Florián tuvo su bautismo tanguero en el CAFF, en compañía de músicos amigos y de su padre Vicentico

El Club Atlético Fernández Fierro tiene ese no sé qué… Allí fue donde el tango recuperó su mística a mediados de la década del 2000, con la polenta desbordada de la Orquesta Típica Fernández Fierro al palo. Y desde entonces, se desarrolló como un espacio con identidad porteña en pleno Abasto, pero siempre abierto a los cruces, tanto generacionales como de género.

Con ese espíritu entonces, en una noche que muy probablemente agigantará su leyenda con el paso del tiempo, Florián cerró su ciclo de conciertos íntimos Actos de Gentileza, en donde el también guitarrista de Los Fabulosos Cadillacs se presentó en sociedad como cantor, acompañado por una formación (a)típica de contrabajo, violín y guitarra (más percusión y bombo según la ocasión y piano en las manos del mismo Florián), y con muchos amigos músicos invitados. Tangos clásicos (el concierto comenzó con “Cuesta abajo” y terminó, tres horas después, con “Cambalache”) y un repertorio propio y ajeno (ayer sonaron canciones de su último disco, De fábrica, así como también temas de Turf, de los Cadillacs y de Sandro, entre otros) con aires de tango y milonga. Una fiesta popular (con entrada gratuita) arriba y abajo del escenario (pasaron por las tablas más de veinte artistas), que inevitablemente por estos días linkea con la peña folclórica que Milo J y Mex Urtizberea montaron con FAlklore!.

Así, Florián jugó de anfitrión generoso, cantando micrófono en mano en el centro de la escena, pero también corriéndose a un costado, una y otra vez, para dejar lucir a sus invitados, sea dejando solo arriba del escenario a Joaquín Perrone, un niño bandoneonista de 13 años (“para quien piense que el tango es solo nostalgia”), acompañando con guitarra la voz de Chechi de Marcos o prestándole su audiencia a la tanguera Lucrecia Merico.

Para cuando se sentó en el piano para una exquisita versión de su último lanzamiento, el tema “Gentileza”, quedó en claro que lo de Florián con el tango es cosa seria. Joaquín Levinton y Lea Lopatín pasearon con dos temas de Turf (“Cuatro personalidades” y “Pasos al costado”), K4 estrenó un tema con su habitual oscuridad, mientras que Feli Colina y Santi Motorizado se subieron a las canciones que habían grabado en De fábrica (“Condenada” y “Rincón”, respectivamente).

También pasaron por esta última sesión La Piba Berreta, Cucuza Castiello y, de emotivo plato principal, Vicentico. Padre e hijo, cara a cara, entonaron primero los versos de “Vasos vacíos” y Florián no pudo contener las lágrimas sobre el final, mientras cantaba eso de “ay viejo, en este juego, a mí siempre me toca perder”. Luego siguieron con “Los condenaditos” (de La marcha del golazo solitario), a la que Vicentico le incrustó “La última curda”, y el miniset familiar cerró con “Demasiada presión”, con la colaboración de Cucuza.

FOTO: AGUSTÍN DUSSERRE

Florián tuvo su bautismo tanguero en el CAFF con una puesta de kermese porteña que dejó una de las postales musicales del año. Como ese momento final, con todos los músicos arriba del escenario, abrazados, cantando mano a mano y a grito pelado con la joven audiencia que disfrutó tres horas de música, los versos de “Cambalache”, que siguen tan vigentes como en el siglo XX: “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor. Ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador. Todo es igual, nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor. No hay aplazaos ni escalafón, los inmorales nos han igualao. Si uno vive en la impostura y otro roba en su ambición, da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o poilzón”.

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