Die Toten Hosen en Vorterix: la fiesta punk inesperada de “Los Tito del Once”

En 1983, en su álbum debut, Opel-Gang, Die Toten Hosen incluyó “Bis zum bitteren Ende” (Hasta el amargo final), una canción que se volvió lema para el público y cuyo título se puede leer en castellano en el telón gigante que cuelga en el fondo del escenario Vorterix este viernes inesperado de octubre de 2026. Lo que sí se esperaba era que los alemanes llegasen en estos días de comienzo de la primavera al país, al que consideran su segunda patria, para encarar su proclamada gira de despedida (Rosario el 5/10, Tandil el 7/10 y Movistar Arena el 10/10, todos agotados). Pero lo que no se esperaba era que, bajo el alias “Los Tito del Once”, como los bautizó el periodista Ruso Verea hace más de 30 años, anunciasen un show de un día para el otro en un lugar tan íntimo (apenas 1500 localidades) y encima de la mano de los héroes locales 2 Minutos. 

Lógicamente, las entradas se agotaron en unos pocos instantes y, para las 7 de la tarde del viernes, la esquina de Álvarez Thomas y Federico Lacroze, en el barrio porteño de Colegiales, ya era una sucursal de la Embajada de Alemania en Argentina. Si bien es cierto que con aquel debut en 1992 junto a Pilsen, con el día que telonearon a los Ramones en River (1996) y con los shows callejeros en la Bond Street (2009) y San Telmo (2015), por citar algunos de los grandes hitos locales, DTH fue construyendo una gran base de seguidores en estas latitudes, también es cierto que un altísimo porcentaje de los presentes en Vorterix eran fans alemanes que viajaron especialmente para vivir la despedida de sus ídolos en este punto recóndito del mapa. El acento se escuchaba con claridad en las animadas charlas en la puerta, en el hall de entrada del teatro y en las barras, donde la cerveza corría, haciéndole honor al mes, como si se estuviese celebrando el Oktoberfest.

Die Toten Hosen en Vorterix. (Foto: @juanchez.i)

2 Minutos arrancó con puntualidad germánica a las 19:45 de la tarde, un horario festivalero que les sentó de maravillas para despacharse con un set ajustado y nutrido de clásicos que, a su vez, sirvió para reafirmar, por si hiciera falta, que canciones como “Tema de Adrián” o “Caramelo de limón” son himnos del género. En bambalinas, Campino (Andreas Frege, 64 años) y el guitarrista Breiti (Michael Breitkopf, 62 años), el único de los cinco que habla castellano fluido, observaban con atención al público, que de a poco empezaba a tomar temperatura. 

La banda de Valentín Alsina devolvió el gesto invitando al cantante alemán al escenario para hacer el hit “Ya no sos igual”, que regrabaron hace unos años con él y con el rapero Trueno. El gigantesco Campino (mide casi 1,90 metros), hay que decirlo, no sabía muy bien la letra, pero aportó todo su carisma punk y acertó en lo más importante: “¡Sos buchón! ¡Sos buchón!”.

El público de Die Toten Hosen en Buenos Aires. (Foto: @juanchez.i)

El siguiente guiño fue disparado desde las bandejas. Minutos antes de las 9 de la noche, la hora pactada para el comienzo del show de DTH, mientras caían globos negros del balcón del teatro (el mismo desde el que Campino supo tirarse más de una vez), comenzó a sonar en los parlantes “Más allá del bien y del mal” de Los Violadores. El riff del arranque entró como una daga en el corazón de los presentes y el espíritu de su cantante, Pil Trafa (1959-2021), sobrevoló Vorterix en forma de coro colectivo (Uno, dos, ultraviolento, la biografía de Los Violadores escrita por Esteban Cavanna, acaba de traducirse al alemán especialmente para esta visita de DTH y de sus fans germanos; Cavanna fue corresponsable del primer concierto de Campino y compañía en 1992). 

A ese tema le siguió “Blitzkrieg Bop” de los Ramones y luego ya no hubo más música previa: se apagaron las luces de la sala, se iluminó el telón gigante y un arreglo de acordeón tanguero fue el preludio para que los DTH, o “Los Titos de Once” —que completan Andi (Andreas Meurer, bajo, 64 años), Kuddel (Andreas von Holst, guitarra, 62 años) y Vom (Stephen George Ritchie, batería, 62 años)—, aparezcan en el escenario con la sonrisa de Gardel. 

Kuddel y Andi, de Die Toten Hosen, en el Teatro Vorterix. (Foto: @juanchez.i)

Con la tríada “Achterbahn” (un clásico), “Die Show muss weitergehen” y “Wir waren nie weg” (dos del último disco, recientemente editado), los alemanes se encargaron de que el pogo se convierta en mosh. Como ocurría en los recitales de los Ramones, las canciones venían una atrás de la otra sin intervalo. El primer highlight se vivió con “Auswärtsspiel” y su estribillo futbolero: “¡Ole ole ole ola!”. El siguiente, con el cover de “1, 2, ultraviolento”, de los siempre referidos Violadores. Y el siguiente, con otro cover, “Cokane in My Brain”, del jamaiquino Dillinger. 

Después de una primera parte sin interrupciones, Campino le pidió a Breiti que oficiara de traductor y este contó que más temprano fueron a visitar la tumba de Pil en el Cementerio Alemán, que queda a pocas cuadras del teatro, en un terreno lindero al Cementerio de la Chacarita y justo al lado del Cementerio Británico. A continuación, interpretaron “Nur zu Besuch”, la canción que escribió el cantante en memoria de su madre. Pide un encendedor y alza la llama. El público lo imita. Es el momento de mayor nostalgia de las dos horas de show y sirve para invocar, por última vez en la noche, al gran amigo que tuvieron en estas tierras. 

Comenzó la gira de despedida de Die Toten Hosen en Argentina. (Foto: @juanchez.i)

Para el que todavía se pregunta cómo es que esta banda alemana entró de lleno hace tantos años en el alma del público argentino, la respuesta es más simple de lo que parece. Lo que hace DTH es un punk rock fiestero de estribillos para cantar a los gritos que te arrancan del lugar y te empujan a saltar lo más cerca del escenario posible. Y ahí no importa demasiado el idioma; lo que vale es sentirlo. Se experimenta más o menos lo mismo cuando suena la mítica “Viva la revolution”, “Pushed again” (compuesta, justamente, en Buenos Aires) o el cover de “Donde las águilas se atreven” de Attaque 77, que llegaría cerca del final, aprobado desde el balcón de Vorterix por el baterista Leonardo De Cecco. Muy cerca de él, otro maestro de los parches hacía headbanging con cada golpe de redoblante: Sergio Gramática. 

Para el último encore, Campino se sacó la camisa negra y se puso la casaca de la Selección argentina. “Ustedes aprendieron mejor el alemán que yo el castellano”, admitió entre risas en un inglés muy británico. Esta vez no hizo falta tirarse del balcón para que la noche sea completa. Y al tratarse del puntapié de una despedida a la que todavía le quedan varias instancias, el sabor del final no fue amargo, sino todo lo contrario.

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