obra incorpora elementos del mito de Orfeo y Eurídice. ¿Cómo surgió esa conexión?
Fue algo que apareció de manera orgánica. Cuando Nilo decidió que la historia estaría vinculada al Día de Muertos, no pensó inmediatamente en Orfeo y Eurídice. La relación surgió después.
Hay diferencias muy importantes. En el mito clásico es el hombre quien intenta recuperar a la mujer. Aquí sucede lo contrario: es Frida quien regresa desde el mundo de los muertos.
Además, ella viaja del reino de los muertos al de los vivos, mientras que en la tradición griega ocurre al revés. Sin embargo, ambas historias comparten algo fundamental: existe una regla que no puede romperse.
En Orfeo y Eurídice, él no puede mirar hacia atrás. En nuestra ópera, Frida recibe una advertencia muy clara: puede volver a ver a Diego, pero no puede tocarlo. La Reina del Inframundo le explica que si lo toca volverá a experimentar todo el dolor de su vida: el accidente, las enfermedades, las traiciones, las heridas emocionales. Por supuesto, Frida termina tocándolo. Lo abraza. Y cuando eso ocurre, toda esa experiencia dolorosa regresa de golpe. Ahí es donde la ópera encuentra uno de sus grandes momentos emocionales.

Actualmente Frida Kahlo suele verse como un símbolo de independencia y autonomía. Sin embargo, su relación con Diego estuvo marcada por profundas tensiones emocionales. ¿Cómo abordaron esa contradicción?
Era muy importante no simplificarla. No queríamos convertir a ninguno de los dos en héroe o villano. Creo que todos tenemos algo de Diego y algo de Frida en nuestras propias relaciones. Ellos se amaban profundamente, pero también eran capaces de volver loco al otro. Había admiración, pasión, intereses políticos compartidos y una conexión artística extraordinaria. Pero también existían conflictos constantes. Además, eran celebridades. Eran figuras observadas permanentemente por el público. Fueron gigantes culturales incluso durante su propia vida.
La obra no evita el dolor. Frida habla de ese sufrimiento una y otra vez. Durante buena parte del primer acto insiste en que no quiere regresar. Se pregunta por qué tendría que volver a ver a Diego después de todo lo que ocurrió.
Hay una razón que termina haciéndola cambiar de opinión, aunque prefiero no revelarla porque forma parte de la experiencia de la obra. Lo que sí puedo decir es que la ópera también habla sobre el perdón. Y el perdón es algo que todos buscamos, ya sea dentro de nuestras familias, nuestras amistades o nuestras relaciones amorosas.
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