A veces, una imagen puede contener todo el universo de un disco. En Painted Pout, el nuevo EP de Andria Rose, esa imagen son unos labios pintados de rojo. Para la cantante, compositora y música latina radicada en Los Ángeles, ese gesto funciona como un punto de partida para hablar de las distintas versiones que una mujer puede adoptar, de aquello que mostramos hacia afuera y de lo que, muchas veces, preferimos mantener oculto.
El EP reúne seis canciones y, según plantea la propia artista, se mueve entre la traición, la autopreservación, el deseo y la necesidad de encontrar paz. El labial carmesí aparece como una especie de armadura, pero también como una performance: una forma de construir un personaje mientras detrás permanece la soledad, la vulnerabilidad y todo aquello que no siempre resulta fácil mostrar.
Ese juego entre apariencia y emoción atraviesa Painted Pout. Andria Rose lleva las canciones hacia un universo muy visual, marcado por el carmesí y el azul empolvado, en el que las mujeres aparecen también como fuente de admiración e inspiración. A medida que avanza el proyecto, el amor cambia de forma: puede sentirse como éxtasis y fascinación, pero también como una experiencia de la que resulta difícil escapar.
Musicalmente, la artista tampoco se limita a un solo lugar. En estas seis canciones conviven elementos de jazz, funk, psicodelia y bossa nova, además de influencias latinas y momentos en Spanglish. Son sonidos que ayudan a construir una atmósfera particular, sensual y a ratos extraña, sin perder de vista el centro emocional de las canciones.
La referencia que acompaña el proyecto quizá lo resume mejor: Painted Pout se siente como David Lynch dirigiendo una telenovela. Hay dramatismo, deseo, imágenes intensas y algo de surrealismo, pero todo está atravesado por experiencias reconocibles. Relaciones que se terminan, personas que decepcionan y el momento en que uno entiende que no puede controlar lo que sienten o hacen los demás.
Es ahí donde el EP encuentra su conclusión. Después de recorrer esas distintas emociones, Andria Rose llega a una idea más sencilla, aunque no necesariamente fácil: dejar ir también puede ser una forma de recuperar la paz. Alejarse de aquello que pesa, de las relaciones que ya no funcionan y de las personas cuya energía termina oscureciendo la propia.

Con Painted Pout, Andria Rose presenta hasta ahora su trabajo más personal y definido. Más que intentar encajar en una tendencia, la artista parece interesada en crear su propio espacio, uno donde el jazz puede encontrarse con la psicodelia, la bossa nova con el Spanglish y la vulnerabilidad con una imagen de fuerza. En esas contradicciones está, precisamente, buena parte de lo que hace interesante su propuesta.
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