Juanse: “Me gustaría grabar un disco con las canciones de Invisible (Spinetta)”

El barrio está en silencio. En una casa cercana al Parque Saavedra, rodeada por calles tranquilas, ajenas al ruido del mundo, desde afuera nada delata qué pasa adentro. Primera puerta: la de la calle. Nada. El rock no se filtra, no se escapa, no avisa. Segunda puerta: ahí aparece algo. Un latido sordo, amortiguado, como si la música no quisiera que la dejaran salir todavía. Se adivina más que se escucha. Algo está pasando del otro lado. Tercera puerta: la de la sala. Acá sí. “Vicio” explota en la cara de golpe, sin aviso, con toda la electricidad que tenía cuando los Ratones Paranoicos la grabaron para Hecho en Memphis (1993) junto a Mick Taylor y bajo la producción de Andrew Loog Oldham. Pero ahora están Ponch en el bajo, Jero Sica en batería, Nico Yudchak en guitarra, Nico Raffetta en teclados. Y Juanse adelante, cantando como si la canción tuviera treinta años menos. Le dan dos vueltas al tema y terminan.

Se acercan a la consola, escuchan lo que acaban de tocar, cantan sobre la pista, se señalan partes, se ríen. Juanse la canta como el primer día. Los otros la cantan como si fuera la milésima vez que lo hacen -en algunos casos, fans que en algún momento estuvieron del otro lado del escenario-.

La banda se dispersa. Juanse se queda.

Pappo x Juanse Vol. 2 salió la semana pasada. La presentación oficial es el 25 de este mes, en el Teatro Gran Rex. Ocho canciones. Sin “Ruta 66”, sin los hits obvios, sin la versión que todo el mundo esperaba. El recorrido tiene su propia lógica, aunque Juanse no la haya calculado. Arranca con “Rock and roll y fiebre”, del último disco de Pappo –Buscando un Amor (2003)- y termina con “Gris y Amarillo”, del primero –Pappo’s Blues Vol. 1 (1971)-. Del Pappo final al Pappo fundacional. “Qué sé yo, no te sabría decir”, lanza. “Algo misterioso. Yo tocaba con él y él venía y me decía: vamos a tocar este. Pum, lo tocábamos. Ya perdíamos la noción de a qué disco pertenecía cada canción”.

No hay concepto armado de antemano. Hay memoria muscular, afecto acumulado, canciones que le quedaron sonando. “Lo hice a mi manera”, dice. “Como cuando yo lo cantaba en el living de casa, me sonaban así”.

La diferencia con el Vol. 1 –Pappo x Juanse (2014)- es de postura. Aquella vez Juanse se impuso una restricción casi ascética: mismo estudio donde Pappo grabó los originales (los estudios ION), mismo técnico (Jorge “Portugués” Da Silva, el ingeniero que había grabado los discos originales de Pappo’s Blues), misma disposición de los equipos. Respeto total, evocación directa. “Era más como una maqueta”, reconoce. Esta vez se permitió otra cosa: cambió arreglos, metió su propia interpretación, les dio protagonismo a las letras de Pappo -“que son increíbles”- que en las versiones originales quedaban enterradas bajo capas de distorsión. “Había que ordenar eso”, dice.

El resultado se lo adjudica sin dudar al productor. “Hay que decir un nombre y apellido: Mariano Otero. Él se hizo cargo de toda la producción”. Es un elogio que Juanse no reparte fácil. Otero (bajista, compositor, productor que pasó por Fito Páez, Charly García, Spinetta y Marilina Bertoldi, entre muchos otros) lo conoce desde chico, cuando iba a ver a los Ratones. “Mariano me conoce a la perfección. Aparte fue evolucionando, es un gran músico. Cuando estás con alguien tan talentoso como él, no hay otra alternativa”. El resultado se escucha: “Cada canción es un mundo en particular”.

Nadie conoció a Norberto Napolitano como Juanse. No solo porque compartieron escenarios con Ratones Paranoicos (incluyendo el MTV Unplugged), sino porque además de la amistad personal tuvieron dos proyectos propios: Juanito y el Carposaurio, grabado en el invierno de 1992 en los estudios Del Cielito con el productor Gustavo Gauvry, perdido casi treinta años y rescatado recién en 2021, y Caso Cerrado (1995) –Pappo’s Blues Vol. 8-, que Juanse produjo. De ese disco vienen dos de los temas del Vol. 2. “Era así, tac, tac, se tiraban riffs e iban y venían”, recuerda. “El Carpo era excepcional desde donde lo mires: nivel de inteligencia, de composición, de agradecimiento”.

Esos temas los conoce desde el estudio, desde las tres horas que le llevó convencer a Pappo de tocar la guitarra acústica en “Algunos deslices”. “Está filmado, no te estoy mintiendo. Tuve tres horas para sacarlo de la cabina. Quería seguir metiendo acústica”. Pappo le había traído una caja de botas llena de cintas y casetes, y entre ese material apareció algo inconcebible: un tema que había grabado con John Lee Hooker en la casa de Hooker. “Inconcebible todo”, dice Juanse, y la palabra le queda corta.

“Algunos deslices” y “Blues para mi guitarra” son para él dos de los temas que más brillan en un disco que quedó tapado por su propio hit. “Ruta 66” se convirtió en el estándar -la versión en castellano que grabaron juntos es hoy la que todo el mundo canta cuando toca esa canción- y arrastró al resto al silencio. “Está bueno que acá brillen dos temas de un disco que se tapó por el hit”, dice Juanse.

El único tema que aun no está disponible en la edición digital es “Mi Vieja” —estará disponible cuando salga el vinilo, en mayo-. Pappo no quería tocarlo, era su capricho, pero en el fondo sabía lo que tenía entre manos. “El Carpo no te iba a grabar nada con lo que no hubiera estado definitivamente de acuerdo”, dice Juanse. “’Mi Vieja’ fue la que hizo que reaccionara masivamente. Es la primera vez que él entra en la difusión real, con el apoyo de la compañía. Blues Local llegó al platino. El caprichoso sabía perfectamente lo que hacía”. Juanse se tomó la libertad de tocarla a lo Fogerty –“soy fan”, admite- y el resultado suena a Creedence perdido en el delta del Paraná.

Del Pappo’s Blues Vol. 2 (1972) vienen dos más: “Blues de Santa Fe” y “Solitario Juan”. La primera es blues en estado puro -estructura clásica, sin ornamentos, de esas que Pappo construía como quien clava un clavo-. “Solitario Juan” es una balada oscura y narrativa, de las que más pesan en el repertorio de los 70. Y “Con Elvira es Otra Cosa” -del Vol. 4 (1974)- completa el cuadro con otro color: los Stones de los 70 procesados por Steely Dan, groove y elegancia en partes iguales. En “Blues de Santa Fe” y “Con Elvira” aparece Gabriel Carámbula en guitarra. “Íbamos a tener muchos invitados y tomamos la decisión de no invitar a nadie más. La intervención de Gabi terminó por definir todo”. Ocho canciones, cinco décadas de Pappo. El disco no es un homenaje, es una conversación entre dos amigos que nunca terminaron de hablar.

FOTO: AGUSTÍN DUSSERRE

¿Habrá un Vol. 3? La respuesta es corta y definitiva: no. “Ya está”, dice. Lo que más le llenó fue poder hacer estos dos. Pero algo en su cara cambia cuando la conversación deriva hacia Spinetta. “Me gustaría hacer Invisible por Juanse”, asegura, casi para él. Los tres discos de Invisible –Invisible (1974), El jardín de los presentes (1976) y Durazno sangrando (1978)- son complejos, son un desafío. “Ir a toda la obra de Spinetta ya sería demasiado. Pero Invisible son tres discos. Es lindo aparte”. Para Juanse, Spinetta es “el músico más grande de toda la historia de la música, lejos”, un hermano mayor que lo crió desde los nueve años.

El 25 de abril, el Teatro Gran Rex. Juanse llega con una banda que conoce el material desde adentro: Pablo “Ponch” Fernández en el bajo -su partner in crime, “mi sostén, el que arma el punch”-, Jero Sica en batería, Nico Yudchak en guitarra y Nico Raffetta en teclados.

Los invitados están confirmados: Juan Subirá, Hernando Coronel de Mala Fama y su viejo escudero Sarcófago -Pablo Cano- para un set especial de dos temas. Y Gabriel Carámbula, que ya está en el disco y que para Juanse es irremplazable.

El año pasado, en el teatro Vorterix, presentando el Vol. 1, fueron 24 canciones: mitad Pappo, mitad Ratones, un cover de los Stones en el medio. Ahora hay dos discos de tributo encima. La ecuación cambió. El setlist no lo va a revelar -sonríe y esquiva con la picardía de alguien que sabe exactamente lo que tiene guardado-. “Siempre es un show especial para todos”. Los Ratones van a estar. Como siempre. “Cuando hay gente positiva alrededor del proyecto, todo funciona. Se va juntando una excepcionalidad, para decirlo de alguna manera”.

Juanse tiene una teoría sobre esto que no encaja con la imagen que el rock tiene de sí mismo. “De afuera parece algo tan simple, tan estúpido, tan básico.  Lo que pasa es que desde adentro la construcción de la esencia de una canción no es fácil”. Tocar lo mismo mil veces no es repetir, es encontrar algo nuevo cada vez. Lo explica con una imagen que no viene del rock sino de la música clásica: Marta Argerich tocando el tercer concierto de Prokofiev. “Lo toca todo el tiempo desde que tiene 15 años. Y le preguntan: ‘¿No te aburrís?’. Ella dice: ‘No. Cada vez le encuentro algo donde no me había reposado en la atención’”. Juanse asiente como si la frase lo describiera a él. Eso es lo que hace cada noche con las canciones del Carpo.

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