Tidal, el debut de Fiona Apple cumple 30 años

Fiona Apple McAfee-Maggart crea música triste, furiosa y erótica. Ese ha sido el sello distintivo de su obra desde que comenzó en los 90, a los 18 años. Decir que es “icónica” sería quedarse corto, dada su influencia que trasciende las ventas de discos y sentó las bases para artistas transgresores y directos en todo el mundo. Ese legado empezó con Tidal (1996).

La portada cuenta la historia de una joven que te mira fijamente desde el disco con sus penetrantes ojos azules; como si te diera permiso para entrar en su mente y alma. La fotografía invita al oyente a explorar sus melancolías y frustraciones a través de pianos intensos, acompañados de baterías contundentes, bajos llenos de Groove e instrumentos coloridos que pintan un breve vistazo, una instantánea borrosa y sobreexpuesta, de la vida y el espíritu de Fiona en su momento.

En una entrevista con Rolling Stone en 1998, “Fiona: The caged bird sings”, se profundiza un poco más en lo que sentía y cómo lidiaba con la presión de sus angustias. Se encontraba ansiosa, exigente, a punto de estallar de ideas y afligida por los acontecimientos de su vida en aquel momento. Movía las velas de su cuarto de hotel y hacía collages en bata de baño, medio dormida, mientras conversaba con Chris Heath sobre detalles que exploraremos al recordar el milagro que fue este primer álbum.

Si bien Apple provenía de una familia de artistas (Brandon Maggart, su padre, trabajó en Plaza Sésamo y fue pintor, actor y cantante; Diane McAfee, su madre, fue actriz de Broadway y apareció en West Side Story en 1968). No fue un camino fácil, como revela su entrevista: sufrió bullying escolar, ha tenido pensamientos suicidas desde pequeña, fue víctima de agresión sexual y creció con padres separados desde los cuatro años. 

Existen grabaciones de ella a los ocho años tocando el piano y, como narra Chris, a los nueve, en un intento por crear música tras no poder dormir, se sumergió en la oscuridad que impregna gran parte de su arte y que cautiva a cualquiera que se atreva a mirar ese vacío que devuelve la mirada.

“Era simplemente otra joven talentosa, un poco peculiar, a la que le gustaban las medias que no combinan, la ropa sin costuras y su colección de animales de cristal.” Chris Heath

Un poco de suerte

Digo que el álbum fue un milagro no solo por los desafíos personales que enfrentó desde una temprana edad, sino porque su producción fue una cuestión de estar en el lugar y el momento correcto. Una cinta, demo de tres canciones que grabó con su padre en Los Ángeles, llegó a manos del ejecutivo Andrew “Andy” Slater a través de un amigo mutuo que trabajó como niñera para el publicista… o al menos eso dicen los rumores. Luego, firmó con Epic Records, filial musical de Sony, realizó su álbum con una banda y Andy como productor.

Lo más interesante del desarrollo de este álbum fueron las historias del proceso de composición y creación, por ejemplo, ‘Criminal’, el mayor éxito de su carrera hasta el momento y la canción que le dio un Grammy en 1998, se escribió en una pausa de almuerzo de 45 minutos porque la disquera “necesitaba un sencillo principal”, la manera que impresionó a sus colaboradores con la honestidad de sus letras en canciones como ‘Never Is a Promise’, la cual escribió cuando tenía 14 años (dicha canción hizo parte de ese mítico demo inicial) y la pausa que tuvo que suceder en medio de producir el LP por su desorden alimenticio; ella explica que, además de la ayuda profesional, fue Lenny Kravitz quien le ayudó a sentirse escuchada y a salir adelante en ese periodo de caos interno.

Las innegables influencias del jazz y el hip hop, que le enseñaron a crear música (aprendió a tocar con “The Real Book”, una recopilación de artistas como Billie Holiday y Ella Fitzgerald), brillan en su sonido azul y lleno de un cansancio melancólico pero hambriento de hacerse escuchar. En las letras expresa su miseria en temas como ‘Sullen Girl’, que se adentra en el sentimiento que deja un hombre cuando te hace naufragar, se roba “tu perla” y te abandona como una concha vacía.

En la entrevista con Rolling Stone, Heath escribe “Todavía tiene pesadillas terribles y violentas. Siente lo mismo, pero con gente diferente. A veces, gente que conoce. Durante años, los hombres mayores la ponían nerviosa. Incluso cuando grabó su álbum, se negó a sentarse junto a ninguno de los músicos ni a Andy Slater, su productor y mánager. Es lo suficientemente honesta como para establecer otras conexiones: ‘Tuve novios muy malos durante mucho tiempo que tenían un ligero parecido físico con el hombre que me violó’.”

Un poco de fama

La época en la que lanzó Tidal no estaba preparada. En verano de 1996 se escuchaba música cómo ‘La Macarena’ de Los del Río y ‘One Sweet Day’ de Boys II Men y Mariah Carey, la economía estadounidense estaba bien y aún existía ese optimismo de la posguerra fría y los avances en la tecnología. El público se dividió al ser expuesta de este nuevo “prodigio” que a la vez veían como “malcriada” porque no le importaba lo que los demás pensaran de ella o de su música. Fiona Apple llegó para quedarse y nadie estaba preparado para eso.

Como era la antítesis de la música comercial, encontró una parte clave de su éxito en los videos musicales. En este disco, grabó tres videoclips para las canciones ‘Shadowboxer’, ‘Sleep to Dream’ y ‘Criminal’. ‘Sleep to Dream’ le brindó el premio MTV Video Music Award de 1997 a “Mejor artista nuevo”. Su discurso generó controversia, afirmó, entre otras cosas, que “este mundo es una mierda” y abogó por que la gente fuera ella misma sin importar lo que dijeran los demás. Nuevamente, cautivó la atención de muchos, y la admiración de otros artistas como Kanye West, otro “loco” de la industria que admitió que Tidal fue una gran inspiración para él y soñaba con ser “la versión rap” de ella, por lo que trajo a Jon Brion, quien ayudó a la producción de Tidal, para su proyecto del 2005, Late Registration.

Chris Heath cuenta que cuando Apple leyó su primera mala reseña del álbum ella “empezó a rascarse la muñeca izquierda con las uñas de la mano derecha. Era un tipo de Boston que decía que era la respuesta de Sony a Alanis Morissette, que tenía mucho que aprender y que la instrumentación la había salvado. (También dijo que era ‘precoz’. Ella, por alguna razón, lo malinterpretó y pensó que había dicho ‘pretenciosa’, lo que empeoró las cosas).

Se rascó y se rascó, hasta llegar al brazo. Todavía tiene algunas manchas oscuras en la muñeca, donde más se rascó. ‘Me molesta un poco’, dice con franqueza. ‘Es algo común’.”

Como a muchas y muchos otros antes y después, las críticas fueron feroces y el público acabó metiéndose en su vida privada. Algunos críticos la llamaron “una mala Joni Mitchell”, y su imagen de “la rebelde, provocativa, dramática y desenfrenada” la inspiró para la creación de su siguiente pieza When The Pawn… de 1999, (El nombre completo dice “Cuando el peón llega a los conflictos, piensa como un rey. Lo que sabe da los golpes. Cuando va a la pelea, ganará todo antes de entrar al ring. No hay nadie a quien golpear cuando tu mente es tu poder, así que cuando vayas solo, toma tu propia mano y recuerda que la profundidad es la mayor de las alturas, y si sabes dónde estás parado, entonces sabes dónde aterrizar, y si caes no importará, porque sabrás que tienes razón.” En su momento fue el álbum con el nombre más largo del mundo… hasta que en 2008 Cumbawumba le quitó el trono)

Y mucha pasión

Recordar a Tidal es volver a aquella época en la que una joven inexperta y frustrada, con mucho que decir, aprovechó la oportunidad de hacer historia en la música “como nadie más”. En sus primeros conciertos se puede apreciar el fuego que la impulsaba; ya fuera ira, indignación o simple autocompasión, siempre lograba dominar el escenario y disfrutar de lo que hacía al 100%.

Este debut fue una advertencia para algunos y una promesa para muchos de que seguiría mejorando a medida que madurara y encontrara su propio estilo. Como ella misma lo expresó en 1997: “Tenía algo en mente y simplemente lo dije. Y eso es realmente el presagio de toda mi carrera y de toda mi vida. Cuando tengo algo que decir, lo digo”. Hoy podemos confirmar que esa meta se cumplió.

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