Dolores Fonzi: “Clara entiende cosas que los demás no pueden ver”

Desde hace más de dos décadas, Dolores Fonzi se consolidó como una de las actrices más importantes del cine argentino y latinoamericano. Su carrera comenzó muy joven en televisión, pero rápidamente encontró en el cine un espacio mucho más complejo y desafiante para desarrollar personajes atravesados por contradicciones emocionales, violencia social y tensiones políticas. Películas como Plata quemada, La patota, La cordillera, Truman y Blondi demostraron su capacidad para habitar personajes intensos sin caer nunca en el exceso melodramático.

Además, Fonzi logró algo poco frecuente: pasar de actriz prestigiosa a directora con voz propia. Con Blondi confirmó una sensibilidad cinematográfica muy personal, mezclando humor, fragilidad emocional y relaciones familiares complejas sin necesidad de solemnidad artificial.

Ahora, después de dirigir y protagonizar Belén, Fonzi asume uno de los personajes más emblemáticos de la literatura latinoamericana: Clara del Valle en la nueva adaptación de La casa de los espíritus de Isabel Allende. Y lejos de interpretar a Clara únicamente como una figura mística o sobrenatural, Fonzi la construye desde algo muchísimo más íntimo con sensibilidad, intuición, conexión emocional y fuerzas que muchas veces la racionalidad moderna intenta negar.

Cortesía de Prime Video

Tu personaje, Clara del Valle, vive entre lo cotidiano y lo sobrenatural. ¿Cómo trabajaste eso para que el personaje no pareciera solamente místico, sino también profundamente humano?

Creo que hay algo de Clara en todos nosotros. Creo que hay algo de la humanidad y de lo infrahumano y de lo sobrehumano. Hay muchas energías que tienen que ver con lo humano. Si uno se deja ir en la sensibilidad, todos podemos ser Clara. Si uno se deja ir en la intuición, también podemos ser Clara. Hay algo de una sensibilidad particular que, si uno se deja llevar, puede acceder a mundos más misteriosos.

En ese sentido, conectarme con eso no me cuesta tanto. Yo prendo velas a mis muertos, hago rituales del Día de Muertos en México, creo en las energías. Tengo amigas brujas que me tiran las cartas. Hice una preparación con una brujita amiga en Chile para entender cómo se manejan esas energías. El tarot no es algo raro para mí. Me encantan las cartas, las energías, los planetas. Una vez por año hago la revolución solar. Prefiero creer que descreer. Creo en todo. Entonces, hay algo de esa energía de Clara que me resultaba fácil de conectar.

Tú hablas de esa sensibilidad distinta a la de quienes la rodean. Desde tu construcción actoral, ¿consideras que esa sensibilidad hace parte de una forma de poder, de resistencia o de aislamiento?

Podría ser las tres cosas. Depende del momento. Clara a veces se aísla más de la realidad, otras veces se conecta más con ella, y otras veces pone esa energía en función de cambiar la realidad. Creo que las tres cosas son posibles y que Clara va pasando por una y otra a lo largo de la serie.

Hay momentos donde necesita negar la realidad, otros donde necesita advertir algo, avisar que alguien se va a morir, y otros donde directamente se descuelga y vive en su propio mundo. Creo que eso también nos pasa a todos. Hay días donde uno quiere enfrentar el problema, otros donde preferís no tocar el tema, y otros donde estás muy intuitivo y, si seguís esa intuición, probablemente algo suceda.

No soy la primera en decirlo. Ahí está todo el trabajo de David Lynch, por ejemplo. También la meditación, la física cuántica, cosas que no son nuevas. A mí me apasiona porque creo en eso y porque me entrego a sentir y a hacerme caso cuando siento algo particular.

Cuando uno está conectado con ciertas cosas, está más receptivo. Puede ayudar mejor a otros, hablar mejor con sus hijos, entender lo que pasa alrededor. Creo que hay algo de Clara muy propio también.

Hay otro elemento muy importante en Clara y es el silencio. ¿Cómo lograste representar escénicamente ese silencio que dice tanto a nivel emocional y político?

Me encanta cuando en la novela se dice que Clara deja de hablarle a Esteban y nunca más vuelve a dirigirle la palabra. Pensaba: ‘Wow, qué increíble poder’. Pero para actuarlo no fue tan difícil porque la serie funciona como un collage. Va relatando distintos momentos y no está construida únicamente alrededor de ese silencio.

Igual, siento que Clara era una mujer superpoderosa. Yo leí la novela cuando tenía 17 años y me marcó muchísimo. Era una mujer bruja, distinta, y aun así su familia respetaba esa particularidad. No la mandaban a un internado ni intentaban corregirla. Incluso Esteban, siendo un hombre violento y terrible, la quería profundamente.

Creo que Clara tenía un poder enorme relacionado con sostener aquello en lo que creía, incluso cuando el mundo alrededor no estaba preparado para entenderla. Y eso la vuelve una mujer muy única para la época.

Cortesía de Prime Video

La relación entre Clara y Esteban es compleja y contradictoria. Desde tu lectura, ¿Clara ama, perdona o simplemente trasciende a Esteban?

Creo que hay algo relacionado con lo patriarcal. Cuando muere su hermana, Clara siente que debe continuar ese destino y que ese matrimonio tiene que suceder para que todo lo demás ocurra. Hay algo trascendental ahí, algo que supera a Esteban mismo.

Ella se entrega a un destino donde Esteban no es el centro del mundo. Pero tampoco puede romper completamente con eso. No se va definitivamente cuando él le pega. Sí abandona el campo, pero sigue siendo su marido porque había un sistema social que todavía no permitía realmente que una mujer pudiera dejar a un hombre en esa época.

Entonces, creo que Clara era presa de un sistema que trascendía a Esteban Trueba. No era solamente él, sino toda una sociedad. Y al mismo tiempo, dentro de ese sistema, hacía lo que quería. Era una mujer libre que encontraba maneras de vivir según sus propias reglas mientras seguía funcionando dentro de las normas de su tiempo.

Después de interpretarla, ¿qué te enseñó Clara del Valle sobre la vida, la memoria, la violencia y la manera en que las mujeres atraviesan esas experiencias?

Creo que la novela terminó siendo una especie de visión del futuro. Isabel Allende escribió algo que después siguió ocurriendo en la realidad. Ves la serie hoy y muchas cosas todavía siguen pasando: el poder de ciertos hombres, los feudos, las peleas de los campesinos por sus espacios, la violencia, las violaciones, la idea de que algunos cuerpos siguen siendo propiedad de otros. Eso sigue existiendo. Y es emocionante y doloroso verlo porque la historia continúa reflejándose en el presente. Ahí está la fuerza que tiene la novela.

Creo que Isabel Allende terminó siendo una especie de Clara clarividente. Escribió una historia que nunca dejó de ser actual.

Cortesía de Prime Video

Para terminar Dolores, ¿quisieras contarnos sobre tus próximos proyectos?

La verdad es que no puedo hablar demasiado todavía. Lo que sí puedo decir es que voy a filmar pronto mi tercera película como directora. También voy a actuar en una parte de esa película porque estará dividida en distintas historias y una de ellas la protagonizo yo.

Ahora quiero tomarme un poco de tiempo. Lo de Belén fue muy intenso y hace tres años que no tenía vacaciones. Pero este año sigo trabajando. Se viene el estreno de La casa de los espíritus y también la miniserie Mis muertos tristes, que hice con Pablo Larraín en Chile. Después seguiré preparando esta nueva película que quiero filmar en 2027.

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