A Mafalda Cardenal le costaba imaginarse cantando sobre estar enamorada. Le preocupaba sonar demasiado cursi y todavía tenía que encontrar una manera de contar esa parte de su vida. Días antes del estreno de Belonia, su segundo álbum, habló con ROLLING STONE en Español sobre ese descubrimiento y sobre un proceso creativo que recuerda con el cariño de quien ha compartido algo importante con sus amigos.
“Nos hemos ido de campamento y hemos hecho un disco, ¿sabes?”, cuenta. La descripción ayuda a entender el ánimo con el que llega a esta etapa. Después de escribir enteramente sola su primer álbum, Mis notas de voz, esta vez quiso darse espacio para probar ideas en compañía y divertirse. El resultado es un repertorio más bailable, pensado para tocarse con banda, en el que conviven distintas experiencias del amor.
Mafalda está enamorada y tiene ganas de contarlo, aunque encontrar cómo hacerlo también le ha exigido familiarizarse con una voz que había explorado menos. “Me daba miedo parecer muy cursi”, reconoce. “He tenido que encontrar un poco mi voz en todo esto de hacer canciones de amor”. Durante ese proceso, descubrió que podía hablar de lo que siente “desde un lugar muy bonito, muy tranquilo y muy sereno”.
El nombre del álbum apareció cuando el trabajo estaba cerca de terminar. Mientras hacían la última canción, uno de sus productores, Álex Palomo, propuso que el repertorio necesitaba una pieza de “tontipop”: algo con lo que pudieran dejarse llevar. Buscaban una palabra que transmitiera tranquilidad, felicidad y liberación. Así surgió Belonia.
“En realidad, también es un reflejo de todo el disco, no solo de esta canción”, recuerda haber pensado. Todavía no tenía un título para el proyecto y empezaba a inquietarle estar tan cerca de terminarlo sin haberlo encontrado. La palabra inventada resolvió esa búsqueda y le dio un nombre a la sensación que habían estado construyendo.

También había que encontrar cómo se vería. Mafalda quería reconocerse en las imágenes que acompañaran las canciones y tener una estética que pudiera habitar con naturalidad. “No quería mil bailarinas y una producción con fuegos artificiales porque así no soy yo”, explica. Detrás de los videos y las piezas visuales hubo días de conversaciones con su equipo para conseguir que la imagen y la música encajaran.
En el video de ‘Creo que te quiero’, ese trabajo toma forma entre colores marcados, plataformas geométricas y referencias retro; Mafalda habla de los setenta y de la música francesa al recordar el universo que quisieron emular. Para llevarlo a la pantalla, tuvo que confiar en otras personas. “Es muy satisfactorio encontrar a una persona que te entiende y de la que te fías”, dice.
Esa confianza atraviesa buena parte del álbum. Compartir la composición con amigos le permitió descubrir otras maneras de trabajar. “Me ha abierto la mente de una manera increíble y he aprendido un mogollón”.
La cercanía hizo el proceso más tranquilo y abrió espacio para probar. Cuando alguien proponía algo que ella no terminaba de imaginar, necesitaba escucharlo antes de decidir. Saber con quién estaba trabajando le permitía conceder ese margen: “Oye, pues a ver, enséñamelo”.

Al mismo tiempo, Mafalda llegaba a este segundo álbum con una idea más definida de lo que buscaba. “Tenía claro lo que quería hacer, tenía claro cómo quería que sonase y me he fiado mucho de mi instinto”, cuenta. Al compararlo con su debut, reconoce una seguridad que entonces todavía estaba desarrollando.
Esa claridad convive con canciones que intentan capturar momentos en los que resulta difícil entender lo que uno siente. ‘Creo que te quiero’ nació precisamente de esa incertidumbre: empezar a enamorarse, sentir que quizá es demasiado pronto para admitirlo y darle vueltas a cada posibilidad.
“Esa canción es un poco un trabalenguas y es precisamente lo que estaba pasando en mi cabeza”, explica. Quería reproducir el pensamiento de alguien que avanza y retrocede, entre el deseo de decir lo que siente y el miedo a hacerlo real. La canción termina acercándose a una certeza: “Al final admites que sí”.
Aunque ahora escriba desde el enamoramiento, el desamor sigue teniendo un lugar en el disco. “A mí me han roto el corazón muchas veces”, recuerda. Lo que ha cambiado es la perspectiva desde la que vuelve a esas experiencias.
En ‘Gigantes’, una de las canciones que la llevan a hablar con más detenimiento de ese cambio, quiso escribir sobre una relación que no llegó a ser lo que prometía. “Podríamos haber sido gigantes, pero al final pudo ser y no fue y no pasa nada. No es culpa tuya y tampoco es culpa mía”.
Mafalda reconoce que antes tenía más tendencia a buscar un culpable. “Ay, pues es que fuiste supermalo”, dice, reproduciendo esa primera reacción, antes de añadir: “Bueno, pero igual yo también hice cosas mal”. Desde ahí describe ‘Gigantes’ como una canción de desamor sin rencor, capaz de reconocer lo que pudo existir y aceptar que no ocurrió.
Ahora tiene curiosidad por descubrir qué harán los demás con estas historias. Durante mucho tiempo, las respuestas de quienes escuchaban sus canciones le permitieron sentirse acompañada en el desamor. “Cuando me rompen el corazón pienso que soy la persona más desgraciada del mundo y que soy la única que lo pasa mal”, admite sobre esos momentos. La música, y los mensajes de otras personas que se reconocían en ella, le ofrecieron otra perspectiva.
Con Belonia quiere conocer también lo que sucede al otro lado de esa experiencia. Menciona ‘Algo paranormal’, su favorita del disco, como una de las canciones cuya recepción más curiosidad le produce. Es una canción de “amor total” y se pregunta cuántas personas encontrarán algo propio en ella. “Me produce un poco de curiosidad ver si mi historia no es tan única como yo pienso”.
Después vendrá el directo, presente desde la concepción del álbum. Los instrumentos se grabaron con músicos y las canciones están pensadas para tocarse con banda. Cuando se le pregunta cuál le hace más ilusión compartir en vivo, responde que todas. “No me mojo nada, pero es verdad”.
Antes de que el disco llegue a quienes lo esperan, Mafalda prefiere dejar abierta su interpretación. En lugar de elegir una frase para explicarlo, propone una pregunta: “¿Para ti qué es Belonia?”. Le gustaría conocer la respuesta antes y después de escucharlo.
Para describir su propio presente sí tiene una imagen: un campo de flores, quizá con un arcoíris y una cascada. “Estoy en un momento feliz, tanto a nivel personal como a nivel profesional”, dice. “Estoy muy emocionada por todo lo que viene”.
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