Tom Noonan murió el 14 de febrero de 2026, a los 74 años. Para algunos es Francis Dollarhyde en Manhunter, el asesino que referencia a William Blake antes de destruir a una familia. Para otros, será el fanático Cain de RoboCop 2; o el siniestro Ripper, también conocido como Tommy Noonan, en Last Action Hero. También será el predicador de la serie de vaqueros Hell on Wheels, el hacker silencioso de Heat y la voz múltiple de Anomalisa. Su filmografía es extensa, pero más importante que los títulos es la coherencia. Noonan trabajó siempre desde la economía expresiva.
Medía 1,96 metros. Hollywood vio en él a un antagonista natural. Pero lo que distinguía a Noonan no era la amenaza física sino la vulnerabilidad que dejaba ver bajo ella. En una entrevista explicó cómo llegó tarde a la actuación y cómo el baloncesto fue su primera escuela de escena: “Jugar baloncesto fue, en muchos sentidos, la forma en que aprendí a actuar… Nunca actué de niño. Nunca hice obras escolares. No actué hasta los 27 años… Aprendes mucho cuando estás frente a la gente, cuando hay un público y haces algo que amas. Muchas de las habilidades que necesitas para actuar vienen de ahí… Es como una lucha de vida o muerte frente a personas a las que quieres impresionar.”
La frase explica su método mejor que cualquier análisis externo. Para Noonan, actuar era exponerse. No se trataba de gestos grandilocuentes, sino de sostener la tensión ante otros.

En Manhunter, dirigida por Michael Mann, no construyó un monstruo espectacular. Lo presentó como alguien aislado, frágil e incluso confundido. El horror no provenía de explosiones emocionales, sino del vacío. Años después, Mann lo convocó nuevamente para Heat, donde interpretó a Kelso, un hacker que aparece brevemente pero que deja una marca clara e indeleble. Noonan entendía cómo ocupar poco tiempo en pantalla y aun así permanecer en la memoria.

Ese mismo equilibrio lo llevó a papeles que podrían haber caído en el estereotipo vacío. El Frankenstein de The Monster Squad tiene más humanidad que muchos protagonistas de la época; y su Cain en RoboCop 2 combina ambición, fanatismo y fragilidad sin perder credibilidad.

La otra mitad de su carrera ocurrió lejos del gran estudio. Noonan escribió y dirigió What Happened Was… una película íntima sobre una cita que se vuelve un ejercicio de incomunicación. También escribió, dirigió, editó y compuso la música. El proyecto mostró su interés por el silencio y los espacios entre las palabras. Su debut como guionista en Willie & Phil, ganó el Gran Premio del Jurado Dramático y el premio a mejor guion en Sundance. Era evidente que su mirada no dependía del sistema de estudios.
Charlie Kaufman supo aprovechar esa cualidad en Synecdoche, New York, donde Noonan interpreta a un actor que encarna al protagonista dentro de una obra que replica la vida misma. Era un juego sobre identidad y representación, y Noonan parecía moverse allí con naturalidad. Más tarde, en Anomalisa, dio voz a todos los personajes secundarios, reforzando la idea de uniformidad y repetición que atraviesa la película.

En televisión trabajó con la misma precisión. Su episodio en The X-Files, “Paper Hearts”, fue escrito específicamente para él. En Damages, Hell on Wheels y 12 Monkeys sostuvo personajes que no necesitaban alzar la voz para dominar la escena. Su estilo se basaba en pausas largas, miradas sostenidas y un ritmo propio.
Nunca buscó simpatía fácil. Tampoco persiguió el estrellato convencional. Su carrera fue la de un actor que elegía proyectos por afinidad artística más que por visibilidad. Tom Noonan pertenece a una tradición de intérpretes que trabajan desde los bordes del relato principal. No lideraba campañas publicitarias ni llenaba portadas con escándalos. Su aporte era más sutil. Hacía que una escena cambiara de tono cuando entraba en cuadro. Con el paso de los años, su figura se volvió un punto de referencia para directores interesados en personajes complejos. No era un actor de exhibición. Noonan siempre aportó densidad.
Su legado no está en la cantidad de premios ni en la fama masiva. Está en la forma en que sus personajes parecían existir más allá del guion. En la manera en que una frase dicha en voz baja podía sostener toda una secuencia.
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