La imaginación todo lo puede: cómo fue el debut de Soda Stereo Ecos

[Advertencia: esta reseña contiene spoilers del show de Soda Stereo Ecos]

“La imaginación esta noche todo lo puede”. La frase de “Juego de seducción” bien puede servir para explicar el motor detrás de Ecos, el nuevo espectáculo del Soda Stereo. Sobre las pistas de la guitarra y la voz de Gustavo Cerati, Charly Alberti y Zeta Bosio idearon un show que de alguna manera los vuelve a poner sobre un escenario con su ex compañero. Y lo que comienza siendo chocante en un primer momento, se naturaliza a medida que corren las canciones y la emoción le gana al escepticismo.

Sin preámbulos, las guitarras en cascada de “Ecos” comenzaron a sonar no bien se apagaron las luces el sábado 14, alrededor de las 21, para la noche de estreno del show. Una vez arrancado el tema, el trío apareció a contraluz y detrás de un telón translúcido donde se proyectaba una recreación del escenario que Soda Stereo utilizó en su primer Obras, en 1986. La escena se mantuvo igual en el tema siguiente (el ya mencionado “Juego de seducción”), hasta que en el paso siguiente se develó el misterio que Alberti, Bosio y toda la producción (que incluye a los hijos de Cerati, Benito y Lisa) habían mantenido bajo un hermetismo estricto durante varios meses. A partir de “Nada personal” hizo su entrada la representación virtual de Gustavo Cerati en las pantallas laterales del escenario, con planos detalle de sus manos sobre su guitara Jackson azul, y también de cuerpo entero, una aparición que fue vitoreada por una gran parte del público, compuesto tanto por quienes no llegaron nunca a ver a la banda en vivo como también de algunos que buscan en Ecos revivir algo que se fue y parecía destinado a no poder volver jamás.

Sobre esa idea de torcer la imposibilidad sostiene sus pivotes el show. Y, para hacerlo, da carácter de habitual a lo que ocurre sobre el escenario. No hay golpes bajos por parte de la versión virtual de Cerati (apenas un “La espera terminó” antes de “Hombre al agua”), y tampoco interacciones de sus ex compañeros con lo que se ve en las pantallas y también en el lateral izquierdo del tablado a escala humana. Del resto se encarga el repertorio, a mitad de camino entre el grandes éxitos y el rescate de temas para el público más demandante, con “Luna roja”, “Ella usó mi cabeza como un revólver” y “Toma la ruta” como muestras más claras.

El clima de época haya convertido a los shows de gran envergadura en espectáculos guionados al milímetro. Pero la idea de tener a dos músicos tocando junto a un avatar digital de su compañero fallecido es algo que corre el riesgo de aminorar el fervor ante la falta de sorpresas. Irónicamente, lo que evitó que eso ocurriera fue algún traspié técnico (el volumen de la guitarra en “Luna roja”, un desliz con el sincro al comienzo de “(En) el séptimo día)” que le dio al momento la sensación de la cosa viva, de lo real, lo que ocurre en un concierto propiamente dicho.

Zeta Bosio

En cambio, las transiciones animadas en los momentos en que Alberti y Bosio se retiran del escenario (“Cuando pase el temblor”, con la estética del clip original y “Zoom”, con ilustraciones a cargo de George Manta) privilegiaron el despliegue visual y técnico por sobre la idea de mantener encendido el entusiasmo.
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Charly Alberti, tocando entre el público al final del show

A partir de la segunda mitad del show, Ecos encuentra su mejor forma, cuando se rompe la barrera de lo imposible. El camino de menor a mayor comenzó con la interacción entre los “tres” Soda en “En la ciudad de la furia” y continuó en “Persiana americana”, donde los tres compartieron pantalla como si todos estuvieran en el mismo plano físico. La versión acústica de “Un misil en mi placard” y “Planeador” (con la banda detrás de un tul, al igual que en El Último Concierto) volvieron a marcar la distancia, con la música en el papel protagónico sin necesidad de (más) artificios. El segmento fue la antesala del mejor momento del show, con una versión furibunda de “Final caja negra”, con la sensación de estar escuchando a los tres músicos en vivo con un sonido atronador cortesía de Adrián Taverna.

Pasadas “Primavera 0” y “Prófugos”, Alberti y Bosio abandonaron el escenario para meterse entre el público. Ubicado cada uno en una tarima al fondo de la sala, interpretaron “De música ligera”, donde en vez de recurrir a complejos artificios tecnológicos, la ausencia de Gustavo Cerati se suplió con un compilado de imágenes de archivo. Es el momento que se vive con mayor intensidad, no solo por ser el hit todo terreno de Soda Stereo (no por nada su canción más escuchada en Spotify, por varios cuerpos), sino por la cercanía del contacto, la prueba de que por más que la tecnología sea cada vez más moneda corriente de la música en vivo, en el terreno de la emotividad nada puede vencer al factor humano.

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