“Romper cárceles que uno mismo se construye”: Santiago Cruz

El cantautor Santiago Cruz se ha destacado a lo largo y ancho de su carrera —además de sus canciones románticas— por hablar de tópicos sensibles dentro de la introspección. No siempre destacando las virtudes de su ser o de distintos individuos, sino, más bien, hablando de realidades difíciles de hallar cuando nos sentamos a hablar con nosotros mismos; realidades que son difíciles de afrontar, pero que, con el pasar del tiempo y una vez reconocidas, seguramente nos ayudarán a mejorar en distintos aspectos

Mucho de eso hay en Fragmentos, su nuevo disco, en el que la introspección hace de cada canción un mundo diferente: algunos llenos de luz y otros en los que la oscuridad se abre paso de manera reflexiva. Canciones que no idealizan, canciones verdaderamente reales.

¿Cuándo te sientas a pensar en tu vida, en el paso del tiempo… a qué conclusiones llegas normalmente?

Son distintas las conclusiones en las diferentes orillas de la vida. Una de las más claras es que vale mucho la pena jugársela por lo que uno cree. Uno debe estar muy enfocado en lo que uno cree y quiere, y tratar de conseguirlo de la manera más coherente posible.

Uno debe jugársela. Si uno no salta, la vida lo empuja a uno. Yo me la he pasado saltando porque no quiero que sea la vida la que me empuje. Muchas veces uno se equivoca, algunas otras uno acierta, pero lo importante es mandarse, porque la vida es corta, esto pasa rápido.

Mi vida ha podido salir muy mal, pero ha salido muy bien. Ha habido muchos elementos para que todo haya salido mal, pero, por suerte, me he empeñado en que saliera bien, porque sí creo que, en la vida, muchas cosas dependen de la decisión de uno. Uno, como individuo, parte de las condiciones en donde nace y se cría y, a partir de esas condiciones —que en mi caso fueron bastante positivas—, la vida se construye a base de decisiones.

Me alegra haberme decidido a romper cárceles que uno mismo se construye: “yo simplemente soy así”, “como mi familia es así, yo soy así”. Esas son frases que fortalecen una cantidad de muros que uno mismo se crea. Además, eso se construye a base de definiciones que uno cree que creen las otras personas respecto a uno.

¿Cuál podría ser una cárcel o un muro que tú mismo te hayas construido, pero que ya hayas roto?

Uno de los triunfos más grandes de mi vida ha sido la superación de la adicción. Me pude haber quedado con: “Santi es el borrachito”, “como él es músico, como es artista”… Uno puede comerse ese cuento. Para mí, esa ecuación no servía. Logré romper esa cárcel y salir de ahí, logré convertirme en otro ser humano.

La idea de la paternidad tuvo mucho que ver. Si me hubieras preguntado hace 25 años, no me hubiera gustado que un hijo mío hubiera tenido como padre a ese yo. Entonces, me empeñé en ser ese ser humano que sí quería como padre para mis hijos.

Andrés Alvarado.

Este disco se percibe verdaderamente personal, porque muchas veces los artistas dicen eso, pero no se siente así en realidad. Este disco verdaderamente se siente muy personal. ¿A qué crees que se deba eso?

Eso pasa mucho. Uno escucha el disco y queda: “¿Personal de quién?” [risas].

Es una lindísima pregunta porque no sabría qué responderte. Primeramente, hay un elemento que es contradictorio: es el disco en el que más colaboraciones de composición he tenido en mi carrera. Habitualmente, mis discos son 85 % composición mía y un poco de colaboraciones. Este es lo contrario: solo dos canciones están completamente escritas por mí; el resto son colaboraciones a la hora de componer.

Pero ¿qué creo que pasó? Estaba yo en un momento personal de tanta exigencia emocional que me senté en cada cuarto de composición a defender con mucho ahínco mi punto de vista. Absorbí, aprendí a recibir lo que decían mis colegas, pero siempre defendiendo mi territorio.

Ese fue el ingrediente de intimidad que hizo que se exacerbara la manera de sentir tan personal el álbum. Y es contradictorio, porque hay más autores involucrados, pero me dediqué a defender mi punto de vista, que al final es lo que he tratado de hacer durante toda mi carrera.

También, con la edad vienen un montón de cosas maravillosas. Yo no tengo que demostrar absolutamente nada. Sé que tengo muchas cosas por lograr, muchos sueños, muchas ilusiones, una cantidad de metas y objetivos; me faltan un huevo de cosas dentro de mi vida artística, pero también soy consciente del camino que he recorrido, sé la coherencia con la que he tratado de caminar ese recorrido. Cuando uno tiene eso claro, no hay mucho que demostrar, salvo seguir persiguiendo la canción.

La canción dedicada a tu padre es diferente porque siento que no es una idealización, es más como una carta que habla de lo real. ¿Por qué sentiste que era el momento de escribirle a tu padre, de enviarle esa carta?

Mi papá falleció en diciembre de 2002, a sus 51 años. Cuando yo me fui acercando a la edad en que murió, la cabeza se me fue a la mierda y, con ella, la salud también. Me enfermé, los indicadores míos del laboratorio eran de una persona muy enferma, y yo llevo una vida bastante saludable. Mi doctor no entendía el colesterol, los triglicéridos… Llegamos a la conclusión de que era un tema emocional, era algo mental de estar acercándome a la edad en que había fallecido mi papá.

Empecé con rituales psicológicos, espirituales, emocionales, terapias… Yo le quiero durar a mis hijos muchos años. Parte de esos rituales terminó siendo esa conversación que se plasma en ‘Donde quiera que estés’, que es esa carta a mi padre.

En alguna terapia hice el ejercicio de la silla vacía, que es asignarle a una silla una persona, imaginar que está ahí sentada y hablarle. Esta canción es justamente ese ejercicio, pero en anfetaminas, con esteroides, que se fue a la mierda ese ejercicio [risas].

Terminó siendo algo muy bonito porque, al final, me hubiese encantado compartir un montón de cosas con él. Así como mi mamá me ha visto en el Movistar Arena, ha jugado con mis hijos y estuvo en el hospital cuando nacieron, también me hubiese encantado que mi padre estuviera allí.

Más allá de ser una canción de: “cómo te extraño”, es contarle todo lo que ha pasado, porque, al final, uno va entendiendo cómo uno se va realizando con lo que van logrando los hijos. Lo que yo quise pensar fue que, donde quiera que él esté, el tipo esté feliz y orgulloso de cómo me he ido realizando yo. Es más eso que una idealización.

Andrés Alvarado.

El cierre del disco con ‘Sigo de pie’ es bastante personal, pero al mismo tiempo siento que mucha gente se puede ver reflejada. Hay una parte en la que dices: “Viéndome al espejo, no reconocí el reflejo / Cada vez que intento huir termino siempre en el mismo lugar, ya no quiero huir, no quiero terminar en el mismo lugar”. Me gustaría saber de dónde nacen esas frases de la vida de Santiago Cruz.

Aprendí que si los retos, los momentos incómodos o los sucesos dolorosos no los enfrentas y, al contrario, sales huyendo rápido, al final terminas volviendo a ellos. Es como volver a ese nivel del juego. Uno no puede huir de esas cosas porque van a volver a aparecer, con otro nombre o de diferente manera, pero vuelven.

En cambio, si enfrentas esos retos o esos momentos difíciles, si los gestionas y los tramitas como se debe, lo más seguro es que pases al siguiente nivel. Yo pasé muchos años de mi vida volviendo siempre al mismo nivel. Todavía hay cosas que siento que me regresan al nivel anterior, al punto de partida, porque no he logrado afrontarlas como corresponde, pero hay muchas cosas, muchos niveles que ya he logrado superar.

Lo maravilloso de este camino que es la vida es eso: no es un plano absoluto. Hay cosas que se manejan mejor que otras y hay días en que uno está capacitado, así como hay días en que uno es un absoluto inútil.

¿Cuál dirías que es la cualidad más importante para afrontar esos niveles difíciles de la vida?

El trabajo personal. Lo más fácil es responsabilizar a todos los demás de lo que nos pasa y, sí, la gente nos ha hecho cosas, pero la tarea es de uno y no se puede pasar la vida culpando a los demás. Todo empieza por uno, por la relación que uno tenga con uno mismo.

El diálogo interno es clave, cómo te hablas a ti mismo. Muchas veces nos hablamos de una manera en que no seríamos capaces de hablarle a otra persona. Somos demasiado tiranos con nosotros mismos.

¿Por qué decidiste que el único cover dentro del disco fuera ‘Tumbas de la gloria’, de Fito Páez?

Fito es tan importante en mi vida. Hay una historia muy linda alrededor de él: en un disco llamado Ey! del 87, él tiene una canción que se llama ‘Canción del amor mientras tanto’ y en esa canción tiene un verso que dice: “Santiago Cruz, el adivino, violó las leyes del destino”. Cuando me enteré de eso, me la pasaba pensando y buscando quién carajos había sido Santiago Cruz en la vida de Fito Páez. Pasó el tiempo y nunca supe.

Me pusieron a abrir un concierto de Fito en el Palacio de los Deportes en 1999 y él, como todo gran artista, le pidió a su mánager que nos invitara a su camerino para saludarnos. Yo me presenté justamente como la canción: “Mucho gusto, Santiago Cruz, el adivino”, a lo que contestó: “Yo soy el brujo mayor”.

Me fue fatal abriendo ese concierto, pero me convencí de que ese camino era el que quería para mi vida, porque yo trabajaba de corbata en una oficina. Ese concierto me marcó. Fito Páez me marcó. Él tiene mucho que ver con ese gran paso que di para perseguir el sueño de la música.

Con los años, logré enterarme de quién era Santiago Cruz en la vida del tipo: me llegó un video de él contándome que no era nadie, que fue un nombre que simplemente le sonaba bien y, dentro del universo que se estaba inventando, sonaba bien, pero que ahora existía, que era real.

A pesar de nunca haber grabado covers en mis discos, me pareció que este era el momento de hacerle un homenaje a un tipo que, sin saberlo, fue determinante en mi decisión de hacer música.

Grabaste en inglés ‘The Lucky Ones’. ¿Por qué te dio por esas?

Fue culpa de la canción. Ahorita están muy de moda estos campamentos de composición y fui a uno en Nashville, en donde juntaban talento local con talento latino. El pop country me parece una vaina increíble y Nashville es la meca de muchas cosas, entonces fui y me pareció increíble.

Estando allá, en un cuarto hay un productor bogotano, un compositor venezolano, un artista sudafricano y yo, todos haciendo una canción. La canción la hicimos en inglés y me encantó. Invité a este sudafricano a grabarla conmigo —Roan Ash—. ¿Por qué no hacerlo? Cantar en inglés fue una delicia y seguramente aparecieron conexiones en mi cerebro que antes no existían. Fue algo fantástico y la canción es increíble.

También, me parece lindo cuando estoy de gira en Estados Unidos, ver en el público al marido gringo con la esposa latina o al revés, ver al gringo perdido en el concierto sin entender nada [risas]. Entonces, con esta canción ya voy a tener alguito en su idioma para que no se aburran tanto.

Para terminar, en una entrevista me habías dicho que siempre del proyecto del que más te sentías orgulloso era del trabajado más recientemente. En este caso, ¿crees que te puedas sentir más orgulloso en un futuro de otro proyecto distinto a este?

Sigo pensando eso: que mi próximo disco sea nuevamente del que me sienta más orgulloso. Espero que nunca haga un disco solo para ver qué pasa.

Una vez le preguntaron al maestro Armando Manzanero cuál había sido su canción más importante y él respondió: “Aún no la he escrito”. ¡Qué belleza una carrera así! Que a uno le pregunten por lo más importante de su vida y que uno pueda responder: “Aún no ha pasado”. Claro, han pasado cosas maravillosas, pero espero que lo más importante todavía no haya ocurrido.

Empezar

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