“He hecho todo lo que he querido en la música”: Manuel Turizo

Para Manuel Turizo, la esencia de la música no está en seguir fórmulas para pegarse ni en encerrarse dentro de un solo sonido. Por el contrario, el cantante colombiano ha entendido —a lo largo de más de 10 años de carrera— que hacer música con identidad propia pasa principalmente por permitirse probar cosas diferentes, encontrar nuevas formas de conectar con la gente y mantenerse en constante exploración de distintas corrientes musicales regionales, nacionales, e incluso internacionales.  

Esa filosofía atraviesa Apambichao, su más reciente álbum de estudio y un trabajo donde el Caribe colombiano, desde sus sonidos hasta su cultura, conviven con el pop, el reggaetón e incluso con la música mexicana. “No está en mi esencia probar las mismas cosas y hacer proyectos homogéneos”, asegura Turizo, quien entiende su carrera artística como un proceso permanente de aprendizaje.

En una conversación exclusiva, Turizo habló sobre el proceso creativo detrás de este último lanzamiento, la manera en que entiende la música, la mezcla de géneros que atraviesa el proyecto y hasta el uso de inteligencia artificial dentro del proceso creativo de canciones como ‘Intro: Viene el Apambichao’. 

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“He intentado vivir este camino literalmente como un estudiante. Uno nunca termina de aprender ni de saber todo lo que puede dar. La tarea siempre es entrar al estudio y preguntarse qué no has hecho todavía, qué otra cosa puedes aprender o qué más puedes ofrecer en la música”, explica Manuel, quien entiende la música como un proceso de descubrimiento permanente.

En medio de una industria cada vez más marcada por las tendencias virales y la inmediatez, el colombiano asegura que su identidad artística se ha construido desde la curiosidad y la necesidad constante de experimentar con nuevos sonidos. Para él, la evolución no nace de seguir fórmulas, sino de mantener una mentalidad abierta frente a todo lo que la música todavía puede enseñarle. “La carrera de un artista, hasta el último de sus días, es eso, seguir explorando y entender cómo conectar con todas esas influencias y colores que uno carga desde su cultura y desde todo lo que escucha”.

“Ese ecosistema en mi cabeza suena así: suena a ese ambiente, a ese tipo de calle, a esa jerga, a ese calor, a ese acento”, comenta el artista. “Mientras armaba el álbum, yo quería sentirme como en unas vacaciones en mi tierra, con mi gente. Quería hacer música para disfrutar y escuchar juntos, y obviamente mi manera más natural de plantearlo iba a ser desde donde yo soy”.

A lo largo del disco, Turizo se mueve entre distintos géneros, una mezcla que, según él, nació tanto desde la sensibilidad como desde la investigación musical. Para el cantante, acercarse a nuevas corrientes implica primero entender qué define cada uno de esos universos antes de llevarlos hacia su propio lenguaje artístico.

“Todo empieza desde la vibra y desde lo que tú sientes. Hacer música es como estar en un laboratorio”, asegura. “Primero viene la energía y después llega esa parte de explorar cómo respetar cada género, pero poniéndole encima todo el color de lo que es Manuel Turizo. Es una exploración constante, porque al final todo parte de un lienzo en blanco y tú mismo vas inventando lo que quieres construir”.

El concepto de Apambichao también nace desde esa misma búsqueda de sensaciones y atmósferas. Para Turizo, el término —tomado de un tipo de merengue lento y sensual— resume perfectamente la energía que quería transmitir a lo largo del álbum: una experiencia mucho más relajada, cálida y conectada con el Caribe. “Si tú llevas ‘apambichao’ a la vida, es vivírtela más suave”, comparte el cantante. “Sentía que esa palabra englobaba perfectamente el ecosistema donde yo quería que viviera este proyecto, esa sensación de calor, de parche y de disfrutar la música con tu gente”.

Aunque el álbum está profundamente ligado a sus raíces culturales, Turizo asegura que el proceso creativo no partió de una idea estructurada o de un concepto previamente definido. Más bien, dice, fue una experiencia guiada por la intuición y por la necesidad de conectar consigo mismo desde un lugar mucho más honesto y libre. “Desde hace dos álbumes me he permitido hacer todo lo que he querido en la música. Ya no existe ese nervio de no permitirme algo”, afirma. “Este disco fue muy pensado en conectar conmigo mismo y con lo que realmente me representa. La música es vibrar, es energía. Las canciones simplemente salen y uno las va construyendo en el camino”.

Esa intención aparece desde el primer momento del álbum con ‘Intro: Viene el Apambichao’, una apertura inspirada en sonidos profundamente arraigados a distintas tradiciones culturales colombianas. Lo más llamativo del tema, sin embargo, es que la voz femenina que atraviesa la canción no pertenece a ninguna cantante invitada, sino que fue creada por el propio Turizo utilizando inteligencia artificial.

Según explica, la idea era recrear un tipo de canto mucho más autóctono y ancestral, inspirado en sonidos que van desde los vaqueros arreando ganado hasta cantos indígenas y tradiciones orales presentes en distintas regiones del país. El problema, revela, era que encontrar ese tipo de registro vocal fuera de contextos culturales específicos resultaba prácticamente imposible dentro de un entorno comercial de grabación.

“Yo quería esos colores de voz muy culturales, no comerciales”, comenta. “Busqué muchísimo, pero no encontraba a alguien que pudiera grabar exactamente eso que tenía en la cabeza. Entonces grabé mi propia voz y empecé a trabajar con IA, dándole referencias e información sobre el color que quería lograr, hasta construir esa voz femenina que termina apareciendo en la canción”.

Lejos de ver la inteligencia artificial como una amenaza para la música, Turizo la entiende como una herramienta más dentro de los procesos creativos contemporáneos. Para él, el verdadero valor sigue estando en la intención humana detrás de cada idea y no en la tecnología utilizada para ejecutarla. “Nosotros no podemos pelear contra la evolución”, asegura. “La IA va a existir y tú decides si la utilizas a tu favor o si peleas contra eso y te quedas atrás, pero una herramienta no hace las cosas por ti. La IA no creó eso sola; yo tuve que decirle exactamente qué quería hacer. Al final, ella fue una herramienta, pero el operador era yo”.

La transición entre ‘Intro: Viene el Apambichao’ y ‘Apambichao’ también funciona como una puerta de entrada al universo sonoro del álbum. Después de esa apertura cargada de referencias culturales y sonidos mucho más tradicionales, el proyecto da paso a una colaboración junto a Maluma, uno de los nombres más importantes de la música urbana colombiana y un artista con el que Turizo ya había trabajado anteriormente.

Según cuenta el cantante, la colaboración nació de manera bastante espontánea y sin demasiadas vueltas. La canción fue creada inicialmente junto al productor Casta, quien terminó jugando un papel clave para que Maluma se sumara al tema una vez la idea ya estaba bastante avanzada dentro del proceso del álbum.

“Es la segunda vez que colaboro con él y desde la primera siempre ha sido muy buena vibra conmigo”, comenta Turizo. “La canción la hicimos con Casta y después él se quedó con la idea. Yo incluso ya ni la tenía tan presente hasta que un día me escribió y me dijo ‘marica, se la mostré a Maluma y le encantó’”. La respuesta del paisa, recuerda, llegó de manera inmediata. “Dijo de una ‘sí, me monto, voy. Lo que usted diga, hermano’. Y así nació realmente la colaboración. Todo fluyó muy natural y sin complicaciones”.

Más adelante llega uno de los featurings más llamativos del disco, cuando Turizo incorpora un sample de Diomedes Díaz en ‘Te Creo’. Más allá del peso histórico del cantante dentro del vallenato, la presencia del “Cacique de La Junta” funciona dentro del álbum como una conexión directa con una de las mayores influencias emocionales y musicales de Turizo, que son las letras románticas y sentimentales del vallenato clásico.

Según explica el artista, desde las primeras maquetas de la canción sintió que había algo en su esencia que lo llevaba inmediatamente hacia ese universo musical. La guitarra, el tono de la letra y la carga emocional del tema le recordaban canciones profundamente asociadas al imaginario vallenato que marcó gran parte de su crecimiento musical. “Siempre he dicho que gran parte de lo que me conecta a cantar letras tan sentimentales y románticas viene justamente del vallenato”, remarca. “Desde que hicimos esta canción sentía eso todo el tiempo. Decíamos ‘jueputa, esto recuerda a esos temas clásicos que uno siente tan a flor de piel’, y ahí nació la idea de usar el sample de Diomedes”.

Para Turizo, incluir la voz de Díaz no buscaba únicamente generar nostalgia, sino también preparar emocionalmente al oyente para el tipo de conversación sentimental que propone la canción. “Creo que Diomedes es uno de los artistas más legendarios que tenemos en Colombia”, comenta. “Utilizar ese sample era también darle a la gente un mood, prepararla para el sentimiento de la canción y para todo ese trasfondo emocional que tiene el vallenato”.

Dentro de ese recorrido por distintos géneros y sonidos, ‘Te Hacen Falta Dos’ aparece como el focus track y, probablemente, como el centro emocional de Apambichao. Según explica, el tema resume muchas de las características que la gente suele asociar con su música, especialmente esa manera íntima y emocional de abordar las relaciones y los sentimientos dentro de sus canciones. Más allá del género o del ritmo, el colombiano siente que su vínculo con el público nace precisamente desde ese tipo de emociones.

“Siento que es una canción muy reconocible dentro de lo que la gente entiende como Manuel Turizo”, comenta el cantante. “Tiene un sentimiento muy bonito, muy genuino, y personalmente percibo que la gente conecta muchísimo conmigo cuando hago ese tipo de música que quizás les transmite felicidad o emociones más cercanas”.

Turizo incluso compara esa conexión emocional con la manera en la que otros artistas logran construir identidad desde diferentes estilos musicales. Mientras algunos destacan desde la energía del reggaetón o la técnica del rap, él siente que su lugar dentro de la música siempre ha estado más relacionado con las canciones sentimentales y con la posibilidad de conectar desde la emoción. “Hay artistas que conectan desde un delivery brutal o desde canciones para perrear toda la noche”, asegura. “Yo siento que la manera en la que me conecto con mi gente es hablando desde los sentimientos”.

La exploración musical termina siendo, justamente, uno de los ejes centrales del trabajo. A lo largo del álbum, Turizo se mueve entre el pop, la música popular colombiana, el regional mexicano, el reggaetón, la música tropical y distintos sonidos urbanos junto a artistas tan diferentes entre sí como Luis Alfonso, Emilia, Xavi, Dei V o Dálmata. Sin embargo, para el colombiano, esa diversidad nunca ha sido algo forzado ni una estrategia para abarcar distintos mercados; más bien, responde a la forma natural en la que él mismo consume y entiende la música.

Turizo revela que nunca ha visto su carrera desde la lógica de pertenecer a un solo género. Por el contrario, siente que gran parte de su crecimiento artístico ha estado ligado a permitirse explorar distintos universos sonoros y, sobre todo, a lograr que su público entendiera esa libertad creativa como parte de su identidad. “Mi manera de disfrutar la música es básicamente eso: probar cosas diferentes”, afirma el cantante. “No está en mi identidad pensar que un álbum tiene que ser homogéneo en un ritmo o en un género. En un color sí, en un concepto sí, en lo que te hace sentir sí, pero no necesariamente en un solo sonido”.

Para Turizo, esa libertad también parte de una idea muy simple: nadie escucha un único género musical en su vida cotidiana. Según explica, sus propios hábitos como oyente terminaron moldeando la manera en la que hoy entiende sus proyectos y la posibilidad de moverse entre mundos completamente distintos sin sentirse limitado creativamente. “A mí me gusta de todo”, asegura. “Entonces también quería darme esa libertad en la música de poder explorar en todo. Al final la gente decide si conecta o no con lo que haces, pero lo importante para mí era no limitarme mentalmente pensando que tenía que repetir la misma fórmula todo el tiempo”.

Esa apertura, dice, es justamente lo que le ha permitido colaborar tanto con artistas del mundo urbano como con figuras cercanas a la música mexicana, las baladas o los sonidos tropicales. Más que verlo como una contradicción, Turizo entiende todos esos géneros como parte de una misma experiencia emocional.

El colombiano también coincide con una idea planteada recientemente por Quevedo sobre la imposibilidad de construir un álbum desde una única emoción o un solo estado de ánimo. Para él, la música funciona mucho más como una experiencia cambiante, capaz de acompañar distintos momentos de la vida cotidiana. “Un álbum tiene que sentirse como un viaje”, explica. “Si tú ves una película y tiene la misma escena repetida cuarenta veces, deja de tener sentido. La música también tiene que generar una montaña rusa emocional”.

Turizo incluso compara esa construcción emocional con la cocina: una mezcla constante de ingredientes, ritmos y sensaciones que van cambiando dependiendo del momento y del estado de ánimo de cada persona. “Hay días donde quieres escuchar algo más lento y parchado para caminar tranquilo, y otros donde quieres reggaetón porque estás con tu pareja o quieres salir a bailar”, comenta entre risas. “La música es eso: diferentes emociones, diferentes energías y diferentes momentos”.

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Aunque Apambichao gira alrededor de la libertad creativa y la exploración, Turizo reconoce que detrás de cada lanzamiento también existe un componente de incertidumbre inevitable. Después de meses —e incluso años— trabajando en silencio sobre canciones, conceptos e ideas, el momento de mostrar el proyecto al público sigue siendo, para él, una de las partes más difíciles del proceso artístico. “El reto realmente aparece cuando ya terminaste todo y dices: ‘Juepucha, ojalá que la gente conecte con esto’”, comenta el cantante. “Uno disfruta muchísimo haciendo música, pero después de invertirle tantas horas y tanta energía a un proyecto, siempre existe ese pequeño momento de ansiedad cuando finalmente sale al mundo”.

Más allá de hablar de dificultades técnicas o creativas, Turizo asegura que su principal criterio a la hora de hacer música sigue siendo el disfrute y la conexión emocional con lo que está creando. Según explica, cuando deja de sentir esa vibra o esa emoción dentro de una canción, prefiere abandonar la idea y empezar de nuevo antes que forzar un proceso creativo. “Si no estoy disfrutando lo que hago, simplemente cierro ese libro y empiezo otro”, asegura. “La música tiene que sentirse natural. Cuando uno no está conectado con lo que está haciendo, se nota”.

Tras el lanzamiento, el colombiano adelanta que el resto de 2026 estará marcado por nuevas colaboraciones, festivales y la posibilidad de comenzar oficialmente la gira del álbum hacia finales de año. Esa etapa ya comenzó a expandirse recientemente con ‘La Semana’, junto a Elena Rose, donde vuelve a acercarse a un sonido mucho más melódico y emocional.

Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos de esta nueva etapa sigue siendo su creciente relación con la música mexicana, una escena con la que ha conectado cada vez más durante los últimos años. Entre esos acercamientos aparece una colaboración con Banda MS, una experiencia que Turizo describe como especialmente significativa por la relación emocional que encuentra entre la música regional mexicana y géneros profundamente arraigados a la cultura colombiana, como el vallenato. “Soy muy fanático de la música banda y de toda esa música cultural mexicana”, explica. “Siento que tiene mucho que ver con el mismo sentimiento que transmite el vallenato: esas letras, esa emoción, esa manera de cantar las cosas tan a flor de piel”.

El cantante también reconoce que parte de esa conexión nace desde la manera en que artistas y agrupaciones mexicanas han abierto las puertas para que él pueda participar en un universo cultural completamente distinto al suyo. Nombres como Grupo Frontera o Fuerza Regida aparecen entre las agrupaciones con las que siente afinidad dentro de esa escena. “Yo me siento un forajido entrando a ese mundo”, comenta entre risas. “No soy mexicano ni crecí dentro de esa cultura, pero lo hago porque realmente me gusta y conecto con eso, y lo bonito es que ellos también han conectado con lo que yo hago”.

Para Turizo, esa experiencia se parece mucho a entrar en escenas profundamente locales dentro de Colombia, como la champeta o el vallenato más tradicional: espacios culturales con códigos propios que van mucho más allá del pop o de las tendencias globales. “Eso es cultura mexicana de verdad, no el pop mexicano”, asegura. “Y yo agradezco muchísimo que me hayan permitido entrar a ese mundo”.

Para Turizo, esa necesidad de explorar constantemente no parece responder únicamente a una estrategia artística, sino a una manera muy personal de entender la música y la vida. En un momento donde gran parte de la industria gira alrededor de fórmulas inmediatas, tendencias pasajeras y algoritmos, Apambichao aparece como un proyecto construido desde la intuición, la curiosidad y la libertad de probar cosas nuevas sin miedo a moverse entre géneros, culturas o incluso nuevas tecnologías.

Más que buscar una única definición dentro de la música latina, Manuel Turizo parece haber encontrado su identidad justamente en la posibilidad de no quedarse quieto. Ya sea acercándose al vallenato, experimentando con sonidos tropicales, colaborando con artistas urbanos o entrando como “forajido” al mundo de la música mexicana, el colombiano entiende su carrera como un proceso abierto, en constante movimiento y aprendizaje. Quizás ahí esté precisamente la esencia de Apambichao, un álbum que no busca encajar en un solo lugar, sino recorrer muchos al mismo tiempo.

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