Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We? es de esos álbumes que, pese a haber marcado a toda una generación con sus letras melancólicas y su sonido influenciado por el indie rock y el dream pop de los 90, ni siquiera sus propios creadores imaginaban el alcance que tendría. “Venimos de un pequeño pueblo de Irlanda donde esas cosas no sucedían, así que era como un cuento de hadas”, recordó Noel Hogan años después sobre el ascenso de The Cranberries, una banda que pasó de ensayar en pequeñas salas de Limerick a convertirse en uno de los nombres más representativos de la música alternativa de la década.
La historia comenzó en 1989, cuando los hermanos Noel y Mike Hogan, junto a Fergal Lawler, formaron una banda inicialmente llamada The Cranberry Saw Us. Poco después apareció Dolores O’Riordan, una joven cantante de apenas 18 años que llegó a una audición con una letra escrita por ella misma y una voz imposible de ignorar. Su entrada redefinió por completo el rumbo creativo del grupo con melodías más atmosféricas, letras más íntimas y emocionales, y un contraste entre fragilidad y fuerza que terminó convirtiéndose en el sello definitivo de la banda.
Tras llamar la atención de la prensa británica y firmar con Island Records, la agrupación comenzó a trabajar en lo que eventualmente sería su álbum debut. El proceso, sin embargo, estuvo lejos de ser sencillo. Las primeras sesiones de grabación no funcionaron como esperaban y la banda terminó replanteando gran parte del proyecto antes de encontrar en Stephen Street a la persona indicada para capturar el ambiente etéreo y emocional que terminaría definiendo el sonido del disco.
El resultado fue Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We?, un álbum que no solo convirtió canciones como ‘Linger’, ‘Dreams’ y ‘Sunday’ en clásicos instantáneos que perduraron en el tiempo, sino que también consolidó una identidad sonora completamente ajena a las tendencias de la época. Mientras gran parte de la industria perseguía sonidos cercanos a la electrónica para encajar en las modas del momento, The Cranberries apostó por construir un universo propio, uno íntimo, melancólico y profundamente humano que logró conectar con la juventud de la época, agobiada por un mundo convulsionado inmerso en guerras, injusticias e incertidumbre.
Hoy, a más de tres décadas de su lanzamiento original, ese universo sigue encontrando nuevas formas de expandirse, esta vez trayendo una edición deluxe especial por el aniversario número 33 del trabajo, que incluye nuevas mezclas estéreo realizadas por Street, material de archivo y versiones en español de ‘Linger’ y ‘Dreams’ junto a Bratty y ANASOF, dos reinterpretaciones que acercan el legado del disco a nuevas generaciones de oyentes latinoamericanos.
En conversación con ROLLING STONE en Español, Fergal Lawler, baterista y fundador del cuarteto de Limerick, habló sobre algunos detalles del material original, el proceso detrás de esta reedición, el impacto que el álbum sigue teniendo 33 años después y la manera en que la voz y el legado de Dolores continúan resonando tantos años después.
Para Lawler, gran parte de la esencia que terminó definiendo el álbum apareció justamente cuando la banda decidió detenerse y replantear todo el proceso creativo. “Estuvimos dos o tres semanas grabando y pensamos ‘esto no está funcionando para nada, no es lo que esperábamos’”, recuerda sobre aquellas primeras sesiones realizadas en Limerick junto al entonces mánager del grupo. Fue ahí cuando la banda tomó la decisión de buscar a alguien más para producir el disco y puso sobre la mesa un nombre que terminaría siendo fundamental para el sonido de The Cranberries: Stephen Street.
Tras una breve gira por Reino Unido, el grupo llegó a Windmill Lane Studios, en Dublín, para realizar una especie de “semana de prueba” junto a Street. Aunque ninguna de las partes había trabajado antes con la otra, la conexión fue inmediata. “Grabamos tres o cuatro canciones en ese tiempo y todo funcionó muy bien. Todo fluyó de manera muy natural”, explica el baterista. “Stephen era genial. Muy profesional, muy rápido, y toda la experiencia fue realmente disfrutable”.
Con el paso de los años, Lawler sigue recordando esas sesiones como uno de los momentos más especiales en la historia temprana de la banda. El estudio era pequeño, el clima acompañaba el ambiente cálido y esos cuatro jóvenes irlandeses junto al productor eran los únicos trabajando allí en ese momento. “Había una atmósfera fantástica”, recuerda. “Todos estábamos emocionados por finalmente estar grabando el álbum y trabajar con Stephen era divertido. De verdad disfrutamos muchísimo esa experiencia. Tengo recuerdos muy felices de esa época”.
Hoy, el baterista sigue viendo el álbum como una cápsula emocional capaz de transportarlo directamente a aquellos años. “Cada vez que escucho el disco vuelvo inmediatamente a esa época, a los 90, cuando lo grabamos y salimos de gira por primera vez con esas canciones”, explica. Sin embargo, reconoce que la relación de las nuevas generaciones con el proyecto es completamente distinta, especialmente porque muchos de los oyentes actuales ni siquiera habían nacido cuando salió originalmente.
Aun así, el baterista asegura que sigue sorprendiéndose con la manera en que canciones como ‘Sunday’ o ‘Pretty’ continúan conectando con nuevas audiencias alrededor del mundo. “Me vuela la cabeza. No puedo creer cómo estas canciones han resistido el paso del tiempo”, dice. Para él, gran parte de esa permanencia tiene que ver con que la banda nunca intentó perseguir tendencias sonoras ni acomodarse a lo que dictaba la industria. “Había gente diciéndonos que quizá debíamos probar ciertos sonidos porque eran lo que estaba de moda, pero nosotros siempre respondíamos ‘no, vamos a hacer lo nuestro’”.
Esa decisión, según Fergal, terminó convirtiéndose en uno de los elementos más importantes de la identidad del cuarteto. “Creo que justamente por eso nuestras canciones suenan a The Cranberries”, afirma. “Es la combinación de los cuatro miembros lo que crea ese sonido”. Incluso hoy, cuando intenta escuchar el álbum desde afuera, como si fuera simplemente otro oyente, siente que las canciones no han envejecido. “No suenan anticuadas. Todavía se sienten vigentes”, asegura, comparando esa sensación con la que experimenta al escuchar a The Doors: música que parece suspendida fuera del tiempo.
Esa honestidad y sencillez que terminó definiendo el sonido del disco también se trasladó a su identidad visual. Para la portada del álbum, la banda trabajó de cerca con Cally Callomon, entonces directora de arte de su disquera, revisando distintas referencias visuales antes de encontrar una idea que representara realmente quiénes eran en ese momento.
Entre esas referencias apareció With the Beatles, el icónico álbum de The Beatles donde los cuatro integrantes aparecen apenas iluminados sobre un fondo negro. “Nos gustaba mucho esa idea, algo sencillo, solo nosotros cuatro”, recuerda Lawler. Poco después, Callomon llevó el sofá que terminaría convirtiéndose en uno de los elementos más reconocibles de la estética temprana de The Cranberries.
“Hicimos algunas fotos y pensé ‘sí, esto está genial’”, cuenta. “Era algo muy natural, nada pretencioso. Simplemente ‘Aquí estamos. La música está dentro. Esperamos que la disfruten’”. Para el baterista, quizá esa fue precisamente la razón por la que la portada terminó funcionando tan bien con el paso del tiempo: porque nunca intentó convertirse en un gran manifiesto visual. “No estaba tratando de transmitir un mensaje complejo”, explica. “Era simplemente ‘esto somos nosotros’”.


Aunque la reedición llega 33 años después del lanzamiento original, Lawler deja claro que nunca la pensaron como “un nuevo proyecto” de The Cranberries. Para él, la banda dejó de existir como tal tras la muerte de Dolores en 2018. Sin embargo, eso no significa dejar atrás todo lo que construyeron juntos. “Obviamente queremos mantener vivo nuestro legado y seguir ofreciendo a los fans cosas que quizá nunca habían escuchado antes”, revela.
La idea de esta nueva edición surgió después de que Stephen Street trabajara en nuevas mezclas Dolby Atmos y versiones estéreo de Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We?. Cuando los integrantes escucharon el resultado, sintieron que aquel material merecía salir del archivo. “Pensamos ‘esto suena realmente bien, quizá deberíamos hacer algo con ello en lugar de dejarlo guardado en una estantería’”, recuerda Fergal.
“Creo que Stephen logró capturar algo muy particular. Es difícil de explicar. El espacio entre los instrumentos, la atmósfera, eso fue lo que consiguió plasmar. Trabajamos con distintas personas a lo largo de los años, pero nadie logró capturar eso de la forma en que lo hizo Stephen Street”, comenta sobre volver a trabajar con el productor. “Es como si, cuando los cuatro estábamos juntos en una habitación tocando, se creara un ambiente muy específico alrededor de nosotros, y Stephen consiguió atraparla y llevarla a la cinta. No sé cómo lo hizo. Tiene algo casi mágico”.
Pero más allá de la parte técnica o musical, el proceso de revisitar aquellas grabaciones tuvo también un peso profundamente emocional para el baterista. Escuchar demos antiguas, distintas tomas y conversaciones registradas en el estudio significó volver directamente a una época marcada por la cercanía entre los miembros. “En algunas grabaciones incluso se escucha a Dolores hablando entre toma y toma”, cuenta. “Es una sensación doble: por un lado hay felicidad, porque recuerdas cuando todo iba tan bien y todos estábamos felices; pero al mismo tiempo también aparece la tristeza, porque inevitablemente recuerdas que Dolores ya no está”.
Esa mezcla entre nostalgia y duelo terminó convirtiéndose también en una forma de reafirmar el impacto que O’Riordan sigue teniendo décadas después. Para Lawler, la reedición funciona tanto como una celebración del álbum original como una manera de mantener viva la memoria de la vocalista. “No quieres que alguien así sea olvidado; quieres que esa voz tan especial permanezca para siempre en la memoria de la gente”, afirma. Y agrega que, si nuevas generaciones descubren la música de la banda gracias a este tipo de lanzamientos, entonces “eso es algo fantástico”.

Uno de los aspectos más llamativos de esta reedición es la inclusión de nuevas versiones en español de ‘Linger’ y ‘Dreams’ junto a Bratty y ANASOF. Según Fergal, la idea surgió después de que varios artistas enviaran propuestas para reinterpretar canciones del álbum. La primera que escuchó fue la de Bratty, y hubo algo inmediato en ella que lo conectó con el espíritu original de la canción. “Me pareció muy inocente y dulce. Había algo en su voz, una inocencia muy bonita que creo que a Dolores le habría encantado”, explica.
Poco después llegó la versión de ANASOF para ‘Dreams’, otra reinterpretación que, según el baterista, logró mantener intacta la sensibilidad emocional del tema original. “Creo que logra rendir homenaje a la canción de una manera muy especial”, dice. Para Lawler, hay algo simbólico en que nuevas artistas latinoamericanas puedan dialogar con la música de The Cranberries décadas después. “Siento que a Dolores le habría encantado inspirar a artistas jóvenes de esta forma”.
En el caso de Bratty, la conexión con ‘Linger’ venía desde mucho antes de la reedición. “Creo que la escuché por primera vez cuando era niña, porque era una canción tan famosa que sonaba en todas partes. Incluso mis padres la escuchaban”, cuenta la artista mexicana. Cuando recibió la invitación para participar en el proyecto, asegura que la emoción fue inmediata: “Todavía no me lo creo. Una banda tan buena se puso en contacto conmigo y se interesó por conocerme. Es un verdadero honor para mí”.
Sin embargo, el momento más impactante para ella llegó durante el proceso de grabación, mientras escuchaba las voces originales de Dolores O’Riordan aisladas dentro de la sesión. “Escuchar la voz de Dolores me dio escalofríos y quise llorar”, recuerda. “Sentí que estaba en el estudio con ella. No sé cómo explicarlo, pero fue un momento realmente bonito para mí”.
En medio de una industria dominada por la inmediatez y el consumo acelerado, Fergal todavía cree que existe espacio para discos capaces de detener el tiempo por un momento. Para él, gran parte del valor de Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We? sigue estando precisamente en esa capacidad de invitar a una escucha más pausada, íntima y emocional.
“Espero que inspire a la gente a tomarse un momento, a salir un poco de toda esa prisa constante y del ritmo acelerado de la vida, para realmente detenerse en estas canciones, escucharlas con calma y relajarse un poco”, explica el baterista. Más que nostalgia, lo que Lawler espera que provoque esta reedición es una especie de refugio emocional, un espacio donde el oyente pueda desconectarse, aunque sea por unos minutos, del ruido cotidiano.
“Creo que siempre habrá un espacio para canciones emocionales como estas”, afirma. “Canciones capaces de llevarte a otro lugar, de sacarte por un momento de la realidad y permitirte entrar en un estado distinto”, una sensación que, según él, ha acompañado su propia relación con la música durante toda su vida. “No importa si estoy feliz, triste o emocionalmente agotado; siempre hay ciertas canciones que logran aliviar el dolor o hacerme sentir mejor”.

Puede que quizá la intención final detrás de esta nueva edición no solo sea revisitar un clásico, sino permitir que nuevas personas puedan habitarlo emocionalmente por primera vez. “Espero que la gente simplemente se deje conmover por el álbum”, concluye Lawler. “Que pueda apartarse un momento de la realidad, escucharlo con calma y, ojalá, sentirse transportada a otro lugar, conectando emocionalmente con la música”.
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