Andrew Bernstein director de Jack Ryan: Guerra fantasma: “Si las relaciones no funcionan, la acción no significa nada”

Jack Ryan, el personaje creado por Tom Clancy, ha cambiado de rostro varias veces sin abandonar la contradicción que lo separa de otros héroes de acción. No es un asesino profesional, un aventurero ni un agente que encuentre placer en la violencia. Es un analista obligado a abandonar la seguridad de los escritorios cuando las cifras, los movimientos financieros y las conspiraciones que estudia comienzan a adquirir cuerpos, armas y consecuencias políticas.

Alec Baldwin inauguró su presencia cinematográfica en The Hunt for Red October. Harrison Ford le proporcionó la gravedad de un hombre familiar enfrentado a instituciones capaces de traicionar sus propios principios en Patriot Games y Clear and Present Danger. Ben Affleck interpretó una versión más joven en The Sum of All Fears, mientras Chris Pine asumió el personaje en la irregular Jack Ryan: Shadow Recruit. Cada encarnación ha intentado resolver la misma ecuación: cómo convertir a un intelectual en héroe de acción sin que la fuerza termine sustituyendo a la inteligencia.

John Krasinski encontró su propia respuesta durante las cuatro temporadas de Tom Clancy’s Jack Ryan. Su interpretación conservó la capacidad analítica del personaje, pero incorporó la cercanía de un hombre que puede comprender una operación geopolítica y, simultáneamente, sentirse desorientado ante las consecuencias personales de sus decisiones. Krasinski nunca dejó que Ryan pareciera completamente adaptado al mundo del espionaje. La incomodidad frente a esa maquinaria constituía una parte esencial de su humanidad.

Jack Ryan: Ghost War traslada esa versión del personaje al largometraje. Después de una operación clandestina internacional que revela una conspiración mortal, Ryan debe regresar al espionaje para enfrentarse a una unidad de operaciones encubiertas que actúa fuera de control. La película reúne nuevamente a Krasinski con Wendell Pierce, Michael Kelly y Betty Gabriel, e introduce a Sienna Miller como Emma Marlowe, una agente del MI6 que se convierte en su nueva aliada. 

El encargado de dirigir esta transición es Andrew Bernstein (Ozark, Foundation, IT: Welcome to Derry), quien buscó respetar la historia emocional acumulada durante la serie sin convertir la película en un episodio prolongado. El realizador habló sobre la nueva identidad cinematográfica de Jack Ryan, la vulnerabilidad que Krasinski aporta al personaje y una convicción que orientó toda la producción: ninguna explosión importa si antes el público no comprende qué pueden perder quienes se encuentran dentro de ella.

Cortesía Prime.

Jack Ryan: Ghost War parte de una serie que ya había construido personajes, relaciones y un lenguaje propio. ¿Cómo abordaste la expansión de ese lenguaje hacia el cine sin perder el tono realista y concentrado en los personajes que definió a la producción televisiva?

Como señalas, era indispensable que la película permaneciera conectada con la realidad. Todo aquello que atraviesa Jack Ryan debe tener sentido dentro del mundo real. Los personajes necesitan pertenecer a ese entorno y enfrentarse a problemas reconocibles, capaces de resultar cercanos para el público.

Queríamos rendir homenaje a lo que habíamos hecho en la serie, pero también buscábamos que la película se sintiera diferente y pudiera sostenerse por sí misma. Espero que su lenguaje visual tenga una identidad distinta. Mis referentes para el largometraje no fueron los mismos que había utilizado en la serie.

Tomamos los personajes y la historia que habían construido juntos durante aquellas temporadas, y llevamos todo ese pasado a la película. Sin embargo, queríamos crear algo autónomo, una obra que pudiera conservar esa memoria sin depender completamente de ella.

Cortesía Prime.

¿Qué aportó John Krasinski a Jack Ryan que permitiera reformular o profundizar el personaje para el público contemporáneo?

Una de las grandes cualidades de John como actor, y de Jack como personaje, es que se trata de una persona normal arrojada a circunstancias extraordinarias. Debe enfrentarse a las mismas preguntas que cualquiera de nosotros: encontrar su lugar en el mundo, comprender aquello que hizo en el pasado y reconocer cómo esas decisiones influyen en su presente y en su futuro.

John es un actor extraordinario para explorar esa dimensión. Es cercano, funciona de una manera maravillosa en las escenas emocionales y posee todas las capacidades necesarias para ejecutar las secuencias de acción.

Ha conseguido que el personaje trascienda las situaciones geopolíticas en las que la franquicia lo coloca. Al final, Jack sigue siendo alguien con quien el público puede relacionarse, un personaje al que desea respaldar y por quién puede preocuparse.

Crítica: It: Welcome to Derry (Episodios 1-5) – Rolling Stone en Español

Además de Krasinski, ¿cuál de los anteriores Jack Ryan resuena más contigo: Alec Baldwin, Harrison Ford, Ben Affleck o Chris Pine?

Es una pregunta difícil y no sé si podría escoger solamente a uno. Creo que una de las virtudes de John es haber construido un Jack Ryan completamente suyo.

Estoy seguro de que tomó elementos de las interpretaciones anteriores de una u otra manera, pero consiguió apropiarse del personaje. Ha elevado su vulnerabilidad y la conexión emocional que el público puede establecer con él. Eso es lo que lo hace tan eficaz en el papel.

Nunca lo comparamos con los otros actores. Nos encanta lo que cada uno de ellos hizo con Jack Ryan, pero estamos muy entusiasmados con John como nuestra versión del personaje. Creo que ha conseguido llevarlo a otro nivel.

Cortesía Prime.

Ghost War se desarrolla dentro de un paisaje geopolítico complejo y moralmente ambiguo. ¿Cómo equilibrar la escala del espectáculo con los dilemas políticos y éticos de la historia?

Ese siempre es uno de los grandes desafíos de esta clase de películas. Nuestra historia no se basa en un acontecimiento político específico. La realizamos mucho antes de algunos de los sucesos que están ocurriendo actualmente.

Sin embargo, se encuentra arraigada en el mundo geopolítico y aborda situaciones que podrían pertenecer a la realidad. Esto también se manifiesta en aquello que atraviesa James Greer, el personaje interpretado por Wendell Pierce.

El espectáculo siempre será espectáculo, pero debe tener sentido dentro de lo que está sucediendo en el mundo de la película. También debe respetar el compromiso de los personajes y las preguntas morales que personas como ellas tendrían que hacerse realmente.

Mientras la historia permanezca vinculada con los personajes y con la realidad de quienes habitan ese universo, podemos ampliar la escala cuando la película lo necesita. Podemos construir grandes secuencias porque el relato no evade aquello con lo que estas personas deben lidiar.

Al trasladar una historia construida durante varias temporadas a la duración de un largometraje, ¿qué decidiste condensar y qué necesitaba espacio para preservar la esencia de Jack Ryan?

Comprendimos que ya teníamos la gran parafernalia cinematográfica y las secuencias de acción. Esos momentos podían hablar por sí mismos. Lo que necesitábamos proteger era el espacio dedicado a las relaciones y al desarrollo de los personajes, como sucede en cualquier buena película.

Queríamos colocar a estas personas juntas dentro de situaciones verdaderamente interesantes. Para mí, las escenas entre Jack y Greer, o entre Jack y el personaje de Sienna Miller, pueden ser tan explosivas como las secuencias de acción.

Esperamos que estos encuentros definan a los personajes y resulten emocional y narrativamente tan poderosos como los grandes momentos del espectáculo. Naturalmente, producen sensaciones distintas en el público, pero deben tener un impacto semejante.

Es allí donde una película necesita detenerse y respirar. Esas escenas tienen que funcionar. Si las relaciones no funcionan, la acción no significa nada.

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