Marcel Ruiz lleva años construyendo una carrera sólida frente a las cámaras. El actor puertorriqueño, conocido por sus papeles en One Day at a Time, Scream VI y Snowfall, atraviesa uno de los momentos más estimulantes de su trayectoria. Con apenas 24 años, acaba de presentar Summer of 3 en el Festival de Tribeca, una película que no solo protagoniza, sino que también escribió y produjo junto a su padre, el cineasta Carlitos Ruiz. El filme fue además uno de los grandes protagonistas de la más reciente edición del certamen neoyorquino, al obtener los premios a Mejor Interpretación y Mejor Guion en la categoría de Narrativa Estadounidense, un reconocimiento que confirma el surgimiento de una nueva generación de creadores boricuas decididos a contar sus propias historias.
Pero el cine no es el único lenguaje en el que Marcel busca expresarse. Paralelamente a su carrera como actor, ha desarrollado una faceta como DJ y melómano apasionado, explorando los vínculos entre la música caribeña, el house y la cultura de baile contemporánea. Esa sensibilidad musical también atraviesa Summer of 3, una cinta profundamente personal sobre la identidad, la familia y el regreso a casa. En conversación con Rolling Stone en Español, Ruiz reflexiona sobre el presente del cine puertorriqueño, el poder de las historias íntimas, la experiencia de compartir un set y una sala de escritura con su padre, y la necesidad de que las nuevas voces latinoamericanas encuentren más espacios dentro de la industria audiovisual.
Antes que nada, felicitaciones por el reconocimiento en Tribeca. ¿Cómo recibiste este premio?
Con muchísimo agradecimiento y también con mucha ilusión por el cine puertorriqueño y por los artistas de Puerto Rico y Latinoamérica que están surgiendo. Esta película no solo la hicimos para jóvenes, sino también con muchos jóvenes delante y detrás de la cámara.
Estoy muy orgulloso de haber formado parte del proceso completo como escritor, productor y actor. Pero lo que más feliz me hizo fue poder compartir ese momento con mis compañeros, con mi padre y con Mariana Belaval, la otra guionista, que además escribía su primer libreto. Pensar en lo que esto puede significar para sus carreras y para el cine puertorriqueño me emociona muchísimo. Creo que muchos jóvenes van a sentirse identificados con la película.
¿Cómo definirías esta nueva generación del cine puertorriqueño?
Puerto Rico tiene muchísimo que ofrecer. Creo que esta nueva ola cinematográfica surge de un equilibrio muy particular entre lo joven, lo contemporáneo y nuestra realidad social, pero también de nuestra historia política como colonia estadounidense.
Hay una combinación muy interesante entre nuestra música, nuestra forma de hablar, nuestra vida social —ir a la playa, a los ríos, la cultura de los jangueos— y una conciencia histórica y política que mi generación tiene muy presente.
De cierta manera, es un cine que, por naturaleza, termina siendo revolucionario.
Summer of 3 sigue a un personaje que regresa a Puerto Rico después de vivir fuera de la isla. ¿Qué tanto hay de tu propia experiencia en esa historia?
Fue muy especial porque sentí que regresaba a casa de dos maneras distintas. Por un lado, literalmente, al filmar en Puerto Rico después de haber crecido entre la isla y el exterior. Esa experiencia de volver siempre ha estado muy presente en mi vida.
Pero también fue un regreso a mis raíces artísticas. Yo crecí rodeado de cineastas y artistas; el cine fue parte de mi infancia. Hacer esta película junto a mi padre, Carlitos Ruiz, se sintió como un círculo que se cerraba.
Más que un trabajo, este proyecto se sintió como regresar a mi niñez y a la manera en que crecí. Fue un verdadero homecoming tanto como actor como puertorriqueño.
¿Cómo fue trabajar con tu padre en un contexto profesional?
Al principio fue curioso porque decidí que, desde que comenzara el proyecto, no lo llamaría “papá”, sino “Carlitos”. Nunca lo había hecho y todavía me pasa que busco “Carlitos” en mi teléfono y no aparece porque sigue guardado como “papá”.
Pero fue una experiencia profundamente positiva. Algo fundamental en cualquier proceso creativo es sentirse libre de proponer ideas sin miedo a ser juzgado. Uno necesita atravesar muchas ideas malas para llegar a las buenas.
Trabajar con alguien que conozco toda mi vida generó un ambiente muy íntimo y cómodo. No existía la idea de defender quién tenía la razón; simplemente lanzábamos propuestas y descubríamos juntos qué funcionaba.
Además, pude involucrarme en todas las etapas del proceso y aprender muchísimo. Fue prácticamente un máster intensivo sobre cómo hacer una película. Y compartir este momento con mi padre lo hace aún más especial: su primera película se estrenó en Tribeca hace casi dos décadas y ahora regresó al festival con una película hecha conmigo. Es algo que siempre compartiremos.

También escribiste el guion. ¿Cómo cambia la actuación cuando interpretas a un personaje que tú mismo ayudaste a crear?
Yo me acerqué a esta película primero como escritor y después como actor. La escritura me abrió una dimensión completamente nueva de la actuación.
Como guionista, entiendes el trasfondo del personaje, el subtexto de cada escena y todas esas ideas que quizás nunca llegan al papel, pero permanecen en tu cabeza cuando llegas al set.
Eso me permitió llegar muy preparado y sentirme libre para improvisar, jugar y simplemente estar presente durante el rodaje.
Además, cambió completamente mi relación con la actuación. Ahora abordo cada personaje desde la sensibilidad de un escritor, incluso cuando no participo en el guion, y eso ha transformado mi manera de trabajar y de disfrutar el oficio.
Después de esta experiencia, ¿qué te interesa más: escribir, actuar o dirigir?
Definitivamente quiero hacer las tres cosas.
Hay proyectos en los que solo quiero actuar, porque también disfruto mucho la libertad de concentrarme únicamente en el personaje. Pero hay otros que nacen primero desde la escritura y terminan involucrándome en varias áreas.
Lo que sí tengo claro es que quiero dirigir pronto. Este proceso me dio mucha confianza y me hizo sentir que quizás no necesito esperar tanto para hacerlo. Estoy muy inspirado y quiero probar esa faceta más temprano que tarde.
¿Qué historias latinoamericanas siguen faltando en Hollywood?
Algo que aprendí haciendo esta película es que mientras más específica es una historia, más universal termina siendo.
Muchas veces la industria hace creer que ciertas historias son demasiado locales y que otras audiencias no van a conectar con ellas. Pero ocurre exactamente lo contrario: cuando uno habla desde lo más íntimo y particular de su experiencia, conecta con algo profundamente humano.
Como latinos debemos entender que aquello que nos hace diferentes no es una limitación, sino nuestra mayor fortaleza.
Yo hago cine desde mi experiencia puertorriqueña, pero cuando hago una película no pienso únicamente en Puerto Rico. Pienso en todos los latinos, porque al final nuestros distintos microcosmos también dialogan entre sí.
La música también ocupa un lugar importante en tu vida como DJ. ¿Qué tan importante fue para construir el universo de Summer of 3?
Fue fundamental. Ser joven en Puerto Rico es una experiencia profundamente sensorial y queríamos capturar eso en la película.
La música es parte esencial de nuestra identidad cultural y del proceso de crecer en la isla. Si queríamos que los jóvenes se sintieran realmente representados, la banda sonora tenía que ser auténtica.
En Puerto Rico la música está presente en todas partes. Es prácticamente un personaje más dentro de nuestras vidas y, por supuesto, también dentro de esta película.
Además, me interesa mucho que los músicos y los cineastas colaboren más estrechamente. Creo que esta nueva generación del cine puertorriqueño tiene una gran oportunidad para construir puentes entre ambas industrias y representar nuestra cultura de la manera más genuina posible.

También eres DJ. ¿Cómo definirías un set de Marcel Ruiz?
Me gusta pensar que un set mío es una invitación a entrar en mi mundo.
Quiero que la gente sienta que, al escucharme, conoce un poco mejor quién soy y de dónde vengo. También me interesa que descubran algo sobre la historia de la música, sobre nuestros ritmos ancestrales y las influencias caribeñas y africanas presentes en muchos géneros.
Actualmente me concentro sobre todo en el house y el disco, pero esos géneros tienen profundas raíces caribeñas y puertorriqueñas. Vivir en Nueva York también ha reforzado mucho esa conexión.
Para mí, pinchar música es una forma de honrar esa historia y compartir mi identidad a través del baile.
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