Aria Vega: “Mi legado es ser portadora de mi cultura”

Si alguien quisiera entender quién es Aria Vega, probablemente tendría que empezar en su hogar, en su tierra, en Barranquilla. Si llegara una persona a visitarla ella la llevaría a su casa, al patio, a comer un sancocho de guandú preparado por su mamá y servido en totumas. Habría abanicos para sobrellevar el calor y una conversación sin demasiados protocolos. “Hablaríamos de cualquier cosa”, dice entre risas.

Quizá ahí también sería posible escuchar algunos de los sonidos que quedaron guardados en su memoria mucho antes de que pensara en dedicarse profesionalmente a la música. El ventilador —o el “abanico”, como lo llama ella— y el movimiento de una mecedora al ir hacia atrás son dos de los primeros que recuerda de su infancia. Son pequeños detalles, aparentemente cotidianos, que todavía tienen la capacidad de transportarla.

La música llegó igualmente desde casa. Su abuelo, a quien describe como un melómano, fue quien terminó por enamorarla de ella. Porros sabaneros, boleros, salsa y vallenato formaron parte de sus primeras escuchas, mientras la música folclórica aparecía de manera casi natural alrededor suyo. Incluso antes de nacer: su madre bailó la danza del garabato mientras estaba embarazada de ella. “Es algo que está muy intrínseco en mi ADN musical”, asegura.

Cortesía

Años después, esa relación con el Caribe dejaría de ser solamente un punto de origen para convertirse también en una manera de entender su propio proyecto. Aria recuerda Costeñita, su colaboración con DEKKO, como una de las canciones en las que reconoció algo diferente en sí misma. Ya había experimentado otros descubrimientos creativos en proyectos anteriores, pero ahí ocurrió algo particular: una mujer costeña cantándole a otras mujeres costeñas, desde la Costa Caribe colombiana y viviendo todavía dentro de ella. “Algo conectó”, recuerda. “Hubo como un descubrimiento mágico ahí”.

De ese descubrimiento surgiría con el tiempo un universo mucho más amplio. Aria lo resume hoy en dos palabras: Costeñita Core. No se trata solamente de una estética. En su música aparecen los paisajes de la costa, su jerga, la tambora, el alegre, el llamador y la gaita, pero también una forma particular de relacionarse con el lugar del que viene.

Ese universo coincide ahora con uno de los momentos más agitados de su carrera. Sin embargo, cuando se le pregunta qué ha aprendido a soltar conforme las cosas avanzan, responde justo lo contrario: siente que este no es el momento para aflojar. “Siento una responsabilidad muy grande por romper, por cumplirme a mí misma y por cumplir mis sueños”, explica. La industria musical, dice, es demasiado impredecible para asumir que existe una fórmula y, si algo ha aprendido, es la importancia del timing. “Si este es mi momento, gloria a Dios, vamos para adelante y vamos a disfrutarlo”.

En medio de esa aceleración llegó también su primera nominación al Latin Grammy. Para Aria, sin embargo, el reconocimiento rebasa la idea de un logro unicamente suyo. Ella se graduó de la universidad durante la pandemia: su nombre fue leído entre una lista de cientos de personas mientras estaba en pijama frente a una pantalla. Por eso le causa gracia que ahora le hayan descrito un Grammy como otra especie de graduación.

Esta vez la sensación es distinta. “Es algo con lo que yo he soñado, con lo que mi familia ha soñado, con lo que mi fanbase ha soñado, con lo que mis amigos han soñado”, cuenta. “Es un sueño de todos”.

La nominación no parece haberle quitado el amor a la manera en la que observa su carrera. Más bien ocurrió lo contrario. Aunque sabe que detrás de la música existe también una industria con una parte mucho menos idealizada, Aria parece decidida a no permitir que esa realidad ocupe demasiado espacio en su cabeza.

“Soy una artista muy, muy, muy enamorada del arte”, afirma. Y después resume su postura con una frase sencilla: “Yo me dedico a soñar”.

Ese interés por crear tampoco termina cuando acaba una canción. Durante un tiempo, Aria intentó explicar a otras personas cómo imaginaba las portadas de sus lanzamientos, hasta darse cuenta de que el resultado nunca terminaba de coincidir con la imagen que tenía en la cabeza. La solución fue empezar a hacerlas ella misma.

La decisión le añadió otra tarea a una agenda que cada vez permite menos tiempo, pero también le dio control sobre una parte esencial de su lenguaje. Sus portadas mezclan acuarelas, óleo, papeles y técnicas artesanales dentro de composiciones cercanas al mixed media. Son extensiones visuales de las canciones, piezas en las que intenta conseguir que sonido e imagen pertenezcan al mismo universo, “esta es la voz, así suena. Esta es la música, así suena. Así se ve. Así se hizo”, explica.

Cover

Esa inquietud ayuda también a entender por qué Costeñita Core comienza a escapar de los límites de una canción. Aria piensa en música, pero también en imágenes, videos, moda y cualquier otro lenguaje que le permita construir alrededor de ella. Entre los proyectos que tiene frente a sí aparece un álbum para el que ya acumula más de 30 canciones, aunque sabe que eventualmente tendrá que escoger cuáles serán las que cuenten la historia completa.

También piensa en su dimensión visual. La dirección de videos, la realización audiovisual y la conceptualización del disco le interesan tanto como las propias canciones. En ese proceso aparece una referencia que parece especialmente reveladora: el realismo mágico.

Aria creció leyendo a Gabriel García Márquez y ahora se pregunta cuál sería su propia versión de ese concepto. “Mi música siempre ha tratado de eso, mi mundo estético también ha tratado de eso y de cuál es el realismo mágico de Aria Vega y no de Gabriel García Márquez”.

Quizá por eso, verla en espacios vinculados con la moda no resulta ajeno a su trabajo musical. Recientemente, la colombiana estuvo presente en la Semana de la Moda de Madrid, donde cantó durante uno de los desfiles. Es otro escenario al que puede trasladar ese universo que comenzó a construir desde Barranquilla.

Para Aria, la palabra que aparece al pensar en ese recorrido no es éxito, sino legado.

“Mi legado es ser portadora de mi cultura”, dice, “y poder llevar esa cultura a todos estos diferentes espacios a través de diferentes expresiones de arte y llevar una conversación cultural”.

En algún sentido, el viaje vuelve al mismo lugar en el que empezó: una casa en Barranquilla, el sonido del abanico, una mecedora, la música de su abuelo y todo aquello que parecía cotidiano antes de convertirse en materia creativa. Solo que ahora Aria Vega intenta averiguar hasta dónde puede llevarlo.

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