Nicolas Winding Refn: “La creatividad es imperfección”

Nicolas Winding Refn lleva buena parte de su carrera persiguiendo imágenes que parecen haber escapado de un sueño y personajes que atraviesan el mundo como si participaran en un ritual cuyo significado apenas alcanzan a comprender. En la trilogía Pusher, Fear X, Bronson, Valhalla Rising, Drive, Only God Forgives, The Neon Demon y en las series Too Old to Die Young y Copenhagen Cowboy, la violencia, la belleza, la masculinidad y el deseo han dejado de funcionar únicamente como componentes narrativos para convertirse en parte de un lenguaje propio.

Her Private Hell intenta continuar ese recorrido, pero Refn encuentra parte de su origen mucho antes de convertirse en cineasta en el niño nacido en Copenhague que llegó a Nueva York a los ocho años y descubrió la televisión estadounidense. Cambiar de canal significaba entonces atravesar universos incompatibles en cuestión de segundos. El director recuerda aquella televisión analógica como una “máquina de sueños”, más mágica y sensual precisamente por sus limitaciones.

Décadas después, algo de aquel niño que cambiaba compulsivamente de canal permanece en su manera de construir imágenes. Her Private Hell responde menos a la causalidad convencional que a las asociaciones de la memoria, el deseo y la fantasía. Su protagonista atraviesa una odisea interior mientras Refn vuelve a una de sus obsesiones fundamentales: la posibilidad de desprenderse de las reglas que determinan cómo debe comportarse una película, un artista e incluso un ser humano.

En conversación con Rolling Stone en Español, Refn habla sobre los cuentos de hadas escondidos dentro de Her Private Hell, la uniformidad del entretenimiento contemporáneo, la imposibilidad de alcanzar la perfección y la delgada frontera entre libertad creativa y aquello que la sociedad decide llamar locura.

Ha descrito los cuentos de hadas como narraciones que representan el género, la cultura y el tiempo. ¿Qué arquetipo de los cuentos de hadas se esconde debajo de Her Private Hell: el niño perdido, el bosque prohibido, el monstruo devorador o la transformación?

Los tres. Todos los anteriores. Está todo ahí. La idea consistía en revivir mi experiencia de descubrir la televisión cuando tenía ocho años y llegué a Nueva York. Yo nací en Copenhague y la televisión realmente no existía de la misma manera en Dinamarca. En cierto sentido, era un medio muerto.

Llegar a Nueva York significó descubrir los edificios enormes, por supuesto, pero, sobre todo, descubrir esta increíble máquina de sueños. Y quizá fuera precisamente porque era analógica que resultaba más mágica y sensual. Podía cambiar de canal y encontrar experiencias completamente diferentes que me cautivaban.

¿Qué programas de televisión recuerda de aquella época?

Me gustaba todo. Veía cualquier cosa. Cuanto más opuestos fueran los extremos del espectro, más emocionante me resultaba. 

Her Private Hell parece una historia generada por la memoria, el deseo y quizá por algoritmos, en lugar de obedecer a una causalidad convencional. ¿Considera que esta estructura fragmentada responde a la manera en que la cultura digital ha cambiado no solamente las historias que consumimos, sino también la manera en que nuestra mente construye significado?

Creo que existe una enorme infraestructura que se ha acomodado demasiado a sus propios Diez Mandamientos. Es decir, esencialmente todo termina siendo un reciclaje o está fabricado dentro de un conjunto tan limitado de reglas que, aunque quizá no sea literalmente un reciclaje, termina sintiéndose como tal.

Existe esta idea de producir entretenimiento en masa sin preguntarnos nunca: ¿realmente necesita el mundo más de esto? Hablamos muchísimo sobre qué estamos haciendo, quién se beneficia de ello, cuánto dinero produce. Pero muy pocas veces hablamos sobre por qué lo estamos haciendo y si realmente necesitamos hacerlo.

Para mí, eso es algo que la creatividad puede preguntarse a través de la experiencia. Y eso me resulta mucho más interesante. Cuando al final todo termina siendo igual, convertirte en lo opuesto hace que seas el diamante dentro de un mar de mediocridad.

¿Es Her Private Hell, en última instancia, una película sobre escapar de una pesadilla privada o sobre aceptar que la fantasía ya se ha convertido en la arquitectura del yo?

Es una muy buena pregunta. Me gusta tu análisis sobre la arquitectura del yo porque creo que, en la odisea de L —porque eso es lo que es—, ella está atravesando una experiencia interior presentada dentro de un escenario religioso. Es una odisea.

De alguna manera, ella se libera de todas las cadenas y de todas las conexiones con su mundo humano y entonces se transforma hacia lo desconocido. Y, evidentemente, es desafiada por los fantasmas del tiempo a repetir el ciclo del padre.

Pero la pregunta es: ¿cómo sería eso si fuera una mujer joven quien se pusiera los guantes? Eso, por supuesto, conduce a la interpretación porque no existe una respuesta correcta o equivocada. Entonces tienes que volver a mirar la película.

Quizá. Su cine convierte repetidamente la masculinidad, la belleza y la violencia en rituales. Los cuerpos se convierten en esculturas, las ciudades en templos y el silencio en lenguaje. ¿Qué obsesión personal cree que ha estado persiguiendo a lo largo de toda su obra sin llegar nunca a resolverla por completo?

No me gustan los finales definitivos. Para mí, la imperfección resulta mucho más interesante que el deseo de hacer algo perfecto porque, al final, la perfección es un ciclo peligroso: nunca llegas a una conclusión.

Se trata casi de abrazar aquello que no funciona. De abrazar el fracaso de la creatividad como una oportunidad para alcanzar algo puro. Cuanto más creas desde las entrañas, más verdadero resulta respecto a tu propia alma.

La creatividad nunca debe ser perfecta porque la perfección es una ilusión. Es como un falso demonio. Por el contrario, la creatividad es imperfección. Pero si creas desde el corazón, esa imperfección se convierte en verdad. Y por verdad me refiero a que, si creas desde el corazón, ya no puedes juzgarlo simplemente en términos de bueno o malo porque esas categorías dejan de existir. Entonces eres libre.

Eres libre como persona. Te apartas del mundo de las opiniones hasta desprenderte completamente de él y simplemente vivir libre.

Existe una frontera frágil entre la locura y la creatividad.

Sí. Creo que es una buena manera de verlo. Cuanto más libre eres, más insensato puede parecer todo. Y eso es precisamente lo que hace difícil equilibrarlo con aquello que podríamos considerar el diseño de la sociedad para establecer qué constituye un comportamiento aceptable.

Vivimos en una época en la que todo el mundo está obsesionado con los diagnósticos, por ejemplo. En mi opinión, creo que gran parte de eso es simplemente absurdo y está basado en el control. Porque la ironía de todo esto es que cuantos más diagnósticos se asignan —aquí, aquí y aquí—, aquello que consideramos normal comienza prácticamente a convertirse en una minoría.

Entonces la normalidad se siente amenazada porque todo lo que existe a su alrededor es considerado anormal. ¿En qué momento ese ciclo vuelve a repetirse y nos obliga a reevaluarlo todo nuevamente, quizá dentro de diez años? Porque esa minoría se hace cada vez más pequeña, hasta llegar al punto de preguntarnos: “Bueno, ¿qué tiene de extraordinario ser normal?”. ¿Cuándo ha sido alguna vez la normalidad una garantía de felicidad?

Creo que ser humano es difícil. Es desafiante. Es duro. Como un insecto: vives unos segundos y después mueres. Pero debido a la revolución digital, a la tecnología informática y a la posibilidad de construir avatares, podemos existir de otras maneras. Podemos viajar hacia otros lugares mediante nuestra tecnología. Podemos recrear mundos.

Y a través de las redes sociales, que son una invención digital, podemos modificar nuestra propia representación o podemos situarnos en una posición semejante a la de Dios: tener las opiniones correctas, las opiniones adecuadas. Podemos convertirlas en una doctrina y predicarlas como Dios.

Es interesante pensar, por ejemplo, en lo que ocurrió cuando los vikingos tuvieron que convertirse al cristianismo. Jesús era presentado de diferentes maneras. Una posibilidad consistía en presentarlo como el salvador de la humanidad y, mediante el deseo de creer en eso, las personas se transformaban y se convertían al cristianismo. Otra posibilidad era pagarles. Algo así como: “¿Cuánto me va a costar conseguir que creas en esto en lugar de aquello?”. 

Otras veces se producía una fusión. Simplemente fusionabas unas cosas con otras. Y después estaba la cuarta posibilidad, la más importante: la violencia. La conquista. El imperialismo. La fuerza.

Y básicamente vivimos en una existencia donde todas esas posibilidades continúan presentes. Puedes decir que existen tres, pero la cuarta es la peligrosa porque a través de la fuerza y de la violencia aparece el fascismo. Nuestro mundo, de alguna manera, está construido sobre una base digital que está recreando sus propios orígenes.

Pero nuestros corazones y nuestras entrañas continúan conectados con deseos muy primarios y sencillos. Eso no desaparece. Y esa capacidad de saltar frenéticamente entre ambas cosas está, evidentemente, volviendo loca a mucha gente porque no consigue encontrar una manera de conectarlas. Entonces tienen que elegir.

Pero viven dentro de un mundo tan nuevo que quizá resulte más fácil convertirse ellos mismos en una computadora.

Nicolas, ha sido maravilloso hablar contigo.

Muchas gracias. Muchas gracias. Nos veremos en la próxima. 

Sí. Tu remake de Maniac Cop promete locura, fascismo y creatividad.

Gracias. Gracias. Adiós.

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