“Queríamos que la gente dejara de ver a James como una máquina”: Simón Brand y el íntimo retrato detrás de James

Desde el primer episodio de James, queda claro que el director colombiano Simón Brand no estaba interesado en hacer un documental de fútbol convencional. Lejos de apoyarse únicamente en testimonios a cámara, repetición de goles, estadísticas o hazañas deportivas, su apuesta fue construir un retrato mucho más íntimo y humano de uno de los futbolistas más influyentes de su generación.

“Todo el mundo cree que conoce a alguien como James porque lo ha visto durante años”, explica el director, cinco veces nominado al Grammy por su trabajo en videos musicales, en conversación con ROLLING STONE en Español. “Pero en realidad no sabes quién es hasta que entiendes el peso de todo lo que carga sobre los hombros”.

Estrenada recientemente en Netflix, la docuserie de tres episodios sobre la vida de James Rodríguez llega en un momento especialmente significativo para Colombia. Con la próxima Copa del Mundo en el horizonte y el futbolista nuevamente en el centro de la conversación pública, la serie funciona casi como una oportunidad para revisitar no solo al ídolo deportivo, sino también al hombre detrás de una de las figuras más observadas, admiradas y cuestionadas del fútbol latinoamericano.

La producción no solo repasa los momentos más determinantes de su carrera, desde sus primeros años en Envigado hasta su paso por algunos de los clubes más importantes de Europa y la Selección Colombia. También se adentra en aquello que rara vez aparece en pantalla: su entorno familiar, la presión mediática que lo ha acompañado durante años, las heridas personales que marcaron su camino y la necesidad constante de demostrar su valía ante millones de personas.

“La gente que no es fanática del fútbol me escribe diciendo que ahora lo ve distinto”, cuenta Brand. “Y eso era muy importante para mí. Más allá del jugador, queríamos contar una historia humana”.

Y con justa razón. Simón Brand lleva más de dos décadas construyendo una carrera atravesada por la música, el cine y la cultura pop latinoamericana. Ha dirigido videos musicales para artistas como Shakira, Juanes o Ricky Martin. Pero antes de forjar esa trayectoria como director, dice, fue hincha. Muy hincha. Y quizá por eso entendía desde el inicio la magnitud de la responsabilidad que implicaba retratar a una figura como James Rodríguez en Colombia.

“Él es nuestro Messi”, afirma. “La presión que tiene encima es brutal. En este país amas a un jugador un día y al siguiente lo destruyes, entonces todo el tiempo están bajo juicio”.

Durante tres años, Brand y un equipo de alrededor de quince personas siguieron a James por distintas ciudades del mundo. Alemania, Portugal, España, Argentina, Estados Unidos y Colombia se convirtieron en escenarios de una producción que fue creciendo al mismo ritmo que la propia historia de resurgimiento del futbolista.

 El resultado es una serie que no solo documenta una carrera deportiva excepcional, sino también un proceso de reconstrucción personal. Pero, ¿cómo nació la idea de convertir la trayectoria de James Rodríguez en una docuserie?

‘Tú deberías hacer la película de mi vida’

La idea de la docuserie surgió de manera inesperada. Brand y James se conocieron años atrás, cuando el director trabajaba en un videoclip relacionado con el Mundial de Brasil 2014. Con el tiempo volvieron a coincidir y, durante uno de esos encuentros, fue el propio futbolista quien puso la idea sobre la mesa: contar su historia desde una perspectiva distinta a la que el público había visto hasta entonces.

“Me dijo: ‘Tú deberías hacer la película de mi vida’”, recuerda Brand. “Pero yo le respondí que solo tendría sentido si estaba dispuesto a abrirse de verdad. No quería hacer algo que simplemente confirmara lo que la gente ya sabía sobre él”.

A medida que avanza la serie, James se muestra cada vez más vulnerable. Habla de sus inseguridades, de la ausencia de su padre, de las decisiones que marcaron su carrera y de heridas que, en muchos sentidos, siguen abiertas. Para Brand, ahí residía el verdadero corazón de la historia.

“Antes de entrevistarlo, antes de editar, yo quería conocerlo. Quería saber quién era él, qué le gustaba, a qué le tenía miedo, cuáles eran sus traumas y cuáles eran las motivaciones detrás de decisiones que en el país mucha gente nunca entendió”,

“Creo que, en el fondo, es la historia de alguien que sigue buscando sanar”, dice. “Un niño que tuvo muchísimo éxito, pero que todavía está intentando cerrar ciertas heridas”.

Esa intimidad también transformó la relación entre director y protagonista. Con el paso del tiempo, Brand dejó de acercarse a James desde un lugar estrictamente profesional y comenzó a hacerlo desde la sensibilidad de alguien que creció viendo fútbol y comprendiendo el peso simbólico que figuras como él tienen en América Latina. 

“Yo no le hablaba como periodista”, explica. “Le hablaba como hincha. Y creo que por eso él terminó confiando tanto”.

Visualmente, James también encuentra formas poco convencionales de reconstruir la memoria. Ante la ausencia de material de archivo para algunos momentos clave de la historia, Brand recurrió a secuencias animadas inspiradas en el manga y en Supercampeones, un guiño directo a la infancia del futbolista y al imaginario que acompañó a toda una generación de aficionados. 

“Sabíamos que necesitábamos otra manera de contar ciertos recuerdos”, explica. “Y como él era fanático de Supercampeones, sentimos que esa estética tenía sentido emocionalmente”.

La postproducción representó uno de los mayores desafíos del proyecto. Para esa etapa, Brand tomó una decisión poco habitual dentro de una producción que, en prácticamente todos sus frentes, fue colombiana. La excepción fue el editor, Santiago Parizot.

“Hasta la música es colombiana, todo es 100% colombiano, excepto el editor”, explica entre risas. La elección, sin embargo, respondió a una decisión editorial muy concreta. Consciente de la polarización que suele rodear la figura de James en Colombia, Brand buscó una mirada externa que permitiera tomar distancia del debate local. “Quería una visión un poco más neutra, que no fuera colombiana desde el punto de vista editorial”, señala.

Cortesía | Netflix

Melómano declarado, Brand quería alejarse de los soundtracks deportivos tradicionales, generalmente cargados de épica orquestal y lugares comunes emocionales. “No quería el típico documental solemne de talking heads”, explica.

Por eso invitó a la banda colombiana Diamante Eléctrico a encargarse de la música original de la serie. Aunque el grupo nunca había compuesto para un soundtrack, la colaboración terminó convirtiéndose en una de las piezas fundamentales del proyecto.

“Podíamos haber ido por lo obvio y usar canciones que todo el mundo relaciona con el fútbol”, dice. “Pero queríamos descubrir otros sonidos y darle espacio a artistas increíbles”.

Aunque James representa una de las incursiones documentales más ambiciosas de su carrera, Brand no planea quedarse mucho tiempo lejos de la ficción. Después de más de dos décadas alternando entre videoclips, cine y televisión, el director asegura que sigue encontrando su mayor comodidad en las historias protagonizadas por actores y personajes imaginados. 

“Me encanta dirigir actores, me encanta la ficción”, admite. “Pero volvería a hacer documentales si la historia realmente vale la pena. Al final, independientemente del género, lo que quiero es mover la aguja de las personas. Conmoverlas”.

Por ahora, el realizador ya desarrolla nuevos proyectos cinematográficos. Lo único que parece mantenerse intacto es aquello que, según él, impulsa cualquier buena historia: el amor y el miedo. Dos fuerzas que también atraviesan James. Y que, a juzgar por los próximos pasos de Brand, seguirán guiando las historias que decida contar.

Empezar

Give us a call or fill in the form below and we will contact you. We endeavor to answer all inquiries within 24 hours on business days.