Carolina Miranda: “El éxito no es la fama”

Carolina Miranda Olivera se ha consolidado como una de las actrices mexicanas con mayor proyección internacional en la última década. Desde su irrupción como Vicenta Acero en Señora Acero hasta sus protagónicos en producciones globales como ¿Quién mató a Sara?, El hilo rojo y Perfil falso, ha transitado con naturalidad entre televisión, cine y teatro. A veces una conversación encuentra su ritmo en el lugar menos esperado. Lejos del ruido de los sets de filmación y la velocidad de la industria audiovisual, esta charla con Carolina Miranda ocurre en un contexto singular: un recorrido por los Alpes suizos, donde el paisaje invita a detenerse, observar y pensar con calma sobre disciplina emocional, madurez profesional y la búsqueda constante de crecimiento artístico.

Carolina, tu carrera ha transitado entre la televisión abierta, las plataformas de streaming y el cine. ¿Cómo percibes la evolución de tu oficio en esos distintos formatos?

Se vuelve complicado cambiar de novela a serie, de serie a cine, de cine a teatro. Tenemos pantallas grandes en el cine, pantallas pequeñas, y eso implica manejar otro tipo de tono al momento de interpretar. En cuanto a la evolución de mi carrera, creo que ha sido cada vez más fuerte y demandante en el sentido de acertar con esos tonos y con lo que los directores buscan.

¿Qué tan importante es para ti la construcción psicológica de un personaje antes de entrar al set? ¿Trabajas con algún método o herramienta en particular?

¿Sabes qué? Mi parte favorita de la carrera es la creación y el desarrollo de personajes. Creo que es ahí donde el actor tiene todas las herramientas para crear, interpretar y hacer algo diferente.

De pronto me dicen: “Qué buenos personajes te tocan”, y sí, los personajes son muy buenos, pero es muy importante la función del actor, que desarrolla una parte más profunda o diferente a lo que dice el guion. Para mí es clave. Hace algunos años gané un Arlequín por creación y desarrollo de personaje, justamente, y siento que ese es el momento en que uno está conectado con lo que quiere interpretar durante varios meses y cómo lo va a ir desarrollando.

En producciones donde el impacto emocional es muy alto, ¿cómo logras desprenderte del personaje cuando termina la jornada?

Se vuelve complicado porque, cuando son personajes con emociones más normales o rutinarias, como un amor, un desamor o una pérdida, es más fácil desprenderse. Pero, por ejemplo, en Mujeres asesinas, el personaje de Esmeralda me costó mucho más, precisamente por todos los tics nerviosos que implicaba y a los que mi cuerpo no estaba acostumbrado.

Después de varias horas interpretándolos, el cuerpo se siente muy cómodo haciéndolos y no estás preparado para decirle: “Se acabó, ahora ya no lo hagas”.

Fue complicado, aunque realmente no me tomó tanto tiempo. Si acaso dos semanas me duraron los tics de Esmeralda, que sí eran bastantes, porque tenía juntas, entrevistas y cosas que decir, y no me daba la mandíbula justo por el sistema gutural que ella manejaba.

¿Cuál ha sido el papel que más te ha retado física y mentalmente?

Definitivamente, el de Mujeres asesinas es uno de los que más me ha retado, porque está totalmente separado de lo que alguien, o por lo menos yo, puede vivir de forma natural. Es un personaje extremadamente distinto a mí: es una yonqui que tiene tics nerviosos, una guturalidad distinta, emociones y un desgarramiento muy profundo.

Si no estás acostumbrado en la vida a tocar esas oscuridades, es difícil interpretarlo, y ahí es donde se vuelve realmente un reto para el actor.

Fotografía por Mario Alzate @marioalzatee

La industria audiovisual en Latinoamérica vive un momento de expansión global. ¿Sientes que eso ha cambiado las oportunidades para las actrices, especialmente en México?

Definitivamente ha cambiado, y no en un sentido negativo, al contrario. Estamos teniendo cada vez más expansión. Hoy en día las actrices latinoamericanas tenemos la oportunidad de trabajar en distintos lugares del mundo gracias a las plataformas digitales, que nos han abierto puertas en Argentina, España, Colombia o Estados Unidos.

Antes tal vez las producciones se quedaban solo en México, pero ahora tienes la oportunidad de conocer diferentes países y también cómo trabajan ellos, lo cual es un gran reto. De pronto uno dice: “Yo ya sé actuar” o “Yo ya sé moverme en un set”, hasta que vas a otro país y te das cuenta de que cada uno tiene una forma distinta de trabajar. Te toca el famoso “sistema de adaptación”, que a mí me encanta para conocer y entrenar cada vez más.

Muchos actores hablan de la presión de la exposición pública en redes sociales. ¿Cómo ves esa situación?

Creo que actualmente todos estamos expuestos, no solo los artistas. Todo el mundo tiene ese tipo de exposición. Por eso deberíamos implementar en las clases actorales cómo manejar redes sociales, cómo manejar los medios y cómo manejarte tú personalmente para soportar la carga de la opinión pública: qué les gusta, qué no les gusta, las famosas “funas” que ahora están tan de moda.

Lo comparo mucho con un chef: un chef tiene que afilar sus cuchillos para poder cocinar; un actor tiene que afilar sus emociones para poder trabajar, porque trabajamos a partir de la emoción. Eso también sirve en tu vida privada y pública, para tener conciencia de qué queremos transmitir.

En mi caso, mi mayor público son mujeres entre los 20 y 35 años, y eso tiene un impacto. Yo tengo que dejar un mensaje bueno, claro, de amor, tranquilidad, respeto y educación. Esos mensajes se pueden amplificar en redes sociales.

Fotografía por Mario Alzate @marioalzatee

¿Recuerdas el momento exacto en que decidiste ser actriz?

No tengo un referente grande y específico, pero sí muchos recuerdos de cuando era chiquita. Me encantaban las obras de teatro y ver a la gente aplaudir. Hasta la fecha se me eriza la piel cuando veo eso.

Una vez me perdí de mi mamá en un centro comercial. Ella me buscaba entre un tumulto de gente pensando que estaba ahí, pero en realidad yo estaba dando un espectáculo detrás de una vitrina a un público desconocido. Tenía como 10 años y supe que me encantaba estar frente a la gente y hacer cosas que normalmente no haces en tu vida cotidiana.

Mi mamá siempre me dijo: “Tú eres rara, tú eres diferente, deberías dedicarte al arte”. Y la verdad es que las mamás no se equivocan.

¿Qué aprendiste de tus primeros proyectos que hoy aplicas en nuevos rodajes?

Aprendí muchísimo. En mi primer proyecto apenas tenía un mes de escuela, no era actriz todavía. No es lo mismo tener formación que pararte frente a una cámara, verte bien y decir un texto. Eso fue lo que me pasó. Se arriesgaron conmigo y lo disfruté mucho, pero entendí que necesitaba formación.

Aprendí el desarrollo del personaje, cómo profundizar, cómo entrar y salir de la ficción, cómo decirle a tu cuerpo que las emociones que estás sintiendo no son reales. Es fácil llorar o gritar, pero sin formación eso puede generar ansiedad o depresión.

Con el tiempo vas interpretando de manera distinta, los personajes se vuelven más maduros y complejos.

¿Te interesaría explorar otros géneros?

La comedia negra sería muy interesante. Me encanta reinventarme. Si entras en un lugar cómodo, se vuelve repetitivo.

El terror también sería interesante. Nunca veo películas de terror porque me dan mucho miedo, imagínate interpretar una. Sería muy interesante hacerla, no verla, pero hacerla.

Fotografía por Mario Alzate @marioalzatee

¿Cómo eliges tus proyectos?

Antes elegía a partir de la audición y decía que sí a todo. Hoy, afortunadamente, mi carrera ha crecido y hablo directamente con los productores.

Me interesa el guion, quién es el escritor, porque eso es fundamental y a veces los actores no lo decimos lo suficiente. La dirección y el guion son claves para que un proyecto funcione.

Busco historias que tengan algo que contar y que me reten, no necesariamente difíciles de entender, pero sí complejas de interpretar.

¿Sueñas con algún personaje histórico o literario?

Me encantaría interpretar a La Güera Rodríguez. Sé que soy ojiazul y castaña, pero no importa, me pueden poner pupilentes. Es un personaje que desde niña me encanta, especialmente por su papel en la historia de México y en la independencia. Sería muy bonito interpretarla.

¿Qué te ha enseñado la actuación sobre ti a nivel personal?

Muchísimas cosas. La actuación es conocerte. Un gran actor es consciente de cómo reacciona, qué le duele, qué le da miedo o felicidad.

Es un trabajo 24/7 de conocer tus botones emocionales y cómo enfrentarías una situación hipotética. Va más allá de interpretar; es un ejercicio constante de autoconocimiento.

¿Cómo defines el éxito?

Para mí el éxito es llegar a casa después de trabajar y no poder parar de gritar por una escena y decir: “Sabía que así era”.

No es la fama ni los números. Eso es éxito para los productores. Para mí es que digan “corte” y se me erice la piel. Vivir muchas vidas sin morir sin haber sentido emociones nuevas.

Fotografía por Mario Alzate @marioalzatee

Si pudieras darle un consejo a la Carolina que comenzaba, ¿qué le dirías?

Que sea fuerte y constante, que nunca pierda el piso. Tengo 20 años trabajando y la humildad, la empatía y la constancia son lo que te permiten sostenerte.

Que tenga fortaleza interna y se mantenga conectada con su paz y su tranquilidad, porque el mundo se ha vuelto complejo y hay que estar bien centrados.

¿Qué viene ahora?

Estrenamos la tercera temporada de Perfil falso en Netflix. También Memorias de un sinvergüenza por ViX, que protagonizo con Manolo Cardona.

Empiezo a grabar una serie con Amazon y cerraré el año con una película. Estoy muy agradecida porque no me dejan descansar y porque los productores cada vez buscan más mi trabajo.


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