Gorillaz: 25 años del primer álbum de la banda virtual más importante de la historia

Gorillaz es, cuanto menos, una banda particular. Su historia comienza en los años 90, cuando Graham Coxon, guitarrista de la icónica banda de britpop Blur y fanático del ilustrador inglés Jamie Hewlett, le pidió a este último que entrevistara a su grupo, ya que Hewlett también era cofundador de la revista Deadline.

En esa entrevista, Hewlett conoció al vocalista y frontman del cuarteto londinense, Damon Albarn, y como muchas relaciones que construimos a lo largo de la vida, no se llevaron bien desde el principio. El animador pensaba que Albarn era, por decirlo de forma suave, un bobito, mientras que Damon le guardaba cierto rencor a Hewlett, ya que este comenzó a salir con la exnovia de Coxon en esos típicos caso en los que tu mejor amigo termina más enojado por todo el asunto de tu ex que tú mismo.

El caso es que, tras algunos años de tensiones, coincidió que Hewlett y Albarn terminaron sus relaciones con Jane Oliver y Justine Frischmann, respectivamente, casi al mismo tiempo. Eso, de una u otra forma, los llevó a vivir juntos en una casa ubicada en Londres en 1997. En uno de esos días a finales de los 90, viendo MTV, ambos llegaron a la conclusión de que en la cadena —y en la industria en general— nada tenía sustancia.

De ahí nació la idea de hacer algo que rompiera con los parámetros musicales del momento: crear una banda ficticia que existiera dentro de su propio universo, uno bizarro, lleno de personajes grotescos pero profundamente humanos. Así nació Gorillaz.

Gorillaz

El nombre de la banda aparece ya que tanto Damon como Jamie nacieron en 1968, que según el calendario chino es el año del mono. A partir de ahí comenzaron a construir el universo de personajes que daría vida al proyecto. Desde el caótico y manipulador Murdoc Niccals, pasando por el traumado pero talentoso Russel Hobbs, hasta la enigmática Noodle, todos aportan algo especial a la propuesta. Sin embargo, el corazón del grupo siempre fue 2-D, su vocalista, un personaje ingenuo, distraído y emocionalmente transparente que, en palabras del propio Albarn, nunca fue difícil de construir, en gran parte porque estaba basado en él mismo y en ese arquetipo de líder frágil y algo perdido que definía la época.

Con los protagonistas ya definidos, solo faltaba dar forma a su primer arco, algo en lo que Albarn y Hewlett no escatimaron en detalles, dotando a su creación de un origen convulso y visceral que conectó de inmediato con una nueva generación de jóvenes en todo el mundo.

La historia comienza el 15 de agosto de 1997, cuando Murdoc, un bajista obsesionado con la fama, decide asaltar una tienda de instrumentos estrellando su coche contra el escaparate. En el proceso hiere gravemente a Stuart Pot, empleado a tiempo parcial del establecimiento, fracturando permanentemente su ojo izquierdo y poniéndolo en un estado catatónico. Murdoc fue sentenciado a 30.000 horas de servicio comunitario además de otras 10 semanales al cuidado de “Stu-Pot”, como se conocía cotidianamente a Stuart. 

No mucho después, Murdoc volvió a herir a Stuart en un accidente automovilístico en un estacionamiento en Nottingham cuando intentaba dar un giro de 360° para impresionar a unas chicas. Durante el primer giro, el pobre Stu-Pot salió disparado a través del parabrisas y aterrizó de cara en una acera. Esto dañó permanentemente su ojo derecho pero lo despertó de su coma. Impresionado por su nueva apariencia, Niccals lo reclutó como teclista y vocalista de su grupo, rebautizándolo como “2-D” (Two-Dents) por el par de abolladuras en su cabeza debido a los accidentes.

Instalado en los Kong Studios, una mansión abandonada y cargada de historias extrañas, Murdoc añadió a la alineación a Russel, un baterista marcado por un pasado traumático en Nueva York, donde sobrevivió a un tiroteo y quedó poseído por los espíritus de sus amigos, lo que explica tanto su talento en la percusión como su presencia inquietante.

La primera formación se completó con Paula Cracker, guitarrista y pareja de 2-D, pero su salida tras un conflicto interno obligó al grupo a buscar un reemplazo. La respuesta llegaría de forma tan absurda como el propio universo de la banda: una niña japonesa apareció enviada en una caja con una guitarra. Era Noodle, un prodigio que terminó de definir la identidad del grupo.

Con la formación cerrada y una dinámica marcada por el caos, la violencia y el absurdo, la banda empezó a grabar sus primeras demos, que juntaron en su primer EP titulado Tomorrow Comes Today, lanzado el 27 de noviembre de 2000, dando forma a un proyecto que pronto buscaría dar un golpe sobre la mesa con su primer LP.

Tras ese EP y sencillos como ‘Clint Eastwood’, que se convirtió en un éxito mundial y alcanzó la cuarta posición en el Reino Unido, el 26 de marzo de 2001 llegó su álbum debut, Gorillaz, un trabajo que desde el inicio se percibe disruptivo y experimental, coherente con la estética construida desde su nacimiento y decidido a romper con cualquier lógica de género dentro del pop-rock de la época.

El disco le da la bienvenida al oyente con ‘Re-Hash’, que según Rise of the Ogre, la autobiografía de 2006 de la banda, es descrita como “una apertura gloriosamente optimista para el álbum”. Es cierto que su ritmo calmado, sostenido principalmente por la melodía de la guitarra, evoca una sensación de optimismo; pero, teniendo en cuenta el contexto del grupo y su propósito, no se trata de un comienzo superficial.

La letra, en versos como “Cause it’s the money or stop / It’s the money or stop” (Porque es el dinero o parar / Es el dinero o parar), puede leerse como una crítica a la sociedad contemporánea, donde el dinero funciona como motor absoluto, una lógica en la que, básicamente, sin dinero no eres nadie. Por otro lado, la referencia a “drugstore soul boy” sugiere una búsqueda de consuelo o escape en sustancias, reforzando esa idea de vacío que atraviesa el trasfondo del tema.

Después, llega ‘5/4’, que comienza con un riff de guitarra que parece sacado directamente del punk de finales de siglo. Más allá del detalle de que la canción lleva ese nombre porque la melodía de la guitarra está construida sobre un compás irregular de 5/4 —mientras el resto de instrumentos se mueven en un 4/4 más convencional, generando una sensación constante de inestabilidad—, el tema se siente como uno de los momentos más caóticos del álbum .

La canción nos mete de lleno en una mente fragmentada, cercana a esa etapa más desordenada de Damon Albarn, marcada por excesos y vacíos emocionales. La letra es oscura, casi absurda por momentos, cargada de imágenes crípticas sobre magia, latidos silenciosos y una mujer que “excita” a su padre, que más que contar algo concreto construyen una atmósfera incómoda y desorientadora . Esa misma rareza fue, en parte, lo que la dejó fuera como sencillo principal —a pesar de haber sido considerada para ese lugar—, reforzando su carácter menos accesible y más experimental dentro del disco, eso sí, dejándonos un interesante borrador de cómo habría sido su video musical.

A partir de ahí, el disco entra en una zona más introspectiva con ‘Tomorrow Comes Today’ y ‘New Genious (Brother)’. La primera se sostiene sobre un ritmo lento y casi hipnótico, marcado por la armónica y una producción minimalista que refuerza su aire melancólico. Es una canción que transmite una sensación de vacío y desconexión, como si el presente se sintiera estancado. En esa misma línea, ‘New Genious (Brother)’ profundiza en ese tono introspectivo, con una base más densa y una interpretación vocal que se siente distante, casi fantasmagórica, construyendo un paisaje emocional frío y contenido.

El quiebre llega con ‘Clint Eastwood’, uno de los puntos más altos del disco y probablemente su declaración de intenciones más concisa. Sobre un beat simple pero efectivo, la canción mezcla la voz apagada de Damon con el rap de Del the Funky Homosapien, dando como resultado un tema que equilibra melancolía y groove con naturalidad. Luego, ‘Man Research (Clapper)’ retoma un tono más inquietante, con un ritmo más fragmentado y una atmósfera tensa que juega con lo experimental, cerrando esta parte del álbum con una sensación de incomodidad.

Después de ese tramo más cargado hacia el hip hop, llega ‘Punk’, una pieza breve pero clave para entender la versatilidad de Gorillaz. Si el inicio del álbum ya había coqueteado con un sonido más roquero, aquí la banda lo lleva al extremo, apostando por una energía cruda, acelerada y casi desordenada que remite directamente al espíritu del punk más clásico. En poco más de un minuto, el tema funciona como una descarga de ruido y actitud, reafirmando que el proyecto no estaba atado a ningún género en particular, sino que se movía con total libertad entre estilos.

Tras la descarga de ‘Punk’, el álbum vuelve a sumergirse en un terreno más denso con ‘Sound Check (Gravity)’ y ‘Double Bass’. La primera se construye sobre un ritmo pesado y repetitivo, casi hipnótico, donde las voces aparecen filtradas y distantes, reforzando una sensación de aislamiento y caída constante —como sugiere el propio “gravity” del título—. Es una de las piezas más atmosféricas del disco, donde la estructura importa menos que el mood. En esa misma línea, ‘Double Bass’ lleva la experimentación aún más lejos: prácticamente despojada de estructura tradicional, se apoya en sintetizadores y efectos que generan un paisaje psicodélico y flotante, interrumpido únicamente por una breve intervención vocal de Damon en la que dice “All of which makes me anxious / At times unbearably so” (Todo lo que me hace ansioso / A veces tan insoportable) lo que la convierte en uno de los momentos más abstractos del trabajo.

El pulso cambia con ‘Rock the House’, uno de los sencillos del disco y quizá su expresión más directa hacia el hip hop. Sobre un beat más marcado y bailable, el tema vuelve a apoyarse en la colaboración de Del the Funky Homosapien, aportando flow y carisma a una canción que equilibra groove y accesibilidad sin perder la identidad del proyecto. Después de varios pasajes más introspectivos y experimentales, ‘Rock the House’ funciona como un punto de anclaje, recordando que Gorillaz también sabía moverse con soltura dentro de estructuras más clásicas.

Tras ese regreso al hip hop, es inevitable no hablar de ‘19-2000’ y su icónico “Get the cool / Get the cool shoeshine”. Empezando por el título, este hace referencia directa al cambio de milenio, al paso de los 1900 a los 2000, utilizando ese momento como metáfora del cambio constante al que las personas se ven sometidas por la velocidad con la que avanza el tiempo.

La idea queda clara desde el inicio con el verso “The world is spinning too fast / I’m buying lead Nike shoes / To keep myself tethered / To the days I’ve tried to lose” (El mundo gira demasiado rápido / Voy a comprar unos tenis retro de Nike / Para mantenerme atado / A los días que he intentado dejar atrás), donde aparece esa imagen de los zapatos como ancla. Más que un simple objeto, funcionan como símbolo de estabilidad: una forma de mantenerse con los pies en la tierra en medio de un entorno acelerado, evitando que el paso del tiempo, los excesos o el propio caos arrastren al individuo.

El coro, con ese repetitivo “Get the cool / Get the cool shoeshine”, refuerza esta idea desde otro ángulo, casi como un mantra. Puede interpretarse como una invitación a encontrar esa “chispa” o versión más auténtica de uno mismo, incluso en medio de la saturación cultural y emocional. En lo musical, la canción refleja perfectamente ese contraste entre caos y control. A diferencia de otros momentos más densos del disco, aquí Gorillaz apuesta por una base más ligera y rítmica, como sacada de una caricatura de Cartoon Network, con un groove casi juguetón construido sobre sintetizadores, percusiones marcadas y una línea melódica pegajosa que la acerca al pop sin dejar de lado su ADN alternativo. Esa accesibilidad, sumada a su estética ligeramente absurda y repetitiva, termina convirtiéndola en uno de los temas más reconocibles del álbum.

A continuación llega una de las sorpresas más gratas de todo el álbum: ‘Latin Simone (¿Qué Pasa Contigo?)’, en colaboración con Ibrahim Ferrer. El tema, completamente en español, fusiona una balada salsera con una base de hip hop, incorporando además elementos muy propios del género como un piano tocando un montuno y la trompeta característica que refuerza su identidad latina. Es, quizá, uno de los momentos donde la agrupación ficticia se muestra más abierta y global, expandiendo su sonido hacia territorios poco habituales dentro del pop alternativo de la época.

Si nos detenemos en la letra, parece que Ferrer le canta directamente a los integrantes de la banda. Versos como “Déjalo si quieres continuar (Hermano) / Sal, ilumina tu vida / Todo el cielo aplastandote / Dime que harás Inténtalo) / Ilumina ese amor / Antes que se vaya” dejan claro que el cantante cubano hace un llamado directo a la reflexión, invitándolos a salir del abismo en el que los excesos, las drogas y ese afán por la fama parecen haberlos atrapado, rematando con “¿Qué pasa contigo? / Déjalo si quieres continuar / No ocultes tu alma al sol / Tienes una vida preciosa / De que sirve si sólo muerte / sobre mi y esta ciudad”. 

La canción termina entre trompetas y una tímida armónica, con Ferrer diciendo, casi a modo de monólogo: “Escucha a tu propia voz / Salva tu amor / ¿Qué pasa contigo? / Antes que se vaya / Si todo va bien / ¿Qué pasa contigo? / Mírate a ti mismo / Enfréntalo / ¿Qué pasa contigo? / Mi hermano”, un cierre íntimo que funciona como un último llamado de atención, donde insiste en la necesidad de escuchar la propia voz, reconocerse a uno mismo y enfrentar lo que se esconde detrás del ruido, repitiendo esa pregunta “¿qué pasa contigo?” no como reproche, sino como una intervención para despertar antes de que sea demasiado tarde.

‘Starshine’ y ‘Slow Country’ funcionan como un descenso progresivo hacia el lado más introspectivo y melancólico del álbum. En ‘Starshine’, la voz de 2-D aparece casi susurrada, envuelta en una atmósfera densa y nocturna, con una base minimalista que refuerza esa sensación de aislamiento y desgaste emocional. Es una canción que parece flotar, como si estuviera suspendida en el tiempo, transmitiendo una especie de vacío que contrasta con los momentos más rítmicos del disco. Por su parte, ‘Slow Country’ profundiza aún más en esa idea, con un tempo arrastrado y una instrumentación que mezcla guitarras etéreas con elementos electrónicos sutiles, construyendo un paisaje sonoro casi desértico. Ambas canciones se sienten como un respiro, pero también como una resaca emocional después del caos, mostrando una faceta mucho más vulnerable del proyecto.

Ese clima encuentra su ruptura definitiva en ‘M1 A1’, el cierre del disco, y probablemente uno de sus momentos más experimentales. La canción comienza con un sample repetitivo y casi inquietante donde encontramos de fondo un “Hello. is anyone there?” (Hola, ¿hay alguien por aquí?), mientras el ritmo va creciendo en intensidad hasta estallar en una explosión de guitarras distorsionadas y energía desbordada. Aquí, Gorillaz se aleja del hip hop y de las texturas más electrónicas para abrazar un sonido mucho más crudo y cercano al rock alternativo, casi caótico. Es un final agresivo, desordenado y deliberadamente incómodo, que rompe con cualquier sensación de cierre convencional. Más que ofrecer una conclusión clara, este tema deja al oyente en un estado de tensión, como si el universo de la banda siguiera expandiéndose más allá del LP, reafirmando esa identidad impredecible y mutante que define toda la propuesta.

Tras este debut, Gorillaz despegó inmediatamente y se consolidó como una de las bandas del momento, alcanzando su mejor momento años después con álbumes como Demon Days, Plastic Beach o, más recientemente, The Mountain, completando un universo narrativo que se movió entre guerras, sectas, pero también entre el sentido de la vida, la fama o el duelo.

Sin embargo, todo eso nace aquí. En un álbum debut que, más allá de sus singles o su estética, funciona como una declaración de principios: un collage sonoro que mezcla hip hop, rock, electrónica y dub sin pedir permiso, y que encuentra coherencia precisamente en su caos. Gorillaz no busca respuestas claras, sino que refleja un mundo fragmentado, acelerado y, muchas veces, contradictorio.

A 25 años de su lanzamiento, el disco sigue sintiéndose fresco porque nunca intentó encajar del todo. Y quizá ahí está su mayor logro: haber entendido, antes que muchos, que el futuro de la música no estaba en elegir un camino, sino en atreverse a cruzarlos todos.

Empezar

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