BB ASUL presenta Miss Universo, una carta de amor para quienes sintieron que no encajaban

BB ASUL es una de las voces más interesantes de la escena argentina actual. En 2023 lanzó PURA, su primer álbum de estudio, definido por ella misma como “música triste para chicas lindas”. Aquel trabajo exploraba la vulnerabilidad, el desamor y las contradicciones de crecer bajo determinadas expectativas, mientras construía una identidad propia dentro de la escena. Casi tres años después, la cantante argentina regresa con Miss Universo, un disco que parte de una transformación personal y artística. 

El proceso de exploración que atravesó durante ese tiempo también modificó su manera de entender la música: junto al productor Dante Saulino, se alejó de algunas de las coordenadas de su trabajo anterior para adentrarse en sonidos como el grunge, el nu metal, el rock y el pop. El resultado es un álbum que convierte la diferencia en identidad y aquello que alguna vez pudo ser señalado como un defecto en una forma de resistencia.

Sobre ese proceso, la evolución entre ambos discos y la construcción de Miss Universo, BB ASUL conversó con Rolling Stone en Español.

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Vienes de lanzar Miss Universo, tu álbum más reciente. ¿Cómo te sientes con este proyecto? ¿Cómo has percibido la recepción del público?

Fue todo alegría, la verdad. Fue increíble porque fue un disco que peleé mucho por hacer. En el medio del disco cambiamos de equipo; pasaron muchas cosas, así que ver cómo todo este esfuerzo, toda esta convicción y esta idea de que el disco es lo que tiene que ser se vea representado en la recepción del público fue hermoso. La verdad es que me sentí súper acompañada, súper apoyada. La gente lo escuchó un montón y lo sigue escuchando un montón. Es una bendición. Estoy re contenta.

Más adelante te preguntaré unas cositas del disco que me llamaron la atención, pero antes me gustaría ir un poco atrás en tu carrera, comenzando por tus inicios. Me gustaría saber cómo fueron esos primeros acercamientos a la música y cuáles son esos artistas con los que creciste y que te inspiraron a hacer música.

Lo que pasa es que en mi vida no hubo un “acercamiento a la música” porque nací en una casa llena de música y de músicos. Toda mi familia es de músicos. Mi papá me tocaba el violín cuando estaba en la panza de mi mamá. No me tuve que acercar porque ya estaba ahí [Risas]. La música para mí siempre fue todo, realmente.

De chica escuché mucho a Björk, Amy Winehouse, Slipknot, Deftones, Hayley Williams. A mucha gente. Siento que siempre me gustaron mucho las mujeres locas y los tipos medio tristes, y con eso me fui armando mi árbol genealógico musical. Después se fueron sumando muchas cosas. En mi casa se escuchaban mucho los Beatles, Pink Floyd o Queen. Más los clásicos.

¿Tu papá (Alejandro Terán) te enseñó a tocar algún instrumento? ¿Él era músico de algún género en específico?

No, él es violinista, violista y arreglador de cuerdas. Cuando alguien hace un disco, se lo manda para que le agregue cuerdas. Y no, no en un género específico. Se suele mover dentro del rock, pero ha pasado por todo. Tiene su orquesta y su cuarteto de cuerdas en el que tocan desde Cerati hasta Mozart. Está todo.

Mi papá no me enseñó a tocar ningún instrumento. Mi papá me enseñó que la música era lo mejor que te podía pasar en la vida y que no había otro camino para existir, con lo cual hoy estoy de acuerdo. De niña hice más búsquedas a ver si había otra cosa que me movilizara y la verdad es que no. Fui a un colegio de música desde muy chiquita. Fui a un conservatorio. Empecé a los 5, después fui a una escuela de arte y después en la secundaria fui a una escuela de música que a la mañana era colegio común y a la tarde era de música. Ahí aprendí a tocar piano y violín, pero el violín nunca me salió.

Muchas veces la inspiración de los músicos no solo viene de la música como tal, sino de otras disciplinas, como pueden ser el cine o la literatura. ¿Sientes que ese es tu caso?

Sí, recontra. Todo lo que uno consume al final del día te va nutriendo el cerebro. Por eso hay que consumir cosas que estén buenas, porque después si estuviste todo el día viendo cosas que son muy basura, no te sale nada. Es importante buscar.

En tu caso, ¿qué películas veías o qué libros leías que sientes que influyeron en tu forma de entender el arte?

Mis películas de niña eran las de Tim Burton. El extraño mundo de Jack, El joven manos de tijeras, El cadáver de la novia. Incluso el otro día volví a ver Charlie y la fábrica de chocolate. Son todas pelis que tenían mucha chispa, gracia y estética. Era todo muy bello y muy hermoso.

Sofía Coppola me encanta. Siempre me gustó mucho. Y en mi país hay una artista que no solo hace canciones, sino que también escribió libros, que se llama Rosario Bléfari, que me vuelve loca la forma en que escribe. Soy muy fan y creo que ella está en el ADN de mi música.

Pasando a tu evolución como artista, desde tu debut en 2021 hasta ahora, se siente una evolución en las letras y los sonidos que exploras en tu propuesta. ¿Cómo has ido construyendo y reforzando tu propuesta artística a lo largo de todos estos años?

Me pasó que al principio entré con lo que se me ocurría, con lo que podía, con lo que salía, porque era sin presupuesto y sin equipo. Rápidamente igual nos conocimos con mi manager, pero al principio era así, medio paracaidista, viendo qué onda, impulsada solo por las ganas de hacerlo y ya, no tanto pensando en trabajar de eso.

Después fui aprendiendo mucho. Uno va conociendo colegas que le enseñan un montón. Yo me puse a componer para otras personas también, para proyectos más grandes que el mío en el sentido comercial de la palabra, y ahí también aprendí mucho de cómo se maneja todo: qué cosas se piensan antes de un disco o cómo se organiza. Uno va aprendiendo.

Hay cosas que uno toma y cosas que también siguen siendo improvisación, en definitiva, porque hay algo lindo en eso también. Pero me parece que la única manera de hacer las cosas bien es hacerlas con otra gente: con gente que sabe cosas que vos no sabés, e ir buscando y aprendiendo.

¿Cómo es que todo ese recorrido termina en un disco como Miss Universo, que está atravesado por temas como la nostalgia y que describes como un proyecto dedicado a “los raros, los deformes, los feos”?

Creo que dentro de eso también hay algo contextual del mundo. Empezó a pasar que veía una estandarización muy marcada para con las mujeres. Todas tenemos que vernos igual, cantar sobre lo mismo, tener la misma ropa, el mismo cuerpo, el mismo pelo, el mismo todo, no opinar de nada, callarse, hablar bajito y no molestar. Me empezó a molestar mucho eso y como el hecho de que no podía hablar de otra cosa. Lo vi mucho en la industria de la música y lo vi afuera también. No es solo una cosa de la música. Así que nada, era de lo único que podía hablar, no podía hablar de otra cosa.

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Ahora que introduces el acto de tomar partido desde el arte, tú estás muy comprometida con la lucha social en Argentina, que ahora mismo no está viviendo el mejor momento a nivel social que digamos…

El peor. Desde que yo estoy viva, el peor.

¿Cómo te sientes al respecto?

Es muy angustiante. Argentina es un país hermoso, lleno de gente hermosa y con una cultura increíble. Lo que pasa es que hay gente que viene a querérsela robar y sacarle a las personas lo que es suyo. Eso es muy angustiante porque tienen muy buenos mecanismos de convencimiento y finalmente mucha gente va a votar en contra de sí misma, y se ven las consecuencias muy rápido.

Este gobierno, es su primer mandato, está hace menos de 4 años, y el país se destruyó. Culturalmente no hubo más presupuesto para nada. Socialmente está todo muy dividido. Económicamente todo el mundo está endeudado. A mí me angustia mucho y espero, creo, que hay solución. Todavía no sé exactamente por dónde va a ser [Risas], pero espero que la haya porque es un país que vale mucho la pena cuidar y querer porque es hermoso.

¿Qué papel crees que juega el arte para combatir este auge de movimientos que buscan desfinanciar las artes y la cultura?

Yo creo que el arte tiene la capacidad de hacerte sentir un poco menos solo. Está muy solitaria la vida, ¿viste? Últimamente. Con el trabajo remoto y con la cantidad de trabajo que hay que hacer para vivir bien. Los departamentos cada vez más chicos. Está todo muy hecho para la individualidad. De repente la música puede hacerte encontrarte con otros, en un recital, porque alguien tiene una remera de la misma banda que vos. Eso por un lado.

Por otro lado, creo que la música puede llegar a sembrar una pequeña semilla de rebeldía en el mejor de los casos. Obviamente no reemplaza ninguna política pública ni nada, eso desde ya. Los artistas no reemplazan a los políticos y no tienen esa responsabilidad tampoco, pero sí creo que se puede empezar a decir “che, mirá que esto está bastante mal”, y que alguien que quizás todavía no se dio cuenta diga “ah, buenísimo, me voy a quejar al respecto” [Risas].

Regresando al disco, me gustaron mucho las letras. ¿Cómo fue tu aproximación a la composición para este proyecto?

Siempre me pasa un poco lo mismo, que es que voy escribiendo —en mi celular o en algún cuadernito que tenga— lo que me va bajando, sin mucha ley y sin mucha norma. Se me ocurre algo, lo escribo y ya está.

Después me siento en el estudio, organizo y armo. Quizás de una frase armo una canción entera; quizás eran cinco frases y las voy acomodando. Voy viendo. Encuentro que están hablando más o menos de lo mismo. A veces digo “quiero escribir una canción sobre este tema” y voy viendo qué se me ocurre.

En general, forzarme no me sirve demasiado; como que no termino haciendo cosas especialmente buenas cuando me fuerzo. Así que tiene que salir un poco más natural. Han salido canciones enteras yéndome a dormir, tipo, que se me vinieron a la cabeza enteras y las grabé, y otras tomaron más tiempo. Hay algunas que tienen muchas partes, entonces de repente dependía mucho de la música para seguir componiendo la letra. Fue un proceso largo. Fueron como dos años, así que hubo muchas cosas distintas.

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Ahora que hablas de la parte musical, este disco fue producido por Dante Saulino. ¿Cómo fue trabajar con él en estos dos años que me comentas?

La verdad es que fue hermoso. Dante es un chico muy especial para mí. Con mis amigas siempre decimos que cuando vos sos mujer y vas a un estudio con un varón, te explican mucho cómo hacer tus propias cosas: te explican por qué la música que te gusta te gusta, qué debería gustarte, qué no, qué deberías hacer, qué no. Un montón de cosas, ¿viste? Como que a veces es muy difícil.

Él no. Él es alguien que te escucha y respeta tu opinión, y si algo a vos no te gusta y a él sí, no va. Te respeta mucho. Es una persona con la que trabajar es muy placentero; es gracioso; nos reímos mucho; nos pasamos tardes haciendo chistes y a veces trabajando poco, a veces trabajando toda la tarde re concentrados.

Me parece un chico supertalentoso. Sabe todo de referencias. Le hablás de un disco y sabe todos los detalles. Es como un ñoño total de las cosas técnicas y de audio, así que logra los audios que le pedís, que eso es genial porque yo le decía “me gusta este tema de Deftones, me gusta cómo suena por esto y esto”, y él me decía “bueno, entonces para eso hay que usar este coso”. Como muy prolijo con todo eso.

Después, también es alguien con quien, como somos amigos y nos divertimos, nos permitimos jugar y buscar cosas, y de repente, cosas que no quedaron y que no funcionaban, y cosas que, de repente, en el juego, que quizás no tenían tanto sentido, aparecieron algo que estaba buenísimo, así que la pasé muy bien. Mi próximo disco lo quiero hacer con él también.

‘Caníbal’ es el primer tema del disco. ¿Por qué empezar justo con ese tema? En la intro se escucha la voz de una persona, ¿quién es?

Él es Carca. Toca en Babasónicos, que es una banda muy emblemática de mi país. Carca es una persona hermosísima. Un tipo muy inteligente, muy sensible, muy hermoso. Casualmente, su debut como solista, del 94, se llama Miss Universo. Nos dimos cuenta de eso y fue como, bueno, él tiene que abrir el disco definitivamente.

Me gusta ‘Canibal’ para empezar, primero porque arranca lento y se va acelerando, y segundo, porque presenta a un personaje que está completamente roto, paranoico y medio en las últimas [Risas]. Me gustaba empezar a contar todo el disco desde ahí.

El disco cuenta con varias colaboraciones: Massacre, Taichu y Lali. ¿Qué sientes que aportan a la idea que tenías del disco?

Massacre es una banda de rock súper emblemática de mi país, y me encantaba la idea de que ‘Ajedez’, que es una canción que para mí sonaba mucho a ellos, tuviera el audio real de una banda de rock, ¿viste? De Massacre, que tiene como un audio muy específico y que es muy bárbaro. No sé, me encantaba el cruce como de un artista más nuevo —y más popero si querés— con ellos.

Con Taichu, me pasa que es una artista que simplemente me encanta. La escucho y me gusta muchísimo su música y su manera de interpretar; su vocecita suavecita en el micrófono, o sea, todo es muy hermoso. Soy muy fan de ella y creo que, para ese tema, que era el más  “sexy-hot” del disco, ella tiene una manera de ser sexy muy especial. No es como la típica, la de todos. Me gustaba que estuviera.

Lali fue mi inspiración total para el disco. Obviamente, a nivel de audio hay otras, pero ella fue alguien que me inspiró a animarme y, en general, me inspiró de muchas maneras a lo largo de la vida. La veo y la consumo desde hace muchos años. La admiro mucho y mi sueño era que estuviera, porque ella fue una de las personas que hicieron posible que este disco existiera.

Era muy importante para mí que ella forme parte de alguna manera. Por suerte fue haciendo un tema que encima que le quedó bárbaro, le queda buenísimo y la rompe. La llevás al estudio y en un segundo la rompe toda, en el videoclip lo mismo.

Son tres proyectos que admiro muchísimo, realmente. Es gente que escucho en mi casa. Es una fantasía para mí.

El álbum cierra con ‘Invencibles’. ¿Por qué todo el viaje que construyes termina en esa canción?

Esta es una canción que escribí para mis amigos porque una vez nos fuimos a la playa todos juntos y había una luna roja que yo no vi porque me quedé teniendo un ataque de pánico en la casa. Y hay algo de mi disco anterior, PURA, que se repite acá, y es que la última canción es para mis amigos.

Los amigos son la única parte de la vida que no se discute. Creo que eso es algo absoluto para mí. Como que te salvan todo. Son la parte más importante, en definitiva, y está esta cosa de “entre amigos somos invencibles”.

Está duro el mundo, está rarísimo, está difícil para todos, y entre amigos es la única manera de sobrevivir, me parece. Así que siempre me gusta recordar que es todo por y para ellos.

¿Qué te gustaría que sintiera el público después de escuchar el disco? ¿Qué querías provocar en quienes lo escucharan?

Me gustaría que sea eso que dije: un lugar de contención para los raros, para la gente que no es… Cuando digo “feos” y “feas”, me refiero a una cosa más de rebeldía, de no ser lo que quieren que seas todo el tiempo. Me refiero a una cosa más para los raros, para la gente que no se siente cómoda en otros lugares. Tener un espacio de contención me parece que sería muy lindo, y que los shows sean un lugar de mucha energía, de divertirse, de saltar, de gritar, de descargar un poco la bronca también.

Con Miss Universo ya en circulación, BB ASUL tiene claro qué quiere hacer con el disco: tocarlo todo lo posible. Entre finales de septiembre y comienzos de octubre llevó sus nuevas canciones a España, con presentaciones el 30 de septiembre y el 1 de octubre en Barcelona, y el 5 de octubre en el Faro de Moncloa, en Madrid. Ahora, de regreso en Argentina, se prepara para continuar presentándose en distintos escenarios y festivales.

Más allá de los escenarios que vendrán, el disco representa para la artista un lugar que trasciende la música: un espacio para quienes alguna vez sintieron que no encajaban y una invitación a convertir esa diferencia en una forma de resistencia. Después de dos años de exploración, la artista encontró en sus canciones una manera de reivindicar a los “raros, las raras, lxs deformes” y ahora quiere llevar esa celebración al público en vivo.

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