No es exagerado afirmar que la primera fecha de BTS en El Campín, con la que arrancó la etapa latinoamericana del BTS WORLD TOUR ‘ARIRANG’, fue uno de los acontecimientos culturales del año en Colombia. No solo se trataba solo de la inauguración de la gira más grande de la icónica agrupación surcoreana hasta la fecha, sino de su primer encuentro con un país y con una legión de fans que llevaba años esperando este momento.
Las expectativas estaban por las nubes. Y, sin embargo, RM, Jin, SUGA, J-Hope, Jimin, V y Jung Kook lograron cumplirlas y, en varios momentos, superarlas. El resultado fue un espectáculo de escala monumental que convirtió al estadio bogotano en el escenario de un reencuentro largamente esperado y que, para quienes estuvieron allí —fanáticos de BTS o no—, será difícil de olvidar.
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Para la comunidad ARMY colombiana, el concierto comenzó mucho antes de las 8 de la noche del 2 de octubre. Desde la llegada de los siete integrantes a Bogotá, el miércoles 30 de septiembre, la expectativa comenzó a crecer a las afueras del Campín. Un día después, mientras BTS realizaba las pruebas de sonido y los últimos ensayos sobre el escenario, los primeros seguidores empezaban a instalarse en los alrededores del estadio. Para cuando cayó la noche del 1 de octubre, cientos de fanáticos ya hacían fila, a casi 24 horas del comienzo previsto de la primera fecha.
Ya por la tarde del viernes, con la apertura de puertas, las cercanías del recinto estaban plagadas de seguidores y no seguidores, de padres con sus hijos y de vendedores y revendedores que ofrecían desde recuerdos hasta boletas VIP. Dentro del Campín, los carteles con mensajes para los integrantes de la banda, además de banderas de países como Costa Rica, Ecuador, Venezuela y, por supuesto, Colombia, eran cada vez más visibles y se multiplicaban con el ingreso de los casi 45 mil asistentes.
A las afueras, la emoción tampoco cesó. Allí se congregaron otros cientos de personas que, aun sin boleta, no estaban dispuestas a perderse el concierto. Algunos llegaron con la esperanza de conseguir una entrada de última hora; otros simplemente querían estar cerca del estadio, escuchar lo que pudieran desde afuera y compartir con otros ARMYs un momento que habían esperado durante años.
El preludio del concierto, que tuvo como background una melodía de gugak, estuvo marcado por la interacción de los fans, quienes intercambiaban freebies —pequeños souvenirs—, se tomaban fotos y configuraban sus lightsticks con ayuda de un tutorial que apareció en las criticadas pantallas sobre el escenario. Se trataba de una estructura 360° que permitía una visibilidad del 100 % para el público y evitaba los puntos ciegos. El escenario contaba además con cuatro pasarelas que se extendían hacia los vértices entre las distintas localidades.
Con el pasar de los minutos, la impaciencia de los fanáticos crecía. Algunos coreaban “se vive, se siente, Colombia está presente”, mientras otros gritaban eufóricos “que los saquen”. Las olas no podían faltar y ayudaron a hacer más llevadera la espera durante los minutos previos a la salida de los protagonistas de la noche. Hasta que el reloj marcó las 8 en punto y las luces se apagaron. La espera había terminado: BTS estaba a punto de aparecer sobre el escenario de El Campín.
El show comenzó de forma casi teatral. Un personaje vestido de negro y enmascarado corrió hacia el centro de la tarima con una bengala que dejaba una estela de humo rojo tras de sí. Mientras la melodía de gugak se hacía cada vez más frenética, los asistentes comenzaron a corear “BTS” con una intensidad creciente, hasta que los siete integrantes hicieron su entrada. Creo firmemente que el grito de los fanáticos al ver a sus ídolos fue más fuerte que cualquier gol de Millonarios o Santa Fe celebrado en El Campín desde 2017.
Vestidos completamente de blanco, dieron inicio al concierto con ‘Hooligang’, uno de los grandes éxitos de su último álbum —que da nombre a la gira—. Le siguieron ‘Aliens’ y ‘Run BTS’, antes de que los integrantes se presentaran formalmente ante el público bogotano. En esta pausa, los siete aprovecharon para agradecer la calurosa bienvenida y recordar que era su primera vez en la ciudad. Algunos incluso se animaron a hablar en español no solo en esta primera intervención, sino a lo largo de la noche: V sorprendió con expresiones como “parce”, “bacano” y “qué chimba”, mientras Jin había preparado un “¡hágale pues!” que desató otra ovación. También pidieron al público que entregara su mejor energía, porque el espectáculo apenas comenzaba.
El show se dividió en tres partes, cada una con su respectivo cambio de vestimenta, mientras que los interludios se aprovecharon para darle un respiro al público y enfocar los carteles que los fanáticos habían llevado. Pero la música era apenas una parte de lo que ocurría sobre el escenario. Las coreografías, ejecutadas por los siete integrantes junto a un cuerpo de bailarines, se acompañaron de juegos de luces, humo, fuego, plataformas y efectos visuales que transformaban el escenario 360° de acuerdo con cada canción. La estructura, con sus cuatro pasarelas extendiéndose hacia distintos sectores de El Campín, permitía que BTS se acercara constantemente al público y que el espectáculo tuviera múltiples puntos de atención.
La producción alcanzó uno de sus mayores despliegues con la pirotecnia, especialmente hacia el cierre, mientras los lightsticks también se convertían en parte del espectáculo al sincronizarse con las luces de la producción.
Pero si algo terminó de darle un carácter especial a las dos horas de espectáculo fue la manera en que BTS y la comunidad ARMY parecían estar construyendo el concierto juntos. Los integrantes no solo respondieron a los gritos —que iban desde “papacitos” hasta “mucha ropa”— y a las coreografías del público: también encontraron los carteles que habían preparado especialmente para ellos. Algunos hacían referencia a “Asarabia”, el nombre que Jin había dado por error a Bogotá en una antigua broma del grupo y que V y J-Hope retomaron durante el concierto con una pequeña canción y baile. También hubo espacio para cantarle por adelantado el cumpleaños a Jimin, quien cumplirá 31 años el próximo 13 de octubre.
La conexión iba en ambas direcciones. Mientras los integrantes intentaban comunicarse con el público en español, las ARMYs encontraban formas de hacerle saber a BTS que había preparado este momento durante años. V, en particular, se ganó una de las mayores ovaciones al intentar hablar como un bogotano más: “Ayúdame, parce”, dijo antes de asegurar que la ciudad estaba “muy bacano” y rematar con un “¡qué chimba!”. Jimin, por su parte, reconoció la magnitud de las voces que había escuchado en Bogotá y aseguró que estaban entre las más fuertes que habían encontrado durante la gira.
Uno de los momentos más memorables llegó cuando los siete integrantes salieron del escenario para recorrer los alrededores del escenario en una especie de caravana, acompañados por banderas de ARIRANG y de BTS. El gesto, poco habitual dentro de un espectáculo de esta escala, acercó literalmente al grupo a quienes estaban en las distintas localidades y convirtió el estadio en una suerte de desfile alrededor de la banda. Durante unos minutos, los teléfonos se levantaron por encima de las cabezas y los gritos acompañaron el recorrido de los integrantes mientras daban la vuelta al recinto.

La puesta en escena también encontró momentos para conectar la identidad coreana que atraviesa el disco protagonista del tour con la historia que BTS ha construido junto a su público. Las telas fluidas inspiradas en los movimientos del seungmu acompañaron uno de los segmentos más íntimos, mientras que en ‘they don’t know ’bout us’ las pantallas de mano inspiradas en el tal, las máscaras tradicionales coreanas, jugaron con la idea de ocultar y revelar la identidad. El VCR en blanco y negro y los nuevos vestuarios de la etapa latinoamericana completaron una de las secuencias visualmente más cuidadas de la noche.
Hacia el final, la escala del espectáculo dio paso a uno de sus momentos más íntimos. Antes de la última tanda de canciones, los siete integrantes se sentaron sobre el escenario y, durante cerca de diez minutos, se turnaron para hablar con el público y agradecerle por la bienvenida. Uno a uno, destacaron la energía de los asistentes y lo especial que había sido aquella noche, hasta el punto de preguntarse por qué habían tardado tanto en visitar Colombia. Lo que comenzó como un encuentro largamente esperado terminó convirtiéndose, también para BTS, en una de esas noches que quedarían en la memoria. Antes de levantarse para el último bloque, la banda dejó una promesa que hizo estallar nuevamente a El Campín: tratarían de volver más seguido.
Después llegó la despedida. ‘Into the Sun’ puso el punto final mientras los fuegos artificiales se apoderaban del cielo sobre El Campín y miles de lightsticks seguían encendidos entre el público. Pero el concierto no terminó del todo cuando se apagaron las luces: afuera del estadio, las ARMYs volvieron a intercambiar freebies y recuerdos que habían preparado durante meses para compartir con otros seguidores. Para algunos, incluso quienes no habían conseguido una boleta, la experiencia continuaba en las calles alrededor del recinto.
Entre abrazos, lágrimas y sonrisas, muchas fanáticas y fanáticos lloraban de emoción. También lo hicieron algunos padres que habían acompañado a sus hijos y que terminaron viviendo la noche como algo más que un concierto. Para una comunidad que había esperado durante años la primera visita de BTS a Colombia, la despedida tenía inevitablemente algo de alivio y de nostalgia: finalmente había ocurrido.

Y todavía quedaba una noche. El sábado 3 de octubre, BTS volvió a El Campín para su segunda presentación en Bogotá, nuevamente con el estadio lleno. Aunque buena parte del espectáculo mantuvo su estructura, la banda reservó algunas sorpresas para esta última fecha en Colombia, entre ellas ‘We Are Bulletproof Pt.2’ y ‘Mikrokosmos’, que reemplazaron a ‘I’m Fine’ y ‘So What’ de la noche anterior. Así, el grupo cerró su debut colombiano no como una repetición de la primera fecha, sino como una segunda oportunidad para recorrer junto a sus seguidores distintas etapas de su historia.
Con las dos fechas agotadas, más de 100.000 personas pasaron por El Campín durante el primer encuentro de BTS con Colombia. Bogotá fue además el punto de partida de la etapa latinoamericana de la gira, que continuará por Lima, Santiago, Buenos Aires y São Paulo, con un total de 14 presentaciones en la región.
Después de años de espera, BTS finalmente llegó a Colombia. Y aunque el grupo ya dejó Bogotá, la primera parada latinoamericana de ARIRANG deja una imagen difícil de borrar: un estadio lleno, siete integrantes recorriendo su escenario en medio de una multitud que los esperaba desde hace años y una comunidad ARMY que, dentro y fuera de El Campín, convirtió el concierto en algo que iba mucho más allá de las canciones.
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