Rep: “Como Charly no hay nadie. Sobrevivió a sí mismo”

Más de 300 Charly García. El Charly Say No More. El Charly hippie de Sui Generis. El Charly niño prodigio de la música clásica. El Charly que se tiró por vos del noveno piso de un hotel en Mendoza. El Charly moderno de Clics. El Charly platinado a lo Cobain. El Charly de Serú Girán. El Charly progresivo de La Máquina de Hacer Pájaros. El Charly del oído absoluto. El Charly flaco. El Charly gordo. Y también algunos Charly de fantasía. El Charly Inodoro Pereyra. El Charly Anteojito. El Charly de La piedad de Miguel Ángel. Durante casi tres años, Miguel Rep dibujó más de 300 Charly García para su nuevo libro Charly absoluto, que publica este mes la editorial Sudamericana.  La presentación es este viernes 1° de mayo, a las 16.30, en la sala Victoria Ocampo de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, y será una conversación con Fito Páez.

Una biografía ilustrada que abarca todos los Charly, desde que era apenas un espermatozoide hasta la actualidad. Un trabajo de investigación (y admiración) obsesivo que el dibujante y humorista gráfico cerró al terminar esta entrevista dibujando, en vivo, el Charly de la primera tapa de Rolling Stone Argentina en exclusiva para este número.

“Hasta que no lo saqué de memoria, no paré. Recién ahí empecé a dibujarlo para el libro”, dice Rep en su casa-estudio de Palermo, sentado en medio de una habitación repleta de bocetos y dibujos y pinturas de… Charly García. 

Rep advierte que durante la charla se va a parar varias veces, que no se puede quedar sentado demasiado tiempo seguido, que le gusta ir y venir por la habitación mientras habla y dispara la primera de las muchas teorías que ha ido elaborando acerca del músico que ha sido su obsesión durante los últimos años. “Para mí Charly está más activo cuando toca la guitarra, que es de parado. Cuando toca el piano es un pulpo, inquieto, pero de dorapa es cuando se destapa. Uno puede vivir piano o vivir guitarra. El dibujante comúnmente es piano, pero ahora me estoy transformando en guitarra. Lo veo cuando estoy en Fa! [el programa de entrevistas y música que conduce Mex Urtizberea y del que Rep forma parte dibujando en vivo en cada una de sus emisiones]. Es como que ahora me siento un DJ”.

Este DJ poco convencional, que publicó sus primeros dibujos en una revista dirigida por Fabio Zerpa cuando tenía apenas 14 años (el mes pasado cumplió 65), es, según las más que autorizadas palabras de Quino, “el mejor historietista argentino” de su generación. 

Casi veinte años después de aquel tremendo elogio por parte del creador de Mafalda y “la” eminencia nacional en el oficio del lápiz, la tinta y el papel, hoy Rep ya no se siente historietista. “El tema es que desde hace tiempo ni hago historietas. Es algo que sigo amando, pero para leer, no para hacer. Hoy si tengo una historia larga para contar, no la pienso como historieta. Pienso que la tendría que contar de otra manera. Aunque eso no signifique que no agarre una historieta y la abrace o que vuelva a ver algo de José Muñoz o de Oesterheld o un Ásterix con amor. Siempre se vuelve a esa patria”.

El CV de Rep arranca con sus primeras publicaciones en una revista sobre ovnis, Cuarta dimensión, y ahí nomás aparecen Hortensia y Humor, donde en 1980 compuso probablemente su primer gran hit: la tira “El recepcionista de arriba”. Luego llegaría Página/12 (historietista fundador en la contratapa del diario) y los 38 libros que ya registra con su firma (del Bellas Artes a Los barrios y de 200 años de peronismo a Don Quijote y la saga Nacidos para molestar, que por ahora tiene los capítulos Maradona y Evita). 

En la última década, además, experimentó con los mil y un proyectos por fuera de las viñetas: dibujos en vivo con vino y café, programas de radio y de televisión, espectáculos con Pedro Saborido, diseño de etiquetas de vino y aceite de oliva, portadas de vinilo o dibujos proyectados en pantalla gigante en los escenarios de conciertos de su amigo Pedro Aznar o en las fiestas Fa!

“Todos tenemos un Charly para armar. Yo armé el mío”, dice Rep (Foto: Fernando Gutiérrez).

“En los últimos tiempos lo que me ha dado un tipo de esperanza de seguir dibujando han sido los libros. Porque para mí la gráfica ya está y las redes es otra cosa, no sedimentan, son un consumo. Los libros sí sedimentan. Yo pienso morir en esa y también en experimentar en cosas como las de Fa! o lo que hago con Pedro. El escenario cada vez me gusta más”, confiesa y se vuelve a levantar de la silla, esquivando sus propios dibujos de Charly desparramados por el piso.

Volvamos a Charly entonces. Rep dice que empezó a pensar en hacer un libro sobre García cuando hizo su primer programa de Mundo Rep dedicado al músico. “Ahí empecé a meterme mucho con el personaje, pero en realidad, cuando hicimos los libros de Nacido para molestar con Nacho (Ignacio Iraola, exeditor de Planeta, compañero de aventuras literarias del dibujante y motor incondicional de este proyecto), siempre pensábamos cuál sería el próximo, y después de Evita y Maradona apareció Messi, que no era específicamente Nacido para molestar (el título es Messi, nacido extraterrestre), y Charly siempre estaba dando vueltas. Porque sin dudas él es un ‘nacido para molestar’, aunque este libro se terminó llamando Charly absoluto”.  

¿Cuándo y cómo llegó Charly a tu vida?

Lo primero que recuerdo es el Charly de Sui Generis que mis compañeros de secundaria escuchaban y fogoneaban, pero yo detestaba, porque siempre le escapé a los hippies. No sé, yo tenía un problema ahí y no lo aceptaba. Lo acepté realmente con Serú Girán. Ahí empezó mi escucha y lo que sí recuerdo en el año 80 es cuando escuché “Canción de Alicia en el país” y en 1981 tenía una novia que se llamaba Alicia, entonces le hice un montón de cartones con dibujos que tenían que ver con el tema. La canción me despertaba muchas imágenes y ahí para mí mi novia era la Alicia de la letra, pero era una morocha argentina, no la rubia de Disney. Me acuerdo de que hice esos cartones con cosas alegóricas, lo del brujo y eso y ahí creo que fue mi primera relación fuerte con Charly. Después vino todo lo de Serú y después Clics modernos, que fue como decir “por fin, estábamos esperando que tomaras la decisión de meterte con Talking Heads y el punk”. Me gustó que ahí se limpió, se purgó, y empezó otra carrera.

El libro funciona como una biografía ilustrada, ¿lo pensaste así?

Sí, se terminó armando así. Un poco a mí me sale hacer biografía, porque yo a veces, incluso para ilustrar un libro de literatura de otro, medio que estudio el contexto, leo toda la vida de ese personaje y después me dan muchas ganas de recrearla. Eso me viene de fábrica, porque yo en Humor hacía una historieta que se llamaba “El recepcionista de arriba” y era como una biografía y me estudiaba la vida de los personajes que dibujaba, de Dalí o de John Wayne o de Alfred Hitchcock en ese momento. No sé cómo carajo hacía, porque no había tanta información como ahora. Me compraba los fascículos de Los Hombres. Siempre tuve una actitud biografista, un poco para comprender el hecho, el antes del después. ¿Cómo llegó a lo que lo hizo popular? Como si fuera el actor que estudia al personaje. Porque para mí Charly empieza en el espermatozoide, no empieza en Clics modernos. Me interesa conocer cómo llegó a hacer esas canciones y para eso tengo que ir a ver cómo empezó todo.  

¿Y qué encontraste en esa primera aproximación a su infancia?

Todas esas historias de la madre y del padre, sus estudios de música clásica. Hasta lo llamé a Bruno Gelber, porque hice un dibujo de Bruno, pensando en qué hubiera pasado si Charly no se cruzaba con “There Is a Place”, de los Beatles. Por ahí estaría tocando con Bruno Gelber. A Charly lo asocio inmediatamente a la clasicidad. Es un músico distinto porque ha estudiado los clásicos. Además del oído absoluto, de reconocer las notas y todo eso, tiene una base que lo hizo ir por todos los caminos bien. Pasar por la sinfónica, pasar por la progresiva y después limpiarse. Charly se banca todo, se banca Chopin, se banca Elton John y se banca John Lennon. Eso lo completa mucho y creo que estamos hablando de un tipo que va a quedar para siempre. Para mí es un ídolo que va a quedar como Astor Piazzolla, como Gardel. Es una obviedad lo que digo, pero me parece que todo eso completa el personaje y que lo único que le falta es una trascendencia internacional, que por ahí algún día se le da. Es lo único que le queda.

Si llamaste a Bruno Gelber para el libro, imagino que tuviste un nivel de investigación del personaje bastante profunda…

Sí, hablé también con sus compañeros de ruta, con Hilda [Lizarazu], con Aznar mucho, con Samalea. A algunos les hice entrevistas directamente en el programa de radio, al Zorrito [Fabián Quintiero]. Es una manera de construir el personaje, pero también leí todos los libros sobre Charly y vi todos los conciertos que hay dando vuelta. Hay muchos buenos libros de Charly y los leí todos. Y también empecé a recordar las cosas que se decían en Humor, en “La página de Gloria”, todas las experiencias que se te van agolpando, las asociaciones que vas haciendo a partir de tu recorrido. De ir una trasnoche a Prix D’ami y que de golpe llegue Charly y toque su versión del Himno, que nunca la había escuchado todavía. Cuando terminé el libro empecé a cerrar el puzzle, porque Charly realmente es un puzzle, pero con las piezas desparramadas por todos lados, debajo de la cama, en todas partes. Todos tenemos un Charly para armar. Yo armé el mío, a pesar de que el puzzle todavía no se terminó, porque él está vivo. Eso está bueno, que él pueda vivir toda esta ráfaga de afectividad que hay, de agradecimiento. ¡Son 70 años de música! Charly es un tipo que ha sido muy luminoso. Me parece que hay varios Charly y hay que analizar mucho, porque está el Charly hippie, el charly del futuro, de lo que vendrá y también está el que un día empezó a vivir el minuto a minuto.

¿Lo trataste personalmente?

Una sola vez, en Bogotá. Yo había viajado a Río de Janeiro con Fito Páez, porque queríamos trabajar en el storyboard que yo iba a hacer de su primera película, Vidas privadas. Nunca teníamos tiempo para juntarnos y Fito me invitó a su gira. Cuando estábamos en Río me dice que se iba a Bogotá porque iban a estar Mercedes Sosa y Charly y ahí fuimos. Estuvimos en una habitación y ahí vi a un Charly en acción, que nunca percibió quién estaba alrededor. Todas esas imágenes también me sirvieron para crear mi Charly. Y también estuve muy bien asesorado con amigos como [Juan Ignacio] Boido, que tiene un doctorado en Charly, y Rodrigo Fresán, que escribió el prólogo del libro.

Mientras hacías el libro, ¿intentaste acercarte?

No. Yo siempre fui muy así … Si se daban las circunstancias, bueno. Pero son años muy peculiares, ¿no? Uno piensa, ¿para qué lo voy a molestar? De hecho, hay como acercamientos y creo que voy a terminar viéndolo. A él le llegaron dibujos. Igual, en ese sentido, de los biografiados no conocí a ninguno personalmente, a Messi no lo conocí, a Diego me lo crucé alguna vez, pero bueno, creo que por un lado es mejor estar libre, no enamorarte de los personajes.

¿Qué diferencia encontraste en Charly en relación a los otros personajes con los que trabajaste?

Creo que la única excepción es Messi, porque es el más carente de argentinidad. Todos los demás personajes son argentinísimos. Esa cosa de poner su cuerpo, no solo su obra. Charly es un cuerpo argentino, su labia, sus frases. Es como Maradona, que por cierto es 9 años menor. No estoy dibujando la vida de Bukowski o de Caetano Veloso, que me costaría más. Acá cuando me metí enseguida encontré la argentinidad. Y uno dice gracias a Dios, porque esa estética argentina te ayuda a ordenarte un poco. La ética, la estética, el desorden que somos, la creatividad que somos, la falta de futuro, el desacuerdo, el quilombo, la individualidad. Son personajes que viven el presente, que se queman casi permanentemente. Y eso a mí me parece algo muy ajeno también, porque yo soy todo lo contrario. Uno está mirándolos y jamás podría ser como ellos. Charly tiene una animalidad creativa increíble, que cambia constantemente. 

El escritor argentino, radicado hace años en Barcelona, Rodrigo Fresán sostiene en el prólogo de Charly absoluto que “Rep, como Charly, es uno de esos escasos maníacos referenciales que se nutre de lo que pasó pero nunca pasará y que lo centrifuga hasta convertirlo en algo propio. Algo remixeado y haciendo equilibro sobre la delgada pero firme línea que separa/une a la reverencia de la irreverencia”. Y luego suma las palabras de Quino acerca del estilo del Rep dibujante: “Rep es sin duda el dibujante más original que ha producido la Argentina en los últimos años. Hasta su aparición todos habíamos llegado a este oficio con nuestros papeles aburridamente en regla: hijo de Oski: sobrino de Divito; nieto de Lino Palacio; ahijado de Hugo Pratt… Él no. Rep exhibe extrañas cartas de identidad que lo muestran primo de García Lorca, hermano de Edvard Munch, compadre de Boris Vian y yerno de Cátulo Castillo. Tal vez por eso su línea es una curiosa lombriz que se adentra bajo la tierra de este cautivante Planeta Rep, tratando de descubrir su propio origen como una pregunta que se interroga continuamente a sí misma. Y, a fin de cuentas, eso no es otra cosa que la raíz de la poesía”.

Charly absoluto está repleto de poesía y coronado por múltiples influencias que al final arman un todo completamente nuevo. “El dibujo para mí es una adicción”, dice. “Veo dibujos todo el tiempo, veo líneas. Yo no veo manchas como el pintor. Yo veo líneas en todos lados. No sé, no puedo vivir sin dibujar”. 

Así las cosas, en estos últimos tres años,  su vida fue dibujar a Charly, una y otra vez. 

¿Quién vendría a ser el Charly García de los dibujantes?

Mmmm… Hay varios, sería una mezcla, me parece. Aunque no veo a alguien que venga del campo del noveno arte, del humor. Hay algunos artistas quizá que tengan más que ver con lo que es Charly. Pollock puede ser uno. Hay un italiano, que se murió muy joven de sobredosis, Andrea Pazienza, que también podría ser. Un artista buenísimo, típico de los 80. Hay otro que se llamaba Vaughn Bodē, que se suicidó, creo que era holandés. Pero no hay muchos casos así. Este es un ambiente bastante tranquilito y yo a Charly lo ubico entre esa gente que puso el cuerpo en su obra. Por eso decía lo de Pollock, que puso el cuerpo y es muy notorio en su pintura. Egon Schiele también, que fue una especie de Klimt aguardentoso. De hecho, la tapa del número uno de Rolling Stone es como una pintura de Egon Schiele, ¿no? Es muy difícil porque como Charly no hay nadie, ja. Porque él es un sobreviviente de sí mismo. ¿Cómo puede ser? Renace en una crisálida permanente. Este es mi libro definitivo de Charly, pero Charly no es definitivo.

Rep vuelve a levantarse de la silla y mira detenidamente la tapa del primer número de Rolling Stone que dentro de un rato dibujará para la revista. “Esta tapa es un ícono, así como también las imágenes de Charly de Andy Cherniavsky o lo que hizo Renata Schussheim, las fotos de Nora Lezano y las de Hilda Lizarazu, de alguna manera. Charly, como buena estrella pop, se dejó manejar la imagen y eso es muy importante. Porque si no estuvieran esas imágenes icónicas de él, no estaríamos hablando de Charly. Charly es pop, es imagen pura. Y yo con esas imágenes traté de hacer un libro”.

¿Te acordás del primer Charly que hiciste?

Yo creo que fue una postal (Postales fue una serie de dibujos que comenzó publicando en Página/12 y que luego llegó a ser libro). Es un dibujo en que él está con Spinetta. No lo incluí en el libro, porque era un Charly muy primitivo para lo que dibujé después. Me hace acordar a Don Quijote, a quien dibujé mucho. Son como esos flacos inalámbricos, hermosísimos. Me parece que siempre lo voy a dibujar. 

De todos los Charly, ¿cuál fue el más difícil de dibujar? 

El último es el más difícil, porque es el menos gestual, es menos expresivo. Si bien no hay muchas fotos de niño, incluso ese es más fácil imaginarlo. Cuando me metí con el niño Charly me llamó mucho la atención que no usara anteojos. No hay fotos del niño Charly con anteojos. ¿En qué momento le crecieron los anteojos? Esa es la pregunta. Porque para la imagen de Charly los anteojos son muy importantes, como los bigotes y su figura estilizada. Por eso para mí son tan importantes las imágenes que le tomaron los fotógrafos. Ellos nos ayudaron a conocer a Charly. ¡Como el camarógrafo de Mendoza que lo filmó justo cuando se tiró a la pileta del hotel desde un noveno piso! De pedo. Si esa imagen no está, no está la leyenda de Charly. Por ahí en su vida se tiró tres o cuatro veces, pero el tema fue que no estaba uno ahí tratando de hacerle una nota a [Alberto] Flamarique y lo captó cayendo desde el aire. 

¿Y el Charly que más te gusta dibujar? 

Ese, el que se tira a la pileta. Hice muchos de esa situación. 

¿Utilizaste diferentes técnicas en los dibujos?

No mucho. Hay algunas pocas acuarelas, pero la mayor parte del resto de los dibujos son en tinta y con colores planos en Photoshop. El tema es que los colores planos imprimen mejor, son más fieles. Hoy la gente mira con la luz de atrás. Nuestro ojo se acostumbró a la luz de atrás del celular. No es la luz natural. Entonces, una impresión de algún material diferente puede llegar a defraudar. La pantalla nos está malacostumbrando a que vale lo mismo un Molina Campos que la imagen de un rosbif, la foto de egresados de un famoso que un Matisse. Creo que una de mis ocupaciones hoy es pensar la imagen. Porque la gente no tiene tiempo, todo es un residuo que no se puede elaborar. No hay aduana, comemos todo y terminás no viendo nada. En una época, todos pedíamos imágenes y más imágenes, pero era necesario que así fuese, porque faltaba ese lenguaje. Ahora se llegó al punto en el que la inundación de imágenes está censurando a la palabra. Por eso creo que hay que volver a educar el ojo.

Es muy difícil tratar de encapsular las mil y una vidas de Charly García y de allí que resulte tan complejo hacer, escribir, dibujar una biografía que abarque toda su vida y su obra. Pero Rep lo hizo. Con gracia, elegancia, humor y obsesión. “Como humorista me gustaba también mostrarle a la gente que él tiene mucho humor y que ese humor siempre ha suavizado su personaje. Tiene mucho ángel y si bien tiene una dosis de maldad, por las anécdotas que escuché es un amor de gente”.

Rep habla de la educación visual de Charly, de su ojo absoluto, de la influencia de Roger Dean y del atractivo de las portadas de su discografía, que tiene un apartado especial en el libro, con apuntes del autor. En cada una de las páginas de Charly absoluto la síntesis aparece como un recurso de máxima precisión. “El libro es sintético, sí”, concede. “Pero mi idea es que los dibujos les disparen algo a los lectores. Yo me acuerdo siempre de un cuadrito del Corto Maltés que me despertó el interés por la Primera Guerra Mundial y, por ende, por la Segunda Guerra Mundial. Antes de haber visto ese cuadrito ni lo había pensado. La historia es la de un fusilero australiano borracho que termina derribando el Fokker del Barón Rojo, un héroe alemán de la Primera Guerra al que nadie podía derribar. Resulta entonces que hay un fusilero que cuando está borracho lo que apunta lo tira. Al Corto Maltés se le ocurre que podía ser una buena idea para terminar con el Barón Rojo y consigue un vino que le caga a un oficial y se lo da al fusliero hasta que lo emborracha. Y bueno, ‘Pum’, y uno ve cómo cae el avión y cuando se estrella contra el piso le roban todo.  Justo en ese momento, arriba del saqueo, pasa otro Fokker, y se puede ver a un compañero del Barón Rojo que observa y se ríe. Si mirás bien el cuadrito, en la cabina está su nombre: Hermann Göring. Enseguida que lo vi, pensé: ‘¿Quién carajos es Hermann Göring?’. Claro, investigué y, bueno, di con que había sido héroe de la Primera Guerra Mundial, compañero del Barón Rojo, pero ya con una ambición tremenda que luego lo llevaría a ser el mariscal de Hitler. Todo eso en un cuadrito. A mí me gustaría que eso pase con el libro y con los chicos, que salgan a buscar, a investigar, a escuchar a Charly”.

Rep insiste en que Charly es como “un pintor automatista”, que no hace bocetos, que no tiene un pensamiento previo, que vive en el presente absoluto. “Obviamente que se pensó y se fabricó como un rockstar, de hecho fue el primero y es inigualable. Pero siempre hizo todo grafiteando arriba de sí mismo, en tiempos además donde no estaba todo maquetado como hoy. Había que crear, cubrir, romper y volver a crear. Estos tiempos son muy maquetados, todo está muy pensado”.

Hace poco más de veinte meses, Miguel Repiso, recién pasada la barrera de los 60, fue padre por primera vez. “Todo este proceso del libro coincidió con el caos de la paternidad. Lo hice bajo el imperio de esta nena, Albita, que llegó a mi vida. Pero bueno, la vida de Charly es desordenada y caótica y un poco mi vida fue así también estos meses. El espíritu de Kerouac y de Pollock”. 

Empezar

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